miércoles, 4 de julio de 2012

Junio Caliente

Los biandazos con que te faja la historia son de esos que te dejan la jeta pa guardar en un jonca bien escondido y dejarla allí hasta que arruguen los moretones. Por lo demás, sirven pa aprender, cosa que, con un analis piola, donde metiste la gamba, es más que factible, no la vas a volver a meter. Hondo razonamiento con que el Ruso Urbansky mueve la bola pa empezar: igual, siempre hay un pipiolo que la pifia y se vuelve a embarrar.

Allá quien se de por aludido, presente en la ocasión a cuenta y orden de la hermandad correntino-paraguaya asociada al glorioso, don Francisco Sánchez pica del anzuelo igual que mojarrita: ¿qué quiere decir compañero?

Lo que está dicho y no se ofenda, aclara el Ruso, con todo respeto a un buen fraile ponedor y gallo de raza, el varón no costruyó poder propio y encima se ablandó a la hora de pelar fierro. Difícil torcer la historia cuando el trompa arruga. Blando como buen cura, si parecía que hasta tenía ganas de rajarse antes de tiempo y agradecía la estrolada.

Semana zangoloteada como batido de Gancia, la masa guaraní, que tiene su peso en la vida del glorioso, saltó leche hervida cuando el bacanerío paraguayo le cantó el requiem al presidente Lugo en un juicio con aire de sainete en un solo acto. Gran jornada de protesta y movilización en el salón “Ismael Celentano”, hubo discursos encendidos como el de don Francisco Sánchez, que llamó a organizar la columna Mariscal Solano López pa invadir territorio paraguayo desde el puente Encarnación, coronada a la final con festichola marabunta: buffé frua de chipá guazú, borí-borí, pastel mandioca, pajagua mascada y reviro, cerveza en barril y bailanta espetacular con la animación de la típica guaraní “Fulgor Mburucuyá Poty”.

Está claro que a la hora de la movida y unidos por el hilo común de la cultura guaranítica, correntinos, misioneros o paraguayos no le hacen asco a las patas. Cinco de la matina seguían bailando chamameces, polcas, cumbias o cuarteteras, lo mismo daba, rugiendo sapucay para adornar el entrevero.

Si la cosa venía movida, más peor se puso días después, vísperas de la convocatoria camionera del miércoles 27. Primero de todos, se apareció el Pelado Ferretti, socio activo 1289, pidiendo audiencia a la CD, solicitud impropia visto que no hace falta, cualquier asociado con carné al día viene un martes cualquiera y no tiene más que cachar una silla y sentarse con la jerarquía. Conocido por todos, el pelado Ferretti maneja la camioneta que le hace los repartos al “Car-Lau”, súper que no pasa de rotisería, justo de acá a la vuelta. ¿Y para qué? Adhesión del Social y Deportivo al acto camionero en Plaza de Mayo, eso pretendía, ni más ni menos, un despropósito asurdo que hasta el Presi, don Leopoldo Sastre, tomó pa la chacota: el único camión con acoplado que hay en el Club es la hija del tano Barilatti, 98-60-95, pinta de atorranta que mata y más carreras que Leguizamo.

Si se habrá ofendido el Pelado, nadies sabe, pero el tano Barilatti seguro. Lo cierto es que por estos wines, la convocatoria del capo cegetista fue discutida in estremis hasta opacar la enjundia del activismo guaraní

Para el caso, Carlitos Mercier, peronista de Perón según se intitula, puntero de la primera hora, dijo que iba a estar en la Plaza y estuvo dos de la tarde en punto, cuenta mientras ataca el primer Cinzano, firme y haciendo pogo con la barra mionquera, aguante merecido para el gran Hugo, un estadista, dice, un prócer de carne y güeso que cantó la justa.

Silencio respetuoso, nomás Marito, el pibe de la Cámpora, taco de billar en mano para la primera carambola, chamuya en sordina lo que otros piensan: estadista la pindonga, el camionero agarró mal la curva, mordió la banquina y despistó. Ni los amigos lo acompañaron.

Más silencio respetuoso, nadies quiere un rinsai dialético entre el Pibe y Mercier, que esto no es una Unidad Básica, no es, ataja el Rengo Marinelli y aclara que otro que estuvo en la plaza, fue don Marcial Caminos, la voz radial del glorioso en la FM 91.7 Estación Sur, aunque en su caso, haciendo honor al compromiso periodístico y poniendo al servicio de los radio escuchas su visual esaustiva y crítica, que seguro hay que leer en la columna habilitada en el blospot internético.

Todo bien hasta aquí, lo del Pelado Ferretti pasó de la raya y alquirió trascendencia mediática desde que apareció en la tele, canal 13, primer plano, talompa azul, camisa blanca, funyi de béisbol verde y blanco “Moyano conducción”, pechera verde del sindicato, y seguimos, que no sería nada pa juzgar mal si no fuera porque justo a la altura del cuore, prendido a la dicha pechera, bien visible, ¿qué tenía el Pelado Ferretti?, ¿qué se había puesto?, ni más ni menos, el escudo rojinegro del glorioso Social y Deportivo Fulgor de Mayo.

Al decir del Rengo Marinelli, la libertá es libre y cada quien puede hacer de su culo un pito, pero siempre y cuando no se comprometa la salud de la institución. Así que la suerte del Pelado está en el Tribunal de Disciplina y es fija que le piden la devolución del carné.

¿Alguien más fue? Cruce de ojitos. Nadies más, que se sepa y lo cuente, aunque sospechas con fundamentos caen a cuenta del Negro Gutiérrez, el de la gomería del camino de cintura, aquí presente, farol de Gancia en mano y un manís atracado en el garguero. A lo menos, se plegó a la huelga porque la gomería estaba cerrada, denuncia la Divina Colombres desde el mostrador, porque pasé a eso de las tres y no había nadies, cosa rara, porque hasta los domingos tiene abierto.

Silencio espetante. Dos carambolas al hilo de Marito y va por más mientras el Oreja lo quiere distraer con labia fina: el Negro cuida la clientela, son varios los ferchos que le compran cubiertas.

A palabras necias, orejas sordas, reaciona el gomero y era hora, salta el Rengo Marinelli, ¿fuiste o no? ¿A dónde? ¿Dónde va a ser? Dejenlón en paz, che. Que diga la verdá, la verdá no ofende. ¿Qué, le están haciendo un juicio político al Negro? Déjensen de joder. ¿Y qué hay si fue? Que va a ir, cuando el Negro cierra la gomería, seguro que está en el “Sensaciones” con alguna clienta que le garpa el turno. No sean así. Es la verdá. Dale, Negro, batí la justa, ¿fuiste? Listo, si no querés hablar. Por algo será. Porque fue a llevar a la nena a un cumpleaños. ¿En serio? Bolazo, te digo. Y así de corrido, opiniones pa todo gusto, se vacían los faroles de Cinzano y sigue el Negro Gutiérrez en silencio hasta que lo salva el gon del doctor Salvatierra, erudito jurista: si se me permite, hay que poner las cosas en su lugar y no se trata de condenar sin pruebas, toda persona es inocente hasta que no se demuestre su culpabilidad.

A dónde apunta el boga es un misterio. ¿Culpa de qué? Pero antes que arranque con citas griegas, más mejor ponerle pecho a las balas. ¿Y yo para qué vine?, tiende la mesa don Francisco Sánchez, al final aquí se habla de todo menos de la solidaridá argentino paraguaya, añamembuí, hay que organizar otra fiesta para la colecta de la Columna Solano López, que nomás espera la orden para movilizar al campesinado , al ocaraigua de Caacupé, Amambay, Boquerón, Ñeembucú junto al proletariado asunceño, che irú, a terminar ojagarra colorado y liberal, angiru Fernando Lugo. Y dale nomás, difícil decidir si quedarse con las las citas clásicas del doctor Salvatierra o con el verbo arrebatado de don Francisco, más peor cuando le surte a la grapa como si fuera Villavicencio. Cortala, paraguayo, hace treinta años que vivís acá, salta violeta Carlitos Mercier, ni te acordás del Paraguay. Cierre esa cloaca, compañero, le chanta don Francisco. Si no fuera por el General todavía estarías viviendo en carpa y comiendo lumbrices, insiste Mercier con la provocación. Usted es un descriminador, acusa el guaraní.

Maroma en puerta, el comentario último fue una cuchilla cortando el oxígeno del bar buffé. Don Francisco se planta de pie y amaga con pasar a los hechos, bien que en guardia de puño y listo pal tradicional cabezazo paraguayo, piña occipital de extraordinaria contundencia. Mercier lo mismo, parada ponja de kunfú, mirada oriental, un pie adelante y otro atrás.

Si se me permite, caballeros, los pueblos hermanos de Latinoamérica nos observan azorados, vano intento del doctor Salvatierra. Atrás, otra carambola del Oreja y puteada de Marito, el pibe de la Cámpora. Y caripela risueña del Rengo Marinelli: el que rompe una copa, la paga.

Asomado a la puerta de la cancha de bochas, el Cabezón Lagomarsino saluda con la pálida: ahora el Manco me va a descontar el aguinaldo de la jubilación, ¿está loco o comió pintura?

Silencio sepurcral. Cada cual en su silla. Y la voz dulcinea y embriagante de la Divina Colombres: ¿otra ronda de vermú?

domingo, 1 de julio de 2012

La Patria camionera


El mionca es un auto al que le cortaron un cacho de atrás pa ponerle caja y así cargar lo que venga: animales, vegetales o minerales, vivos o muertos, da lo mismo. El ser humano que maneja el mionca se denomina camionero, trasportista, fercho o mionquero,  y los nombres más comunes, según encuesta de la Standard Motor son:  Beto, Cacho, Negro, Chino y Groso, en ese orden. Según el Manual del Camionero, además de la habilidad al volante, todo fercho debe garantizar eselente potencia sesual, aunque en los tiempos que corren, esta cuestión está discutida. Así me explicó el Colorado Rosales miércoles pasado, clase magistral de la historia de la carga rutera nacional mientras viajábamos en bondi contratado. Destino: concentración Plaza de Mayo.
Gran tipo el Colorado, amigo de la infancia. Segunda generación de varones al volante, ya el viejo manejaba un Ford A llevando y trayendo gallinas allá por Coronel Brandsen. Llegó a tener camión propio, un Bedford 6000 t, con el que supo recorrer más kilómetros que el correcaminos. Murió en su ley, infartazo en la parte de atrás de la cabina mientras por 150 australes le hacía la fellatium una rutera que había levantado en Venado Tuerto.
El Colorado debutó en el mionca con 8 años recién cumplidos, para las vacaciones, acompañando al viejo. Así aprendió el oficio.  Ahora es una joda, me esplicó mientras caminábamos por la 9 de julio con rumbo a la Plaza,  ahora manyo un Escania con aire acondicionado, direción asistida, GPS, satelital y seguro, salario garantido que deja pal ahorro y lo que quieras. Pero antes, había que ser muy macho. Te cocinabas a fuego lento en la cabina cuando el verano, te calabas de frío pal invierno, te olvidabas de la familia, los amigos, y si llegabas a fin de mes, brindabas con sidral y limonada porque el laburo no daba para más.
Acectó llevarme a la Plaza pero me anestesió de entrada: no hablés al pedo, los muchachos están calientes, el trompa les llenó la zabeca y como vos sos medio kirrnerista, por ahí te zarpás, hablás de más y la cosa va a terminar mal. Mal para vos, que no te voy a defender.
Voy de incónito le dije. Movilero encubierto, vos me hacés la cobertura camionera y yo pelo anotación y columna periodística.
De acuerdo, pero vos ponete la remera verde del sindicato “Moyano conducción”, el funyi de beisbol camionero y a saltar cuando la masa salte, me aclaró.
Y así fuimos. Constitución, 9 de julio, Avenida de Mayo, y así bajando, mucho trapo y no tanta mersa.  Nomás que al ir entrando, una cuadra antes, sorprendió una recepción cacerolera de la Comisión de Damas del Club de Polo La Martina repartiendo escarapelas, caramelos media hora y haciendo sonar los teflones: camión y cacerola, la lucha es una sola.
Sorpresa del escriba, Pepe, Pepito, escuché y era la Petisa Clarita Berro Uzandizaga, un bombonazo de piba, ahora veterana con más botox y siliconas que Moria Casán: es el comienzo del fin, Pepito, la yegua se va a tener que ir, me estroló a la jeta, se va a acabar la dictadura kirrnerista.
El Colorado me junó como diciendo decile que sí. Sí, Clarita, le dije, es una vergüenza que a gente como uno se le niegue un dólar. Eso, eso, se entusiasmó Clarita. Se va acabar, la dictadura de los K, me cantó pa deleite y ahí se fue con la banduca polística, pa mi suerte, todo un alivio.
Lindas amigas tenés, me chantó el Colorado. Y seguimos. Costado de la plaza, a la derecha, la zurda a todo trapo y el escriba tomando nota de la cartelera más combativa y clasista. Lo ví venir. Era Carlitos Jeresota, sociólogo proletario, una eminencia de la Revolución Permanente, director técnico de piquete expres, talompa grafa de estreno y remera con la jeta de Trosky. Avanza la lucha obrera, Pepe, me abarajó de entrada. Pero la burocracia sindical, amagué… No me dejó terminar. Tranquilo, camarada, la ideología de la clase va a barrer con dirigentes burocráticos. Pero Moyano. .. Moyano es historia, no me dejó  hablar. Ahora hay que derrotar el bonapartismo kirrnerista, limarlo hasta que se agote, ¿capishe? Pero lo que viene después… Después nada, siguió más enfervorizado, la crisis del capitalismo es terminal y el proletariado revolucionario…
La mirada filosa del Colorado me apuntaba al norte, es decir, rajemos. Así que me despedí de Carlitos Jeresota lo más amable que pude y me mandé atrás del gomía que ya le apuntaba al centro de la Plaza. Así que iba, me trompecé como al pasar con la figura excelsa del Huevo Albarracín recortada entre el humo tentador de los choripaneros. Cara de monaguillo con infaltable poncho salteño, antiojos negros, me le acerqué pa agarrarlo de surpráis. ¿Qué hacés acá? ¿Vos también?, le chanté de prima. El quía me miró de cotalete. Muzzarella, Pepe, igual que vos, me imagino, junando el ambiente y haciendo conteo. ¿Cuánta gente calculás?
No hay que ser muy pistola pa sacarle letra al huevo Albarracín. Me llevó a un costado y me explicó: mirá, Pepe, lo dijo ayer la Presi, el impuesto a las ganancias es banca en todo el mundo, se podría subir el mínimo un cacho, un 20 % y así y todo el estado dejaría de percibir  6500 millones al año. Acá el gran déficit del gobierno es que sigue cajoneando una reforma integral del sistema impositivo, una reforma progresiva de acá a tres años que ponga freno a la economía en negro, que apunte hacia un tax único nacional y coparticipable. No puede ser que todavía no tribute la transacción financiera, la compraventa de monedas, de acciones, ¿tendés? El que más gana, más paga, clarita la cuenta, porque así como vamos, le das de comer a las fieras y te aparece un Moyano, tripa misma de la mafia sindical pero que la conoce lunga y te hace este quilombo. Quien te dice, por ahí es el momento propicio pa desempolvar una reforma.
 Claro que dejarlo chamuyar al Huevo Albarracín en medio de la hinchada mionquera  es cosa de suicida. Lo entendió el Colo y miró al cielo como diciendo yo no los conozco. Un morocho de percha furimunda y oreja atenta se plantó adelante. ¿Algún problema, maestro?
Faltaba más. Lo dejé al Huevo dando explicaciones y me mandé atrás del Colorado hacia el corazón del pogo camionero, a metros del palco donde el trompa se aprestaba pal discurso. Espetáculo danzante del tiempo e ñaupa, pichones de mamut anteliduvianos, una marabunta de vejetes canosos y culos atornillados, pero ni muchos ni tantos, algunos como escapándole a la foto, otros junando al piso pa esconder la trucha. Nadies le puede negar el poder construido en décadas y la capacidad de mover a una masa adicta, aunque para la ocasión, quién sabe si laburaron con empeño.
Como que me levantaban de la entrepierna, salto y salto, pogo infernal bien fulbolero, borombombón, soy camionero de corazón. Ole, ole, Hugooo, Hugooo. Al lado mío, el Colorado chivaba como en un sauna. Silencio pa escuchar al Hugo, discurso lungo de casi una hora, es al dope repetirlo.  Si ayer bancaba al gobierno que más hizo por los trabajadores, debió descular que le quitaron banca y saltó el charco para plantarse en la vedera del frente. Discurso pa dentro, cuchilla a la zapán del aparato pejotista, como decir: ojo muchachos, armemos la variante por derecha si quieren seguir en la gestión.  
Ole, ole, Hugo, Hugo, gran desbande y objetivo natural de este movilero, arrimarse al Jefe y sacarle la exclusiva en entrevista al pie del escenario, tarea titánica que no lo iba a amedrentar. Permiso, le calé al mishio boseador Patón Basile todo tatuado que la va de custodia, micrófono en mano y radiograbador noblez GT 40 modelo 83, joya eletrónica, unas palabritas don Hugo, para No se Paga Rescate, Radio Estación Sur, ¿cómo se siente? Como el culo, le escuché, no me aprieten, traigan la ambulancia.
Atrás, me dijo el tatuado, el macho no da entrevista a cualquiera. Pero en TN sí, le contesté. El lunfa me junó como pa comerme. Sentí el brazo del Colorado que me tiraba pa atrás. ¿Tas loco o te pico brontosaurio?, le escuché. Pero este movilero no se iba a achicar. Agarré por la tangente y gateando me arrimé a la ambulancia. Aquí, don Hugo, ¿se siente acompañado en este salto político?, le triné ventanilla al medio. Y de nuevo el boseador que me venía calando la agachada, me agarró del cogote y dulcemente me depositó de dorapa atrás de otro grandote de chaleco Moyano conducción, menos amable, es cierto, tomátelas o te reviento, me dijo.
Ningún movilero que se precie, arruga frente a la alversidad. Menos quien suscribe, don Marcial Pepe Caminos, ¿Por qué impide la labor periodística?, le pregunté,  ¿cuál es su gracia?. Gracioso una mierda, y de nuevo el brazo salvador del Colorado, justo cuando el gorila amagaba un apercat a la mandíbula. Tranqui, muchachos, el jovato está bajo tratamiento siquiátrico, se escusó, yo me hago cargo. Y así que lo dijo, me agarró del hombro y me sacó del bolonqui mientras cantaba la marchita peronista como si la supiera toda.
Abatido regreso. Me disculpo públicamente ante la audiencia de No se Paga Rescate, habida cuenta que esfuerzo sobrehumano no se pudo coronar en ojetivo. Gran tipo el Colorado, no dejó que me viniera la depre. Ya habrá oportunidá, me aconsejó, la cosa recién empieza, Pepe. Vos sabés cómo son los muchachos, si olfatearon que la Presi no va seguir pal 2014, están afilando los dientes. Para ellos, la ideología es lo de menos.
Y hasta aquí nomás, fue don Marcial Pepe Caminos. Saluti a todos, un abrazo y como siempre, Patria o Colonia, che, ya hasta más ver.

sábado, 9 de junio de 2012

La dislexia de la lumbriz


Emisión del viernes 8 de junio 

"No se paga rescate", hora 17.00 Radio Estación Sur, FM 91.7 La Plata


Aquí don Marcial Pepe Caminos, desde algún lugar de la estratósfera radiofónica argentina para la audiencia de “No se paga rescate”, saluti a todos.  Primera columna al aire de quien suscribe, a propósito del día del Periodista, la de hoy se intitula “La dislexia de la lumbriz”.
La lumbriz es un bicho de los más desagradables, primera ponencia pa lo que no hace falta erudición ninguna.  La más comunarda, la de tierra, es de la familia de los anélidos oligoquetos y hay un toco de especies diferentes, desde las pijoteras de 40 milímetros hasta la guasa lumbriz australiana que llega a medir tres metros de largo, un pedazo de bestia.
Que haiga lumbrices en la tierra es muy importante, justamente porque morfan tierra  y toda la porquería, la digieren como si fuera polenta y cagan bonito, cosa que,  a las canaletas que hacen en el suelo se le suma la caca muy rica en nitrógeno, el famoso humus lombricero.
La lumbriz no tiene cabeza, ni ojos, ni oreja, ni dientes, o sea, lo único que tiene es una boca succionadora y un culo excretor, que a la verdad, nunca se sabe si está adelante o atrás. No tiene corazón, nomás que unas válvulas en el vaso sangriento, apenas un ganglio en lugar de cerebro, una cadena nerviosa importante pa lo que es el bicho y, fundamental, un aparato digestivo de puta madre,  faringe, esófago, buche, molleja y chinchulín, o sea, que es una maquinita de morfar.
Organismo primitivo de utilidades múltiples, muchos animales comen lumbriz, incluido el hombre, que de algunas especies hace culto: secadas y hechas polvo, pa rellenar los Paty, y no faltará el plato de la cocina oriental que algún cheff  premiun las ponga de espaguetis con una salsa exotica de finas yerbas. No obstante, la lumbriz debe el estrellato fulgurante a su virtuosa exelencia pa la pesca deportiva.
Se sabe que los sumerios ya usaban la lumbriz para pescar en el Éufrates. En una excavación arqueológica, que era la tumba de Seneferu, primer faraón de la dinastía IV del Antiguo Egipto, por ejemplo, se encontraron caña flexible de bambú, hilos de papiro de alta resistencia, boyas de hojas de palma y primitivos anzuelos osidados, ovio, con restos secos de lumbriz lo que prueba que el monarca del Nilo ya se complacía en el arte de la pesca a flote del llamado bagre tebano y que a tal fin encarnaba anzuelo con el susodicho anélido.
Esta referencia no es gratuita. Quien haya tenido una lumbriz a mano, sabe de la porquería que se trata. De seguro que el faraón tendría un esclavo o esclava pa que le hiciera la asquerosa encarnadura. Nomás que agarrar el bicho sabiendo que es una tripa elástica, un reptil que no arrima a culebra, que se retuerce baboso entre los dedos, mismo un canuto fláccido de pura mierda, que es así pincharla pa que le salga como una pus, una cosa amarilla y desagradable, un olor como decir, a lumbriz, que nomás cortarla al medio es un espectáculo peor que ver a un cristiano en la guillotina, que le queda la mitad pataleando y la otra mitad igual, como si nada, como que culo y cabeza son lo mismo, como que en una de esas, y como pasa con alguna lumbrices, de un cacho se hace otra, en fin, como ya exliqué,  es un asco.
Ahora bien, se preguntará el radio escucha a que viene lo dicho, ponencia de hondo contenido zoológico pero de reververancia francamente repugnante. Y la cosa fue así, paso  a explicar. Vez pasada, domingo siete de la matina, como es nesario al inclemente oficio del notero, me daba a leer diferente columnas de opinión de los grandes medios, a saber entre otros, el doctor Grondona, Vanderkoinor, Gorileuco y otros más de los titulados independientes, y de ahí que en la dicha actividad intelectual se me cruzó por la cabeza, como petardo de naranjero, la puerca imagen de la lumbriz, pringoso bicho retorciéndose en el anzuelo.
Tiene derecho el oyente a inferir que este escriba padece de alguna colifatía masoquista, o que le convendría posta unas vacaciones en nosocomio mental, por eso de cambiar el atorro dominguero por una lectura tenebrosa. Pero no. Centrojás que pone la bocha al pie, don Marcial Caminos, quien suscribe, se la banca y apelecha. Descubre en de pronto que pa los opinólogos independientes, el ispa es una ruina, que el 54 % de los votos que apenas unos meses atrás manyó Cristina hoy no llegan ni al 15, que la esperpéntica caceroleada teflonera del barrio norte porteño  es el termómetro de la masa, que la inflación, que el cepo criminal al dólar y las importaciones, que la inseguridad, que la corrupción, que los pobres sojeros tienen que pagar impuestos como cualquier cristiano, y así de corrido, como una película de Franquistein de los sesenta , todo pinta blanco y negro, asusta pero no tanto.
Como la lumbriz, estos opinólogos existen y son nesarios. Distintos que la lumbriz, tienen ojos pero padecen de dislexia y se les trabuca la realidade porque la leen al vesre, porque parten de hechos ciertos  y preocupantes pero los encarajinan de tal manera que, como la lumbriz, cagan mierda incontinente pa abonar la tierra de sospechas cuando no mentiras. En de mientras, tallan con eso de la persecución que padecen. 
Minga independientes. Eso no existe. Nadie es ajeno a la ideología, ni observador ni observado, ni Gorileuco ni el infeliz pequebú que pudo ahorrar un mango y quiere verdes fresquitos, ni el que la levanta con pala y protesta, ni el que apenas llega a fin de mes y aún así apoya. 
Escena tragicómica, en la Europa los indignados piden trabajo, educación, salud. Y en este culo del mundo, los indignados porteños quieren dólares. Calate pa la dislexia, ¿Cómo leer esa realidad? Pero lumbrices babosas, anélidos oligarquetos, haciendo canaletas, caca embuchan y más caca excretan.
Fortuna grande, mi saludo posta pal periodista que no es lumbriz, que chingolo es, hornero, tero o pescado que en la lumbriz tiene su morfi predilecto.  Un abrazo, Patria o Colonia, che, y hasta más ver.

lunes, 4 de junio de 2012

Borges, el Aleph y los dólares


La sola mención de aquel nombre, Carlitos Daneri,  que al acabar de la primera ronda de vermuces tiró sobre la mesa el Ruso Urbansky, fue como ápercat de nocáu para Lagomarsino.  Carbonífero centelleo en sus ojos grises,  esa blandura de fierro que sabe desparramar en el gesto se le espiantó por alguna cloaca del alma y nomás le quedó como una rigidez posmorten  bailando fané entre las arrugas de los setenta pirulines. Beatriz, querida Beatriz, chantó en un susurro que apenas le oyó el Negro Gutierrez, sentado a la diestra.
La cosa había empezado hora antes. Los de siempre, más el Rengo Marinelli atento como nunca, tema obligado primerió en la conversa: la ceremonia que sabe engalanar cada 25 de mayo el salón de actos del glorioso, que a la patriótica gesta refiere el nombre de la institución, ovio, y a lo menos pinta la ocasión pa reunión de la CD, , Himno Nacional con el coro de alumnos de la escuela 24, ofrenda floral abajo del cuadrito de Mariano Moreno justo arriba de la puerta del tualé de caballeros y posterior chocolateada popular a cargo de la Divina Colombres, una esquisitez austera, pal caso, con más gusto a nescuíc que al del noble cacao.
Todo tranqui hasta allí, arrancó el Cabezón Lagomarsino:  via comprar 200 dólares al cobán, precio oficial cuatro cincuenta, y me dicen que no puedo, trinó fulo, ¿y por qué no puedo?, diganmén,  soy ahorrista en verdes, ¿y qué?
Silencio meditante. Es voz pópulis que al campeón bochófilo no le sobra vento pero tampoco le falta, más que por propios méritos en el yugo, por herencia que le cayó de peludo y que engrosó nadies sabe cómo, aunque amarrocando seguro.
 Viejo pijornia, fiambre y con guita, la mortaja no tiene bolsillo, le despachó  el Rengo Marinelli desde el mostrador. Y la terminó de embarrar el Ruso Urbansky cuando tiró de consejo: ¿querés comprar? Garpá seis mangos por el dólar blu, velo a Carlitos Daneri de parte mía, arbolito jaig definiyion en estratégica esquina de la citi, una garantía.  
Allí fue que la jeta de Lagomarsino se trasmutó como pócima de alquimista. ¿Carlos cuánto? Daneri, ratificó el Ruso. Y más peor, la voz del bochófilo fue como un susurro de ultratumba: Beatriz, Beatriz.    
Crónica que nadies desconoce, gûérfano de padre y madre a la temprana edad, el Cabezón se crió de pìbe con unos tíos que vivían en una casona de la calle Garay, como a veinte cuadras del club. Y había una prima, Beatriz, que más que prima fue como una obsesión, como un tornillo engrampado en la sesera. Era una mujer, una niña de una clarividencia casi implacable, confesó Lagomarsino alguna noche de escabio rabioso, había en ella negligencias, desdenes, verdaderas crueldades, y por ella me colifatié de pasional.  Con los años, me sentí tan seguro de poder olvidarla que a la final acabé recordándola siempre.
Si se me permite, irrumpe el doctor Salvatierra, erudito del derecho anque también literario, me suena a narrativa borgiana o estoy mamado. ¿Por un Gancia?, déjese de joder, lo paró en seco el Negro Gutiérrez, bueno para nada sino para echar leña a la fogata: ¿y qué pasó con la Beatriz?, ¿se la morfeteó Daneri? Seguro, ¿pero que tiene que ver la mina con los dólares?, odenó la conversa el Rengo Marinelli.  
Nada y todo. Doce años tenía el pibe Lagomarsino que fue cuando descubrió un sótano que había en la casa de los tíos. Nomás que bajando, se refaló por la escalera  y se dio de jeta contra el piso. Medio que se desmayó y cuando abrió un ojo, vio como un resplandor verdolaga, como una esfera de vidrio que nomás de acostado se podía apreciar. Impresión suliminal, y desde ese día, siempre que pudo, se mandó al sótano en cuestión pa ascultar  como crecía la bola, istrumento que pasó a ser todo, ojeto de culto, punto que contiene todos los puntos del universo, para usar las propias palabras de Lagomarsino, la bola verde,che.
Hay quien dice que al varón le patina el moño. Zulma Da Silva, pal caso, tarotista y clarividente según se intitula, que por algún tiempo fue querida del Cabezón,  en un arranque de despecho y en contrario al mutis profesional debido,  llegó a afirmar que de aquella vivencia infantil de la esfera infinita, a Lagomarsino le vienen las dos osesiones, a saber, las bochas y el verde billete americano. Para el Profe Zamudio, su coequiper fulgurense desde siempre, en cambio, minga que está pirucho: cuando finaron los tíos, vino la herencia, sabe contar. Daneri se comió a la Beatriz y buena parte de la torta. El Cabezón ligó lo suyo, suficiente para hacerle honor a la pereza, pero  de olfato ganador, siempre tuvo claro que el infinito, el punto esacto donde el todo se contiene, donde sujeto y ojeto son uno y es todo, está allí, en la bola verde de la calle Garay, que a la final era una pecera de vidrio donde los tíos amarrocaban los dólares y que al reflejo se multiplicaban infinitamente.
¿Mentiras? Pura verdá. Dicen que nomás una vez, ese Daneri, ya finada la Beatriz, lo convidó al sótano de la casa de la infancia donde el lunfa guarda los recuerdos de la difunta, fotos, muñecas, vestidos, como un templo dedicado a la grela, que allí se dio el duelo entre los dos amantes, uno que la puso y el otro que la soñó, uno que jotraba de arbolito con los dólares del sótano y el otro que los junta pa guardar en el colchón con la vana esperanza de replicar su propia bola verde. Por eso es que, aseguran,  Lagomarsino pasa horas acostado ajoba de su catrera. Tengo mi Alef propio, le confesó a Zamudio una vuelta, que fue cuando rajó un bochazo histórico en la final noventa y cuatro contra el tim del Círculo Japonés. 
Silencio espelusnante. Historia conocida, no es que se la esté echando sobre la mesa con Lagomarsino de cuerpo presente, pero cada quien la andará pensando para sí, eso seguro, visto que Urbansky ya reculó y amaga con disculpas: Danielli, no Daneri. Carlos Danielli es el arbolito amigo mío. 
¿Por qué no hablamos de algo más interesante?, propone Mercier, justicialista ineternun,  hoy siolista de la primera hora, según afirma, estuvo en el lanzamiento de la Juandomingo. ¿Otra ronda de vermuces?, propone Marinelli, sale con fritas de cocina, osequio de la casa. Pero la cuestión está latiendo igual que bombo del Tula y hay que ver la caripela de Lagomarsino, los ojos claros encendidos oscuros como de verde flúor, las manos añejas rendidas sobre la mesa, la voz difónica como de gritar seis goles en media hora: Beatriz. Si busqué el amor de una mujer, fue pa no pensar en Beatriz.
Hay que ponerlo en órbita al campeón, aconseja la Divina Colombres mientras al centro acomoda las papas fritas y lo mira a Lagomarsino, seguir enconchado a su edad, a usté le parece, le sacude, grosería posta, tan cierta como fuera de lugar, pero así es la patrona. Esa Beatriz Vitergo era un turra, aporta el Rengo mientras lava copas en el fregadero, a más de uno engrupió con el cuento de que tenía una bola verde en el sótano, centro mismo del universo, así que cobraba cospel de entrada, despachaba rápido y te daba el raje.  ¿Y vos cómo sabés eso de la Viterbo?, pregunta incinerante de la Divina y recule certero del Rengo: me contaron nomás.
La cosa sigue empantanada. El problema son los dólares y no Beatriz, razona el Ruso, fíjensén, los tíos de Lagomarsino ya amarrocaban en dólares por miedo a que los curraran en pesos, pesos argentinos, pesos ley,  en australes, con la tablita, con la convertibilidá. Hay que pesificar la economía pero también y fundamental, hay que pesificar la conciencia coletiva, ¿me esplico?, es una batalla cultural.
Cierto, chamuyo de Mercier, el dólar es el refugio esistencial del mamerto promedio. El platudo la camina por otros wines, sabe donde poner los huevos, pero el inorante de la ciencia inversora  tiene un templo incorrutible: el wáyinton fresquito, recién salido del horno, esos que se pegan y le das al dedo con saliva. ¿No sintieron el olorcito que pelan los verdes en fajo?
¿Y cómo?, se mete Marito, camporista esaltado, hasta el más rata hace bardo por la cotización, y eso porque los diarios y la tele están meta darle manija. Hay que aplicar la ley antiterrorista a los que joden con el dólar. Peso argentino pa todo el mundo y al que no le gusta que se vaya a vivir a Oclajoma o a Bagdá. ¿A dónde?, inquisitoria de Mercier. A Bagdá, a Irak. Eso está en África, bestia, sigue Mercier. En Asia, corrige la Divina. Es lo mismo, es colonia yanqui, concluye Marito.
Silencio a gritos. Sigue Lagomarsino en un nimbus, garrote esistencial que le apìlaron:  Beatriz, susurro escalofriante.
Mucho Beatriz pero bien que el hombre la junta con pala, castiga la Divina de camino al tualé, ya me está cansando.
Más silencio, nomás el eco. Beatriz.
Nueva  carraspera del doctor Salvatierra, cincuenta años de faso y lo mismo de mamotretos jurídicos, si se me permite, dice, he escuchado con atención tan vulgar y cerril  raconto que envilece la inteligencia y el sentido común, si es que existen en esta mesa, con su permiso, visto que se ha hecho mención al Alef, a ciertos personajes, y que incluso se ha deslizado algún que otro esimoron gratuito y ramplón, pido la palabra, si se me permite.
Silencio rajante, el Negro Gutiérrez atiende al relós y dice que mirá la hora, mañana madrugo. El Ruso se acomoda en la silla como para echarse una siesta y Mercier avisa que tiene reunión de la sucursal de la Juandomingo en minutos nomás. Punto final, Lagomarsino se despierta de su pesadilla erótica o mejor dicho, como solámbulo se levanta, los brazos estendidos pa delante y le encara a la puerta sin saludar. O revuar, dice desde la vereda.
Ronda de miradas. La cosa es que si el Cabezón tiene un Alef abajo del colchón, suma Mercier, cada dólar que junta se reproduce hermafroditamente infinitas veces, ¿será cierto? Eso nomás pasa en Manjatan, en wol estrí, sacude Marito, que hoy manya de geografía ni que fuera Jumbold, además, digo, ¿el Alef no estaba en un sótano?
Así dicen, razona Marinelli. Y ya de pie como para pirar, mirada fula y napia fruncida, inquisitoria del Negro : ¿Pero que carajo es el Alef?, ¿una maquinita de hacer dólares es?
El doctor Salvatierra, ateo confeso, mira el cielo raso del bar como fraile que juna al Paraíso, las manos ligadas a un rezo mistongo, y planta en súplica: Perdónalos, Borges, no saben lo que dicen.  
Última carambola de Marito, ¿qué tiene que hacer Borges en esta? ¿No era gorilón?