martes, 22 de noviembre de 2011

El Casorio


(Crónica verseada del enlace
del Tarta Alsina y la Aurora Díaz)
Si de esposa la acepta, inquirió la jueza,
una, dos y por tercera vez.
No era tan grave la apuesta,
nomás parolear un sí de revés
Cusí la novia, ni bien ni mal dotada,
de labia torpe y un poco gruesa
mas de familia fetén y acomodada.
Qué más daba llegar hasta el entuerto
del casorio en alpargatas,
de estreno las batarazas
y el moño colorado al cuello,
decir que sí, acepto. Y rajar a casa.
Pero atada la lengua, seco el garguero.
La novia lo relojeó fulero.
Detrás, al suegro le castañeó el moflete
y a la viejita se le escapó un cuete
ya encomendada a Santa María,
vista la facha tembleque del quía
que no arrimaba respuesta.
Déanle un vaso de agua, dijeron del fondo,
a ver si se le ablanda el banquete.
Mejor una ginebra, y ese fue el Tordo,
que lo conoce así de purrete.
Y no faltó el piola que soltó la risa
ni el más púa que rompió el silencio:
Se ve que el hombre no tiene prisa
o que le dio el arrepentimiento
Salga de ahí, estamo en un casamiento,
saltó el cura, bendito sea,
y al novio le dijo: no miento,
cosa suya bailar con la más fea
atienda que si por mi fuera
ya mismo me iría, aunque atento
no nos haga pasar vergüenza,
que Dios en el cielo y el Diablo bajo tierra
dígale sí, que se me acaba la paciencia.
El casorio no es ninguna ciencia,
aseguró la tía, la que enviudó por tres.
Así lo dice cualquiera, ya ve,
la próxima, doña, se casa en el cementerio,
trinó la jueza, y ya basta de misterio,
le pregunto en serio
y por cuarta vez
¿La acepta a la Aurora o se va al mazo?
Mire, amigo, que para el caso
mejor solo que mal acompañado.
Y esa noche hubo fiesta aquí al lado.
Empanadas y vino en damajuana.
El novio que al final habló, mamado
y de raje al consejo de una hermana.
La novia feliz, los suegros aliviados,
los amigos de juerga desconsolados
de haber perdido un compañero de ruta,
la viuda buscando otra puesta,
todos bailando y hablando macanas.
Y el cura siempre engrillao en sotana
haciéndole ojitos de amor a la jueza.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Aquella petisa tetona


Pintura fresca en las paredes, donación material de ferretería Sangiácomo, el bar buffé del glorioso luce apotiótico así bañado de imaculado ocre y con una esposición de cuadros del gran artista plástico Rubén Faldutti, eminencia del olio y la acuarela que deja pasmado al espetador con sus paisajes del suburbio. Ayuda pal caso que, pasada las eleciones, el Rengo Marinelli haya descolgado la pizarra estadística eletoral de la ganchera, cosa que el mostrador centenario despliega su cautivante esplendor.
Mesa acostumbrada a la zurda, pegada al tualé de caballeros, la barra de siempre pintaba dicharachera y plestórica de opiniones de atualidá mientras la Divina Colombres se demoraba en la primera ronda de vermuces. Nada presagiaba esitación pero una cosa llevó a la otra, que el dólar, que los susidios, que la crisis, que los indinnados, la cuestión fue que Carlitos Mercier, peronista de Perón y puntero anteliduviano, tiró como al pasar que yo no la voy con las cosas de la modernidá, eso de que la salú, que no se puede fumar, que ni morfar se puede, que te sacan la sal de la mesa, que se puedan casar los putos, por ejemplo, y eso de que van a legalizar el aborto, disculpenmén, estaré chapado a la antigua, pero no me va, ahora cualquiera le da a la matraca, se embaraza y chau, le dice al tordo que sáquenmelón, y así no va, es una degeneración.                    .
Dedo en la llaga, como quien dice, al Negro Gutiérrez le esplotó la pólvora. Qué querés, saltó como leche hervida, que sigan haciendo aborto en los ranchos, que se mueran las pibas con infeciones y hermorragias.  Que se cuiden, retrucó Mercier, que usen lo que hay que usar y sinó que se bañen con agua fría, porque el aborto es un crimen. Más criminal es que se mueran las pibas, chilló el Negro y ya puesto de pie, amenaza de trifulca en puerta, soltó argumento posta: no se puede desconocer la realidá, coger se coge, unos más y otros menos, se hacen abortos con ley o sin ley, así que mo me jodas, Mercier, que me da la chiripioca.
Espetacular irrución subreticia de Marito, el pibe de la Cámpora, ni buenas noches. Derecho a la mesa del billar, de ojito tomó nota del clima afixiante que se respiraba. Pa mi un ferné con coca, dijo onda dalailama, mejor siéntensen y cortenlán.
Cinzano con ferné, manices, fontina en cuadraditos, picles y berenjenas en escabeche, eselsa obra gástrica de la Divina. Un Olmugler para el Cabezón Lagomarsino, ya repuesto en la capitanía del tim bochófilo, y con aclaración mediante, que por receta del cardiólogo, un vasito de güisqui hace bien a la arteria. Y así está la cosa. Desliz de Carlitos Mercier, porque historia manyada la del Negro Gutiérrez, cualquiera en el Fulgor de Mayo la conoce y sabe que el tema en cuestión lo afeta para mal. Si no se enviolenta, le da la depresión más fulera, como le pasa ahora, que se sienta, le vienen los recuerdos y chau, no se levanta ni con grúa. 
Ya plantada la causa y visto el resultado, esta mesa consetudinaria del bar buffé obra en consecuencia siguiendo los precectos solidarios del gran Ismael Celentano: primero la Patria, después el clu y tercero los asociados que, como el Negro Gutiérrez, precisan de una terapia siconalítica de emergencia para hacer la catarsis nesaria y salir del pozo ciego.
Fue allá por ochenta y pico, principia Lagomarsino, justo en la esquina de enfrente al glorioso, que se había puesto la salita médica y apareció de clínica la dotora Miriam. Bombón atómico,  petisona fornida de caripela pícara, guitarrón cumbianchero, pechos como cañones napoliónicos, la piba recién diplomada y residente del policlínico, se había dado a praticar alhonoren entre la mersa y en de paso le hacía proselitismo a la revolución obrera socialista.
Tres veces a la semana venía en un fitito medio destartalado y era nomás que se bajaba y caminaba hasta la salita que ya hacían cola los indispuestos, aporta el Ruso Urbansky, ochenta largos pero la memoria intata. La Miriam sacudía la carrocería como apilada a un desfile de modas, cuenta el Rengo Marinelli, un avión a chorro, de atrás era un culo con vida propia y de adelante, una vidriera de pecados, un molumento a las ubres que le reventaban el guardapolvo. Gran ésito de la medicina preventiva, según Carlitos Mercier, ispiración del entonces intendente Ríos, nomás que tuvieras un dolor de cabeza culpa de una tranca macha, te aparecías en la salita para que la dotora te ascultara con el tetoscopio y te curabas al toque, milagro de Dios, te volvías a tu casa hinotizado, con una sonrisa de infeliz y el último número de Izquierda Socialista pa encender el fueguito del asado del domingo.
Sesión siconalítica en marcha. El Negro Gutiérrez asorto, como arrimándose a la traferencia mental, aunque da lástima verlo arrumbado en la silla, la mirada perdida en lotananza, los dedos jugando estupefatos con una cáscara de manís.
Cuestión fue que el Negro quedó hinotizado con la facultativa, pero peor que nadies. Primero, una colitis por el lechón que se manducó un primero de mayo, después una anginas de amídalas, un turululo sebacio en la gamba, un dedo mocho que le quedó cambiando yantas en la gomería, y el insonio a lo último, que no podía pegar un ojo en toda la noche y aquí venía y se copeteaba hasta la madrugada, recuerda el Rengo Marinelli, cuestión que se hizo cliente esclusivo de la salita y la dotora Miriam le tomó el aprecio, tanto que le acetó un feca en el bar de la estación, lo afilió al Partido y le dio cinco ejemplares de Izquierda Socialista pa que repartiera entre la clientela de la gomería.
Qué le vio la dotora al Negro Gutiérrez, un misterio. Retacón igual que ahora, menos panza, es cierto, pero feo fue siempre, razona la Divina Colombres desde el mostrador mientras prepara la segunda ronda de vermuces, los bíces nomás que tiene de tanto yugar, y encima casado con la Dolores y un hijo, en qué pensabas, Negro, a vos te parece, ponerle los cuernos a la Dolores que era amiga mía.
Si se me permite, atreve el doctor Salvatierra, estimo con sobrada convición que el amigo Gutiérrez, en tales circustancias, no podía pensar en nada que no fuera aquella petisa tetona, a quien bien recuerdo, señores, si se me permite, Afrodita misma encarnada en el arrabal mistongo, hija del espumarajo que el iracundo miembro de Urano abonó en Chipre, no creo procedente juzgar la ovia chifladura del varón  puesto frente a aquella que amaron Hermes, Ares y el mismo Hefesto, señores, si se me permite, quien esté libre de algún atorro eróstico, que tire la primera piedra.
Miradas de corrido al Negro Gutiérrez, tieso en su silla, los ojos clavados en otra  cáscara de manís que tritura con imolatoria paciencia.  Si los jovatos van a hablar de minas que sueñan, mejor me voy, se queja Marito, el pibe de la Cámpora, que así no me puedo concentrar en la bola.
Pero sigue la ronda siconalítica. Colifato hasta el caracú, el Negro le dio maza a la Afrodita, o a la Miriam, o al vesre, ella a él, quién sabe, porque lo cierto es que desde el día en que la dotora probó del dulce nétar en la gomería del Camino de Cintura, le agarró como un vicio a las cubiertas, a la cruceta, al gato, dale, Negro, contala, mal gusto del Cabezón Lagomarsino esplayarse así. Encima, se prende Carlitos Mercier: un camión con acoplado era la petisa. Cuando caminaba, a las baldosas le daban el alzeimer, hay que entenderlo al Negro.
Al toque estuvo de largar a la Dolores. Divorciar se divorció, no le quitén mérito al taura, pero eso fue más tarde y nada tuvo que ver la dotora, aclara el Ruso justo cuando el doctor Salvatierra amenaza con otra disertación de la mistología griega. El Negro tenía lo suyo, completa el Cabezón Lagomarsino, de eso no hay duda, esa gomería fue siempre un anzuelo pa tiburones, un bulín grasuliento pero posta pa enamorar. Saber certero del Cabezón, entonces eran muy amigos con el Negro.  ¿Se acuerdan de la Colorada Barrientos, la esposa del ingeniero? Por los cuarenta andaba entonces, pero parecía de veinte. Rajaba cubierta a cada rato, ¿y a dónde iba? Ovio, servicio completo en la gomería Gutiérrez.  
Silencio espetante. La ciencia siconalítica seniala que el paciente ya debería reacionar, pero naranja, el Negro sigue dándole al manís como si nada, medio recostado en la silla y los ojos clavados en el piso. Pero volviendo a la dotora Miriam, la historia se puso fula cuando quedó embarazada. ¿Lo contás vos, Negro, o lo cuento yo?, atreve Lagomarsino.
Silencio más espetante y breve acotación de la Divina, pura sensualidá desde el mostrador, pero miren al Negro, así que era un tasiboi disfrazado de gomero, la verdá que me sorprende, haber sabido antes. Risa irónica y forzada de Marito mientras le pone tiza al taco y enciende un Particulares a la moda setentista. Por qué no le hacés a un yoqueiclú, pende, que es más suave, le tira el Rengo. Mutis del pibe camporista, ya concentrado en la bola.
Cualquiera lo supo entonces y lo recuerda ahora, pero nadies como Lagomarsino, que tan amigos eran entonces. Preñada la petisa, el Negro estaba dispuesto a hacerse cargo del crío, eso me contó él. Pero ella lo abarajó de entrada. Pará, amorcito, le dijo, hasta aquí llega el sesenta, la pasamos joya y nada más, no quiero un hijo por ahora, yo soy dueña de este cuerpo y nadies decide por mí. Chau. Historia finiquitada, un día la Miriam no vino y la salita cerró al tiempo. O no hubo más enfermos o los enfermos se cagaron muriendo sin hacerse atender, sigue Lagomarsino con su mal gusto.  
Silencio sepurcral ahora, el Negro Gutiérrez se lleva el farol de Cinzano a la boca pero apenas se moja los labios y sigue triturando manices, cosa que así, con el ruido de la cáscara, le da más  dramatismo a la esena. Habría que dejarle el final de la crónica, es pensamiento de este escriba, que hasta aquí los amigos pero la nesaria catarsis la tiene que hacer el angustiado.
 Si se me permite, caballeros, irrumpe el doctor Salvatierra, es indudable que el hombre carga con su sentimiento de culpa. Cuando Zeus creó a Pandora en el Monte Olimpo y la dio como regalo a Epimeteo, fue con un frasquito que no debía abrirse porque allí estaban todos los problemas de la humanidá, incluidas las culpas, pero la diosa igual lo abrió y qué mierda, todos los problemas se estendieron por el orbe y lo único que quedó adentro del frasco fue la esperanza.
¿Y eso?, pregunta del Ruso Urbansky, ilustrado varón del materialismo dialético, si vamos a meter todos los dioses griegos en la cosa del aborto, fija que el Negro se suicida. Si acectamos que la vida humana solo es tal en tanto parte del ser social, la esistencia arranya en el parto, cuando el ser toma contato con el mundo que lo rodea. El aborto no mata una vida sino que anula un proyeto. No hay crimen ni culpa así que Pandora no tiene nada que ver.
A eso iba, esplica el doctor Salvatierra, fino erudito de la historia y del derecho, si se me permite. Minga de permiso, salta Lagomarsino, la petisa aquella casi se muere por infeción y eso que tenía contatos y lo hizo en lugar más o menos bacán. Imagínensen a los pobres que caen en manos peores, la hija del Mingo Loyola, pa no ir más lejos, que anduvo poniéndose perejil entre las piernas y casi se muere.  
Silencio más sepurcral. El Negro Gutiérrez ha parpadeado tres al hilo y ahora se rasca la oreja como pidiéndole ayuda. Se embucha el último manís y hace fondo blanco en el Cinzano. Listo pa la catarsis, eso parece, ya era hora. ¿Y? Nada. A lo menos debería agradecer a los amigos, susurra Mercier, que no está de acuerdo con los dichos pero banca el tratamiento celebral.
Y ahora sí, un lagrimón se le suelta al Negro. Levanta la jeta y mira a todos como regalando gratitú. Primero lo abraza al Cabezón, después a Salvatierra, y así con cada uno, hasta al Rengo Marinelli que no sale del mostrador y a la Divina Colombres que ya se echó a llorar pero igual no le hace a lo que sea contato físico.
 Traferencia siconalítica  que se dice, falta que vomite las penas, esplicaría Ismael Celentano. Pero nada, el Negro pone primera callado, de paso por la mesa de billar lo estrecha a Marito y sigue hasta la puerta. Un pie en la calle y vuelve. Sonríe, bueno para nada, y habla con la voz de la costernación que ha recibido consuelo: ¡Qué fuerrrrrte estaba la petisa!
Silencio comovedor en la mesa del bar buffé. Veredito concluyente del doctor Salvatierra: el amigo Gutiérrez ya está curado.   

viernes, 7 de octubre de 2011

Gran Pinic de Primavera


Nomás que haciendo la plancha, la Cristina gana por varios cuerpos, reza de entrada el Rengo Marinelli, apuntándole un dedo a la pizarra estadística que cuelga de la ganchera.
Indiferencia asoluta en la mesa de costumbre, no es novedá. Desgano o apatía de la mersa, la cosa es preocupante. A dos semanas de la gran cuadrera elecionaria, llama la tensión que tan poco se parle de lo que viene. Mustia la yeca, cero pintada y poco cartel, nomás cada tanto una mesita de campin con la purretada repartiendo volantes más sosos que ensalada de lechuga sin sal, nomás con la jeta de un candidato mistongo, sonrisa Colgate, retrato fotoyop y consinna más melosa que teleteatro colombiano.
Más que preocupante una cagada, fundado argumento del profe José Ricardo Sampietro que traigo a colacción en esta distinguida mesa a cuento de que quiso la gracia me lo encontrara vez pasada en el gran pinic de la primavera organizado por el glorioso. Varón jubilado de la ciencia dura, matemático dotorado en Milán y filoso lenguaraz, sabido es que donde hay vino del común, choripán y orejas que lo escuchen, allí está el hombre batiendo su justa.  Así que nomás se me apelechó, vaso plástico de Uvita dulce en la zurda, otro igual en la diestra pa convidarme, tiró de un saque: ya ni pa versearnos se toman la molestia, hermano, mucho candidato, mucha caripela pero minga de propuesta.   
Difícil discutirle al profe Sampietro, más mejor dejarlo parolar hasta que se le seque el garguero. De la contra ni hablar, como que tampoco me importa, siguió diciendo, pero sí del kirrnerismo, y a ver si nos entendemos, ¿qué sinnifica eso de profundizar el modelo? ¿Hay un plan? ¿ideas posta? ¿Pa dónde vamos? ¿Reforma del sistema impositivo, del sistema de salud, del sistema educativo? ¿Reforma costitucional? ¿Costrución de un nuevo poder político popular? Y sonrisa sobradora del profe Sampietro:  ¿socialismo nacional?
Demasiadas preguntas para un escriba que poco manya del asunto. A mi ver, hay un proyeto más o menos piola, le esputé como venía, lo de la ciencia y ténica, los de los polos industriales. Pero el profe me madrugó certero: Mirá, pibe, la cosa es que si no tirás un cambio el motorcito se te queda en segunda y cagaste, las leyes naturales del capitalismo te garcan a la final  y sos pan comido para las fieras. ¿Capishe?
Mutis meditante de este escriba y vacío el vaso de Uvita. Sin nafta se me achicharra la lengua, me dijo el profe, dio media vuelta y se fue como hinotizado atrás de la hija del tano Martella que justo pasaba por ahí moviendo un budín molumental que ispira hasta los muertos.
Pinic bacanal que amerita la primavera desde el tiempo de los grecios,  mantelito a cuadros sobre la graminia, sánguches de mortadela y salame, naranjada pa regalar, la comunidá boliviana dijo presente y, como es costumbre, el maestro Franklin Hernando me convidó con un vasito de chicha que no pude dispreciar. El comandante Evo no la tiene fácil, me sacudió de sopetón, la derecha reacionaria imperialista lo quiere voltiar y hoy más que nunca los revolucionarios de la madre tierra precisan de gobiernos amigos en América Latina.
Albañil especialista en revoque fino, esquisito trapecista de los andamios, hijo pródigo del Alto paceño, humildá a prueba de balas  y diplomado en la historia de Koyasuyo, según afirma, Franklin Hernando se apunta recatado y afín a la no intervención en los asuntos internos de un país hermano que le ha dado cobijo, me reconoció, pero el brebaje del maíz ancestral me baila un taquirari en la boca. La presidenta Cristina tiene la bendición del Inti y la Pachamama, apoyo irrestrito del proletariado revolucionario boliviano y de los heroicos pueblos originarios, brindó sin hacerle asco a la chicha, salú camarada.
Bien que la menesunda etílica me daba cosquillas en la barriga, enderecé los pasos a como pude pa responder al saludo del turco Jazzal, cumplidor al festejo fulgúrense con toda la parentela alrededor de una mesa de campin. Fatay a discreción, yagwarma de rechupete y como fasos envueltos en hojas de parra, el turco me convidó con un anisado de propia fatura que me pegó  como trompada de Casius Clei. Alá es grande, me dijo, su visión que todo lo abarca hoy acompaña la primavera árabe pero no manya baclava con vidrio. Atrás del bolonqui se apilan los mannates  petroleros de la vieja Europa, caso Libia y Yemén, así que atenti a la estrilada.
Ex secretario del Centro Sirio Libanés, maestro tapicero y titular de Sedería La Fabulosa, don Raúl Jazzal se ha gastado fortuna en naipes y mujeres. De esposa, una que lo soporta, pero de queridas varias, no es de estrañar que se haya enamorado también de la presidenta después de la cuarta copa de anisado. Gema del Sahara, me dijo, Cleopatra más linda que la que se manducó al Marcantonio, envidia de los Césares, tiene labia e inteleto de estadista, polenta y decisión, cómo dejar de apoyarla en todos los sentidos, siguió el turco regalando un guiño de ojo, además la sedería anda un kilo en ventas. Ponele un gancho que Alá la ilumina, concluyó.
Y así que seguí la recorrida en el gran pinic, las tres copitas de anisado agregadas al Uvita y a la chicha me empezaron a dar como retorcijones. Canchita de fulbo, arcos improvisados con piedras y palitos, había que ser mago pa saber dónde estaba el travesanio. Que fue gol o no, adentro o afuera, el gordo Palestra mandó a todos de paseo y así dijo, ma sí, métanse el fulbo en el culo. Escusa, me aclaró aparte, la verdá que estoy muerto y ya me dan calambres en el glútio. Vení que te invito una cervecita.
Cuarentón sencillo el gordo, de política no cazo uan, me alvirtió, de eso entiende la bruja. Es decir, Carmencita, la esposa atual, que apenas nos vio venir, como presagiando intenciones, peló de la yelera de tergopol una botella de Quilmes.
Dama de pocas pulgas y lengua rápida, delegada de la testil hasta la quiebra, combativa puntera de barrio, Carmencita opina sin que le pregunten. El problema son los buitres, me explicó, y hay muchos que van al acecho pero el más peor es el Manco. No entiendo a la Presi. En estas eleciones, cualquier candidato con la bendición de ella ganaría sin despeinarse, ¿para qué darle aire al motonauta?, ¿cómo te lo sacás de encima después?, ¿o es que el proyeto se termina en cuatro años? Conozco la fauna desde adentro, nene, si no limpiás cuando tenés banca, te morfan en cuadraditos con el primer trompezón.
Bien fría la Quilmes, una delicia pal garguero. Sentado en la graminia, el pinic me daba vueltas y la voz de Carmencita era como una melodía que venía muy de lejos. Por eso lo banco al gordito Sabatella, sería catástrofe que el Manco sacara más votos que la Presi, alcancé a escucharle y chau, no me acuerdo más.
Tranca espelunante, susurra ahora el Negro Gutiérrez, el de la gomería de Cintura, el problema es la mezcla y encima hablando de política, peor. Por eso, yo cuando tomo un ferné, prefiero hablar de minas o de fulbo.
Negro bruto, vos ni con té con leche podés decir nada en serio, trina la Divina Colombres desde atrás del mostrador, a mí lo que me preocupa es que murió el estiviyós.
Silencio sepurcral. ¿Quién?, pregunta del fondo. El de la computación, sigue la Divina, el de la manzanita, dicen que nos vamo a quedar sin interné porque era el celebro de todo.
Silencio más sepurcral. Si se me permite y con todo respeto por la señora, irrumpe el doctor Salvatierra, me parece que está hablando pavadas. Lo escuché en la tele, aclara la Divina. Escuchó mal, discute el boga. Escuché bien, insiste la Divina y lo mira al Rengo Marinelli, dale, decile que vos también escuchaste.
Varón paciente como pocos, el Rengo sigue estasiado con su pizarra estadística eletoral. Asegura que si acierta en porcentajes, tiene conchabo firme en consultora de prestigio internacional. Del Fulgor de Mayo a Wáyinton, dice, imaginensen lo que los voy a estrañar.    

lunes, 5 de septiembre de 2011

De todo un poco

Quien no sabe escuchar, más mejor que no hable al cuete, aserto que este escriba tiene en cuenta a prosópito de varios comentarios osequiados al correo del glorioso por entendidos letores que haciendo gala de finura espresiva inquirieron a quien suscribe por su voto en las eleciones pasadas, como un decir, bata la justa: ¿a la final, a quién le dio el sufragio? Tiempo al tiempo, en el Social y Deportivo nadies se escuende. Quien sabe esperar aprende de la pacencia y a tranco corto despija dudas.
Viernes primero de setiembre, tema obligado: la pésima atuación de nuestro tim bochófilo en la final del Torneo “Miguel Borrico” Edición 2011 y, tras cartón, los preparativos pa los festejos de setiembre, a saber: viernes 16, aniversario fundacional del Fulgor de Mayo, acto solenne para empezar y cena popular con sorteos y pachanga a cargo del disyokei Rubén; fiesta de la primavera el domingo 25, pinic a la canasta en el Parque Belgrano, micros desde la puerta del club a partir de las siete de la matina, escarapela rojinegra pal que guste, fulbito asegurado, reposeras de alquiler para la veteranía y profiláticos gratis donados por la farmacia Arrospide para la muchachada, repartija a cargo de la Comisión de Damas en la “Campaña Fulgurense Seso Seguro”.
Pero año eletoral, a dos meses de la gran definición urnística, el bar buffé del glorioso yerve de fiebre idiológica y la política se cuela en el chamuyo como sin querer. La barra de siempre, una cosa lleva a la otra y de atrás del mostrador la Divina Colombres, pura sensibilidá de mujer, no se ha recuperado de la horrible muerte de la Candela, dice, ahora no hay nada para ver en la tele.
Silencio meditante en la mesa consabida, el Rengo Marinelli abona la primera ronda de vermuces con nutridos ingredientes, lengua a la vinagreta para destacar, mismo que tortilla de papa en cuadraditos. Tele nueva alquirida en sesenta cuotas con el plan del gobierno pa los jubiletes, LSD full Hachedé, esplica el Rengo, se ve espetacular y la Divina se pasó una semana pegada al aparato siguiendo el caso de la piba, final a moco tendido, ¿sería nesario darle tanta manija al asunto? La Candela vendió más que una final de campionato, razona isofacto el Ruso Urbansky, era bonita, parecía una modelito en las fotos, poné el gancho que si fuera morocha posta, carasucia de las muchas que se chorean todos los días, nadie le daba ni la hora.
Mesa tendida para la contienda, el Negro Gutiérrez siguió el caso desde la tele siempre encendida en la gomería, así que opinión con fundamento, se esplaya en hipótesis criminalísticas como un inspetor del efebeí: sello narco del cartel peruano, en el hampa del común, entre chorros de ley, nadies se come a un hijo por vendeta. ¿Pero qué sabe este Negro de mierda?, palabras de Carlitos Mercier, hombre de Perón y entendido en trenzas del poder, según afirma sin que le suelten los mocos, complicidad policial mediante, al Manco le quisieron plantar un muerto. ¿Quién?, pregunta de Marito, el pibe de la Cámpora, recién arrimado a la mesa del billar y ya echándole tiza al taco. La corpo mediática, sigue Mercier, la campaña eletoral ya empezó, si no te diste cuenta, al Cabezón Duhalde ya se lo hicieron. Nada que ver, ¿qué tomaste?, ¿cótel de aguarrás tomaste?, espresión poco medida del Negro Gutiérrez, bueno para nada, vos sos duhaldista, pará de vitimizarte. Yo soy pe-ro-nis-ta, aclaración de Mercier que sobra como grasa en chorizo de cancha, y estoy con la Cristina a muerte. ¿Desde cuándo?, ¿desde que ganó las eleciones?, ácida reflesión de Marito. Y rinsai abierto, culpa de la Divina Colombres por echar a rodar el tema, yo no hablé de política, no más de la pobrecita Candela, tan linda que era, se escusa, cómo pudieron matarla así. Ves, te das cuenta, opinión del Ruso, ¿qué tiene que ver que fuera linda?
Callado hasta aquí el doctor Salvatierra, seco el vaso de vermú y como pidiendo bis, si se me permite, no hay que confundir, el crimen esistió como tantos otros, el periodismo toma un caso y lo espone pa deleite de la teleplatea ávida de morbo y cocuspisencia mientras fatura con el reitin de toda la menesunda. En otras parolas, el ojeto natural de toda empresa es el lucro, la chirola, la mosqueta, me esplico, y una empresa informativa no es la esección. Nadies le pida al naranjo que eche manzanas, ahora que, ¿está bien eso?, ¿está bien que un medio de espresión con molumental capacidá de influencia celebral en la gilada haga y diga lo que se le cante?, ¿no debería esistir un contralor sesudo de contenidos?
Silencio espetante. Mesa abierta para esponer pero mancan los tauras. Triple carambola del Oreja Pérez, putiada de Marito y segunda ronda de vermú. Gancia con limón, soda y chorrito de granadina pa darle color, invento del Rengo que lo copió de una revista de cotelería. Provechito de Mercier y dedución con inquisitoria al paso: igual que hicieron con eso del fraude en las eleciones, que a la final se demostró que no. ¿Será cierto que se van a cambiar las boletas?
Temario abierto, ya se ve, ¿qué boletas?, yo soy monotributista y hago fatura C cada tanto, no me las van a cambiar ahora, alvierte el Negro Gutiérrez, bueno para nada, así que nadies va a gastar pólvora en chimangos para explicarle. Boleta única con todas las caripelas de los candidatos, una para nacionales, otra para provinciales y la tercera para municipios, así se corta el voto cadena y el clietelismo, aporta el cabezón Lagomarsino, renunciado DT del tim bochófilo después de la vergonzosa derrota, radical de siempre, ahora de paso, para mí una coca con ferné como al Marito. Pedazo de boleta, va a parecer un álbun de figuritas, se ríe Urbansky, pero igual no hay tiempo, faltan dos meses nomás. Falta voluntá, eso es lo que falta, insiste Lagomarsino y piolín libre pa que vuele el barrilete, salta Marito el primero, que si manya del tema, nomás por olfato define el tiro: eso es cosa de gorila. Gorila tu hermana. La tuya. Es lo que digo, en vez de buscar el consenso y el diálogo, los kirrneristas se pelean con todos. Consenso las pelotas, trina Marito, un ojo en la bola, perfeta posición de tiro, medición milimétrica y carambola a tres bandas. Aplausos.
Yo estoy con la modernidá, argumenta el Rengo Marinelli desde el mostrador, ahora con la computación y todo eso, lo mejor es el voto letrónico, que es igual que el Ling y vas como a sacar plata del cajero, nomás que te aparecen los candidatos en la tele y vos marcás el que te gusta y listo, sin gasto de papel ni tinta, y quien sabe, el día de mañana vas a poder votar por interné. ¿Y el que no tiene interné?, pregunta del Negro Gutiérrez. Entonces vas al cajero, respuesta del Rengo.
¿Te imaginás al viejo Terrile, que cada vez que cobra la jubilación lleva al hijo para que lo oriente?, nomás que ve la botonera del cajero ya le da taquicardia, apunta Mercier. A mí me pasa lo mismo, confiesa el Ruso Urbanky, ochenta y una primaveras, le desconfío a la máquina, como que adentro tiene un enano metido manejando las piolas y que me a cagar con las estraciones y el resumen. ¿Qué te pasa con los enanos?, ofendido el Oreja Pérez, petiso de apreciar, taco en mano, adentro de un cajero cabe Yinóbili con pelota y aro para encestar.
En Salta ya probaron el sistema, si se me permite, esplica el doctor Salvatierra, boga erudito en todos los fueros y a más costitucionalista probo, mismo que en Brasil y en Europa, en varios países, efetividad incierta, la tenología con sus certezas y sus falencias al servicio del hombre cual mitológico cíclope alzando en una mano el quijotesco anhelo de progreso, cual ninfa de saturnales fastos que resume en su etério juego de sedución la voluntad gentil, si se me permite, no me queda claro que un cajero automático sirva incólume a los efetos eletorales.
Demasiado vermú, hay quien opina desde el billar, córtenlen el chorro al doctor. ¿Quién habló? Silencio cómplice.
¿Y los fiscales?, pregunta del Negro Gutiérrez, ¿para que estarían los fiscales de cada partido?
Se perdería la noble tarea, una pena, habla el Ruso inmemorian de sus tiempos mozos. Cierto, señores, si se me permite, se perdería la educativa labor cívica de la juvenil militancia, razona Salvatierra, la aventura de la puja partidaria, el gozo de custodiar las boletas propias como si fueran hijos, el vértigo del recuento insitu, la rutura del sobre para ver aparecer al candidato que ha enamorado al ativista, se perdería ese lujo que es la democracia en su salvaje reverdecer cada dos años.
Silencio sepurcral. Y tres gambas, interrumpe el Negro Gutiérrez, el de la gomería del Camino de Cintura, bueno para nada, ya se dijo, tres gambas garpó el Colorado De Narváez a los cuatro hijos en las eleciones pasadas, una luca docientos, hace la cuenta rápida, si es por mí, mejor que sigamos como estamos. ¿Así que votaron al Colorado?, pregunta al toque que el Negro responde con la simpleza del que la yuga a diario: no, pero un laburo es un laburo y se paga.
Tiempo electoral, ya se dijo al comienzo, la política se cuela en el chamuyo. Ni hablar cuando el Rengo Marinelli, esaltado como está por el ésito anterior, cuelgue de la ganchera la pizarra estadística que ya lo hizo famoso. Promesa dada, pal viernes que viene va a tener los primeros datos fecientes.
Saluti a todos.

Por las Comisiones

Comisión de Deportes

Se llevó a cabo entre los días 15 y 27 de agosto el Torneo Anual de Bochas “Miguel Borrico”, Edición 2011. En un marco espetacular y ante un público entusiasta, se disputó la final entre la dupla del Social y Deportivo Fulgor de Mayo (Lagomarsino-Doldán) y la del Unidos La Estrella (Gómez-Lasar). Fue derrota sin atenuantes de nuestro tim ante el clásico rival, razón por la cual don Víctor Lagomarsino presentó la renuncia como DT, la que le fue rechazada en Comisión Directiva. Edmundo Doldán, su histórico coequiper, asumió provisoriamente el cargo.

Hasta el 15 de setiembre está abierta la inscrición para el “Campeonato de Truco Día de la Primavera”. Interesados contatar a Marquitos Garabaglia.

El 12 de noviembre próximo se realizará el Torneo Juvenil de Ajedrez “Ismael Celentano”. Inscrición abierta a menores de 25 años con o sin esperiencia en este deporte-ciencia. El 13 del mismo mes hará presencia el maestro Raúl Lolo Vives pa jugar simultánias con todos los que rayen.

Comisión de Damas

Con la firma de Cecilia Bassur, el pleno de esta comisión volvió a reclamar se cambie su actual denominación por la de “Comisión de Género” y manifestó su repudio a las reiteradas negativas de la CD para proceder con la reforma estatuaria. Asímismo, espresó su agradecimiento hacia todos quienes colaboraron en la Jornada “Un juguete para todos” que se realizó el tercer domingo de agosto pasado, día del niño.

miércoles, 24 de agosto de 2011

Antes que nadies

Lunga ausencia, no es cosa de echarle culpas a nadies pero hay que decirlo: lo barato sale caro a la final. La maquinola de la hija de Margarita Bruni se infestó con un virus galático y a mi ver, de tan cachuza, la pobre mancó de simple angina. Cuestión que el tordo en eletrónica, un primo de don Baldomero Fuentes, no más fue que la ascultó y ya la dio por finada. Se le morfeteó el rígido, explicó, que es como decir el cuore.

Si algo carateriza al glorioso es la fe democrática. Asamblea de asociados para decidir suerte del proyeto blogero, la solución no era facilonga. Poco vento en caja, prioridá para las canaletas del techo, si de la interné se trata, cualquier maquinola sirve, razonó Teresita Corvalán, están las del cíber “La Golondrina”, mismo donde se entretiene los pibes chateando el santo día.

Pero no es así. No es lo mismo para este escriba apelecharse a la ispiración en cualquier parte. Solo entre las paredes matusalénicas del glorioso Fulgor se apersona la gracia como una voz arrebatada, como si la historia imprenada en este espacio generoso se diera hablar y osequiara la musa estimulante del verbo, palabras del doctor Salvatierra que vienen a cuento de su desprendido aporte en metálico con el que se arregló el desperfeto y la maquinola volvió a orbitar en la interné.

Aclarado el punto, imposible resumir las sesudas y catológicas sesiones habidas en el bar buffé del Rengo Marinelli. Tiempos eletorales con sus debates de estraordinaria hondura fisiológica, la mesura se mandó a guardar y talló el chamuyo polenta, virtú histórica del Social y Deportivo Fulgor de Mayo: aquí nadies se calla y el que opina defiende lo suyo a como sea, si de buenas maneras mejor.

Cuestión fue que de costumbre cada quien espuso su preferencia y sentó razón, bien a la mesa de los viernes o al paso. Encargado a los efetos de una encuesta fulgurense por ser testigo insitu desde atrás del mostrador, el Rengo Marinelli, con la ayuda de la Divina Colombres, hizo lo suyo durantes las tres semanas previas al acto comisal, analis certero que vino publicando en una tabla que colgó en un gancho de la vieja fiambrera hasta la noche del sábado, que fue cuando la retiró pa cumplir con la ley de la veda eletoral. Colunnas con los nombres de los candidatos, apuntación truquera debajo, estaba el que se anotaba de una, el que por consabida filiación ni había que preguntarle y también el que se disculpaba con eso de que el voto es secreto, atitud deslenable y cobarde pero muy estendida. ¿Por qué no decir que yo quiero esto y aquello? ¿Por qué no llegar hasta el pie de la sagrada urna luciendo con orgullo el emblema de su partido o de su candidato? Opinión del escriba, puede rebatirse.

Lo cierto fue que el Rengo Marinelli, hay que decirlo, se diplomó en el arte del pronóstico y la estadística con una performans espetacular. Que la muchachada del billar, influida por Marito, el pibe de de la Cámpora, se inclinara por el voto cristino, era de esperar, igual que el doctor Salvatierra, frondicista de la primera hora, y más unos cuantos asociados de sabida simpatía hacia la señora presidenta. Sufragio seguro para Altamira el de don Marcelo Reiss, discípulo de Nahuel Moreno, y sorpresa en la misma direción de Luisita Sanguineti que, ya se sabe, es fana de Rial y no se pierde una tarde del Intrusos del Espetáculo.

Como sea, la compulsa pareció emparejarse después de que se anotaron los jovatos de la cancha de bochas, algunos de simpatía radical como el Cabezón Lagomarsino, Doldán y el Laucha Marcos. Punto aparte en la Comisión de Damas, donde la cosa apuntaba sin recortes: se almira y venera a la señora presidenta o se la odia con sentimiento de tripas bien de mujer.

En la mesa consetudinaria del bar buffé, la discusión estuvo a la orden del día y de la noche, punto y contrapunto con invitados de luxe, hasta la madrugada en alguna ocasión, que fue cuando se enfrentaron en dura batalla verbal el Petiso Marcilessi y don Pascual Bengochea, socios de años, varones de cargar gruesa munición oral, paciencia nula y aficionados al pugilato fácil. Comunista de vieja cepa el primero, hay quien asegura que en un rincón de la pieza o al lado de la cama tiene un cuadrito de Estalin en un altar y que todas las noches le prende dos velas, aunque nadie que se sepa le acompañó la noturnidad a no ser la Eugenia Frangi, única novia que tuvo y ya fallecida. Prócer de la añeja Unión Cívica Radical del Pueblo el segundo, hombre Alem según sus dichos, ya se lo vio en trifulcas a puño limpio en el 2001, cuando Carlitos Mercier levantó varias manzanas de la Villa Escondida, la emprendió en saqueo contra el mercadito chino de Larrea y Sipe-Sipe y allí anduvo don Pascual a las trompadas en defensa del feriante oriental.

Primer trompis del Petiso cuando se mofó de la alianza de Alfonsín yunior con el Colorado De Narváez. Retruque imediato de don Pascual: la Cámpora lo banca a Menem en La Rioja, a Sioli lo apuntan de revolucionario y le dan morfi a la mafia del conurbano, no jodás Petiso, seguí poniéndole velas a Estalin.

Rinsai de rechupete y abierto pa que cualquiera se meta. El Ruso Urbansky en apoyo de Marcilessi y ni hablar de Marito que ya había empuñado el taco del billar como escopeta de dos caños. Carlitos Mercier, ayer a las piñas con don Pascual, ahora extrañamente de aliado. El Negro Guzmán, el de la gomería del Camino de Cintura, se ofreció de referí: tres minutos pa esponer cada contendiente, interrución obligada para que Marinelli reponga Cinzano con ferné y ingredientes, prohibido golpe bajo cintura y atenti a la campanilla del raund.

Opinantes a troche y moche, la cosa se apuntaba fiera y a cuenta de saber por dónde se apilaba el progresismo, concecto inocuo pero de moda. Cuestión que al toque la Turca Bassur se apareció con la Comisión de Damas en pleno, once mujeres dispuestas a todo, nada de naranjada ni cocacola, lo mismo que los señores, dijo, y chocho el Rengo haciendo cuentas de los vermuces a despachar. Marabunta, alvirtió el doctor Salvatierra, si se me permite, las señoras nos van a dejar sin manices ni papitas. Pero ni hablar cuando los veteranos bochófilos largaron el treining de la arrimada para sumarse a la menesunda y la purretada del billar se puso a las órdenes de Marito, el pibe de la Cámpora, en tren de apoyo logístico a la presidenta Cristina.

Como era previsible, la discusión fue increyendo según lo vermuces hicieron su efeto natural. El bar buffé plestórico de parroquianos, ni una mesa disponible, el Rengo Marinelli agotaba la reserva de Cinzano y a la Divina Colombres no le daban los brazos para atender los pedidos. Abierto el restorán, milanesas con fritas pa los sanos y bife de aguja con mista si alguno sufre de colesterol, recetó el barman. Todo un kilo y dos pancitos, dejen esponer al Petiso Marcilessi, reclamó la piba Corvalán.

Chas gracias, dijo el Petiso, cierto que de pie aunque parecía sentado, y así como se hizo silencio empezó a enumerar cuestiones de gobierno, collar de ésitos mismo que si fuera ministro kirrnerista. Tres minutos y a esperar su turno, lo interrumpió el Negro Guzmán pa darle la palabra a don Pascual. Minga, viento de cola, argumentó el hijo Alem, con guita de la soja cualquiera regala. Y gran quilombo de la purretada del billar, que gorilón fue lo más liviano que le indilgaron con más procaces dichos que no vale la pena repetir.

Espacio tirano, imposible resumir argumentos espuestos. La cosa siguió hasta tarde y cada quien opinó y echó sufragio vospópuli, incluidos indecisos. En la vereda, a la salida, como era de imaginar, el Petiso Marcilessi amenazó con un intercambio de guantes y don Pascual Bengochea tiró algún derechazo al aire al grito de Viva la Unión Cívica y don Hipólito Irigoyen, pero nada pasó a mayores. Claro que atento a cada opinante, el Rengo Marinelli tomó nota en la tabla estadística colgada en la ganchera y como a las cuatro de la mañana de ese viernes batió sentencia: la Cristina gana por afano, me da como un cuarentipico por ciento. Nadies le creyó, incluido este escriba.

La pelotera siguió de taco y punta por varios días y a todo esto el Rengo se tomó en serio lo de los pronósticos eletorales, como si al acierto fueran a darle copa de campión. Desvelo furimundo, llegó a quejarse la Divina Colombres, le dio como una osesión resultadista. Y contagio cantado, el bar buffé del glorioso lució como en sus mejores tiempos, lleno siempre de curiosos atentos a la envolucion de la tabla de posiciones.

Delante siempre la Presidenta, llegó a asustar la columna de los indecisos. Más que indecisos, cagones, afirmó con fundamentos el Ruso Urbanky, esos no quieren decir lo que van a votar, esepción del viejo Bilbao que, ya se sabe, de siempre que entra al cuarto oscuro está como media hora pa salir. Acertijo peliagudo, además, Carlitos Mercier, peronista de Perón, puntero municipal de siempre, a la pregunta consabida, respuesta indefinida, yo soy pe-ro-nis-ta, con lo cual más que aclarar, oscurecía. ¿Y el voto del campo? Mirá lo que pasó en Santa Fe. Pero el Rengo estaba en todas, teléfono mediante, contato direto con Oscarcito Ferrari, quintero de Madalena, veinte hetáreas de alcauciles y tambo. El campo es una intelequia, le mandó a decir el paisano, acá nadies quiere que la taba se de vuelta.

Y así llegamos al día de las eleciones internas, que a la verdad eran lo mismo que la encuesta del Rengo Marinelli. Siete de la mañana y el bar buffé abierto, contó el Ruso, madrugador consutudinario. ¿Qué hacés, Rengo?, le preguntó. Encuesta de boca de urna, le confirmó el barman nuestro, permiso de Sarita Amati, diretora de la escuela 24, mesas testigo pal caso, esperenmen aquí. A las seis cierra el comicio y a las seis y un minuto les bato la justa. Nos vamos a hacer famosos.

Dicho y hecho. Mesa de costumbre, temprano para hacerle al vermú, cafés istantanios para el doctor Salvatierra y el profe Sampietro, limonada para el Negro Gutiérrez que venía de una comilona en casa de la suegra, té de tilo para el Ruso Urbansky. La Divina Colombres más linda que nunca con un suéter como cosido a las pechugas y Marito ausente por hacerle de fiscal a la Cámpora. Entró el Rengo y cantó resultado antes que la tele: 51 por ciento y a cobrar. Pero de nuevo, nadies le creyó.

Y hasta aquí lo que pasó. Calmada la tormenta, la CD del glorioso ha comisionado al Rengo Marinelli como encuestador oficial fulgurense para las eleciones de otubre, mismo que la FM El Asfalto, de gran audiencia barrial, lo contrató al honoren pa dar los resultados antes que nadies. Guita nada, se queja la Divina Colombres, ¿a qué tanto esfuerzo? Pero quién le quita mérito. En una de esas vienen de una empresa importante, onda Poligarquía, y lo contratan, como dice el himno del club, la esperanza del gran amanecer nunca se pierde.

sábado, 4 de junio de 2011

Semos indinnados

El asunto empezó mismo el pasado 25 de mayo, gesta patria que hace al nombre de nuestro glorioso Fulgor. Glamurosa festividá que se merece, como era de esperar, la masa societaria dijo presente, los de ahora y los de antes, antiguos vecinos que la esistencia llevó a otros lares, hijos y nietos de los fundadores que, aunque lejos, bien les cabe la historia de la barriada laburante de otrora. Y así que amurados al recordatorio, por esencia, la cosa sabe pintar para el rencuentro.

Hinno nacional de arranque, bandera celestiblanca al tope y la rojinegra al lado, escarapelas pa hacer dulce, el encendido discurso de don Leopoldo Sastre no dejó títere con cabeza y de final, como pa dejar las cosas en claro, concluyó: “Hoy, como ayer en el Cabildo, semos todos indinnados”.

Primera mención del concecto, más de alguno se la perdió por andar husmiando en los fogones, plato en mano, al pie de las ollas según lo anunciado de costumbre: sensacional comilona de locro y mazamorra, todo regado con generoso vino del común de mesa y el aporte alhonoren de guitarreros que nunca faltan y cantores que con un solo vaso de líquido ispirador son capaces de cantar hasta la novena sinfonía de Betoven.

Así que al punto caramelo, saludo por aquí, abrazo por allá, igualito pero más viejo, de dorapa y como abrazado al farolete del Uvita tinto dulce, esquisités sobrenatural pa mecharle al guiso en ciernes, ¿quién estaba allí? Serenata pa las orejas, los ojos como de vidrio pero la lengua presta al toque de sirena, pilchas domingueras y perlitas de chivo etílico en la mollera, el profe don José Ricardo Sampietro me junaba de refilón como midiendo el tiro de la verba. Y así que así, me dijo: estoy indinnado, macho, la cosa pinta pa la gran indinnación universal.

Conociendo al profe Sampietro, la estocada venía por el win de la fina ironía. Resulta que ahora la borregada europea se indinna por esa lacra del capitalismo, siguió diciendo, y nos venden que todo gracias a Franz Jessel, récor de venta editorial, y atenti, que no le quito méritos al moiye, pero decíme vos, viejo pipiolo, ¿no te suena a pretensión de fanfa?

Mutis por el foro, virtú de sagaz interlocutor, mejor dejarlo parolear al profe: la indinnación se manca con ancho falso, vos lo sabés, acá lo viste en el dos mil uno. Podés sacudirle a la cacerola, cortar una yeca, irla de campin en una plaza, escribir puesía en las paredes como los franchutes, putiar y pedir que se vayan todos, pero no se va ninguno y si no tenés claro a dónde apuntar, si no hay condución posta y ojetivo político, te morfa el sistema, te hace mercancía y te vende, macho, te cocina, te adorna de torta de feliz cumpleaños y te prende las velitas pal entierro.

Difícil discutirle al profe. Varón de ciencia durísima, matemático de pergaminos probos, crecido entre cortes de falda y osobuco en la carnicería del finado Paolo Sampietro, don José Ricardo se acamaló a la arimética y la giometría, y hasta hizo un dotorado en Milán, se sabe, y no le anduvo con vueltas a la hora de arriesgar el pellejo. Cuatro años los pasó engayolado en Caseros, culpa de una curva sinusoidal de su inventiva que le encontraron en allanamiento de morada y atribuida al disparo de un caño que istalado en la terraza de un derpa en Villa Ortúzar le iba a dar de lleno a la Casa Rosada en los tiempos de Videla. Entonce sí que estaba indinnado, macho, me aclaró, indinnado con los milicos y con la gente que no estaba indinnada.

Comentario a colacción en la mesa consetudinaria del bar buffé, el Rengo Marinelli se hace el que no escucha mientras prepara la primera ronda de vermú, pero la Divina Colombres sí. Yo estoy indinnada con este Rengo miserable que no se acordó de nuestro aniversario, dice, ni un beso me dio.

La indinnación es un sentimiento natural y primitivo de la siquis humana, esplica el doctor Salvatierra, erudito boga que, tal parece, no le hace asco a la ciencia del cerebro. El razocinio conlleva entre otras funciones síquicas, el deseo de lo justo entre pares, ahora que, si se me permite, desde los tiempos de ñaupa, cuando una minoría se apropió de las riquezas de la mayoría, es decir, desde que esiste la propiedad privada, la indinnación se reconvirtió en acectación a través de la idiología de la clase dominante, cosa que el pobre terminara por aprobar su condición de pobreza como cosa natural.

Vermú con ingredientes. Hoy milanesita cortada con fritas de la cocina, manices infaltables, fontina y aceitunas. Salú, propone Carlitos Mercier, puntero justicialista de la primera hora. Yo no me indinno con facilidad, mejor es descular pa donde va la correntada y de ahí ver lo que se puede y lo que no. Como decía el General, todo en su medida y armoniosamente.

¿De qué te vas a indinnar vos?, trina agresivo Marito, el de la Cámpora, y por trinar le pifia a la bola y gasta la carambola. Casi rompe el paño. El que rompe paga, le aclara el Rengo desde el mostrador. Apurá la birra, hace como una hora que la pedí, contesta Marito, y a prosópito, dice, hay que indinnarse, loco, cuando te indinnás ya no pedís sino que esigís, que es distinto. Y cuando esigís te ponés fulo y si hay bardo la peliás. Si no estás indinnado, minga que vas a peliar. Néstor estaba indinnado y Cristina también, por eso los banco a ful. Indinnado con los garcas del campo, con la mersa de Clarín, con los gorilas que rompen las pelotas, loco, yo estoy indinnado.

Furimundo cross de Marito. El pibe está hecho una fiera, dice el Negro Gutiérrez, habría que mandarlo a España para que les esplique a los gaitas. ¿Y si hacemos una coleta para garparle el avianca?

Mudo el Ruso Urbansky, pasa el vermú y le da a un tecito de tilo, culpa de los intestinos flojos, aclara, y no es que esté mariconeando, che, ahora que alguno leyó al alemán ese. ¿Quién? Ese que escribió el libro de los indinnaos. ¿Nadies? Yo no sé, pero como dice el profe Sampietro, está bien enojarse pero para qué, hacia dónde y cómo dirigir ese sentimiento, razona el Ruso y cuenta, acá tuvimos el primer indinnado puro, recontra puro, allá por el 58, sería, que fue Deolindo Almeida, el Encapuchado Argento.

Silencio sepurcral. Y habla el Ruso: el Deolindo vivía por atrás de la carbonera. Desocupado de la testil, la mujer lo había dejado y dos hijos se le dieron al orre. Un día se apareció en bicicleta, los talompas a la Cantinflas con tiradores, una capa colorada con una escarapela celestiblanca, antifaces enormes de carnaval y casco de goma, como una sopapa negra en la cabeza a lo batman. Cuestión que se dio a conocer como el Encapuchado Argento y así recorrió los barrios, en la bici y parando en cualquier esquina, ahí donde había gente, en la cola del tranguay, a la entrada de la testil, a la salida de los talleres, y donde paraba largaba el discurso que tenía una caraterística socrática, es decir, dialética y mayéutica, y eran todas preguntas que requerían respuestas con más preguntas, ¿me esplico? ¿Hay que enojarse muchachos?, por ejemplo, ¿hay que ladrar?, ¿y por qué?, y así de corrido, las preguntas le apuntaban al inconformismo. Cuando alguno le contestaba con afirmación que no fuera pregunta, el Encapuchado Argento sacaba una tarjeta roja y chiflaba como los referís cuando espulsan de la cancha, y seguía, y por ejemplo, uno le decía ¿che Encapuchado estás colifato?, él contestaba ¿estoy colo?, ¿estoy colo por pensar que el colifato sos vos cuando no te dan los cojones para cambiar? ¿Y qué hay que cambiar, loco?, le preguntaban, digamos, y el Deolindo o el Encapuchado sembraba otra, como decir, ¿estás bien o algo te molesta?, y así.

Silencio más sepurcral. Sigue el Ruso y segunda ronda de vermú: gran indinnado, sagaz como pocos, autodidata entendido en los argumentos sencillos de la política y la economía, de la filosofía y el pensamiento, todos sabían que el Encapuchado Argento era Deolindo Almeida pero nomás que se hizo de fama, ya nadie lo reconoció por Deolindo. Quizás, ni el mismo. Tuvo seguidores y secuaces varios. Muchos se acostumbraron a chamuyar haciendo preguntas y descubrieron que a medida que nuevas preguntas respondían a anteriores preguntas, tales preguntas implicaban un elevado grado de conocimiento y que dicho conocimiento los llevaba inesorablemente a indinnarse, a cuestionarse el orden de las cosas y de sí mismos.

¿Y qué pasó con el Encapuchado?, pregunta socrática de Carlitos Mercier.

Lo metieron sopre como al año de andar indinnado. Dicen que vinieron tres canas pa llevárselo. Che, Encapuchado, estás detenido, le dijieron. ¿Quién me detiene?, preguntó socráticamente. Cabo Gómez, no jodás. No existe la detención, cabo, pues estamos en permanente movimiento, y aún quieto, giro según gira el planeta, de modo que ¿es posible detener a quien no puede ni quiere detenerse? ¿Por qué intentarlo? Porque andás jodiendo a la gente, loco de mierda. Y fue suficiente para el Encapuchado Argento. Peló la tarjeta roja y le chifló al cabo porque le había hablado sin formular pregunta. Y suficiente para el cabo Gómez también, que al carajo, dijo, y le partió un garrotazo en la cabeza. Y así se lo llevaron. Nunca más se supo del Encapuchado Argento ni de Deolindo Almeida. Hay quien dice que en la secional le dieron de comer un guiso carrero con cicuta.

Crónica que el tiempo fue sepultando. Ya nadies se acuerda, pero fue famoso el Deolindo, dice el Rengo Marinelli desde el mostrador y pregunta, ¿más vermú? ¿Es una pregunta o una invitación?, dice el Negro Guzmán. ¿Cuándo lo viste al Rengo invitar una copa?, pregunta Marito. Debe ser tarde. ¿Qué hora es?, quiere saber Salvatierra. ¿Las doce ya?, no lo puede creer la Divina Colombres, ¿hasta qué hora se piensan quedar? ¿Nos estás echando?, dice el Negro. ¿Mierda, se les contagió la socrática?, cuestiona Marito. ¿Pregunto yo, pregunta el Ruso, cuántas preguntas habrá que hacerse pa indinnarse? Semos todos indinnados, ¿pero será suficiente?