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lunes, 4 de junio de 2012
Borges, el Aleph y los dólares
viernes, 11 de mayo de 2012
¿Qué pasó en Velez?
lunes, 2 de abril de 2012
Balance y cornalitos
Alta concurrencia a la consabida mesa del bar buffé, semos los de siempre y otros más. Primer aniversario del blospot fulgurense, brindis y festejo anunciado aunque debate y autocrítica también, justo y nesario que se apersonaran de la CD sus miembros rutilantes, a saber, don Leopoldo Sastre, presidente en ejercicio, Carlitos Maldonado,secretario, la Turca Bassur por la combativa Comisión de Damas y más otros como el Cabezón Lagomarsino. Pero madrugó a la festichola, mismo que virus de la gripe, negro nimbus de turbión sobre su prístino delantal de la docencia, Sarita Amati, socia activa del glorioso y diretora de la Escuela 24 de acá la vuelta. Ni en preparativos la primera ronda de vermuces, en trance de reposo las asentaderas, sacudió malaria como con bronca y junando: las maestras están indinnadas por eso que dijo la Presidenta en el Honorable Legislativo, que nos quejamos al cuete, que tenemos tres meses de vacaciones, mentiras, labia de tachero que escucha radio diez, a Fernanda, la señorita de 2º grado le dio la depresión y Rosita, la de 5º, amenazó con suicidarse a lo bonzai. A lo bonzo, como los monjes, la corrigió el doctor Salvatierra. No, a lo bonzai, por redución corporal.
A la gorda no le vendría mal bajar unos kilos, opinó el Negro, bueno para nada, fuera de sintonía como siempre. Y furimunda mirada de la diretora, amenanza en puerta: esijo repudio istitucional a las espresiones de la Presidenta o renuncio al club de los amores y mismo aquí le prendo fuego al carné, he dicho.
Arranque a cien por hora, mesa rante de gomías decidores, ta claro que este no es el ámbito apropiado pa ninguna declarativa, intentó esplicar Carlos Maldonado, secretario aljunto, y aunque así fuera, su solicitú no está en la orden del día. Y razón que le cabía en parte, más mejor sería elevar sugerencia a la CD que se reúne los días miércoles, concluyó. Pero minga, ni Sarita Amati se había avenido para volverse con las manos vacías ni nadies de esta mesa la escapado nunca a la solidaridá. ¿Comisión redatora aquí mismo, en la mesa de al lado?, invitación del Rengo Marinelli que ya aprontaba las primeras copas. Ni falta que hacía, la diretora tenía preparado el pronunciamiento de labia cuidada con distingo a la vestidura presidencial pero quijostesca en la denuncia: retire los dichos, su eselencia, que hasta los estadistas saben reconocer errores.
Todo bien, pero a la hora de poner el gancho, el más guapo duda. Firma de los aquí presentes a esección de Carlitos Mercier, peronista de Perón, que hay que ver qué opinan los muchachos, se escusó, nadies se apila de contra cuando el que conduce pinta ganador. Y así que cuestión resuelta, giro de la declarativa a la CD, vamos a lo nuestro, que es un año del blospot y el brindis pide cancha.
Entrada con tuti. Gancia con limón para todos y surtidos ingredientes que la ocasión justifica. Lo de siempre, manices, palitos, aceitunas, más mila en cuadraditos, fritas de cocina, vinagreta y por la baranda que ya inunda el buffé con su aroma oceánico caraterístico, frutos del mar al caer. Eseccional. Cornalitos que estaban de oferta, anuncia la Divina Colombres desde el fogón, pero no se atraquen, hay para todos pero coman con delicadeza.
Un año en la interné, ¿por qué el Fulgor de Mayo no tiene atividad en el féisbuc ni en el tuíter?, aviesa inquisitoria con aire crítico de don Leopoldo. ¿Y eso?, pregunta por pregunta que sacude el Negro Gutiérrez, que algo del feisbu oyó hablar al hijo. Así que larga perorata de don Leopoldo para hacerle entender al Negro de lo que se trata una red social, y es al cuete, concluye justo ahora, es como hablarle a una ternera en la puerta del matadero. Vamos de nuevo, ¿por qué no estamos en el féisbuc?
Silencio meditante. Las mila en cuadraditos están de rechupete y los faroles de gancia se evaporan como charco en enero. Nadies aquí se da por erudito en la ciencia computadoril y menos le sobra el tiempo a ninguno pa estar el santo día pegado a la máquina, sugiere el Ruso Urbansky mientras se acomoda la postiza. Y esposición que se agradece, si se me permite, se anuncia el doctor Salvatierra, nuestro humilde blospot es una simple página literaria de hondura faraónica costruida con enjundia espartana, campo de batalla idiológica, acuosa batea de los desheredados, ramplón decir, si se me permite, ámbito feraz de la letura que abona en casi mil correos letrónicos mensuales. Nuestro blospot esige letura crítica, atividad masticatoria y deglución inteletual. ¿Qué se ganaría en ese féisbu plagado de liliputenses espresiones, vacíos me gusta y no me gusta, ascrición de amigos que no son tales? ¿A dónde nos llevaría el insípido tuíter sino a resumir toda gansada en pocas palabras? Con todo respeto, estimados amigos, me opongo.
Acuerdo de mayoría, agradecidos todos de que el boga no se haya esplayado en los clásicos griegos, irrumpe la Divina Colombres camino de la cocina con la primera tanda de cornalitos: pal feisbu hay que estar todo el día conetado, es decir, al garete, con perdón de la palabra. ¿Y a donde la mala palabra que pide disculpa?, pregunta del Cabezón Lagomarsino, callado hasta aquí pero agrandado que viene con el trofeo obtenido en campeonato bochófilo del Cultural Sevillano. Mutis de la Divina, nomás deja la fuente con fruto de mar al centro de la mesa y vuelve a la cocina batiendo las ancas igual que modelo de alta costura.
Avalancha y manotazos a la porción ictícola, nomás don Leopoldo se banca compostura. Volviendo al tema del blospot, dice, hay preocupación en la diretiva por ciertas espresiones, sin contar algunas críticas recibidas que no han caído bien. Y así que así, pela del bolsillo manojo de meils recibidos, se chanta los lupines y lee, por ejemplo, personajes de un tiempo sin existencia, ahistóricos de un lunfardo olvidado, propuesta inverosímil, una porquería, y así de corrido, opiniones de las fuleras un montón. Debiera también leer las buenas, sugiere Carlitos Mercier, groso toco de letores que siguen a rajacincha los editoriales del bar buffé, varones y damas de letras muchos, no es pa tanto, don Leopoldo.
Tanta preocupación no se le vio al hombre vez pasada cuando la comemoración del 24 de marzo, istalación en las vederas del glorioso con una muestra del artista plástico Marcial Perrini y vibrante alegato de Camila Fernández, hija de desaparecidos, hay que decirlo y es opinión de este escriba, don Leopoldo no se arrimó ni pa saludar. Pero la busarda manda y nadies escucha. Las espinitas de los cornalos se me clavan en el garguero, se queja el Negro Gutiérrez, apurá otro gancia, Rengo. Y en eso va Marinelli, esperto en cóteles y tragos.
Callado hasta aquí, don Carlos Maldonado, secretario aljunto y olfa natural de don Leopoldo, tira con balín de aire comprimido mientras a lo Dartañán pelea por el último cornalito en la fuente: ¿el blospot, digo, no se podría escribir en castellano?
¿Y en qué está escrito, en japonés?, sacude el Negro Gutiérrez junando de coté la nueva fuente de cornalitos que arrima la Divina mientras desde el mostrador aclara Marinelli que no hay más, así que despacio pa sentirle el sabor, si morfan a lo bestia, les pongo mortadela.
Silencio mandibular, nomás se escucha crujir los pescaditos. Se estraña el sonido augusto de las bolas del billar, el aporte juvenil de Marito y el Oreja, hoy en mitin kirrnerista por la menesunda con YPF. Ausencia con aviso y nota que dejaron clavada en un taco, arriba del paño verde: viejos de mierda, escriban de la naciolización de los recursos nasteros.
Argumento para don Leopoldo, peiper en mano, ven lo que digo, hasta los pibes se contagian y redatan pal carajo, ¿qué les cuesta espresarse con altura? Asiente el secretario, como corresponde, y no así la Cecilia Bassur, bandera feminista de la Comisión de Damas, que no le importa como hablen pero sí de lo que digan. Esplíquese, doña, sugiere Mercier. Doña las pelotas, clava puñal la Turca, compañera es mejor, si les parece. Y nadies va a discutirle, sabido el caráter que tiene. Hágale nomás. Y le hace, que sí que no, sexistas, machistas, ¿por qué no hay mujeres en los editoriales del bar buffé?, y que si las hay, nomás por ovia referencia a culos y tetas, señores, nunca un ejemplo femenino de entrega y valor cosustanciado con nuestra reivindicación emancipatoria de género, fálicos misóginos, esigimos presencia y protagonismo en el blospot de nuestro club.
Silencio espetante y cruce de ojitos, sabido es que toda respuesta será usada en contra. ¿Qué es un misogi no sé cuanto?, pregunta del Negro Gutiérrez a la oreja del doctor Salvatierra que igual escucha la Turca y más peor se pone. Riansén nomás, dice, un día de estos vamos a ocupar una mesa del buffé, acá al lado, y vamos a escribir nuestro propio editorial.
Silencio respetuoso y faroles vacíos, tercera ronda de vermuces por aclamación. Nadies le discute a la Bassur por laureles ganados en la historia del glorioso y del ispa todo, mina de ovarios cargados con dinamita, seis años a la sombra en Devoto, violada y torturada cuando la milicada, viene de comparecer en los juicios a los genocidas. A veces le patina el embrague y ve enemigos donde no los hay, pero se le disculpa, susurra don Leopoldo, ¿no hay más cornalos?
Una tanda más y basta, apunta la Divina, pa lastrar así váyansen al Ibérico. La prósima sale de mortadela, canta Marinelli. Fuente al centro más pijotera y avalancha.
El mujerío va a tener su espacio, irrumpe el Negro Gutiérrez y la embarra, como siempre. ¿Mujerío dijo?, pregunta indinnada de la Turca y quilombete en puerta, visto que no está sola. Trina la Divina y aplaude la diretora de la Escuela 24: ¿Mujerío?, escuchenlón, ¿así se le habla a las compañeras? Tranqui, chicas, quiere apaciguar Carlitos Mercier, peronista de Perón fultaim, la Rama Femenina siempre tiene un lugar en el movimiento aunque no se note, mismo que las manzaneras. Y peor se pone la cosa. Lo de Mercier huele a chanza y urge la voz preclara del doctor Salvatierra, que no ostante se demora en un combate desigual con Lagomarsino por el último cornalito. Rápido pal manoteo, el bochista campeón puede hablar y comer a la vez: no hagamos del festejo un rinsai sesual, a taitas y grelas nos une el amor y el espanto.
Carraspera de cuarenta años de faso, el doctor Salvatierra amaga un driblin de oratoria pero se le adelanta la Divina Colombres como adivinándole intención: usted es el menos indicado para hablar, cuatro divorcios encima, ninguna mujer lo aguantó. ¿Y eso qué?, pregunta el boga, ¿acaso en el Olimpo los dioses y diosas no se divorciaban, no se metían las guampas?, si se me permite, lo suyo, señora Divina, es una católica concección puritana, ergo machista demodé. ¿Demo qué?, pregunta del Negro Gutiérrez. Fuera de moda en franchute, le esplica el Ruso.
Lo que está fuera de moda es el blospot, interviene de nuevo el secretario Maldonado, ni un dibujito, carencia de imágenes, en la inerné eso no sirve. ¿Qué les cuesta poner aunque sea una foto?
Silencio sepurcral. Si quieren yo me ofrezco para posar, se apunta la Divina Colombres, que veinte años atrás fue reina del alcaucil en los pagos de Arana. ¿Vestida o en cueros?, pregunta lidibinosa de Carlitos Mercier. Más respeto, sugerencia del Rengo, dorima púa, así como la ven, cuando se produce, la Divina es un bombón. De cianuro, cuhetazo del Negro. Y otra vez la Turca Bassur: siguen tratando a la mujer como un ojeto, parenlán.
Más silencio. ¿Y los cornalos?, pregunta de don Leopoldo. Se los comieron todos, no se haga el fesa que usté también le dio parejo al diente, razona Marinelli, si quieren, hay mortadela.
Se agradece pero no, está bien, faltaba más. Copitas pal brindis, eso sí. Sidra y fresita, osequio de don Lepoldo. Un año del blospot en la interné se merece y próximo ojetivo de dos mil meils mensuales, ¿no será mucho? Ni tanto, nomás para empezar, alvierte Mercier y chanta másima justicialista, la única verdá es la la realidá.
Y ya el escabio se amura a las neuronas, más mejor dejarlo así, saluti a todos.
martes, 6 de marzo de 2012
De carnavales y viejos chotos
Tan contento el pibe, o le dura la resaca carnavalera o viene hinotizado con el discurso de la Presidenta, presumió el Rengo Marinelli desde el mostrador mientras zafarrancheaba la primera ronda de vermuces.
Ni ahí. Marito es fana de Pin Floy y aquilató biyuya para garpar el segundo recital de Royer Guoter. No ve la hora de subirse al bondi que lo lleve derecho a Núñez, esplica y da motivo al Negro Gutiérrez para que le salte a la yugular: no tenés cura, pibe, yo te hacía camporista chalchalero.
Primer raun entre el Negro y Marito, ahí fue que el Ruso metió lo del carnaval como para enfriar el entuerto, visto que ni el primer cinzano servido, ya la cosa apuntaba de guerra. Referencia obligada la de José Zambrano, contó de prima, años de pasear la yeca al ritmo de los tambores, que debutó allá por el 43, cuando sumaba apenas cinco abriles. Chaleco celeste cielo salpicado en hilos de plata, leoneras al tono, samica blanca y galerina de azul y brillo, uno de los veinte de la guardia purreta que marchaba por delante del bastón y mando, lejos de la reina, del galante y del repique pero parte necesaria de la histórica “Comparsa Luna Llena” que supo desfilar en el porteño corso de la Avenida de Mayo entre lluvia de papel picado, perfumina y aplausos. Ispirador y gestor de la gloria carnavalera del Fulgor de Mayo, diretor artístico de la inolvidable murga “Bichitos Colorados” y organizador indiscutido de cada jornada de la carnestolenda fulgurense. Allá por los setenta, cuando la milicada serruchó la fiesta, el viejo Zambrano acusó el golpe, le dio la depresión y un día, vestido de arlequín con lentejuelas, se echó en las vías para que un tren lo llevara sin escalas al cielo de los redoblantes. Nostalgia y autocrítica, ¿por qué nadies le tomó la posta?
La cosa arranyaba el domingo, recuerda el Ruso. Pasada la siesta, como a las cuatro de la tarde, salían todos los vecinos de la cuadra, de esta y de acá a la vuelta, unos con baldes de lata, con pomos, y alguno hasta con manguera por las ventanas, y la cosa era entre varones y grelas, como de entrecasa pero empilchados todos, nunca faltaba el pipiolo que se aguantaba al refugio del zaguán pa mostrarse después hecho un dandy, o la minusa que desafiaba alegremente los baldazos pa desfilar de blusa ceñida en su humedá al cuerpo, o el tarambana que se refalaba en los charcos. De todo se jugaba en la mojada: la amistad, rencores de alcoba, broncas y chuzas de familia, hasta cuernos sabidos o presumidos. Épicas jornadas, el glorioso abría sus puertas para la recarga del líquido armamento.
La gran fiesta se pasaba al lunes, memora el Rengo Marinelli, que entonces no era rengo. En dos patas firmes, esimio bailador de tango y fostro, por más disfraz que se calzara, antifaz o mascarita, cualquiera lo reconocía en la pista. Le hacía pie la Juanita Marcilessi, hija de tanos calabreses, un camión con acoplado y bailarina eseccional, que se aparecía de las últimas custodiada por padre y madre, vestida de diosa romana, recuerda haciendo provecho de que la Divina Colombres se fue a comprar manices al mercadito de la vuelta.
Milongas espelunantes, escuchá pibe, le alvierte el Negro Gutierrez a Marito. No hacía falta embucharse pastillas ni darse con jarra loca pa divertirse. Pura provocación del gomero, el pibe hace mutis y regala sonrisa mientras le pone tiza al taco.
Allá por los cincuenta, sigue el recordatorio del Ruso, el baile empezaba a las nueve en punto y en la puerta del club, en la calle, que ya a las ocho estaba pinturita. Los vecinos cada uno con su silla y mesita, la rojinegra colgada en el poste de luz, lamparitas de colores de punta a punta en la cuadra, bar abierto en la vedera todo a precio de costo, esenario en calle para que arrancara la típica de Julián Romero. Pero antes se aparecía en el tablado el viejo García, que por años hizo de presentador, y ahí se mandaba el discurso sobre el sinificado del Carnaval, sensacional arenga política, casi un informe del Comité Central, media hora sin parar y la muchachada lo querían bajar de un hondazo. Dale viejo, le gritaba algún apurado que ya tenía fichada pareja pal baile. Pero el viejo seguía como si nada, y la final siempre lo mismo, con eso de que la alegría carnavalera se continuaba en la lucha revolucionaria de las masas proletarias, así que pedía aprobación al informe, y sí, dale viejo, aprobado y que arranque la típica, y así, ni tiempo para despedirse, el viejo García saludando con el puño en alto y Julián Romero, al piano, le daba el entre al bandonión de Pepe Casco, todo un lujo artístico, selección de tango rante y cadenero.
Para las diez de la noche, la romería era infernal. Mascaritas pa hacer dulce. Murgas que se venían del corso de la calle Sarandí, hacían la pasada y se volvían. Papel picado a discreción. Pomitos con agua perfumada de chorro suave, como pa no mojar en eseso. Diez y media en punto arrancaba la verdulera del Polaco Waczda, eminencia del fuelle, meta polcas, valses y tonadas. Una hora después, infaltable, la yazística “Sol Naciente” del japonés Kanamura, seleción antológica de Glenmiller, Luisarstrong, Sinatra, diez músicos en esena, y cerrando, nueva entrada de la típica de Julián Romero que venía de tocar en el Deportivo La Estrella, que para esa hora, a requerimiento de la masa, todo era gotán dulce y lenteja mechado con algún bolero, música pal abrazo entrador y el aprete en pista prolija, a cuenta de que la custodia jovata relajaba vigilancia.
Aprendé, pendejo, dice el Negro, vuelta a mirarlo a Marito. No como ahora, todos mamados, meta bardo como decís vos, y encima las nenas bailando con las nenas, te das cuenta. Qué garrón, pibe. Pero como si nada, silencio distraído de Marito mientras espera que el Oreja pifie la próxima carambola.
A veces sí. Ya tarde, esplica el Ruso, caía algún cajetilla del centro, en barra, a provocar nomás. Volaba una botella. Se pelaba una cuchilla. Pero pa eso estaba la Guardia Libertaria, que le decíamos, muchachada fulguerense conocedora del oficio y atenta al llamado del combate. En los tiempos de Perón, a los de la Alianza se los frenaba en la esquina de Sarratea cosa de que no llegaran hasta el baile. Alguna vez sonaron tiros, pero a lo que sé, muertos nunca hubo, a lo menos en Carnaval.
Sonrisa sobradora de Marito. Dos carambolas y va por tres. Y el Negro Gutierrez, que hoy le dio por peliarlo, le insiste: aprendé, pibe, eso es respeto, porque se hablaba en cristiano y no en inglés, que no se entiende nada. ¿Qué sabés lo que dice ese Royer Guoter cuando canta? Por ahí te está putiando y vos contento, saltando y bailando. Pifiada del pibe camporista y puteada en medio, cortala de bardear, Negro, dice.
La cosa se espesa como guiso que se enfría. Callado hasta aquí, el doctor Salvatierra, filoso espositor, apresta erudición y lanza: si se me permite, al carnaval lo cagó la bombucha.
Silencio sepurcral. Aclaración se le ruega y viene. La bombucha de agua, esplica, suplantó al pomo. Mismo la serpentina, el papel picado y la asustasuegra se murieron cuando apareció el lanzaperfume, y después la nieve, ¿me esplico? Nuevos elementos tenológicamente superiores que bien embocados, decididamente apuntados a las zonas sensibles, cuanto mejor a los ojos, pusieron al divertimento compartido como resultado del sufrimiento del otro, ergo, manifestación inestremis de la rutura de las cadenas de solidaridad social.
Debe aclararse. El doctor apenas sí le hizo a medio farol de cinzano con una gotita de ferné. Y sigue: el martillo loco, el chipote chillón, la cachiporra sonajera, de elementos lúdicos pasaron a ser ojetos contundentes para provocar dolor en lugar de sorpresa y festejo, si se me permite, dolor, miedo, espanto. La bombucha con poca agua, con sal o con arena, mejor, se supuso, que al no reventar sobre la piel del afetado, lo lastimaba y hería, señores, espresiones todas del desarrollo del capitalismo salvaje, del sálvese quien pueda, si se me permite, y con esto está todo dicho.
Esatamente, razona isofato el Ruso Urbansky, ¿qué diferencia hay entre la muerte del noble pomo plástico, o del bombero loco, con la caída de la Unión Soviética y del socialismo real? Piensenlón, de en serio. Son aspetos de la misma crónica.
Más silencio sepurcral. Marito, el de la Cámpora, se retira de la mesa de billar. Así no se puede jugar oyendo tanta boludez junta. Estuvo en la plaza el otro día, dice, cuando la Presi se despachó con el discurso inagural en el Congreso. Más de tres horas labiando, nomás le faltaba la barba para parecerse a Fidel. Un espetáculo. Y ustedes hablando del Carnaval del tiempo de los picapiedra.
Silencio meditante. No le falta razón al pibe, hay que acectarlo. Culpa del Ruso que empezó con eso del carnaval, se apunta Carlitos Mercier con un manís en la boca. Peronista de Perón y puntero ineternun del municipio, como él dice, nada que ver con Kirrner pero el que gana conduce, esplica, y a la señora hay que bancarla aunque no nos guste. Y agregado oportuno del Negro Gutiérrez: mensaje profundo, pérformans de estadística que tiene la señora. Estadista, querrá decir. Eso, sigue el Negro, hasta me hizo llorar cuando la escuché algunas cosas. ¿Te la escuchaste las tres horas? Y sí, mientras recauchutaba gomas.
Pasa que la Presi tiene eso, se entusiasma Marito, tiene que le habla a los diputados pero en realidá se afila con la gente, como que le habla al pueblo en línea direta, que es la cualidá del líder, como hacía Perón.
No vamos a comparar, interrumpe Carlitos Mercier, respetemos la memoria del General, qué sabés, pendejo, del General. Eso, qué sabés del General, Royer Guoters, se suma el Negro, y a cobrar, ya el aire del bar buffé se corta con criollitas. Si van a peliar no rompan la vajilla, pide el Rengo Marinelli, ¿otra vuelta de vermú?
Nadie como el doctor Salvatierra para apagar el incendio de la pasión. Si se me permite, caballeros, no peliemos. Debe reconocerse la calidá del mensaje, anque a mi gusto le faltó piolín pa encarar temas de alto vuelo. Ni pío que dijo de la ley de entidades financieras, de reformar el sistema impositivo, fijensén, que van muchos años de gobierno y a mi ver son cuestiones cardinales, si se me permite una ojiada crítica, anque respetuosa y de apoyo en general.
Siempre buscando la mosca en la sopa, trina el Oreja Perez, otro pibe del billar ganado por el Marito para la causa del proyeto. Pero déjenlon hablar al doctor, ruega Marinelli. Y sigue el tordo: la crítica costrutiva le hace bien al proyecto, si se me permite, crítica nesaria, como su etimología, del griego, criterio, capacidá de discernir, ergo, no comer gato por liebre, si se me permite, mismo como en las comedias de Aristófanes. Y estensa esposición erudita del boga, marcha endemientras otra ronda de vermuces, que van tres y con ingredientes pijoteros, peligro en puerto cuando el escabio se amucha en la mollera.
Planta el pibe Marito, a la final, bandera y consinna de ispiración combativa: dentro del proyeto, todo; fuera del proyeto, nada. Da media vuelta y se va sin saludar. Viejos chotos, se le escucha cuando se efuma en la puerta del glorioso.
Silencio rumiante en la mesa. Se enojó el pendejo, razona el Negro Gutiérrez, me gusta verlo así. Y coincide el Rengo Marinelli: hay que alimentarle la garra, lo peor sería que se ablande.
La noche está en pañales. Venga la tercera de cinzano. A ver, que cuente la Divina, ¿cómo eran sus fiestas de carnaval?
sábado, 18 de febrero de 2012
Megaminería con esplín
Si el destino se pidiera por teléfono, nomás sería cuestión de sentarse a esperar la siambreta del delíberi. Pero, como dice el Pituco Sarrasqueta, dicha o viaraza se cocinan a la cacerola en la hornalla de cada quien. Simpleza que asombra, serán el aire salobre de la mar o la contemplación de la imensidad oceánica los puntales de su ispirado verbo. Invitación que me tiró al pasar allá por diciembre y que acecté isofato: largá la Pelopincho y venite unos días a la gran atlántida argentina, me dijo. ¿Guitarra? Niente, nomás pal pasaje en bondi. Atorro asegurado en colchón merluza, buyón a salvo y dotación generosa de elisires espirituosos, nomás las batarazas pa los fasos.
Resonantes todavía los ecos de la última reunión en el bar buffé del glorioso, tal parece hubo apilada de interpretaciones y, por respeto grande que este escriba guarda a don José Pablo Feiman, almiración profunda por su incuestionable laboreo inteletual aunque no siempre le coincida, aclarar no está de más que intención no hubo de herirlo sino al vesre, como en particular se lo he dicho y en público reitero, alvertir, y no a él pues no le hace falta, hasta dónde cierta prensa canalla sabe retorcer argumentos pa beneficio propio o de representados.
Pero no era cuestión de quedarse en el afalto y seguir dando esplicaciones. Dos de febrero enfilé para la mar en superpúlman cachuzo y cinco horas más tarde, nomás que el motorman anunció Las Toninas, el aire salobre marítimo me achuró las pituitarias. Y allí estaba el gomía, esperándome en el andén, abrazo sentido, la tapín de sesenta pirulos eselentes, bermudas, chomba al talle y cabellera cana atada en cola de yobaca, ¿no trajiste la tabla de serf?, fue lo primero que me dijo.
Allá por los años en que Jorge Barreiro se lastraba al mujerío en los teleteatros de la tarde, el pibe, dieciocho recién cumplidos, ya sacaba lustre de galán. Esimio bailarín, facha veinte quilates, siempre empilchado a la moda, parada petitera y un aire sufrido y tristón que enternecía a la más turra, la nueva ola casi lo trepó a la cumbre de los bananas. Ganador de varios concursos de twist que todos los años celebraba el Social Italiano, era un Yoni Tedesco en versión carbónico, cosa que lo llevó a presentarse a un castin de Música en Libertá y por un pelito que no acabó bailando y haciendo que cantaba como Raúl Padovani y la Silvana Di Lorenzo. Cuando maduró y con trino de zorzal le agregó verso a la pituquería, se traformó en una locomotora sesual, un cauboy del catre al estilo Jenry Fonda. Pinta, labia y, sobre todo, el anzuelo siempre encarnado. El tano Sarrasqueta tenía esplín y ese era su ancho de espada.
Cuando los años setenta, ya era el Pituco. Erudición que asomaba polenta, no pasaba de compendio desordenado. Su fuerte era la aplicación, el uso que le hacía a los concectos. Al calor del faso y la ginebra, tísico el gesto, palidez mortuoria la mirada, recitaba desde Espronceda hasta González Tuñón, desde Celedonio Flores hasta un entonces innoto Rubén Derlis, a quien le afanaba versos para truquearlos como propios. Las pibas se le pegaban como moscas a la mermelada y el tano lo sabía y se dejaba hacer, sin apuro, ni meloso ni encarador. Se ponía de fruto en alta rama y obligaba a esfuerzo pa llegarle. El esplín hacía el resto.
Le bastó leer un manual del PC, uno que otro número de El Descamisado, para dar cátedra de compromiso. De paso por Montevideo, descubrió la irreverencia del uruguayo Herrera y Reissig, pero más aún el ácido sainete de Florencio Sánchez. Se dio al teatro entonces, al café concer , y hasta montó una compañía ambulante que recorría los barrios con piezas breves de su autoría, folletines y picarescos de rápida denuncia. Cuando se apareció en las aulas del Fulgor, la fama le pisaba los talones, si entre el mujerío, está de más decirlo, pero también entre la milicada que no le perdonaba sus ésitos, y menos cuando venía de andar a los cuetazos con la jermu de un vigilante. Peor no la podía haber hecho.
Esilio forzoso, proclamó por esos días, unos se van al trópico azteca, otros a la gélida Suecia, este varón se amucha en templada mansión abacanada hasta que aclare, o hasta la vitoria siempre. Así que en los años negros se le perdió la pista. Laburando no andaría, porque a la verdá, jamás se le conoció jotraba posta. Había vivido del mangazo y finado el viejo, carnicero que había apilado vento en el colchón, alministró la herencia como pa que le durara. La mansión abacanada que a la final le dio refugio, se supo, fue la de una viuda de hacienda grosa, enamorada hasta el riñón de sus versos y hechizada por el esplín. Con ella se casorió dos años antes de que se le muriera dejándole una pensión vitalicia, un derpa que alquila en Palermo y otro en Mar del Plata, me contó, adorable señora, maestra sublime, lucero que en la noturnidad de mis días alumbró la madrugada. ¿El amor? Simple aserto relativo, hermano, le oí, vapor de agua, credo, religión.
Así que una semana con el tano Sarrasqueta apenas es asomarse a conocerlo. Bulinardo fetén el que se armó en Las Toninas, a cinco cuadras de la rompiente. De diciembre a marzo, no hay quien lo saque de allí, ni siquiera la Beba, podóloga y manicura que larga el oficio y al marido algún fin de semana y se arrima pa despuntar el vicio, me esplicó, naifa rante con pretensión finoli, me achaca que no la ponga en Pinamar pero yo a Las Toninas no la cambio por un polvo.
Silencio espetante en la mesa consetudinaria del bar buffé. País generoso, apunta Carlitos Mercier, capaz que el menos indicado pa echar juicio. Y uno se rompe el lomo yugándola todos los días, alvierte el Negro Gutiérrez, no hay caso, se nace con estrella o estrellado.
Con esplín, Negro, introito del Rengo Marinelli mientras sirve la segunda ronda de vermuces, a vos te sobra labia pero te falta esplín. Y pinta, agrega el Ruso Urbansky.
Musarela hasta aquí el doctor Salvatierra, erudito boga, nomás que frunce la napia y amaga el discurso. ¿Y? Naranja. Imaginensén, musculosa y yor de baño, funyi de beisbol en la zabeca, primer día, a la mar bien temprano, la playa misma como el desierto de Gobi. Tiempo de relás para abrocharse a la meditación. Caminata lunga con las olas de caricia. La majestuosidá del azul atlántico, el salpicré de blanca espuma semental. Mesita y cómoda butaca de mimbre en fetén barcito playero. Nueve de la matina, hora del café con leche. Pero no. El Pituco le hace una seña al del bar. Que sean dos, le aclara. Dos daiquiris, eso, como pa iniciar el yorno. Y a mirar cómo llega la mersa, caravanas de changarines con sombrillas, canastas, lonas, heladeras de telgopor, bolsos, mismo que brigada de monte tucumano pero en ojotas y a los gritos. Y allí el Pituco, sorbiendo lenteja el ron, la mirada en lotananza, el drama pintado en la jeta, la palúdica tristeza reflejada en los ojos, el esplín en su másima espresión. ¿No te duele?, me preguntó. ¿Qué cosa? Esto, la gente, me dijo. Incompresible, qué se yo. Y tras cartón, como rozando la mesa a propósito, no va que pasó una piba, veintipico si tenía, minón de infarto, las cachas como en cotelera de vidrio, los pechos como cañones. Lo saludó con una sonrisa sensual. Facilonga, susurró el tano, mojarrita pal que pesca tararira, no es partener.
Silencio meditante en la mesa. ¿Pero quién es Sarrasqueta, Rober Rélfor es?, sacude la Divina Colombres.
Más silencio. Y sigo: así que nomás que fue llegar, había que hacerse la idea de que una semana con el tano no era maceta para un perejil de antología. De arranque, descubrir que el varón dispreciaba la catrera, por ejemplo, que con tres o cuatro horas de atorro a la siesta ya estaba dandi pa encarar la noche. Cena con tuti, caminata digestiva y a “La Borrasca”, antro a media luz como escondido entre las dunas, como salido de un aujero negro, quince mesitas a lo más, piso al cemento, un mostrador viejo, paredes anteliduvianas cargadas de aparejos, redes, mandíbulas de tiburón. Un morocho acomodándose al piano. Tres veteranas en una mesa que nos relojearon de arriba abajo nomás que entramos. ¿A dónde me trajiste?, le pregunté la primera noche. Pero el Pituco mutis.
Un cabarute, profetiza el Negro Gutiérrez. Ahora, de viejo, seguro que garpa por un cacho de carne, se adelanta Carlitos Mercier.
Ni así. Minería estractiva suterrania, me esplicó el Pituco una noche de esas. Acá hay que meterse en la caverna, graficó, oscuridá, mucha galería para apuntalar pero proceso sin vueltas, rápido y seguro. Aquí la mina sabe a lo que viene, va de frente march.
Imaginensén el cuadro. Feca a la crema y vaso de güisqui, molumento a una anémica melancolía, genital eletricidá, el Pituco Sarrasqueta mira nada mientras “La Borrasca” se acamala con notámbulos. Arranca la pianola con un bolero de Agustín Lara, Noche de Ronda, y tras cartón El Relós, Contigo Aprendí, y allí metido un Jumbo Blus, un bugui pa alegrar, quién sabe, tanguitos viejos, Unión Cívica, El Flete, Qué noche. Un fenómeno el pianista y ni hablar cuando el Pituco saca el esplín y lo revolea con poesía de fatura propia recitada a la vera de la mesa, a voz turbia de aguardiente. Versos palúdicos de amores putos y sueños marchitos, y el piano atrás sobando la anemia, y las veteranas que ya estan pal manduque, igual que dos pibas de treinta, arrimadas al convite de las canas.
Silencio sepurcral en la mesa del bar buffé. El doctor Salvatierra se muerde la lengua pa no mechar la conversa. El Ruso apura el segundo Cinzano y despeja el garguero, culpa de un chizito atravesado. La Divina Colombres mecha comentario asurdo: viejos verdes.
Ni así. Viejos sí pero verdes no, nada de ecologismo simplón tan de moda ahora. Megaminería estrativa a cielo abierto, en la playa, en la calle, a pleno día, en la cola del almacén o de la panadería, sin maquillajes ni intención, ese es el fuerte del Pituco Sarrasqueta. Desafío pa la inteligencia, alta tenología pa desglosar el fruto, molienda de la materia y refinada final, me esplicó, requiere paciencia en el arte de la sedución y concentración atenta pa evitar que otro se lleve el oro y la mosca, pero nesario. Control, mucho control, eso sí. La mina es un don de la tierra, allí plantada pal regusto y usufruto desde tiempos imemoriales. ¿Por qué dejarla con las ganas cuando en sus entrañas urge la apetencia que apenas sujeta el pudor? Hay minas que me han llevada hasta cuatro fases de molienda, me confesó, pero al fin, sustancia liberada de impureza, se ha ofrecido al calor contagioso del deseo, elemental e instintiva, primordial.
Silencio meditante en la mesa. El doctor Salvatierra le apunta a la tercera ley dialética del gran Ismael Celentano pero de atrás del mostrador, la voz del Rengo Marinelli se le adelanta: ¿y cuántas pastillas de viagra te embuchaste?
Ninguna, imposible en siete días. La minería estrativa a cielo abierto lleva tiempo y allá quedó el Pituco Sarrasqueta sacando cobre de la tierra a punta de esplín. ¿Vas a usar cianuro?, le pregunté antes de irme. Mi miró sobrador, allí de dorapa en el andén de Las Toninas. Chantame más ley, poneme los límites y hacé que los cumpla, me dijo, pero no me pidas que me quede en el molde mirando cómo me surte la historia.
miércoles, 11 de enero de 2012
José Pablo Feinmann y las tiroide de la tía Berta
Días pa trocar los gomicuer y los talompa por ojotas y cortito, nada detiene el paciente laboreo de este escriba, cierto que copeteado de felicidá por el estraordinario ésito de la oferta fulgurense del año nuevo. Inumerables meils recibidos de letores y almiradores de nuestro blospot, a todos se agradece, no ostante lo cual, premio único, ganador en intachable sorteo fue un confeso seguidor de nombre Damián Callegari, según se presentó, enfermero diplomado y en clínica atividad. Treinta abriles a lo más, ambo celeste de acrocel, nomás que se apersonó a la mesa consetudinaria del bar buffé, acectó compartir un trago con la muchachada. Para mí un “margarita”, le dijo al Rengo Marinelli, que lo junó como si fuera un marciano. Esa no es la especialidá de la casa, salió al paso la Divina Colombres, le puedo hacer una ginebra con toquecito de granadina y hielo. Y el fulano se acomodó enseguida: lo que ustedes tomen, pero con yelo.
A la verdá, el quía vino de regalo. Mesa consabida a la zurda del mostrador, falta Carlitos Mercier, de vacaciones en hotel sindical de la Ciudad Feliz, y mismo el doctor Salvatierra, que mandó un meil desde algún lugar de la serranía cordobesa, ya que sabido es que el boga no deschava paradero en feria judicial. Presentes don Leopoldo Sastre y el Petiso Maldonado pa hacer entrega del premio, de antes que el enfermero apareciera ya el chamuyo venía por el lado de la salú, y más precisamente de la salú presidencial, tema que bartoleó Marito, el pibe de la Cámpora, recién llegado de la vigilia militante a las puertas del abacanado nosocomio de Pilar. La quirúrgica fue un ésito, dijo mientras acomodaba las bolas del billar, la Presi está ok y lista pa conducir el modelo nacional, popular y democrático.
Hay que decirlo, semos todos espertos en la ciencia endocrinógica. Las tiroide son unas glándula que están por acá, primerió el Negro Gutiérrez mientras se agarraba el cogote, que bien podían ser las amídalas, la tráquia y hasta el esófago, la cosa es que a las minas, pasado tacuarembó, se les manca seguido y la mejor solución es estirparlas de raíz pa prevenir el cáncer. Son las glándula produtoras de hormonas, aclaró el Ruso Urbansky, por eso que cuando se ponen fulas, como que queman aceite y les ratea el motor, a veces con una afinación quedan perfetas y ni falta que hace cambiarle aros. Y eselente introito que desbordaba erudición, la Divina Colombres no se quiso quedar atrás: a lo que sé, hay hípertirodismo y hipotirodismo, que es mucho o poco. ¿Qué cosa? La glándula, se agranda o se achica, sacude mormonas en eseso o ratea, como dice Urbansky, siguió esplicando la Divina, que lo leyó en la Para Ti, y además, a los hombres también les pasa, digo por el Negro que piensa que nomás que a nosotras.
Boca abierta del enfermero premiado, de seguro que no puede creer la hondura nosiológica que talla en esta mesa. Nomás que hace un rato, el presidente del glorioso, don Leopoldo Sastre, se esplayó a gusto con detalles de la punción tiroidial, cuestión que al Negro Gutiérrez le bajó la presión y pidió que cortenlán que me impresiono, a mí las agujas me dan pánico esénico. Más peor es cuando te cirugean del garguero, siguió el Petiso Maldonado, que por secretario nunca quiere ser menos que el Presidente. La costura te viene zurcida como tajo de degollado, aseveró, ni las cuerdas vocales zafan, quedás piando con voz de canario con anginas. En serio, cortenlán, rogó Marinelli desde el mostrador nomás que por ver la palidez mortuoria del Negro, lo que importa es la política y no la enfermedá. Y todos de acuerdo con más silencio espetante, al Rengo no le quedó otra que seguir paroleando: lo que no veo bien, tiró como echándole nasta a la fogata, es que la Presidenta se haya operado en esa clínica privada, que para mí lo correto es que se hubiera internado en un hospital público, que hay los mejores médicos, como Evita, que se apelechó al Finoquieto, que así se hace, con dinnidá y humildá, como debe ser, como cualquiera de la masa laburante.
Silencio gelatina, la voz de Marito ahora suena más ronca que agresiva: ¿que sos, de la derecha ahora que andás haciendo bardo con eso?
Tranquilos, muchachos. Ya se estraña el decir apaciguante del dotor Salvatierra, varón de sesera siempre atento a confundir con sus citas griegas. Ese sanatorio Austral es del Opus Dei, esplica el Ruso Urbansky, fino y bacán, nomás que pa millonarios, la verdá que el Rengo tiene razón, hubiera sido un golazo darle crédito a la salú pública, ¿y usté qué opina?
Luz verde pal enfermero, si no habla ahora, mejor que se vaya. Maneras delicadas en eseso, levanta el meñique cuando empina el vaso de cinzano y el trino le sale aflautado, como un decir, medio amariconado: yo de política no sé nada, es la Presidenta y supongo que le habrán indicado los mejores especialistas. No digo que en el hospital público no los haya, pero el equipo médico que intervino está muy reconocido.
No es la cuestión, atropella el Petiso Maldonado, seguro la señora tiene obra social, y pal caso hasta a mi vieja le cubrió el IOMA la operación de la vesícula, que ni un mango pagó en la clínica gallega. Y tampoco le falta mosca, agrega la Divina Colombre mientras prepara la segunda ronda de vermuces, ¿otro cinzanito?
Agradecido el enfermero Callegari pero no, gracias, mucho alcohol se me sube a la cabeza, se escusa y pregunta, sonrisa sensual de por medio, ¿y el muchacho que opina? A Marito la inquisitoria, que se hace el distraído. Che, Marito, a vos te hablan, sacude el Negro Gutiérrez. Y el pibe como si nada, yo con reacionarios no hablo, susurra mientras recalcula la próxima carambola.
Segunda ronda servida con ingredientes, poco para destacar. Manices consabidos y chizitos blandengues que sobraron del cumpleaños de la nieta del viejo Aquiles. ¿No hay otra cosa? Nada. ¿Un salchichita cortada? Nada. El Rengo Marinelli mira pa la azotea.
Ya lo dijo Feiman el otro día, alvierte el Ruso, inteletual al que almiro y respeto, no es fácil ser oficialista cuando al proceso lo conducen millonarios que gobiernan para el pobrerío. Pero es lo que hay y no queda otra, que hoy por hoy, sin Cristina, este proceso se cae y vuelve la derecha, ¿no le parece, don Callegari?
Pista pal enfermero premiado, que mira como diciendo que a mi no me comprometan, déanme el premio de la canasta playera y me espiro. Hable, no tengas miedo, que aquí somos todos democráticos, invita don Leopoldo, ¿qué clase de enfermería hace?
Silencio respetuoso pa escucharlo, el invitado se esplaya en su metier y nadies le discute. Labor de preso, está a la vista, lo más peor tiene que hacerse. Sábanas chorreadas, cargar con los fiambres, lavar la porquería ajena, meter las pichicatas y ligarse las putiadas, oficio peor no ha visto y encima con paga del montón. ¿Qué se le dio por la enfermería?, pregunta del Petiso Maldonado. Vocación de servir, va por respuesta corta y a tono. Aprendé, Marito, vos que sos militante camporista, consejo del Negro Gutiérrez.
Mutis del pibe del billar. Ovia reación del enfermero Callegari, vuelta a mirarlo a Marito: yo le veo pasta al muchacho, ¿no pensaste en estudiar enfermería? Mas mutis del pibe y salida al ruedo del Rengo Marinelli pa cubrir la apretada: el Feiman le pifió de darle reportaje a La Nación, porque ahí te trastocan todo, te sacan de contesto y a la final parece que fueras contra como ellos, mismo que ahora, que andan diciendo que lo del cáncer de las tiroide fue pa engañar a la gilada, que no era cáncer, nomás un tumor beninno. ¿Otro vermú? ¿Nadies? ¿Usted, don Leopoldo? Y sí, ya que insiste, acecta el presidente, manyado escabiador que sabe inspirar sus mejores glosas al calor del copetín.
Silencio fluvial, por un decir poético. A mi tía Berta le pasó lo de la tiroide, comentario del Ruso Urbansky, pobrecita la vieja, emigrada polaca cuando el nazismo, tenía una papada como de rinoceronte que cuando hablaba se le zangoloteaba igual que un flan de doce güevos. Éramos purretes y nos causaba gracia. Pero en esa época se decía que la tía tenía boccio y chau, ni remedios, ni punción, ni cirugía, cosa de vieja se decía, como la artrosis y las arrugas. Para un carnaval, me acuerdo, cuando la tia ya estaba media colifata, la difrazamos de Calígula y la llevamos con nosotros al corso de la calle Sarandí. ¿De qué? De Calígula, de emperador romano, con toga blanca y coronita de laureles. Y contenta iba la tía, feliz. Fue la última vez que la vimos reírse. Después le dio la depresión, no habló más y como a los cinco años se murió de infarto.
Silencio respetuoso, nomás el enfermero Callegari se mueve inquieto en su silla. La verdá que, siendo laburante de nosocomio, poco aportó al debate. Mejor dejarlo ir. Así que discurso emotivo de don Leopoldo, tres Cinzanos y un jerez de yapa, mejor que parole de sentado como lo hace, nadies arriesga de dorapa en estos casos, dejenlón hablar igual y no lo apuren a la final cuando hace entrega del premio “Soy Letor” 2011 al señor Damián Callegari, esimio trabajador del la salú física y mental, ejemplo para nuestros niños y jóvenes fulgurenses por su indoblegable vocación de servicio a la comunidá toda, y así de corrido, que suelte el premio, ya es tarde. Aplausos. Y chau, se vá el quía con su regalo, hermosa canasta de mimbre con equipo matero y bolsita de nailon con todos los alminículos playeros, incluido el toallón espetacular con el escudo rojinegro del glorioso.
Silencio cavilante en este bar buffé. Reflesión mofóbica del Rengo Marinelli desde el mostrador: medio maraca el enfermero, ¿no? Pa mi que se enamoró del Marito.
Y sí. El camporista tiene su pinta, acotación del Negro Gutiérrez, qué arrastre, Marito.
Sonrisa odol del pibe mientras cuelga el taco. Último trago del fernando. Viejos de mierda, dice, ustedes no entienden lo de la diversidá sesual, que ha sido una conquista cultural del modelo nacional y popular.
No te sulfures, pibe, palabras del Ruso, ahora que me quedé pensando en la tía Berta y en este muchacho Feiman, paisanos como yo, me pregunto, gente inteligente, habría que cuidarse un poco más entes que nos difracen, ¿no?