lunes, 24 de septiembre de 2012

Al pie del asador

Cumpleaños y Cacerolas



Regreso tras dos meses largos de ausencia, no se pretenda  que la facha del club de los amores vaya a cambiar en tan poco tiempo. Nomás los arreglos del caso, retoques a la marchanta en el estadiun de las bochas, pintura fresquita en la Biblioteca Popular Aurora y, obvio, el salón de ceremonias engalanado con lo mejor pa la fiesta del 80 aniversario, el pasado domingo 16 de setiembre.
Comemoración espetacular que arrancó bien temprano, bandera rojinegra al tope del mástil, trapo nuevito donado por Sedería y Tapicería  Dorossian,  un lujo, y tras cartón, acto solemne y presentación de la nueva CD, que la verdad del decir, es la misma de antes a esección de  don Baldomero Fuentes, renunciante a sus funciones desde que la hija lo internó en un geriátrico dos meses atrás. Igualito el resto, el Negro Maldonado en la Secretaría y don Leopoldo Sastre en la Presidencia, ninguno le hizo asco al discurso, el primero con cierre y balance de la pasada gestión que cosechó bostezos, y el segundo más peor, como imitando el vocablo entreverado del doctor Salvatierra pero sin la contundencia de sus citas clásicas.
Lo mejor vino al mediodía, habilitado el salón pal almuerzo aniversario a precios populares. Entrada de canapeces multigusto pa embadurnar la zapán del más pintado y macarrones pimentosos para urticariar la lengua, obra eselsa de la Divina Colombres, mismo que las empanadas criollas y las ensaladas a discreción, mientras su dorima púa, el Rengo Marinelli, yugaba en el patio pa darle coción a dos costillares de luxe que desde hora temprana destilaban su colesterolenia clavados a las crucetas del asador.
Como siempre ocurre en estos casos, lo más interesante sabe estar en los corrillos, allí donde cuatro se juntan, damas o caballeros, y salta el chamuyo libre de ataduras y vergüenzas. De todo rejunte, ninguno iguala al que se planta junto al fuego sagrado donde el humo grasuliento se pega a las pituitarias, justo donde la muchachada consetudinaria del bar buffé se dio cita como rezándole a la santa carne, faroles de vermú en mano y lengua piola pa amenizar la espera con temario obligado por las circunstancia: el caceroleo que tres días atrás venía de amuchar a los quejosos porteños.
Dos meses de ausencia, ya se dijo, había dar alguna explicación. ¿En viaje de negocios?, nadies me creyó. ¿Retiro espiritual con el Raviyancar?, menos. Escribiendo por otros güines, puede ser. Pero el Ruso Urbansky me apuntó pa la joda: me parece haberlo vistó caceroleando en Recoleta, ¿era usté?
Faltaba más. Puede sospecharse de otros pero nunca de este escriba. De la vieja Colombati, seguro, que si no estuvo, miró el caceroleo con cariño, porque la odio, la odio, sabe hablar de la Presidenta, soberbia, repelente, cómo la odio, ojalá se muera como el marido. Del Petiso Bermudez, el farmacéutico, es posible, porque lo asaltaron dos veces en lo que va del año y son los negros de la villa, acusó de prima, los que la yegua le da los planes, casas, no laburan y después salen a afanar. De don Fernando Garganta, póngale la firma porque está abonado veinticuatro horas al TN mientras atiende el bar de la estación y está convencido que esto es una dictadura castrista pero con K, según reza desde la mañana cuando sirve los cafés con leche al mostrador y al paso de la mersa laburante, y más peor que se pone cuando le chantan la cadena nacional. Hasta de Carlitos Mercier, peronista de Perón según se intitula, puntero de intendentes y saltarín de charcos según por donde venga la mano, puede sospecharse siendo que ve corrución a granel y pa colmo no liga un mango. Pero de este escriba, no sospeche nadies.
Argumentos para hacer dulce, de uno sólo conozco que batió la justa de su espíritu quejoso y no le hizo asco. Inseguridá, corrución, falta de libertá, minga, chantó ayer don Ramiro Stierra, gestor de automotores y consumado putañero, usté se piensa que la clase media porteña saldría con tanta bronca por ese menudeo, si ya hubo antes varias convocatorias que no juntaron más de quinientos. No se equivoque, la bronca porteña tiene nombre y apellido: Verde Billete. Y eso es lo que me jode a mí también, me confesó, pasa que pa serle justo, me da un poco de vergüenza salir a la calle gritando eso, quiero dólares, quiero dólares.
Bautizado desde el pasado viernes primera cacerola teflonera fulgurense, don Ramiro es un asiduo colector de la divisa verde, oficio del que no reniega y al que tributa una admiración de raigambre histórica y familiar. Según es sabido, ya su abuelo, hacia principios del siglo veinte, alquirió su primer billete americano de diez dólares por la venta de un anillo oro. Lo hizo enmarcar y en formato de cuadro adornó una pared del comedor, de ahí que todos los Sterra que le siguieron cultivaron una fe religiosa por aquella estampa del Wáyinton inmortal. Cierto que las pasaron todas, tiempos buenos con sobrante pal ahorro y, de los malos, a cagar. Conocieron el peso fuerte, la moneda nacional, el peso ley, el argentino, el austral, el peso de hoy, se diplomaron en el quita y ponga de los ceros, patinaron sobre tablitas cambiarias, plazos fijos, indesaciones, mazazos inflacionarios, y a la final  descularon no sin cierta dosis de lógico entendimiento que aquel verde billete enmarcado en la pared del comedor les seguía regalando alguna certeza.
Y así que de historias se llena la espera, mejor cuando se aguanta al pie del fogón y pal caso, viendo dorarse los güesos de la canonizada ternera bien que engrampada a las cruces. Don Ramiro es hijo dileto del gran cagazo nacional y hay que entenderlo, aseguró de una el Ruso Urbanky según cachaba una puntita seca de la costilla vacuna, a riesgo de quemarse una uña.
Cuestión de fe, manyó el Cabezón Lagomarsino, campeón bochófilo que viene de ganarle con baile a la dupla del Social Gallego, no es fácil cambiar la mentalidá, yo también tengo algún ahorrito en dólares.
Carraspera del doctor Salvatierra, sesenta años de faso, vaso de tinto en la derecha, cuchillo de noble acero pal asado en la zurda con un cuadradito de matambre al ajillo en la punta, introito con que el Rengo Marinelli ya convidaba a los gomías. Si se me permite, caballeros, no hay peor facista que el pequeño burgués julepeado, se esplayó a manera de prógolo pa una tesis dotoral. La  mediun clase sufre de taquicardia congénita a causa de una osesión de parto. Su ojetivo es elevarse, hace culto de la envidia y, al platudo en serio,  le imita el porte y las maneras. Sueña con llegar a la garca cima algún día. De mientras, mira pa abajo y lo que ve, le espanta. Si la distancia es lunga, se queda tranquilo, siempre habrá más pobres que él y están lejos. Para un mediun clase, no hay pobre mejor ni más bueno que aquel que suda en el yugo y acepta su condición humilde, o al fin, el pobre muerto bien muerto por hambre o disentería, de quien se apiadará católicamente. Buenos pobres, aunque sienta rechazo por esa cultura un tanto estrepitosa, chabacana y vocinglera. Pero cuando esa distancia que lo separa hacia abajo, se achica, porque las políticas de estado apuntan en beneficio de los más desposeídos, al mediun clase le viene el cagazo padre, si se me permite la soez espresión, cagazo regio de que en la escala de la mishiadura quede él en la base miserable de la atroz pirámide, explicó haciendo malabares en la boca con el sustrato durañón del matambre vacuno.
Estenso raconto, nadies le iba a discutir sin fundamentos y menos con la boca entretenida en el picoteo al ajillo. Empresario automotriz, estaba el Negro Gutiérrez, titular de la gomería del Camino de Cintura, representante firme de la pequeña burguesía en juicio.  Pa mi, la vida es una yanta cascoteada en el cordón de la vedera, dijo a la manera de un poeta, pero la pifió enseguida, lo único que me preocupa es que al costillar le está pegando demasiado calor, Marinelli, bajá la llama o subí la cruz.  
Esultante aparición de Marito, el pibe de la Cámpora, coca-ferné en la mano. Los que estaban protestando son los mismos que les fue bien todos estos años, que no pagan los impuestos pero veranean en Pinamar, Punta de Este y el Caribe, sacudió, mas una sarta de boludos que se la creen, que de esos hay a montones. ¿Cómo va el asador?
Silencio sepurcral, miradas clavadas en el ojetivo gastronómico que crujía tentador al calor de la augusta fogata, sin contar el paradisíaco espetáculo que brindaban los chorizos en la parrilla aljunta tendida sobre el hierático manto de las brasas.   
La garganta seca de Mercier le puso corte a la ceremonia: igual hay malestar, no se puede desconocer, y un llamado de atención a las fuerzas de la oposición.
Tráiganlén un vaso de tinto, lo interrumpió el Rengo a cargo del cárnico misal, mientras le apuntaba a la intercostal vacuna con el estilete asador. El problema de la oposición es que no puede batir la justa, es decir, como decía don Ramiro, quién se anima a salir a la calle cantando quiero dólares, quiero dólares, no jodamos, muchachos, el resto es disfraz. La porteñada salió a la calle cuando le encanutaron los ahorros, y ahora por los dólares, esa es la única verdad.
Doce del mediodía y seguía la conversa. Doce y media, silencio meditante. ¿cuánto falta?
Eso ya está, se va a secar, aconsejó por tercera vez el Ruso Urbansky del otro lado de la fogata. Mejor que se calle, le apuntó el Rengo, sabrás de vareñiques pero de asado ni jota. Lo que se te a secar son los  ojos si seguís arrimando la trucha al fuego.
Digo yo, si se me permite, razonó el dotor Salvatierra, ¿cuántos dólares mueve el chiquitaje? ¿No habría alguna forma de alministrar más prolijamente la cuestión, sintonía fina que le dicen? Que garpen más los gordos, los que compran y venden acciones, los trásfugas de la bolsa, de la timba, pero achicarle el pánico al chiquitaje, habría que esplicarlo mejor.
Se está poniendo gorila, doctor, saltó Marito iso facto. Ni así, joven camporista, replicó el boga, ducho en la tribuna y la oratoria, son preguntas que me hago nomás. O se está con la señora o se está en contra, siguió el pibe. No sea cabeza dura, sacudió el doctor, opino desde el apoyo y la solidaridá.
No nos peliemos delante del sagrado fuego, suplicó el Rengo Marinelli, como acariciando con las palabras el osario dorado de la ternera. Vayan preparando la dentadura, aportó el Negro Gutiérrez, y a todo esto, ¿a dónde se fue Lagomarsino?
Rajó apenas dijo que tenía ahorrito en dólares, no fuera cosa que Marito lo acusara de traición y le mandara la Afip pa control de ingresos, provocó  Mercier pa que saltara el Pibe. No seas boludo, el que le tiene miedo a la fip, por algo es, gil. Boluda tu hermana y gil tu tío, pendejo, siguió Mercier y a la verdá del decir, con alguna copa de más. La cosa venía espesa y pa suerte de todos se apareció la Divina Colombres, molumento a la lujuria con los pechos como cañones saliéndole por arriba del delantal cocinero. ¿Cuánto falta? Más de uno ya se afiló hasta los caninos pa entrarle a los guesos y usted hablando pavadas. ¡No se estarán comiendo lo mejor, digo?
Sonrisas de todos menos del Rengo. Diez minutos y arrancamos, aseguró.
Como digo siempre, si se me permite, aseguró el doctor Salvatierra mientras le hacía al primer bocado para prueba de sabor, lo mejor de estos tiempos es que se discute la política con pasión, señal de que vamos por buen camino. ¿Qué sería de nosotros al vesre?      
Final a toda orquesta, servida la primera tanda de chorizos, el poeta fulgurense Germán Costakis recitó su afamada Oda a la Ternera. Canilla libre de néctar mendocino y postre tarantela de la Divina Colombres, un manjar de rechupete, de cuánto costó la festichola a las arcas del glorioso, don Leopoldo ni quiso hablar. Está todo arreglado por donativos desinteresados, esplicó, ochenta pirulos de esistencia, no es cosa de pijotear. Brindis al toque y feliz cumpleaños.



miércoles, 4 de julio de 2012

Junio Caliente

Los biandazos con que te faja la historia son de esos que te dejan la jeta pa guardar en un jonca bien escondido y dejarla allí hasta que arruguen los moretones. Por lo demás, sirven pa aprender, cosa que, con un analis piola, donde metiste la gamba, es más que factible, no la vas a volver a meter. Hondo razonamiento con que el Ruso Urbansky mueve la bola pa empezar: igual, siempre hay un pipiolo que la pifia y se vuelve a embarrar.

Allá quien se de por aludido, presente en la ocasión a cuenta y orden de la hermandad correntino-paraguaya asociada al glorioso, don Francisco Sánchez pica del anzuelo igual que mojarrita: ¿qué quiere decir compañero?

Lo que está dicho y no se ofenda, aclara el Ruso, con todo respeto a un buen fraile ponedor y gallo de raza, el varón no costruyó poder propio y encima se ablandó a la hora de pelar fierro. Difícil torcer la historia cuando el trompa arruga. Blando como buen cura, si parecía que hasta tenía ganas de rajarse antes de tiempo y agradecía la estrolada.

Semana zangoloteada como batido de Gancia, la masa guaraní, que tiene su peso en la vida del glorioso, saltó leche hervida cuando el bacanerío paraguayo le cantó el requiem al presidente Lugo en un juicio con aire de sainete en un solo acto. Gran jornada de protesta y movilización en el salón “Ismael Celentano”, hubo discursos encendidos como el de don Francisco Sánchez, que llamó a organizar la columna Mariscal Solano López pa invadir territorio paraguayo desde el puente Encarnación, coronada a la final con festichola marabunta: buffé frua de chipá guazú, borí-borí, pastel mandioca, pajagua mascada y reviro, cerveza en barril y bailanta espetacular con la animación de la típica guaraní “Fulgor Mburucuyá Poty”.

Está claro que a la hora de la movida y unidos por el hilo común de la cultura guaranítica, correntinos, misioneros o paraguayos no le hacen asco a las patas. Cinco de la matina seguían bailando chamameces, polcas, cumbias o cuarteteras, lo mismo daba, rugiendo sapucay para adornar el entrevero.

Si la cosa venía movida, más peor se puso días después, vísperas de la convocatoria camionera del miércoles 27. Primero de todos, se apareció el Pelado Ferretti, socio activo 1289, pidiendo audiencia a la CD, solicitud impropia visto que no hace falta, cualquier asociado con carné al día viene un martes cualquiera y no tiene más que cachar una silla y sentarse con la jerarquía. Conocido por todos, el pelado Ferretti maneja la camioneta que le hace los repartos al “Car-Lau”, súper que no pasa de rotisería, justo de acá a la vuelta. ¿Y para qué? Adhesión del Social y Deportivo al acto camionero en Plaza de Mayo, eso pretendía, ni más ni menos, un despropósito asurdo que hasta el Presi, don Leopoldo Sastre, tomó pa la chacota: el único camión con acoplado que hay en el Club es la hija del tano Barilatti, 98-60-95, pinta de atorranta que mata y más carreras que Leguizamo.

Si se habrá ofendido el Pelado, nadies sabe, pero el tano Barilatti seguro. Lo cierto es que por estos wines, la convocatoria del capo cegetista fue discutida in estremis hasta opacar la enjundia del activismo guaraní

Para el caso, Carlitos Mercier, peronista de Perón según se intitula, puntero de la primera hora, dijo que iba a estar en la Plaza y estuvo dos de la tarde en punto, cuenta mientras ataca el primer Cinzano, firme y haciendo pogo con la barra mionquera, aguante merecido para el gran Hugo, un estadista, dice, un prócer de carne y güeso que cantó la justa.

Silencio respetuoso, nomás Marito, el pibe de la Cámpora, taco de billar en mano para la primera carambola, chamuya en sordina lo que otros piensan: estadista la pindonga, el camionero agarró mal la curva, mordió la banquina y despistó. Ni los amigos lo acompañaron.

Más silencio respetuoso, nadies quiere un rinsai dialético entre el Pibe y Mercier, que esto no es una Unidad Básica, no es, ataja el Rengo Marinelli y aclara que otro que estuvo en la plaza, fue don Marcial Caminos, la voz radial del glorioso en la FM 91.7 Estación Sur, aunque en su caso, haciendo honor al compromiso periodístico y poniendo al servicio de los radio escuchas su visual esaustiva y crítica, que seguro hay que leer en la columna habilitada en el blospot internético.

Todo bien hasta aquí, lo del Pelado Ferretti pasó de la raya y alquirió trascendencia mediática desde que apareció en la tele, canal 13, primer plano, talompa azul, camisa blanca, funyi de béisbol verde y blanco “Moyano conducción”, pechera verde del sindicato, y seguimos, que no sería nada pa juzgar mal si no fuera porque justo a la altura del cuore, prendido a la dicha pechera, bien visible, ¿qué tenía el Pelado Ferretti?, ¿qué se había puesto?, ni más ni menos, el escudo rojinegro del glorioso Social y Deportivo Fulgor de Mayo.

Al decir del Rengo Marinelli, la libertá es libre y cada quien puede hacer de su culo un pito, pero siempre y cuando no se comprometa la salud de la institución. Así que la suerte del Pelado está en el Tribunal de Disciplina y es fija que le piden la devolución del carné.

¿Alguien más fue? Cruce de ojitos. Nadies más, que se sepa y lo cuente, aunque sospechas con fundamentos caen a cuenta del Negro Gutiérrez, el de la gomería del camino de cintura, aquí presente, farol de Gancia en mano y un manís atracado en el garguero. A lo menos, se plegó a la huelga porque la gomería estaba cerrada, denuncia la Divina Colombres desde el mostrador, porque pasé a eso de las tres y no había nadies, cosa rara, porque hasta los domingos tiene abierto.

Silencio espetante. Dos carambolas al hilo de Marito y va por más mientras el Oreja lo quiere distraer con labia fina: el Negro cuida la clientela, son varios los ferchos que le compran cubiertas.

A palabras necias, orejas sordas, reaciona el gomero y era hora, salta el Rengo Marinelli, ¿fuiste o no? ¿A dónde? ¿Dónde va a ser? Dejenlón en paz, che. Que diga la verdá, la verdá no ofende. ¿Qué, le están haciendo un juicio político al Negro? Déjensen de joder. ¿Y qué hay si fue? Que va a ir, cuando el Negro cierra la gomería, seguro que está en el “Sensaciones” con alguna clienta que le garpa el turno. No sean así. Es la verdá. Dale, Negro, batí la justa, ¿fuiste? Listo, si no querés hablar. Por algo será. Porque fue a llevar a la nena a un cumpleaños. ¿En serio? Bolazo, te digo. Y así de corrido, opiniones pa todo gusto, se vacían los faroles de Cinzano y sigue el Negro Gutiérrez en silencio hasta que lo salva el gon del doctor Salvatierra, erudito jurista: si se me permite, hay que poner las cosas en su lugar y no se trata de condenar sin pruebas, toda persona es inocente hasta que no se demuestre su culpabilidad.

A dónde apunta el boga es un misterio. ¿Culpa de qué? Pero antes que arranque con citas griegas, más mejor ponerle pecho a las balas. ¿Y yo para qué vine?, tiende la mesa don Francisco Sánchez, al final aquí se habla de todo menos de la solidaridá argentino paraguaya, añamembuí, hay que organizar otra fiesta para la colecta de la Columna Solano López, que nomás espera la orden para movilizar al campesinado , al ocaraigua de Caacupé, Amambay, Boquerón, Ñeembucú junto al proletariado asunceño, che irú, a terminar ojagarra colorado y liberal, angiru Fernando Lugo. Y dale nomás, difícil decidir si quedarse con las las citas clásicas del doctor Salvatierra o con el verbo arrebatado de don Francisco, más peor cuando le surte a la grapa como si fuera Villavicencio. Cortala, paraguayo, hace treinta años que vivís acá, salta violeta Carlitos Mercier, ni te acordás del Paraguay. Cierre esa cloaca, compañero, le chanta don Francisco. Si no fuera por el General todavía estarías viviendo en carpa y comiendo lumbrices, insiste Mercier con la provocación. Usted es un descriminador, acusa el guaraní.

Maroma en puerta, el comentario último fue una cuchilla cortando el oxígeno del bar buffé. Don Francisco se planta de pie y amaga con pasar a los hechos, bien que en guardia de puño y listo pal tradicional cabezazo paraguayo, piña occipital de extraordinaria contundencia. Mercier lo mismo, parada ponja de kunfú, mirada oriental, un pie adelante y otro atrás.

Si se me permite, caballeros, los pueblos hermanos de Latinoamérica nos observan azorados, vano intento del doctor Salvatierra. Atrás, otra carambola del Oreja y puteada de Marito, el pibe de la Cámpora. Y caripela risueña del Rengo Marinelli: el que rompe una copa, la paga.

Asomado a la puerta de la cancha de bochas, el Cabezón Lagomarsino saluda con la pálida: ahora el Manco me va a descontar el aguinaldo de la jubilación, ¿está loco o comió pintura?

Silencio sepurcral. Cada cual en su silla. Y la voz dulcinea y embriagante de la Divina Colombres: ¿otra ronda de vermú?

domingo, 1 de julio de 2012

La Patria camionera


El mionca es un auto al que le cortaron un cacho de atrás pa ponerle caja y así cargar lo que venga: animales, vegetales o minerales, vivos o muertos, da lo mismo. El ser humano que maneja el mionca se denomina camionero, trasportista, fercho o mionquero,  y los nombres más comunes, según encuesta de la Standard Motor son:  Beto, Cacho, Negro, Chino y Groso, en ese orden. Según el Manual del Camionero, además de la habilidad al volante, todo fercho debe garantizar eselente potencia sesual, aunque en los tiempos que corren, esta cuestión está discutida. Así me explicó el Colorado Rosales miércoles pasado, clase magistral de la historia de la carga rutera nacional mientras viajábamos en bondi contratado. Destino: concentración Plaza de Mayo.
Gran tipo el Colorado, amigo de la infancia. Segunda generación de varones al volante, ya el viejo manejaba un Ford A llevando y trayendo gallinas allá por Coronel Brandsen. Llegó a tener camión propio, un Bedford 6000 t, con el que supo recorrer más kilómetros que el correcaminos. Murió en su ley, infartazo en la parte de atrás de la cabina mientras por 150 australes le hacía la fellatium una rutera que había levantado en Venado Tuerto.
El Colorado debutó en el mionca con 8 años recién cumplidos, para las vacaciones, acompañando al viejo. Así aprendió el oficio.  Ahora es una joda, me esplicó mientras caminábamos por la 9 de julio con rumbo a la Plaza,  ahora manyo un Escania con aire acondicionado, direción asistida, GPS, satelital y seguro, salario garantido que deja pal ahorro y lo que quieras. Pero antes, había que ser muy macho. Te cocinabas a fuego lento en la cabina cuando el verano, te calabas de frío pal invierno, te olvidabas de la familia, los amigos, y si llegabas a fin de mes, brindabas con sidral y limonada porque el laburo no daba para más.
Acectó llevarme a la Plaza pero me anestesió de entrada: no hablés al pedo, los muchachos están calientes, el trompa les llenó la zabeca y como vos sos medio kirrnerista, por ahí te zarpás, hablás de más y la cosa va a terminar mal. Mal para vos, que no te voy a defender.
Voy de incónito le dije. Movilero encubierto, vos me hacés la cobertura camionera y yo pelo anotación y columna periodística.
De acuerdo, pero vos ponete la remera verde del sindicato “Moyano conducción”, el funyi de beisbol camionero y a saltar cuando la masa salte, me aclaró.
Y así fuimos. Constitución, 9 de julio, Avenida de Mayo, y así bajando, mucho trapo y no tanta mersa.  Nomás que al ir entrando, una cuadra antes, sorprendió una recepción cacerolera de la Comisión de Damas del Club de Polo La Martina repartiendo escarapelas, caramelos media hora y haciendo sonar los teflones: camión y cacerola, la lucha es una sola.
Sorpresa del escriba, Pepe, Pepito, escuché y era la Petisa Clarita Berro Uzandizaga, un bombonazo de piba, ahora veterana con más botox y siliconas que Moria Casán: es el comienzo del fin, Pepito, la yegua se va a tener que ir, me estroló a la jeta, se va a acabar la dictadura kirrnerista.
El Colorado me junó como diciendo decile que sí. Sí, Clarita, le dije, es una vergüenza que a gente como uno se le niegue un dólar. Eso, eso, se entusiasmó Clarita. Se va acabar, la dictadura de los K, me cantó pa deleite y ahí se fue con la banduca polística, pa mi suerte, todo un alivio.
Lindas amigas tenés, me chantó el Colorado. Y seguimos. Costado de la plaza, a la derecha, la zurda a todo trapo y el escriba tomando nota de la cartelera más combativa y clasista. Lo ví venir. Era Carlitos Jeresota, sociólogo proletario, una eminencia de la Revolución Permanente, director técnico de piquete expres, talompa grafa de estreno y remera con la jeta de Trosky. Avanza la lucha obrera, Pepe, me abarajó de entrada. Pero la burocracia sindical, amagué… No me dejó terminar. Tranquilo, camarada, la ideología de la clase va a barrer con dirigentes burocráticos. Pero Moyano. .. Moyano es historia, no me dejó  hablar. Ahora hay que derrotar el bonapartismo kirrnerista, limarlo hasta que se agote, ¿capishe? Pero lo que viene después… Después nada, siguió más enfervorizado, la crisis del capitalismo es terminal y el proletariado revolucionario…
La mirada filosa del Colorado me apuntaba al norte, es decir, rajemos. Así que me despedí de Carlitos Jeresota lo más amable que pude y me mandé atrás del gomía que ya le apuntaba al centro de la Plaza. Así que iba, me trompecé como al pasar con la figura excelsa del Huevo Albarracín recortada entre el humo tentador de los choripaneros. Cara de monaguillo con infaltable poncho salteño, antiojos negros, me le acerqué pa agarrarlo de surpráis. ¿Qué hacés acá? ¿Vos también?, le chanté de prima. El quía me miró de cotalete. Muzzarella, Pepe, igual que vos, me imagino, junando el ambiente y haciendo conteo. ¿Cuánta gente calculás?
No hay que ser muy pistola pa sacarle letra al huevo Albarracín. Me llevó a un costado y me explicó: mirá, Pepe, lo dijo ayer la Presi, el impuesto a las ganancias es banca en todo el mundo, se podría subir el mínimo un cacho, un 20 % y así y todo el estado dejaría de percibir  6500 millones al año. Acá el gran déficit del gobierno es que sigue cajoneando una reforma integral del sistema impositivo, una reforma progresiva de acá a tres años que ponga freno a la economía en negro, que apunte hacia un tax único nacional y coparticipable. No puede ser que todavía no tribute la transacción financiera, la compraventa de monedas, de acciones, ¿tendés? El que más gana, más paga, clarita la cuenta, porque así como vamos, le das de comer a las fieras y te aparece un Moyano, tripa misma de la mafia sindical pero que la conoce lunga y te hace este quilombo. Quien te dice, por ahí es el momento propicio pa desempolvar una reforma.
 Claro que dejarlo chamuyar al Huevo Albarracín en medio de la hinchada mionquera  es cosa de suicida. Lo entendió el Colo y miró al cielo como diciendo yo no los conozco. Un morocho de percha furimunda y oreja atenta se plantó adelante. ¿Algún problema, maestro?
Faltaba más. Lo dejé al Huevo dando explicaciones y me mandé atrás del Colorado hacia el corazón del pogo camionero, a metros del palco donde el trompa se aprestaba pal discurso. Espetáculo danzante del tiempo e ñaupa, pichones de mamut anteliduvianos, una marabunta de vejetes canosos y culos atornillados, pero ni muchos ni tantos, algunos como escapándole a la foto, otros junando al piso pa esconder la trucha. Nadies le puede negar el poder construido en décadas y la capacidad de mover a una masa adicta, aunque para la ocasión, quién sabe si laburaron con empeño.
Como que me levantaban de la entrepierna, salto y salto, pogo infernal bien fulbolero, borombombón, soy camionero de corazón. Ole, ole, Hugooo, Hugooo. Al lado mío, el Colorado chivaba como en un sauna. Silencio pa escuchar al Hugo, discurso lungo de casi una hora, es al dope repetirlo.  Si ayer bancaba al gobierno que más hizo por los trabajadores, debió descular que le quitaron banca y saltó el charco para plantarse en la vedera del frente. Discurso pa dentro, cuchilla a la zapán del aparato pejotista, como decir: ojo muchachos, armemos la variante por derecha si quieren seguir en la gestión.  
Ole, ole, Hugo, Hugo, gran desbande y objetivo natural de este movilero, arrimarse al Jefe y sacarle la exclusiva en entrevista al pie del escenario, tarea titánica que no lo iba a amedrentar. Permiso, le calé al mishio boseador Patón Basile todo tatuado que la va de custodia, micrófono en mano y radiograbador noblez GT 40 modelo 83, joya eletrónica, unas palabritas don Hugo, para No se Paga Rescate, Radio Estación Sur, ¿cómo se siente? Como el culo, le escuché, no me aprieten, traigan la ambulancia.
Atrás, me dijo el tatuado, el macho no da entrevista a cualquiera. Pero en TN sí, le contesté. El lunfa me junó como pa comerme. Sentí el brazo del Colorado que me tiraba pa atrás. ¿Tas loco o te pico brontosaurio?, le escuché. Pero este movilero no se iba a achicar. Agarré por la tangente y gateando me arrimé a la ambulancia. Aquí, don Hugo, ¿se siente acompañado en este salto político?, le triné ventanilla al medio. Y de nuevo el boseador que me venía calando la agachada, me agarró del cogote y dulcemente me depositó de dorapa atrás de otro grandote de chaleco Moyano conducción, menos amable, es cierto, tomátelas o te reviento, me dijo.
Ningún movilero que se precie, arruga frente a la alversidad. Menos quien suscribe, don Marcial Pepe Caminos, ¿Por qué impide la labor periodística?, le pregunté,  ¿cuál es su gracia?. Gracioso una mierda, y de nuevo el brazo salvador del Colorado, justo cuando el gorila amagaba un apercat a la mandíbula. Tranqui, muchachos, el jovato está bajo tratamiento siquiátrico, se escusó, yo me hago cargo. Y así que lo dijo, me agarró del hombro y me sacó del bolonqui mientras cantaba la marchita peronista como si la supiera toda.
Abatido regreso. Me disculpo públicamente ante la audiencia de No se Paga Rescate, habida cuenta que esfuerzo sobrehumano no se pudo coronar en ojetivo. Gran tipo el Colorado, no dejó que me viniera la depre. Ya habrá oportunidá, me aconsejó, la cosa recién empieza, Pepe. Vos sabés cómo son los muchachos, si olfatearon que la Presi no va seguir pal 2014, están afilando los dientes. Para ellos, la ideología es lo de menos.
Y hasta aquí nomás, fue don Marcial Pepe Caminos. Saluti a todos, un abrazo y como siempre, Patria o Colonia, che, ya hasta más ver.