miércoles, 26 de octubre de 2016

A cortarla con el sover



Me tienen harto con la pobreza. Las bolas al plato, che, porque aquí nadies saca lustre de campeón en el destape ni se faja de bute descubridor del quilombete sociológico. Bolazos. No jodamos. No la vengan a contar. Y sí, están los que no llegan ni al 10 sino manyando pulenta con pajarito y mateando con yerba secada al sol, los que se fajan desnutridos y carecientes postas, los pobres de endeveras que los hay carradas y para hacer dulce. Chocolate por la noticia. Pero me jode, me tienen con las bolas al plato toda la sarta de analistas del joraca, economistas enjetrados, periodistas de la perinola, empresarios bacanes y hasta sindicalistas impresentables  que desfilan por la radio, los diarios y la tele y se masoquean de luto, alvertidos endepronto por la esistencia de tanta mishiadura. Ni hablar del namber uan, el inyeniero que nunca cazó una pala, cajetilla de primera, que no se cansa de batir la mayonesa con el cartelito de la pobreza cero.
Había entre los grecios de la antigüedá, una parola muy aciertada: la “hypocrytes”, que en de separado quería sinificar hypo= máscara y crytes= respuesta, o sea, chamuyar con máscaras, que era lo que funcaba en el teatro cuando los actores se enchufaban mascaritas en la escena. Así que así, la hypocrytes, que de eso se trata, es tan jovata como la mismísima sociedá humana, y de seguro que hasta los faraones la praticaban con la aprobación de Isis, Amón y los escribas alcagüetes. O sea, fingir ser quien no se es, chantar una idea a contrapelo de lo que íntimamente se cree, disfrazar un argumento pa tornarlo acectable. Y no me via meter en la cosa personal, visto que todos ejercemos la hypocrytes como método, y es que si faroleáramos sin máscaras, la esistencia se nos pondría jodida hasta con el gomía más gomía.
Así la cosa, en estos yornos de morondanga, la hypocrytes del buen burgués baila el gotán en salón platudo. A todo mersa de bien, grela o choma bien forrado y petitero, se le espianta un lagrimón de plástico por los misihos más mishios, como si pudieran o debieran no esistir, junando de coté pa no ver que al decir de la verdá, los pobres son al sistema del mercado como el osígeno a los bofes. Y es que los que nada tienen, los desheredados de todo y los que la yugan por chirolas, son los que a la final le ponen el precio al trabajo y fajan a raya el salario del laburante.
En el fondo del fondo, el buen burgués sabe enternecerse con los pobres buenos, los que acectan su pobreza material y trabajan de sol a sol pa sobrevivir en un domún fulo, o con los cirujas de la yeca (siempre que pasen lejos de su casa), o con los desahuciados famelos que salen por la tele (mejor si no lo ven los pibes o en horario prudente). Pero diferencian al pobre malo, eso sí, chorizo o malviviente, y ni hablar al pobre jodido, el más jodido, que es el se queja a los gritos y encima en el trocén donde la gente como uno se pasea en vuaturé. Milagro Salas, pal caso, es la imagen del pobre más jodido por negra y protestona. Y con los ricos, sapa lo mismo, aunque pa nuestro buen burgués, el rico hace lo que puede que es lo mismo que él haría. Porque es difícil ser rico teniendo que disimular la riqueza, gambeteando al estado de mierda que te quiere morfetear  más de la cuenta, bancándote la queja del sindicato, teniendo que encanar la guita en una cuenta en Suiza o las Bahamas, inventando sociedades. Sin desconocer que también hay ricos jodidos, los peores de todos, que son Cristina Fernández y todos los kirrneristas de alderredor, mpresentables, ladrones, corrutos, que encima movían a los pobres con choriplanes y repartían lo que no había.
Claro que con un poco de hypocrytes, nuestro buen burgués quesería combatir a la pobreza. Ni poco ni tanto, ovio. Porque tampoco es cuestión de que cualquiera, así porque sí, salga de yoping, de vacaciones, se compre pilcha de marca y se faje con celular top como pasaba con la yegua.  Ni ahí. ¿A dónde iríamos a parar? No habría pa todos, seríamos como Cuba o Venezuela. No, eso no. Eso es populismo.
Así que así, según sarepe, la mersa masmediera está comovida toda por la pobreza que se anuncia a diario en porcentajes colifatos, en estadísticas pal julepe. Los chirolitas de los medios se lucen más dolidos que la Teresa de Calcuta, caminan al borde del surmenage y acectan muzarella que la cosa  tampoco puede arreglarse facilonga porque no hay banca pa todos, porque antes que repartir los dividendos mejor la educación,  porque algún día la riqueza de los ricos derramará sobre los pobres en lluvia de bendiciones y bon vivir, porque mejor que a este gobierno le vaya bien para que le vaya bien al pueblo. ¡Minga!  Y prendemos y miramos los diarios y dale con la manivela, con el verso.  Y esto me tiene los huevos al plato, ya lo dije.
Es cierto, este cronista morfa macanudo, no le sobra pero tampoco le falta, y hasta se da el gusto de copetear un tinto de los buenos cada tanto. Tiene techo y empilcha más o menos. ¿Y qué? No le venga con la hypocrytes, o con el sover de sentir lástima por el mishio. ¡Lástima las pelotas! Pa llorar está el templo de los frailes y el barbeta de arriba, si esiste, nunca te da bola. Pesa la convición hecha deseo de que el día que el pobrerío salte la cerca, será porque salga de la voluntá de sus mismas entrañas y a la final haga tronar el escarmiento y dé vuelta la tortilla. Quien suscribe, será entonces un soldado más, un farabute escribidor de la gran maroma igualitaria. Endemientras, a pelar la mandarina con paciencia y a poner un cacho de la vida en el preparativo de la menesunda que se viene. Si la vaya a ver, ponganlén que sí o que no, pero aunque esté mirando crecer las plantas desde ajoba, de seguro que las lumbrices de mis carnes desgraciadas harán florecer los yuyos.