lunes, 5 de septiembre de 2011

De todo un poco

Quien no sabe escuchar, más mejor que no hable al cuete, aserto que este escriba tiene en cuenta a prosópito de varios comentarios osequiados al correo del glorioso por entendidos letores que haciendo gala de finura espresiva inquirieron a quien suscribe por su voto en las eleciones pasadas, como un decir, bata la justa: ¿a la final, a quién le dio el sufragio? Tiempo al tiempo, en el Social y Deportivo nadies se escuende. Quien sabe esperar aprende de la pacencia y a tranco corto despija dudas.
Viernes primero de setiembre, tema obligado: la pésima atuación de nuestro tim bochófilo en la final del Torneo “Miguel Borrico” Edición 2011 y, tras cartón, los preparativos pa los festejos de setiembre, a saber: viernes 16, aniversario fundacional del Fulgor de Mayo, acto solenne para empezar y cena popular con sorteos y pachanga a cargo del disyokei Rubén; fiesta de la primavera el domingo 25, pinic a la canasta en el Parque Belgrano, micros desde la puerta del club a partir de las siete de la matina, escarapela rojinegra pal que guste, fulbito asegurado, reposeras de alquiler para la veteranía y profiláticos gratis donados por la farmacia Arrospide para la muchachada, repartija a cargo de la Comisión de Damas en la “Campaña Fulgurense Seso Seguro”.
Pero año eletoral, a dos meses de la gran definición urnística, el bar buffé del glorioso yerve de fiebre idiológica y la política se cuela en el chamuyo como sin querer. La barra de siempre, una cosa lleva a la otra y de atrás del mostrador la Divina Colombres, pura sensibilidá de mujer, no se ha recuperado de la horrible muerte de la Candela, dice, ahora no hay nada para ver en la tele.
Silencio meditante en la mesa consabida, el Rengo Marinelli abona la primera ronda de vermuces con nutridos ingredientes, lengua a la vinagreta para destacar, mismo que tortilla de papa en cuadraditos. Tele nueva alquirida en sesenta cuotas con el plan del gobierno pa los jubiletes, LSD full Hachedé, esplica el Rengo, se ve espetacular y la Divina se pasó una semana pegada al aparato siguiendo el caso de la piba, final a moco tendido, ¿sería nesario darle tanta manija al asunto? La Candela vendió más que una final de campionato, razona isofacto el Ruso Urbansky, era bonita, parecía una modelito en las fotos, poné el gancho que si fuera morocha posta, carasucia de las muchas que se chorean todos los días, nadie le daba ni la hora.
Mesa tendida para la contienda, el Negro Gutiérrez siguió el caso desde la tele siempre encendida en la gomería, así que opinión con fundamento, se esplaya en hipótesis criminalísticas como un inspetor del efebeí: sello narco del cartel peruano, en el hampa del común, entre chorros de ley, nadies se come a un hijo por vendeta. ¿Pero qué sabe este Negro de mierda?, palabras de Carlitos Mercier, hombre de Perón y entendido en trenzas del poder, según afirma sin que le suelten los mocos, complicidad policial mediante, al Manco le quisieron plantar un muerto. ¿Quién?, pregunta de Marito, el pibe de la Cámpora, recién arrimado a la mesa del billar y ya echándole tiza al taco. La corpo mediática, sigue Mercier, la campaña eletoral ya empezó, si no te diste cuenta, al Cabezón Duhalde ya se lo hicieron. Nada que ver, ¿qué tomaste?, ¿cótel de aguarrás tomaste?, espresión poco medida del Negro Gutiérrez, bueno para nada, vos sos duhaldista, pará de vitimizarte. Yo soy pe-ro-nis-ta, aclaración de Mercier que sobra como grasa en chorizo de cancha, y estoy con la Cristina a muerte. ¿Desde cuándo?, ¿desde que ganó las eleciones?, ácida reflesión de Marito. Y rinsai abierto, culpa de la Divina Colombres por echar a rodar el tema, yo no hablé de política, no más de la pobrecita Candela, tan linda que era, se escusa, cómo pudieron matarla así. Ves, te das cuenta, opinión del Ruso, ¿qué tiene que ver que fuera linda?
Callado hasta aquí el doctor Salvatierra, seco el vaso de vermú y como pidiendo bis, si se me permite, no hay que confundir, el crimen esistió como tantos otros, el periodismo toma un caso y lo espone pa deleite de la teleplatea ávida de morbo y cocuspisencia mientras fatura con el reitin de toda la menesunda. En otras parolas, el ojeto natural de toda empresa es el lucro, la chirola, la mosqueta, me esplico, y una empresa informativa no es la esección. Nadies le pida al naranjo que eche manzanas, ahora que, ¿está bien eso?, ¿está bien que un medio de espresión con molumental capacidá de influencia celebral en la gilada haga y diga lo que se le cante?, ¿no debería esistir un contralor sesudo de contenidos?
Silencio espetante. Mesa abierta para esponer pero mancan los tauras. Triple carambola del Oreja Pérez, putiada de Marito y segunda ronda de vermú. Gancia con limón, soda y chorrito de granadina pa darle color, invento del Rengo que lo copió de una revista de cotelería. Provechito de Mercier y dedución con inquisitoria al paso: igual que hicieron con eso del fraude en las eleciones, que a la final se demostró que no. ¿Será cierto que se van a cambiar las boletas?
Temario abierto, ya se ve, ¿qué boletas?, yo soy monotributista y hago fatura C cada tanto, no me las van a cambiar ahora, alvierte el Negro Gutiérrez, bueno para nada, así que nadies va a gastar pólvora en chimangos para explicarle. Boleta única con todas las caripelas de los candidatos, una para nacionales, otra para provinciales y la tercera para municipios, así se corta el voto cadena y el clietelismo, aporta el cabezón Lagomarsino, renunciado DT del tim bochófilo después de la vergonzosa derrota, radical de siempre, ahora de paso, para mí una coca con ferné como al Marito. Pedazo de boleta, va a parecer un álbun de figuritas, se ríe Urbansky, pero igual no hay tiempo, faltan dos meses nomás. Falta voluntá, eso es lo que falta, insiste Lagomarsino y piolín libre pa que vuele el barrilete, salta Marito el primero, que si manya del tema, nomás por olfato define el tiro: eso es cosa de gorila. Gorila tu hermana. La tuya. Es lo que digo, en vez de buscar el consenso y el diálogo, los kirrneristas se pelean con todos. Consenso las pelotas, trina Marito, un ojo en la bola, perfeta posición de tiro, medición milimétrica y carambola a tres bandas. Aplausos.
Yo estoy con la modernidá, argumenta el Rengo Marinelli desde el mostrador, ahora con la computación y todo eso, lo mejor es el voto letrónico, que es igual que el Ling y vas como a sacar plata del cajero, nomás que te aparecen los candidatos en la tele y vos marcás el que te gusta y listo, sin gasto de papel ni tinta, y quien sabe, el día de mañana vas a poder votar por interné. ¿Y el que no tiene interné?, pregunta del Negro Gutiérrez. Entonces vas al cajero, respuesta del Rengo.
¿Te imaginás al viejo Terrile, que cada vez que cobra la jubilación lleva al hijo para que lo oriente?, nomás que ve la botonera del cajero ya le da taquicardia, apunta Mercier. A mí me pasa lo mismo, confiesa el Ruso Urbanky, ochenta y una primaveras, le desconfío a la máquina, como que adentro tiene un enano metido manejando las piolas y que me a cagar con las estraciones y el resumen. ¿Qué te pasa con los enanos?, ofendido el Oreja Pérez, petiso de apreciar, taco en mano, adentro de un cajero cabe Yinóbili con pelota y aro para encestar.
En Salta ya probaron el sistema, si se me permite, esplica el doctor Salvatierra, boga erudito en todos los fueros y a más costitucionalista probo, mismo que en Brasil y en Europa, en varios países, efetividad incierta, la tenología con sus certezas y sus falencias al servicio del hombre cual mitológico cíclope alzando en una mano el quijotesco anhelo de progreso, cual ninfa de saturnales fastos que resume en su etério juego de sedución la voluntad gentil, si se me permite, no me queda claro que un cajero automático sirva incólume a los efetos eletorales.
Demasiado vermú, hay quien opina desde el billar, córtenlen el chorro al doctor. ¿Quién habló? Silencio cómplice.
¿Y los fiscales?, pregunta del Negro Gutiérrez, ¿para que estarían los fiscales de cada partido?
Se perdería la noble tarea, una pena, habla el Ruso inmemorian de sus tiempos mozos. Cierto, señores, si se me permite, se perdería la educativa labor cívica de la juvenil militancia, razona Salvatierra, la aventura de la puja partidaria, el gozo de custodiar las boletas propias como si fueran hijos, el vértigo del recuento insitu, la rutura del sobre para ver aparecer al candidato que ha enamorado al ativista, se perdería ese lujo que es la democracia en su salvaje reverdecer cada dos años.
Silencio sepurcral. Y tres gambas, interrumpe el Negro Gutiérrez, el de la gomería del Camino de Cintura, bueno para nada, ya se dijo, tres gambas garpó el Colorado De Narváez a los cuatro hijos en las eleciones pasadas, una luca docientos, hace la cuenta rápida, si es por mí, mejor que sigamos como estamos. ¿Así que votaron al Colorado?, pregunta al toque que el Negro responde con la simpleza del que la yuga a diario: no, pero un laburo es un laburo y se paga.
Tiempo electoral, ya se dijo al comienzo, la política se cuela en el chamuyo. Ni hablar cuando el Rengo Marinelli, esaltado como está por el ésito anterior, cuelgue de la ganchera la pizarra estadística que ya lo hizo famoso. Promesa dada, pal viernes que viene va a tener los primeros datos fecientes.
Saluti a todos.

Por las Comisiones

Comisión de Deportes

Se llevó a cabo entre los días 15 y 27 de agosto el Torneo Anual de Bochas “Miguel Borrico”, Edición 2011. En un marco espetacular y ante un público entusiasta, se disputó la final entre la dupla del Social y Deportivo Fulgor de Mayo (Lagomarsino-Doldán) y la del Unidos La Estrella (Gómez-Lasar). Fue derrota sin atenuantes de nuestro tim ante el clásico rival, razón por la cual don Víctor Lagomarsino presentó la renuncia como DT, la que le fue rechazada en Comisión Directiva. Edmundo Doldán, su histórico coequiper, asumió provisoriamente el cargo.

Hasta el 15 de setiembre está abierta la inscrición para el “Campeonato de Truco Día de la Primavera”. Interesados contatar a Marquitos Garabaglia.

El 12 de noviembre próximo se realizará el Torneo Juvenil de Ajedrez “Ismael Celentano”. Inscrición abierta a menores de 25 años con o sin esperiencia en este deporte-ciencia. El 13 del mismo mes hará presencia el maestro Raúl Lolo Vives pa jugar simultánias con todos los que rayen.

Comisión de Damas

Con la firma de Cecilia Bassur, el pleno de esta comisión volvió a reclamar se cambie su actual denominación por la de “Comisión de Género” y manifestó su repudio a las reiteradas negativas de la CD para proceder con la reforma estatuaria. Asímismo, espresó su agradecimiento hacia todos quienes colaboraron en la Jornada “Un juguete para todos” que se realizó el tercer domingo de agosto pasado, día del niño.

miércoles, 24 de agosto de 2011

Antes que nadies

Lunga ausencia, no es cosa de echarle culpas a nadies pero hay que decirlo: lo barato sale caro a la final. La maquinola de la hija de Margarita Bruni se infestó con un virus galático y a mi ver, de tan cachuza, la pobre mancó de simple angina. Cuestión que el tordo en eletrónica, un primo de don Baldomero Fuentes, no más fue que la ascultó y ya la dio por finada. Se le morfeteó el rígido, explicó, que es como decir el cuore.

Si algo carateriza al glorioso es la fe democrática. Asamblea de asociados para decidir suerte del proyeto blogero, la solución no era facilonga. Poco vento en caja, prioridá para las canaletas del techo, si de la interné se trata, cualquier maquinola sirve, razonó Teresita Corvalán, están las del cíber “La Golondrina”, mismo donde se entretiene los pibes chateando el santo día.

Pero no es así. No es lo mismo para este escriba apelecharse a la ispiración en cualquier parte. Solo entre las paredes matusalénicas del glorioso Fulgor se apersona la gracia como una voz arrebatada, como si la historia imprenada en este espacio generoso se diera hablar y osequiara la musa estimulante del verbo, palabras del doctor Salvatierra que vienen a cuento de su desprendido aporte en metálico con el que se arregló el desperfeto y la maquinola volvió a orbitar en la interné.

Aclarado el punto, imposible resumir las sesudas y catológicas sesiones habidas en el bar buffé del Rengo Marinelli. Tiempos eletorales con sus debates de estraordinaria hondura fisiológica, la mesura se mandó a guardar y talló el chamuyo polenta, virtú histórica del Social y Deportivo Fulgor de Mayo: aquí nadies se calla y el que opina defiende lo suyo a como sea, si de buenas maneras mejor.

Cuestión fue que de costumbre cada quien espuso su preferencia y sentó razón, bien a la mesa de los viernes o al paso. Encargado a los efetos de una encuesta fulgurense por ser testigo insitu desde atrás del mostrador, el Rengo Marinelli, con la ayuda de la Divina Colombres, hizo lo suyo durantes las tres semanas previas al acto comisal, analis certero que vino publicando en una tabla que colgó en un gancho de la vieja fiambrera hasta la noche del sábado, que fue cuando la retiró pa cumplir con la ley de la veda eletoral. Colunnas con los nombres de los candidatos, apuntación truquera debajo, estaba el que se anotaba de una, el que por consabida filiación ni había que preguntarle y también el que se disculpaba con eso de que el voto es secreto, atitud deslenable y cobarde pero muy estendida. ¿Por qué no decir que yo quiero esto y aquello? ¿Por qué no llegar hasta el pie de la sagrada urna luciendo con orgullo el emblema de su partido o de su candidato? Opinión del escriba, puede rebatirse.

Lo cierto fue que el Rengo Marinelli, hay que decirlo, se diplomó en el arte del pronóstico y la estadística con una performans espetacular. Que la muchachada del billar, influida por Marito, el pibe de de la Cámpora, se inclinara por el voto cristino, era de esperar, igual que el doctor Salvatierra, frondicista de la primera hora, y más unos cuantos asociados de sabida simpatía hacia la señora presidenta. Sufragio seguro para Altamira el de don Marcelo Reiss, discípulo de Nahuel Moreno, y sorpresa en la misma direción de Luisita Sanguineti que, ya se sabe, es fana de Rial y no se pierde una tarde del Intrusos del Espetáculo.

Como sea, la compulsa pareció emparejarse después de que se anotaron los jovatos de la cancha de bochas, algunos de simpatía radical como el Cabezón Lagomarsino, Doldán y el Laucha Marcos. Punto aparte en la Comisión de Damas, donde la cosa apuntaba sin recortes: se almira y venera a la señora presidenta o se la odia con sentimiento de tripas bien de mujer.

En la mesa consetudinaria del bar buffé, la discusión estuvo a la orden del día y de la noche, punto y contrapunto con invitados de luxe, hasta la madrugada en alguna ocasión, que fue cuando se enfrentaron en dura batalla verbal el Petiso Marcilessi y don Pascual Bengochea, socios de años, varones de cargar gruesa munición oral, paciencia nula y aficionados al pugilato fácil. Comunista de vieja cepa el primero, hay quien asegura que en un rincón de la pieza o al lado de la cama tiene un cuadrito de Estalin en un altar y que todas las noches le prende dos velas, aunque nadie que se sepa le acompañó la noturnidad a no ser la Eugenia Frangi, única novia que tuvo y ya fallecida. Prócer de la añeja Unión Cívica Radical del Pueblo el segundo, hombre Alem según sus dichos, ya se lo vio en trifulcas a puño limpio en el 2001, cuando Carlitos Mercier levantó varias manzanas de la Villa Escondida, la emprendió en saqueo contra el mercadito chino de Larrea y Sipe-Sipe y allí anduvo don Pascual a las trompadas en defensa del feriante oriental.

Primer trompis del Petiso cuando se mofó de la alianza de Alfonsín yunior con el Colorado De Narváez. Retruque imediato de don Pascual: la Cámpora lo banca a Menem en La Rioja, a Sioli lo apuntan de revolucionario y le dan morfi a la mafia del conurbano, no jodás Petiso, seguí poniéndole velas a Estalin.

Rinsai de rechupete y abierto pa que cualquiera se meta. El Ruso Urbansky en apoyo de Marcilessi y ni hablar de Marito que ya había empuñado el taco del billar como escopeta de dos caños. Carlitos Mercier, ayer a las piñas con don Pascual, ahora extrañamente de aliado. El Negro Guzmán, el de la gomería del Camino de Cintura, se ofreció de referí: tres minutos pa esponer cada contendiente, interrución obligada para que Marinelli reponga Cinzano con ferné y ingredientes, prohibido golpe bajo cintura y atenti a la campanilla del raund.

Opinantes a troche y moche, la cosa se apuntaba fiera y a cuenta de saber por dónde se apilaba el progresismo, concecto inocuo pero de moda. Cuestión que al toque la Turca Bassur se apareció con la Comisión de Damas en pleno, once mujeres dispuestas a todo, nada de naranjada ni cocacola, lo mismo que los señores, dijo, y chocho el Rengo haciendo cuentas de los vermuces a despachar. Marabunta, alvirtió el doctor Salvatierra, si se me permite, las señoras nos van a dejar sin manices ni papitas. Pero ni hablar cuando los veteranos bochófilos largaron el treining de la arrimada para sumarse a la menesunda y la purretada del billar se puso a las órdenes de Marito, el pibe de la Cámpora, en tren de apoyo logístico a la presidenta Cristina.

Como era previsible, la discusión fue increyendo según lo vermuces hicieron su efeto natural. El bar buffé plestórico de parroquianos, ni una mesa disponible, el Rengo Marinelli agotaba la reserva de Cinzano y a la Divina Colombres no le daban los brazos para atender los pedidos. Abierto el restorán, milanesas con fritas pa los sanos y bife de aguja con mista si alguno sufre de colesterol, recetó el barman. Todo un kilo y dos pancitos, dejen esponer al Petiso Marcilessi, reclamó la piba Corvalán.

Chas gracias, dijo el Petiso, cierto que de pie aunque parecía sentado, y así como se hizo silencio empezó a enumerar cuestiones de gobierno, collar de ésitos mismo que si fuera ministro kirrnerista. Tres minutos y a esperar su turno, lo interrumpió el Negro Guzmán pa darle la palabra a don Pascual. Minga, viento de cola, argumentó el hijo Alem, con guita de la soja cualquiera regala. Y gran quilombo de la purretada del billar, que gorilón fue lo más liviano que le indilgaron con más procaces dichos que no vale la pena repetir.

Espacio tirano, imposible resumir argumentos espuestos. La cosa siguió hasta tarde y cada quien opinó y echó sufragio vospópuli, incluidos indecisos. En la vereda, a la salida, como era de imaginar, el Petiso Marcilessi amenazó con un intercambio de guantes y don Pascual Bengochea tiró algún derechazo al aire al grito de Viva la Unión Cívica y don Hipólito Irigoyen, pero nada pasó a mayores. Claro que atento a cada opinante, el Rengo Marinelli tomó nota en la tabla estadística colgada en la ganchera y como a las cuatro de la mañana de ese viernes batió sentencia: la Cristina gana por afano, me da como un cuarentipico por ciento. Nadies le creyó, incluido este escriba.

La pelotera siguió de taco y punta por varios días y a todo esto el Rengo se tomó en serio lo de los pronósticos eletorales, como si al acierto fueran a darle copa de campión. Desvelo furimundo, llegó a quejarse la Divina Colombres, le dio como una osesión resultadista. Y contagio cantado, el bar buffé del glorioso lució como en sus mejores tiempos, lleno siempre de curiosos atentos a la envolucion de la tabla de posiciones.

Delante siempre la Presidenta, llegó a asustar la columna de los indecisos. Más que indecisos, cagones, afirmó con fundamentos el Ruso Urbanky, esos no quieren decir lo que van a votar, esepción del viejo Bilbao que, ya se sabe, de siempre que entra al cuarto oscuro está como media hora pa salir. Acertijo peliagudo, además, Carlitos Mercier, peronista de Perón, puntero municipal de siempre, a la pregunta consabida, respuesta indefinida, yo soy pe-ro-nis-ta, con lo cual más que aclarar, oscurecía. ¿Y el voto del campo? Mirá lo que pasó en Santa Fe. Pero el Rengo estaba en todas, teléfono mediante, contato direto con Oscarcito Ferrari, quintero de Madalena, veinte hetáreas de alcauciles y tambo. El campo es una intelequia, le mandó a decir el paisano, acá nadies quiere que la taba se de vuelta.

Y así llegamos al día de las eleciones internas, que a la verdad eran lo mismo que la encuesta del Rengo Marinelli. Siete de la mañana y el bar buffé abierto, contó el Ruso, madrugador consutudinario. ¿Qué hacés, Rengo?, le preguntó. Encuesta de boca de urna, le confirmó el barman nuestro, permiso de Sarita Amati, diretora de la escuela 24, mesas testigo pal caso, esperenmen aquí. A las seis cierra el comicio y a las seis y un minuto les bato la justa. Nos vamos a hacer famosos.

Dicho y hecho. Mesa de costumbre, temprano para hacerle al vermú, cafés istantanios para el doctor Salvatierra y el profe Sampietro, limonada para el Negro Gutiérrez que venía de una comilona en casa de la suegra, té de tilo para el Ruso Urbansky. La Divina Colombres más linda que nunca con un suéter como cosido a las pechugas y Marito ausente por hacerle de fiscal a la Cámpora. Entró el Rengo y cantó resultado antes que la tele: 51 por ciento y a cobrar. Pero de nuevo, nadies le creyó.

Y hasta aquí lo que pasó. Calmada la tormenta, la CD del glorioso ha comisionado al Rengo Marinelli como encuestador oficial fulgurense para las eleciones de otubre, mismo que la FM El Asfalto, de gran audiencia barrial, lo contrató al honoren pa dar los resultados antes que nadies. Guita nada, se queja la Divina Colombres, ¿a qué tanto esfuerzo? Pero quién le quita mérito. En una de esas vienen de una empresa importante, onda Poligarquía, y lo contratan, como dice el himno del club, la esperanza del gran amanecer nunca se pierde.

sábado, 4 de junio de 2011

Semos indinnados

El asunto empezó mismo el pasado 25 de mayo, gesta patria que hace al nombre de nuestro glorioso Fulgor. Glamurosa festividá que se merece, como era de esperar, la masa societaria dijo presente, los de ahora y los de antes, antiguos vecinos que la esistencia llevó a otros lares, hijos y nietos de los fundadores que, aunque lejos, bien les cabe la historia de la barriada laburante de otrora. Y así que amurados al recordatorio, por esencia, la cosa sabe pintar para el rencuentro.

Hinno nacional de arranque, bandera celestiblanca al tope y la rojinegra al lado, escarapelas pa hacer dulce, el encendido discurso de don Leopoldo Sastre no dejó títere con cabeza y de final, como pa dejar las cosas en claro, concluyó: “Hoy, como ayer en el Cabildo, semos todos indinnados”.

Primera mención del concecto, más de alguno se la perdió por andar husmiando en los fogones, plato en mano, al pie de las ollas según lo anunciado de costumbre: sensacional comilona de locro y mazamorra, todo regado con generoso vino del común de mesa y el aporte alhonoren de guitarreros que nunca faltan y cantores que con un solo vaso de líquido ispirador son capaces de cantar hasta la novena sinfonía de Betoven.

Así que al punto caramelo, saludo por aquí, abrazo por allá, igualito pero más viejo, de dorapa y como abrazado al farolete del Uvita tinto dulce, esquisités sobrenatural pa mecharle al guiso en ciernes, ¿quién estaba allí? Serenata pa las orejas, los ojos como de vidrio pero la lengua presta al toque de sirena, pilchas domingueras y perlitas de chivo etílico en la mollera, el profe don José Ricardo Sampietro me junaba de refilón como midiendo el tiro de la verba. Y así que así, me dijo: estoy indinnado, macho, la cosa pinta pa la gran indinnación universal.

Conociendo al profe Sampietro, la estocada venía por el win de la fina ironía. Resulta que ahora la borregada europea se indinna por esa lacra del capitalismo, siguió diciendo, y nos venden que todo gracias a Franz Jessel, récor de venta editorial, y atenti, que no le quito méritos al moiye, pero decíme vos, viejo pipiolo, ¿no te suena a pretensión de fanfa?

Mutis por el foro, virtú de sagaz interlocutor, mejor dejarlo parolear al profe: la indinnación se manca con ancho falso, vos lo sabés, acá lo viste en el dos mil uno. Podés sacudirle a la cacerola, cortar una yeca, irla de campin en una plaza, escribir puesía en las paredes como los franchutes, putiar y pedir que se vayan todos, pero no se va ninguno y si no tenés claro a dónde apuntar, si no hay condución posta y ojetivo político, te morfa el sistema, te hace mercancía y te vende, macho, te cocina, te adorna de torta de feliz cumpleaños y te prende las velitas pal entierro.

Difícil discutirle al profe. Varón de ciencia durísima, matemático de pergaminos probos, crecido entre cortes de falda y osobuco en la carnicería del finado Paolo Sampietro, don José Ricardo se acamaló a la arimética y la giometría, y hasta hizo un dotorado en Milán, se sabe, y no le anduvo con vueltas a la hora de arriesgar el pellejo. Cuatro años los pasó engayolado en Caseros, culpa de una curva sinusoidal de su inventiva que le encontraron en allanamiento de morada y atribuida al disparo de un caño que istalado en la terraza de un derpa en Villa Ortúzar le iba a dar de lleno a la Casa Rosada en los tiempos de Videla. Entonce sí que estaba indinnado, macho, me aclaró, indinnado con los milicos y con la gente que no estaba indinnada.

Comentario a colacción en la mesa consetudinaria del bar buffé, el Rengo Marinelli se hace el que no escucha mientras prepara la primera ronda de vermú, pero la Divina Colombres sí. Yo estoy indinnada con este Rengo miserable que no se acordó de nuestro aniversario, dice, ni un beso me dio.

La indinnación es un sentimiento natural y primitivo de la siquis humana, esplica el doctor Salvatierra, erudito boga que, tal parece, no le hace asco a la ciencia del cerebro. El razocinio conlleva entre otras funciones síquicas, el deseo de lo justo entre pares, ahora que, si se me permite, desde los tiempos de ñaupa, cuando una minoría se apropió de las riquezas de la mayoría, es decir, desde que esiste la propiedad privada, la indinnación se reconvirtió en acectación a través de la idiología de la clase dominante, cosa que el pobre terminara por aprobar su condición de pobreza como cosa natural.

Vermú con ingredientes. Hoy milanesita cortada con fritas de la cocina, manices infaltables, fontina y aceitunas. Salú, propone Carlitos Mercier, puntero justicialista de la primera hora. Yo no me indinno con facilidad, mejor es descular pa donde va la correntada y de ahí ver lo que se puede y lo que no. Como decía el General, todo en su medida y armoniosamente.

¿De qué te vas a indinnar vos?, trina agresivo Marito, el de la Cámpora, y por trinar le pifia a la bola y gasta la carambola. Casi rompe el paño. El que rompe paga, le aclara el Rengo desde el mostrador. Apurá la birra, hace como una hora que la pedí, contesta Marito, y a prosópito, dice, hay que indinnarse, loco, cuando te indinnás ya no pedís sino que esigís, que es distinto. Y cuando esigís te ponés fulo y si hay bardo la peliás. Si no estás indinnado, minga que vas a peliar. Néstor estaba indinnado y Cristina también, por eso los banco a ful. Indinnado con los garcas del campo, con la mersa de Clarín, con los gorilas que rompen las pelotas, loco, yo estoy indinnado.

Furimundo cross de Marito. El pibe está hecho una fiera, dice el Negro Gutiérrez, habría que mandarlo a España para que les esplique a los gaitas. ¿Y si hacemos una coleta para garparle el avianca?

Mudo el Ruso Urbansky, pasa el vermú y le da a un tecito de tilo, culpa de los intestinos flojos, aclara, y no es que esté mariconeando, che, ahora que alguno leyó al alemán ese. ¿Quién? Ese que escribió el libro de los indinnaos. ¿Nadies? Yo no sé, pero como dice el profe Sampietro, está bien enojarse pero para qué, hacia dónde y cómo dirigir ese sentimiento, razona el Ruso y cuenta, acá tuvimos el primer indinnado puro, recontra puro, allá por el 58, sería, que fue Deolindo Almeida, el Encapuchado Argento.

Silencio sepurcral. Y habla el Ruso: el Deolindo vivía por atrás de la carbonera. Desocupado de la testil, la mujer lo había dejado y dos hijos se le dieron al orre. Un día se apareció en bicicleta, los talompas a la Cantinflas con tiradores, una capa colorada con una escarapela celestiblanca, antifaces enormes de carnaval y casco de goma, como una sopapa negra en la cabeza a lo batman. Cuestión que se dio a conocer como el Encapuchado Argento y así recorrió los barrios, en la bici y parando en cualquier esquina, ahí donde había gente, en la cola del tranguay, a la entrada de la testil, a la salida de los talleres, y donde paraba largaba el discurso que tenía una caraterística socrática, es decir, dialética y mayéutica, y eran todas preguntas que requerían respuestas con más preguntas, ¿me esplico? ¿Hay que enojarse muchachos?, por ejemplo, ¿hay que ladrar?, ¿y por qué?, y así de corrido, las preguntas le apuntaban al inconformismo. Cuando alguno le contestaba con afirmación que no fuera pregunta, el Encapuchado Argento sacaba una tarjeta roja y chiflaba como los referís cuando espulsan de la cancha, y seguía, y por ejemplo, uno le decía ¿che Encapuchado estás colifato?, él contestaba ¿estoy colo?, ¿estoy colo por pensar que el colifato sos vos cuando no te dan los cojones para cambiar? ¿Y qué hay que cambiar, loco?, le preguntaban, digamos, y el Deolindo o el Encapuchado sembraba otra, como decir, ¿estás bien o algo te molesta?, y así.

Silencio más sepurcral. Sigue el Ruso y segunda ronda de vermú: gran indinnado, sagaz como pocos, autodidata entendido en los argumentos sencillos de la política y la economía, de la filosofía y el pensamiento, todos sabían que el Encapuchado Argento era Deolindo Almeida pero nomás que se hizo de fama, ya nadie lo reconoció por Deolindo. Quizás, ni el mismo. Tuvo seguidores y secuaces varios. Muchos se acostumbraron a chamuyar haciendo preguntas y descubrieron que a medida que nuevas preguntas respondían a anteriores preguntas, tales preguntas implicaban un elevado grado de conocimiento y que dicho conocimiento los llevaba inesorablemente a indinnarse, a cuestionarse el orden de las cosas y de sí mismos.

¿Y qué pasó con el Encapuchado?, pregunta socrática de Carlitos Mercier.

Lo metieron sopre como al año de andar indinnado. Dicen que vinieron tres canas pa llevárselo. Che, Encapuchado, estás detenido, le dijieron. ¿Quién me detiene?, preguntó socráticamente. Cabo Gómez, no jodás. No existe la detención, cabo, pues estamos en permanente movimiento, y aún quieto, giro según gira el planeta, de modo que ¿es posible detener a quien no puede ni quiere detenerse? ¿Por qué intentarlo? Porque andás jodiendo a la gente, loco de mierda. Y fue suficiente para el Encapuchado Argento. Peló la tarjeta roja y le chifló al cabo porque le había hablado sin formular pregunta. Y suficiente para el cabo Gómez también, que al carajo, dijo, y le partió un garrotazo en la cabeza. Y así se lo llevaron. Nunca más se supo del Encapuchado Argento ni de Deolindo Almeida. Hay quien dice que en la secional le dieron de comer un guiso carrero con cicuta.

Crónica que el tiempo fue sepultando. Ya nadies se acuerda, pero fue famoso el Deolindo, dice el Rengo Marinelli desde el mostrador y pregunta, ¿más vermú? ¿Es una pregunta o una invitación?, dice el Negro Guzmán. ¿Cuándo lo viste al Rengo invitar una copa?, pregunta Marito. Debe ser tarde. ¿Qué hora es?, quiere saber Salvatierra. ¿Las doce ya?, no lo puede creer la Divina Colombres, ¿hasta qué hora se piensan quedar? ¿Nos estás echando?, dice el Negro. ¿Mierda, se les contagió la socrática?, cuestiona Marito. ¿Pregunto yo, pregunta el Ruso, cuántas preguntas habrá que hacerse pa indinnarse? Semos todos indinnados, ¿pero será suficiente?

martes, 10 de mayo de 2011

Por los Mitos de Mario Goloboff

Humildad antes que nada, así con todo es orgullo para la noble masa societaria esta esistencia edilicia del glorioso Social y Deportivo Fulgor de Mayo. Cimientos centenarios, techos anteliduvianos, no hay salón que en alguna pared deje de plantarse la insigne figura de don Ismael Celentano, gloria fundacional, ispirador sinecuanón y artífice constructor de nuestra historia istitucional. Así en el salón de fiestas que lleva su nombre, muro fundamental, arriba del aparador con vitrina donde están las copas y los trofeos obtenidos en inigualables justas deportivas, vese en cuadro su retrato en tres cuartos de perfil. Mismo pero en tamaño más chico hay otro en la cancha de bochas y un tercero en el bar buffé, a un costado de la puerta que da al tualé de caballeros, pero en este caso, fotografía en blanco y negro pintada a la acuarela que lo muestra de cuerpo entero en toda su imponente manificencia de cara a las vías, en su monte de carbonillas, “como mirando en lontananza y junando en el horizonte las claves dialécticas del nuevo amanecer”, poética espresión esta última del gran trovador rosarino Jacobo Weiss, socio adherente del club y co-autor compositor del himno fulgurense.

Viene lo antedicho a cuenta de la contratapa del diario Página 12, pasado jueves 28 de abril, verdadera glosa intitulada “Mitos”, obra y gracia del amigo Mario Goloboff, erudito laburante del vocablo, lúcido y feraz varón del pensamiento, da fe este humilde escriba, como que también, por sapiencia que le reconoce, julepe le da rebatirle opinión y enemistarse en consecuencia.

Y así que puesto a salvo, cuento que el Ruso Urbansky se asoma a la mesa del viernes en el bar bufé con recorte de la dicha publicación y como quien chanta los dados confiado en escalera servida dice lo que dice, a saber, caballeros, el mito de don Ismael Celentano resiste cualquier minucia, anédota o alcahuetería, hasta los cuernos se banca y el que apunte lo contrario que vaya y se lo discuta al Goloboff.

Silencio sepurcral, nadies sabe aún de qué cosa habla el Ruso. Mitos y leyendas, eso.

La de don Ismael Celentano, para el caso, que viene al pelete. Cortita y al pie, dicen que en los tiempos fundacionales, por el treinta y pico, el hombre sabía correrse hasta la carbonera que había en la Vieytes, pegada a las vías, y allí se subía a una montaña de carbonillas que había y se quedaba mirando el horizonte en estado de meditación trascendental, como un decir, pensamiento astracto y cojudo pa entender las cosas de la vida. Solo el varón, necesidad que le cuadraba al pensamiento, no era aquel el monte Olímpo ni garpaban visita Zeus, Apolo o Atenea, menos había palacios de cristal para morada de los dioses, que por vista única rayaba el rancherío humilde de un suburbio en ciernes. Pero ese era su espacio meditante y mejor que nadie se le arrimara cuando en eso estaba. Cualquiera lo sabía. Solo en su Monte Olimpo, sucedió que una tarde se le apareció un quía como salido de la nada, varón chapado a la antigua, jetra del tiempo de mariacastaña, maletín de cuero en mano, barba como de cinco años sin cortar, y así que se apareció se le sentó a la vera, mismo en la cúspide de los carbones. Medio fulo por la intromisión, don Ismael estaba por decirle que nadie le había dado vela en el entierro cuando vio que el jovato sacaba de la valija un broli, se chantaba los antiojos y se echaba a leer en voz alta, voz como de trueno, como eruto de elefante y la vez como de arrullo para dormir gurises, cosa que ni queriendo se podía mosquear y había que escucharlo. Y así cayó la noche y el viejo seguía leyendo en la oscuridad, que más bien sería hablar como de memoria, y don Ismael escuchando, y pasó la noche y clareó el cielo, pegó la helada de invierno y, palabra de los que pasaban camino al yugo, allí seguía don Ismael como en trance y conjuro, igual que hinotizado por el barbudo. Fueron tres días con sus noches, dicen, las que gastó don Ismael Celentano oyendo el trino de Carlos Marx cuando le recitó de punta a punta la “Misería de la Filosofia”, tres días y uno por cada una de las tres leyes dialéticas que ispiró al glorioso Social y Deportivo Fulgor de Mayo.

Silencio meditabundo en el bar buffé. Respeto a la historia, la leyenda se banca cualquier discurso positivista, alerta el doctor Salvatierra, crédulo en nada.

Pero rápido en reflejos, el Negro Gutiérrez, el de la gomería, esperto en minerío jot, madruga con crónicas menudas y consabidas, anedotario de cuernos que a don Ismael Celentano le clavó la húngara Szabor, pasional de juventud allá por el 39, y asunto no probado, hay quien dice que también la primera esposa lo osequió con guampas de platino cuando anduvo de trampa con un bacán de Alsina, y que a la segunda, la tana Barilatti, por si acaso, el varón se le adelantó y se las puso él antes que se las pusieran.

Minucias, precisamente, esplica el Ruso a prosópito de los dichos de Goloboff, al dedillo calzadas, ya que lo mítico del gran Ismael Celentano, padre fundador del glorioso, no se raja de la cincha por haber sido un cornudo consetudinario, y al vesre, son esas especulaciones las que le van de adorno y complementan su grandeza. Colifata la crónica, como dice don Mario, de manera satánica todo obra en la construcción del mito de Ismael Celentano, hasta los cuernos.

¿Y qué tiene que ver don Satán en esto?, pregunta que hace el Rengo Marinelli desde el mostrador mientras preparaba la ronda segunda de vermuces.

Es un decir nomás, sigue el Ruso Urbansky, que pal caso lo que importa es el mito. Y dicho y hecho, el Goloboff le apunta a un franchute, un tal Dumezil, que dice que el pueblo que no tenga leyendas está condenado a morir de frío, y más pior, el que no tenga mitos ya esta finito, es decir, postamente crepado.

Como que le toma el gusto a la sopa, Carlitos Mercier, peronista de Perón, rápido pa levantar vuelo, se amura en Evita. Mito molumental, esplica, abanderada de los pobres, quien le quita el oropel que ahora hasta los zurdos la tienen de patrona.

¿Y Maradona, entonces, no es un mito viviente? ¿O hay que estar muerto pa ser un mito?, se pregunta el pibe Marito, el de la Cámpora, pegado al paño y midiendo una carambola improbable.

La cosa estaba para la meditación introspetiva. De ahí que el doctor Salvatierra, fino erudito de labia florida, frondicista de la primera hora, aclara que si vamos a calotear leyendas, pongámolo a don Rogelio Frigerio, maestre del desarrollismo nacional y popular, docto sin parangón, cerebro eseccional del las pampas, y no señor, si se me permite, un mito es un mito, y en lo personal, me llevo de culo con eso, que si le hiciéramos caso al mito, debería acectar, por ejemplo, si se me permite, que somos el granero del mundo, que una mierda somos, y sería condenarnos al atraso y al sudesarrollo.

Precisamente, insiste el Ruso Urbansky, como dice el amigo Goloboff, el mito espresa dramáticamente la idiología en que vive una sociedad, y sí, esa idea del granero sería un mito istalado pal caso. Pero hay otros también, contrapuestos míticamente, digo, y ahí se entrevera el Ruso, se le trabuca el pensamiento y ya no sabe cómo seguir el discurso.

Mitos positivos y mitos negativos, vendría a ser, lo salva Marito desde la mesa del billar. Más o menos así, aclara el Ruso.

Noche de profundo analis fisiolófico, ronda de cinzano y entremés de aceitunas negras y cuadraditos de fontina a solicitud de Cachito Frías, el motoquero del delíberi, hoy de franco y al paso por el club de los amores, callado hasta aquí y sólo hasta aquí, porque para mí el poder del mito es fun-da-men-tal, se inicia en el chamuyo y silabea como maestra de primer grado, que esto lo ví de propios ojos y nadie me lo cambia. Cinco años atrás. Final del campeonato de bochas. El Cabezón Lagomarsino en pareja con Edgardo Doldán contra los archirrivales del Cultural Italiano, los hermanos Pérez, famosos por sus mañas a la hora de distraer y desconcentrar al oponente. Estadio hasta las manos. Tribuna en éstasis de pases y apuestas. Mano a mano y punto a punto, ninguno sacaba ventaja. Terrible confrontación y final desconcertante a lo último. Dos por uno. Bochazo atómico del Cabezón y desparramo de esferas. Hora de arrimarla fácil, camino abierto al bochín, una paponia para Doldán, esperto jugador, no se iba a distraer con el chamuyo burlón de los Pérez. Y ya listo y en posición, silencio sepurcral, caminó Doldán hasta la raya de tiro, oservó y ¿qué encontró? Nada, como nubes, esplicó después, nomás el retrato en tres cuartos de perfil de don Ismael Celentano, justo sobre la cabecera de la cancha, don Ismael que lo miraba, lo junaba medio y medio, como diciéndole que si no la arrimás te surto, no la vayas a pifiar y cosas así que creyó escuchar en la mirada. Terrible poder de la imagen mítica. Como nubes, fue el argumento de Doldán para esplicar la catástrofe de un tiro a la bartola. Más lejos del bochín, un imposible.

Nada más cierto, da fe este escriba de lo que cuenta Cachito Frías, al menos en lo que respecta a la pifiada, pues de lo que haya visto o padecido el pobre Doldán, nomás lo sabrá él . Va por aseveración de que desde entonces, en cada justa bochófila y con todo el respeto que se merece, no más que por las dudas se repita, el retrato de don Ismael Celentano se cubre con un pañuelo rojinegro, el cual con el mismo respeto y almiración se retira al cabo de la contienda. En contrapartida, al cuadro del salón de fiestas se le agregan espejitos en el marco cuando se realizan los torneos de truco, convencidos los players de que don Ismael tira señas de la carga contraria, así que beneficiado quien lo tiene de frente y desahuciado el que le da la espalda. Creer o reventar. Terrible poder del mito, no precisa de argumentos.

Varón erudito, el doctor Salvatierra se disculpa pero al fontina le falta estacionamiento, dice y aclara, lengua florida, un mito se costruye desde lo coletivo, se enriquece en sus propias contradiciones y florece cual imagen en la percepción popular, como el arte, funca a modo de intuitivo conocimiento.

Chau, saluda Marito, el pibe de la Cámpora, entonces Kirrner se va a hacer un mito, dale tiempo nomás.

Silencio sepurcral. Olorcito a fritanga que arranya de la cocina. Milanesas, aclara el Rengo Marinelli desde el mostrador, ¿alguien se queda a cenar?

Se anotan Carlitos Mercier y el Ruso. Cachito Frías no sabe, que tiene que ir a ver a la novia, razona, y las milanesas del Rengo lo dejan repitiendo gusto a frito y la piba se le queja de que así no le da ganas de nada.

Ese es un mito, se ofende la Divina Colombres, siempre atenta al verso y asomada a la cocina. El problema es el esexo. Una milanesita es nada, ahora que si se la morfan de a tres con fritas y a caballo, seguro que les pega al hígado.

Y tiempo de rajar. Mandale saludos al Goloboff, se despide Salvatierra. Serán dados, contesta el Ruso.

Ausencias que se notan. Nomás queda Marito apuntando a la última carambola y, colgado en la pared, justo arriba de la puerta del tualé de caballeros, don Ismael Celentano en tres cuartos de perfil, como regalando una sonrisa agradecida.

REPORTAJES. Hoy: Celestino Barros

Por Gabriela Ruiz Carmona


Hace poco, el pasado 12 de enero, cumplió 89 años y está convencido de que llegará a los cien. Socio de los fundadores, ladero inigualable del Gran Ismael Celentano, tornero y metalúrgico de alcurnia, autodidacta, organizador sindical y protagonista de incansables luchas obreras. Vive hoy a costa de una escueta jubilación, postrado en silla ortopédica por una afección ósea, en su casa de la calle Bolívar, a cuatro cuadras de la sede del club de los amores.

Lucidez absoluta. Infaltable a la hora de conmemorar un nuevo 1º de Mayo. Hora de presentarlo, don Celestino Barros, padre de dos hijos en común con su primera esposa, Carmela Sudañez, de quien enviudó tempranamente, y de dos hijas y un varón con su segunda, también fallecida, Cristina Sudañez, hermana de la primera, menor en cuatro años. Quince nietos a cuenta, cinco biznietos hasta donde sabe, difícil que la memoria en esto le falle.

F.de M.: Después de todo, don Celestino, las cosas chanchas las hizo en familia. ¿Cómo fue eso de que primero una hermana y después la otra?

CB: (se ríe) Eran otros tiempos m’hijita. No se veía mal que el hombre enviudado le diera solicitud a una hermana de la esposa ya muerta para asegurarle la existencia. Marido ya conocido, como usted dice, los secretos quedaban en familia .

F.de M.: Pero convengamos en que mientras estuvo con la primera, no tuvo ojos más que para ella, ¿o ya la tenía en vista a la más chica?

CB: (más risa y algo de picardía) A decir verdad, la Carmela tuvo una larga agonía de cáncer sin cura. ¿Y qué podía hacer un hombre solo con dos hijos gurises, trabajando el santo día y luchando junto a su clase? De ahí que la Cristina, la menor de la Sudáñez, me ayudó a cuidarla y a criar los chicos. Y este hombre no es de fierro, ni con 96 encima, de carne y hueso. Era bonita la Cristina y se hacía desear. Las cosas pasaron. No es un crimen.

F.de M.: No digo eso. Tampoco es común que ocurra. ¿Pero siendo hermanas, no se le dio por compararlas nunca? Por ejemplo, pensar a cuál de las dos quiso más, o las quiso por igual.

CB: No. Nunca se quiere igual, vea. La Carmela era todo azúcar, mujer abnegada y un tanto sumisa, jamás una discusión, y en el amor una delicia, un caramelo masticable (risa). La Cristina en cambio más pícara, mal arriada, compañera de acero en la lucha, más tibia en el amor pero guerrera y discutidora. Llegó a delegada de las textiles de “La Argentina”. A las dos las quise diferentes.

F.de M.: ¿Y a quién más, don Celestino? Porque según dicen, usted era bastante picaflor en un tiempo.

CB: ¿Y eso? A mí me gustaba la milonga. Así como me ve ahora postrado, yo era un gran bailarín de tango. Era un león en la pista y no me perdía velada del Salón Voltaire, a dónde tocaban las mejores típicas y había buenas bataclanas. (Risas) Domingo de tarde, siempre había escusa para escaparse un rato y bailarse nos tangos.

F.de M.: ¿Y la esposa nunca se enteró?

CB: La Cristina sí. Una tarde, me acuerdo, se apareció en el Voltaire hecha una tromba, se paró en medio de la pista que estaba llena de parejas y fue cosa de verme abrazado a Margarita, que era la mejor milonguera del sur, una pluma hecha mujer, vea, y fue que la Cristina me vio entre el gentío que se paró arriba de una silla y me gritó: viejo crápula, te voy a freír las pelotas en una sartén y te voy a denunciar en el Comité. La típica de Alonsito, me acuerdo, dejó de tocar, último el bandoneón que se desgarró en el soplido. La Cristina se bajó de la silla y se fue caminando como si nada, silbando La Marsellesa, que era lo que siempre silbaba.

F.de M.: ¿Y usted?

CB: ¿Yo? Siga la orquesta, dije. Terminé de bailar una tanda con la Margarita, que no era para dispreciar, y enfile para la casa. Eso sí, nunca más volví al Voltaire por la vergüenza.

F. de M.: ¿Y ella lo perdonó, supongo?

CB: No. La Cristina no era mujer de perdonar. No me llegó a freír las partes, eso sí, porque anduve cuidándome tiempo largo, que hasta para dormir, dormía agarrándome ahí abajo. Me denunció al Partido por corrupto y mismo en el Sindicato, pidió sanción y me la dieron. Es que antes se cuidaba la ética. También en el glorioso, me acuerdo, la Cristina se plantó en reunión de Comisión Directiva y pidió sanción. Y así fue que don Ismael Celentano, con todo el dolor del alma, me pidió la renuncia de la Secretaría y me dieron diez años sin ejercer cargo alguno.

F. de M.: ¿Y después de eso siguió yendo a las milongas?

CB: (risas) De vez en cuando, pero nunca al Voltaire. A otras milongas y con la Margarita, que era como un amor imposible, un amor inaccesible y tramposo que nacía y moría cada dos o tres minutos, lo que duraba el tango.

F.de M.: ¿Otro amor, la Margarita?

CB: Es posible. Si, visto a la distancia.

F.de M.: ¿Y la Cristina nunca quiso acompañarlo en el baile?

CB: No le gustaba el tango. Decía que era un lamento de cornudo, flojera hecha música.

F. de M.: Dejemos a Cristina. Hablemos del mito, de Ismael Celentano, que usted lo conoció como pocos. ¿Algún recuerdo en particular?

CB: Y sí. Yo era un purrete cuando don Ismael echó a andar el club, que entonces era toda una concepción social y política, era el pensar de una institución forjadora de humanismo socialista, un lugar para cobijar el pensamiento crítico y científico, un faro alumbrador de una nueva sociedad que podía construirse desde las bases obreras y populares. Eso era el Club Fulgor de Mayo, no lo que es ahora. Y yo entré allá por el 33 o 34, porque mi padre me entusiasmaba, obrero de fundición y anarquista, me entusiasmaba y entré en el primer pelotón de Pioneros Fulgurenses, a imagen de los Pioneros Bolcheviques, que hasta un periódico infantil teníamos y más de un pibe aprendió a leer y escribir con aquel folletín.

F.de M.: ¿Recuerda algunos que estuvieron con usted?

CB: (silencio) Algunos, si. (Pausa) Algunos.

F. de M.: Está emocionado, don Celestino.

CB: No, m’hijita, pasa que estoy orinando en la bolsita que tengo acá abajo (pausa). De compañeros de ruta me habla (pausa), montones y casi todos muertos (pausa).

F.de M: Lo espero, no se apure.

CB: Si no le molesta. (Pausa). A esta edad, uno pierde la vergüenza, m’hijita. Ya está.

F.de M.: ¿Me decía?

CB: Muertos muchos. Algunos por los años, muchos en la lucha. Vea, no hay gobierno que no me haya metido preso a mí. Tenía 15 años cuando integré la primera célula comunista, antes del cuarenta seguro, en la metalurgia, gobierno conservador. Cuando la huelga del 36, pasé por la Sección Especial. Diez días apaleado en la seccional 17 de la policía, desmayado varias veces, quería el juez que firmara un papeleo. Pasé dos años a la sombra pero me salvé de que me mandaran a Usuhaia, que eso era muerte segura. Otros tuvieron menos suerte. Caímos en el 41 y salimos, caímos en el 42, que fue cuando allanaron el glorioso, y ahí fuimos todos, Ismael Celentano primero, siempre igual acusación, que éramos izquierdistas, gobierno de Castillo, creo, a veces las fechas se me cruzan, y bué, en el 44, que fue cuando se planeó un insurrección para derrocar al gobierno del general Farrell con el Movimiento Patria Libre, que ahí fue un tiroteo con los facistas de la Alianza Libertadora y hubo varios muertos de ellos y nuestros. Y sigo, querida, en el 46 o 47 fui preso en el gobierno de Perón, cuando intervinieron a los metalúrgicos para hacer el sindicato peronista y ahí conocí la picana eléctrica, que era el último invento del estado, y salí y volví a entrar, a veces con Celentano, que andaba fugado. Después, en el 57, varios meses, en la dictadura de Onganía también, que ya no estábamos en el Partido pero igual, o peor. En el 75 me dinamitaron la casa las Tres A, que allí nos salvamos de casualidad con la Cristina. En el 77 me desapareció un hijo, el Rubén, y cuatro años estuvo presa en Devoto la Vilma, la segunda hija que tuve con Carmela. Eso fue peor que si me hubieran pegado a mí. A mí me tuvieron quince días en un campo, se cansaron de darme y me largaron. No tenía nada para decirles.

F.de M.: Qué historia.

CB: La de muchos. Por eso digo que soy un sobreviviente de la historia. Un lunático que debió estar muerto hace años y que de casualidad sigue vivo en silla de ruedas, nomás útil para dar testimonio a quien quiera escuchar.

F.de M: ¿Y Cristina, su esposa? ¿Cómo vivió ella toda esa experiencia?

CB: Al lado siempre. No me fritó las pelotas nunca y las salvó más de un vez. También ella sufrió la cárcel cuando la huelga de la textiles en el 40, pero en esa época, por mujer se la respetaba más. Fue condecorada por Evita con una orden de no sé qué, y herida de bala en los tiempos de Frondizi, o de Guido, que casi se me muere. Lo peor fue cuando la última dictadura, cuando se llevaron al Rubén. Creo que allí empezó a flaquearle el alma o lo que sea. Igual siguió, anduvo en la Plaza de Mayo con las Madres, pero ya no era la misma. Estaba cansada los últimos tiempos, sentía que nada de los ideales podían coronarse. Murió en el 94.

F. de M.: ¿Y usted, don Celestino, qué cree? ¿Qué piensa de los ideales?

CB: ¿Yo? (pausa). ¿Qué pienso? ¿Qué viví al cuete tantos años? (pausa). No. Más, fue lindo estar vivo, creer en algo. Eso decía don Ismael Celentano, que lo mejor de estar vivo era el convencimiento de que una sociedad de libres productores era posible.

F. de M.: Eso no lo va ver, ni usted ni yo, creo que lo sabe.

CB: ¿Y qué quiere m’hijita? ¿Qué me muera mañana pensando que no fue posible? No. Mientras me quede un suspiro en los pulmones, voy a seguir creyendo, eso me dijo Celentano un día antes de morirse.

F.de M.: Celentano. Todo remite a Ismael Celentano.

CB: Es que fue el hombre que nos insufló la voluntad. Era un pensador convencido y convincente. Tenía esa capacidad que pocos tienen de transmitir calentura al corazón y armonía a la cabeza. El Fulgor de Mayo fue su inspiración. Quizás hoy, si se levantara de la tumba y viera lo que es hoy, seguro que volvería morirse porque esos cuatro o cinco que se juntan a copetear en el bar no le llegan a los tobillos. Charlatanes. Ahora con una computadora haciendo boludeces.

F. de M.: No los quiere nada. Le aclaro que esta entrevista es para publicar en Internet, en el blog del club.

CB: No me diga (pausa). ¿En serio?

F.de M.: Si. La idea es que más gente conozca y sepa del Fulgor de Mayo, de Ismael Celentano y de todos los que hicieron posible la existencia del club. Que es una historia muy rica, ya lo ve. Usted mismo lo cuenta.

CB: Mierda.

F.de M.: Una última pregunta, a propósito de lo que se cuenta de las tres leyes dialécticas, usted sabe, la inspiración de Ismael Celentano en la carbonera, ¿qué hay de cierto? Es decir, está claro que es una leyenda pero realmente, debe de haber algo en que se apoya.

CB: ¿A dónde quiere llegar, m’hijita?

F.de M.: Eso. ¿Cuáles son los elementos ciertos?

CB: (larga pausa) Vea usted, las tres leyes dialécticas están en el acta fundacional y eso es lo importante, eso es lo que hace al gran Ismael Celentano. (Pausa). La carbonera existió hasta los 50, casi los 60. Por la tarde, cuando se cerraba el obrador, era un buen lugar para pensar en las cosas por el silencio que había, las vías, y el campo atrás, y los primeros rancheríos, y el barrio que se iba haciendo. (Pausa) Todo es leyenda. Y toda leyenda se construye lentamente, de padre a hijo, de hijo a nieto. Es un molde de hierro. Allí se graba, se enriquece y nos lega. ¿Qué sentido tiene cambiar ese molde o retorcerlo si nos ayuda a comprender por qué estamos aquí o para qué luchamos? Déjelo así, m’hijita. Póngale que don Ismael Celentano estuvo con Carlos Marx leyendo la Miseria de la Filosofía en el Monte Olimpo de la Carbonera. Que estuvo con Hegel, póngale también. Y con Sartre. Y con una corte de ninfas, eso también. Y conmigo, con la Margarita, bailando “El Choclo” en un piso de carbonillas, en patas los dos, los pies que al final se hicieron zapatos de charol con el negro mineral fregado en el roce de la piel. Póngalo.

domingo, 24 de abril de 2011

Vargas Llosa y el Fulgor de Mayo

Muy estimados:

Todavía retumba en lotananza el eco de la sensacional inaguración. Cual nave espacial polenta, la primera maquinola fulgurense propulsada por el güifai mega de Néstor Treviño recorre el universo internético con la foto postal del glorioso y el escudo rojinegro de briyo fluresente. Primeros aportes blogeros, Teresita Corvalán, pebeta de las nuevas, puro entusiasmo, jamón del medio, conocedora de las entrañas del club, puso en órbita resumen atualizado de la labor de algunas comisiones. Ermindo Brin, facultativo de esperiencia garantida en cuestiones sentimentales, siete divorcios a cuenta, versado en la siquis, labia terrible con más repulgues que empanada criolla, se ha apuntado de ayuda con su consultorio galáctico que intituló “Dr. Amor Responde”. Todo y más, incluida “Primera Campaña Internacional de Seguidores Fulgurenses”, en nuestro blos de interné www.fulgordemayo.blogspot.com

Así de corrido, la cosa ya da que hablar y levanta polvadera de envidia en los archirrivales del Unidos La Estrella, que tienen cancha de fulbo propia, hay que reconocerles, pero ni ahí están de alcanzar nuestro eminente nivel tenológico. Cuestión esta que aquí se trata, ovio, en el bar buffé que hoy atiende la Divina Colombres, en soledá pecaminosa porque el Rengo Marinelli se tomó el espiro hasta el urólogo. Arenilla en el riñón, aclara la Divina sin que nadie se lo pida, la próstata le funca un kilo.

Ventajas y contras de la conetividad, hay mociones como para hacer dulce y nadies se ha privado de opinar. Hasta hoy, digo, y peor, lo de ayer fue catatónico. Reunión urgente de la CD solicitada por don Ángel Sebio, socio activo, cuota al día, hombre de ilustración superlativa, igual que su esposa, doña Carmen, letora empedernida. Y pasó que vez pasada, jubilados ambos, tiempo de sobra, se tomaron el tren, dos coletivos, diez cuadra de a pie y así llegaron a la Feria del Libro en la Capital, esplicaron, y como mariados entre tantos brolis, destino o gracia reservada, fue cosa de dejarse llevar por el gentío para amucharse en salón abacanado al fondo. Luces a cagar, micrófonos en racimo, tarima posta, ansiedá que se cortaba con yilet, el que parlaba en charla conferencia era el nobel literario don Mario Vargas Llosa.

Tal parece, no más a poco de escucharlo, don Ángel reculó como el mejor pero a istancias de Carmen, que lo tiene entre los escribas más preciados de su juventud, le soportó la perorata, y va que al terminar, pasillo pa la salida, destino o gracia reservada, ya lo dije, doña Carmen se abrió paso entre la multitud, don Ángel de la mano llevado como barrilete, y así que lo tuvo enfrente al ilustre, le dijo que don Mario, no sabe como lo almiro, y más, el coso se detuvo, la saludó medio como con asco, pero la escuchó, y fue que doña Carmen le habló del glorioso Social y Deportivo Fulgor de Mayo para que se le pararan las antenas como a cucaracha en basural. ¿No me diga? Así le digo, don Vargas. ¿El mismísimo Fulgor? El mismo. ¿El club del gran Celentano? No hay otro. ¿El de las tres leyes dialéticas? Si sabe de la cuarta, avíseme. Y así que si, que no, conetividad güifai, sensacional blos, le esplicó doña Carmen, péguese una visita. Faltaba más, viernes veinte horas me voy a conetar con el club, le contestó muy amable el quía limeño, esperenmen sentados.

Así que cita especial, la CD en pleno y curiosos a discreción, todos alrededor de la maquinola hoy istalada en una mesa del bar buffé, primera al fondo cosa de no molestar a demás parroquianos que de literarias poco manyan. En otra mesa, la de costumbre, pegada a la zurda del mostrador, los de siempre: el Negro Gutiérrez, el de la gomería del camino de cintura, bueno para nada pero de mente ojetiva en cosas de amor, minerío y sesualidá, capaz hasta de discutirle a una enminencia en los temas jot como don Ermindo Brin. Por la puerta que da a la cancha de bochas se arrimó enseguida el Ruso Urbansky, ochenta abriles bien llevados, preclaro de la ciencia social materialista dialética como él se intitula, socio de los fundadores. Carlitos Mercier, otro, último campeón de truco 2010 en pareja con Willy Sanguineti, as de la conga y el acomodo, puntero fundamental de los últimos dos intendentes y conocedor como pocos de la interna justicialista municipal, provincial y hasta nacional. Y quien suscribe, claro, que poco cuenta sino es para contar lo que aquí se habla, temas de hondura fisiológica y de candente actualidad, ispiración abierta para el escriba.

Última, recién llega de jetra gastado, la tacorba de corrida en el cuello, dos audiencias en el mismo día, fusilado, se disculpa, el doctor Salvatierra, boga civil y comercial, erudito, frondicista desde los tiempos de la UCRI, chamuyo florido siempre, nomás que se sienta, empina un farol de Cinzano, provechito, y nomás que pregunta por la conesión internética, contato establecido, a la espera estamos, le esplican del fondo, quince minutos pa las ocho, en cualquier momento el nobel de la literatura va a entrar al blos del glorioso pa saludar a la masa societaria y de seguro arrimar opinión.

Sesión de luxe. El bar buffe luce una de sus estampas memorables. No será el peruano novelista primera figura de lustre que se arrime a estos salones. Otros se han apelechado en vivo y direto, como lo hizo Evalngelina Salazar, la jermu de Palito Ortega, en los tiempos de Jacinta Pichimauida, o como José “Mano de Fierro” Salinas, campión welter yunior que noquió al francés Durand en el Palé de Box de París, y cuántos más, nadie lleva la cuenta. Pero que se avenga un escriba de semejante talla por la tele de interné, primera vez que pasa y la espetativa es espelusnante.

Pa condimentar la espera, nada mejor que el verbo florido del doctor Salvatierra: si se me permite, ¿quién no se comovió en la juventú con la prosa llana y entradora de Vargas Llosa?, ¿quién no se avino rendido a los pies de personajes inefables brotados de su creadora inventiva?, ¿quién no se introdujo en el aciago mundo de sus crónicas sociales de emotiva raigambre?, si se me permite y pido disculpas por lo soez, el hombre es un hijo de puta y ahora anda de copeteo bacán en cuanta ronda se lo invita, erudito espositor de la idiología cipaya y entreguista.

Ya empezamos, dice el Negro Gutierrez, el de la gomería, ¿para que lo invitaron entonces? Asiduo letor de El Gráfico, el Negro no caza un cuero en prosa y menos en versos. No le vengan con finuras. Diferente al Ruso Urbansky, viejo obrero linotipista, autodidata de cepa augusta, da la razón al doctor Salvatierra y conoce de propia letura la obra del susodicho. No es pa tanto, los suecos le dan el nobel a cualquiera, aclara por si llueve, ¿o no se lo dieron al Obama premio a la paz y ahí nomás el negro dobló marines en Aganistán y ahora se quiere quedar con el petróleo de Libia? Difícil discutirle al Ruso en cuestiones internacionales. Silencio a la espera ¿Cuánto falta? Siete minutos pa las ocho. ¿Cumplirá el varón?, pregunta alguno del fondo.

Ronda de vermú con ingredientes y atención esclusiva de la Divina Colombres, ya lo dije, mujer de aquellas, camión con acoplado en su juventud, todavía se hace desiar en el batir de las ancas y de la pechera pal crimen. Pero placer para almirar de vista, hoy no está el Rengo que la hace callar y de seguro que, mientras abona en la mesa, opina en eseso de mutus propius, a saber, que algo le escuchó al peruano, esplica, y de lo poco que le quedó, está eso de la libertad libre para los negocios, cosa que le recuerda lo más fulero del pasado. Y aquí va, que fue en los tiempos del sultanato, cuando el Rengo Marinelli, hoy dorima púa, quedó en la caye porque libremente cerró la hilandería La Argentina, y el Rengo en la caye pero contento con la indenización y la libertá, así que se hizo libre empresario y probó de remisero y se creyó Gardel hasta que el auto crepó de tanto uso y vuelta a empezar, en la caye y libre, eso sí, tan libre que hasta pensó el sucidio, libre y seco, y tuvo suerte que la conoció a ella, la Divina Colombres, misma quien habla, suerte también tuvo que el glorioso le tiró una mano y le ofreció la concesión del bar-buffé del club sin condición ninguna, a no ser la cena semanal de los viernes al costo pa los muchachos de la CD.

Rengo, volvé pronto, hablan los ojos de Carlitos Mercier. Historia repetida, que alguien la haga callar a la Divina. Y viene Marito, el de La Cámpora, sin despegarse de la mesa de billar, taco en mano, a tiro de segunda carambola y con el Flaco Trimarchi que no le pierde pisada. Dos ferné cola, ruegan. Y allí va la diosa en atención, cachas prietas, nadies le pida un bis.

Segunda ronda de vermú y se nota. El problema no es el chancho sino el que le da de comer, introduce Carlitos Mercier, que venga y diga lo que quiera pero que no se ofenda por los dichos del otro, ¿que quién se piensa que es? A la final, el proyeto nacional y popular no se va a doblar ni porque venga San Vargas con la dotrina neoliberal a bendecir a nadies.

¿Pero pa qué mierda lo invitaron al blos?, avisa de nuevo el Negro Gutiérrez. Fue la mujer de Sebio, le explican los del fondo, todos pegados a la maquinola, cuatro minutos pa las ocho, listos para hacer contacto, aquí Cabo Cañaveral Fulgor de Mayo, responda Vargas Llosa.

Minga, el mono no va a venir, sentencia Marito, el de la Cámpora. Y si viene le damos masa, agrega el Flaco Trimarchi después de pifiar una carambola regalada.

El que viene es el Rengo Marinelli. Del urólogo viene. Mirada enquisitiva de la Divina Colombres, como preguntando ¿y?, ¿qué tal te fue? Pero turro, como todo rengo, le apunta a la mesa nostra, se arrima hasta las orejas y dice que si están pensando que me enchufaron un dedo en el culo se equivocan. Risa de Mercier. ¿De qué te reís?

Conesión güifai, aquí Fulgor de Mayo, conteste Vargas Llosa, dicta el Pibe Romero, operador de la maquinola, igual que en la películas de guerra. Silencio sepurcral.

Los médicos estaban de paro, interrumpe el Rengo Marinelli, así que no me quisieron atender, culpa del flaco Islas y del necochense González. Callate, Rengo, piden los del fondo, si vos hablás no se escucha a Vargas Llosa. Arenilla en el riñón que la próstata no tiene problemas, aclara de nuevo la Divina Colombres desde el mostrador. Cállensen, grita el Pibe Romero, aquí Fulgor, conteste Vargas Llosa.

Si se me permite, habla el doctor Salvatierra, además de hijoeputa ese Vargas es cagón, con todo respeto lo digo, si se me permite. Y vendido, completa Mercier, el menos indicado. Callate, Carlitos, que vos estabas con Menen, y después con Duhalde, y ahora con Kirner, se espresa el Ruso Urbansky. Pero como dijo el General, la única verdad es la realidad, contesta Mercier, ni menemista, ni duhaldista, ni kirnerista, peronista de Perón y punto.

Ocho y doce minutos. Naranja. Aquí Fulgor de Mayo, conteste Vargas Llosa, sigue el Pibe Romero.

Nueva ronda de vermuces. Palitos, papitas y aceitunas. Al final, la conesión güifai no sirve pa mierda, sugiere el Negro Gutiérrez. Arrugó el peruano, eso pasa, define Salvatierra con derechazo al ángulo imposible para el arquero. La próxima lo invitamos al González. ¿El de la guía? No, el de la Biblioteca Nacional. ¿Y quién lo juna? Varón de probo inteleto, sigue Salvatierra. Una masa, aclara Marito, el de la Cámpora.

Y pasa el tiempo, concecto astracto, no esiste sin espacio que le manque salidera. De punto a la medianoche. El Rengo Marinelli pide permiso y se va a torrar. En una de esas, mañana levantan el paro y me ve el urólogo, esplica. Arenilla en el riñón, aclara la Divina Colombres.

Y ya es tarde, nos vamos todos, cualquiera lo dice. Nomás Carlitos Mercier se queda un rato para leer la notable ponencia del amigo Néstor Gorini, médico de trinchera conurbana y esperto en asuntos de la salud pública. Habría que publicarlo, sugiere. Pero nos vamos.

De mientras, aquí Fulgor, conteste Vargas Llosa, rima la voz gastada del Pibe Romero, ahora solo y pegado a la tele de la maquinola.

Desde las aulas sagradas del glorioso, abril 1 del 011, ventolina de otoño que apunta al frío, saluti a todos.