miércoles, 8 de mayo de 2013

Ese espicher del Dr. Salvatierra



Como un decir, el doctor Salvatierra anda como descorazonado, o mejor dicho, deseccionado ante tanta innoracia. Así explicó el Rengo Marinelli viernes pasado mientras preparaba la primera ronda de vermuces bajo la atenta mirada de la Divina Colombres, que en eso de pijotearle al gancia es una esperta y si fuera por ella, el vermu no pasaría de limonada.

Ahora que, volviendo al doctor Salvatierra, según el Rengo, la historia lo mancó de apuro con esto de los proyetos de reforma judicial y no le dio tiempo a nada. Boga erudito y preclaro en las ciencias leguleyas, toda una vida dedicada a la justicia, kilómetros de suela gastada en los pasillos tribunalicios, horas interminables dilapidadas en tratos con sus señorías, achicharradas sus retinas de tanto embuchar escritos y fayos, lo menos que quería el varón era que alguien lo escuchase.

La cosa fue que cuando recién empezaba la menesunda y nadies sabía de qué se trataba la historia, el presi del glorioso, le ofreció al tordo la istalaciones del salón Ismael Celentano para que, propias palabras de don Leopoldo, se esplayara con su inflamada verba en aras de esclarecer a la masa fulgurense ávida de conocimientos sobre estas cuestiones.

Y sí, tengo mucho pa decir, acectó el varón y, a modo de anuncio publicitario, la misma frase, “Tengo mucho pa decir”, y con su foto en tres cuartos perfil, anduvo empapelando las istalaciones del glorioso con cartelito fotocopiado que convocaba a su primera conferencia intitulada interrogativamente: “¿Reforma o Maquillaje de la Justicia?”

Hablar de fracaso es poco, o mejor dicho, no resume la circustancia. Presente a la hora de inicio, primera fila y medio que obligado por haber sido el ispirador de la iniciativa, estaba don Leopoldo Sastre junto a la tesorera, la señora María Josefina García, ambos dos en representación de la CD. Más atrás, el Ruso Urbansky, siempre interesado en meter bocadillo, Sara Amatti, la diretora del Escuela 24, con más dos pibes estudiantes de derecho y tres lunfas que se arrimaron por andar de paso, convencidos que la cosa terminaría con copa de vino y entremés. El resto eran sillas vacías, paisaje desolador capaz de desanimar al más pintado. Con todo, asegura el Ruso que el tordo se mandó el espicher como chamuyando a una multitú de fanas, acaso remembrando su inigualable prosa de los tiempos juveniles, cuando encendía corazones en las aulas universitarias.   

La segunda conferencia fue idea del Negro Gutiérrez, el de la gomería del Camino de Cintura, que no entiende un joraca de la cuestión pero que, nomás de ver al boga amigo tan desilusionado, lo convenció de repetir el convite, nomás que cambiándole el título a la disertación por otro consideró más efectivo con el mismo tenor interrogativo: “¿Qué hacemos con los jueces, eh?”

El mismo Gutiérrez se encargó de hacer fotocopiar la cartelería y mandó a sus pibes a colgar los anuncios en los negocios del barrio, a lo que le agregó un parlante en la puerta del club, la mañana misma del evento y hasta la tarde, con una grabación de su autoría que decía más o menos así: “¿Que hacemo con la justicia, eh? ¿Se queda como está? ¿A vos que te parece? No seas bruto y entérate. Hoy disertación espetacular del dotor Marcelo Salvatierra, diecinueve horas, no te la pierdas”. Y atrás, de fondo, las notas del hinno fulgúrense cantado por el coro de la Escuela 24: “Nacido en barrio de latas/ estampa obrera, sudor y cayos/  pasiones mi club desata / glorioso Fulgor de Mayo” .

Efetividá propagandística o hecho mismo de la que menesunda entre Diputados casi había llegado a los trompis, cuando la tarde de la conferencia, el salón Celentano lucía más mejor, no digamos que lleno completo pero a lo menos saludable: los muchachos del bar buffé, a pleno. Los viejos de las bochas, medio que obligados por el Cabezón Lagomarsino, presentes. Una barra bullanguera, no más de cinco, con bombo incluido y banderola “Mercier Condución”, se arrimó de la manos de Carlitos Mercier, peronista de Perón y puntero ineternum. Así que nomás se enteró Marito, el pibe de la Cámpora, movió a los suyos, seis o siete con pechera Unidos y Organizados. La nota de color, no ostante, la dio Raulito Marchán, el hijo de la farmacéutica, que se apareció con una delegación del “Movimiento gay-lésbico del Barrio Testil Argentina”.

Quintaesencia de la erudición hecha carne y güeso, el doctor Marcelo Salvatierra se presentó con un introito sereno, casi una confesión de fraile plena de tenicismos jurídicos, pero antes que tarde, despachó su verba incendiaria, discurso vibrante como pa resucitar muertos, nomás que apenas interrumpido con estudiados silencios en los que junaba al auditorio con su gélida mirada, pa arrancar de nuevo con “apasionados remates, zarpazos dialéticos que hacían hervir la sangre, retóricos sopapos de fecunda ilustración llamados a despertar la conciencia cívica en una amalgama de patriótico fervor y clarividencia ciudadana”, según publicó después la columna crítica del semanario “El Imparcial” de Barrio El Progreso.

A la verdá de la milanesa, hay que decirlo, el doctor Salvatierra sacó lustre de sabihondo pico. El problema fue que la inorancia del auditorio, incluida la de quien suscribe, no pudo descular la profunda esencia de las cuestiones planteadas en torno a los seis proyectos de reformas para el Poder Judicial, cuestiones que el  boga desmenuzó con paciencia franciscana y tal exceso de tenicismos que por momentos parecía que hablaba en japonés. La inquisitoria que le abonó el pibe Marito a la postre del discurso, fue la síntesis final que quedó flotando entre la mersa: Pero a la final, dotor, ¿está a favor o en contra de la reforma? Y la respuesta del tordo no hizo más que dejar congelada a la tiniebla conositiva de un auditorio precisado de guía espiritual: vana pregunta, querido rapaz,  tronó como un cíclope, ni a favor ni en contra, ni mala ni buena, si se me permite, insuficiente, imprecisa, inocuos laxantes de imberbe alquimista cuando los culos malolientes de sus señorías requieren de supositorios de trotyl y de flamígeras enemas reconstituyentes, módicos silogismos frente a códigos de procedimientos varados en las lóbregas catacumbas de la historia, si se me permite, cagaditas de gorrión.

Silencio respetuoso de aquel auditorio, no faltó el que asintiera con la zabeca ni aquel que alguna vez la fuera de monaguillo y entonces mirara al cielo como pa salvar el alma del tordo.     

Claro que nada es sencillo en la esistencia especulativa de un inteletual de la talla del doctor Salvatierra. Nomás cuando el varón desciende al montaraz terruño de una mesa amiga, generosa en vermuces y copeteos como  en prosaicas emulaciones de más bastos gomías, allí la enjundia se le hace labia franca  y la ilustración se le traduce en gracioso doblez o en pedestre opinión, como ahora, cuando la Divina Colombres arrima una tanda de ingredientes henchidos de espirituoso colesterol mientras el Rengo Marinelli riega el ejercicio masticatorio con faroles de Cinzanos y fernet. Los poderes del estado son inevitablemente colonizados por las clases dominantes, dice el doctor, si se me permite, es una cuestión tan elemental que hace la supervivencia de todo sistema, y sin embargo nadie lo reconoce. Muchachos, queridos muchachos, no se engañen, la careada independencia de la justicia es hija de la revolución burguesa, de los derechos individuales, pero fenece cual mariposa de dos días al menor atisbo de cambio social. Cuando escucho hablar a esos pelotudos de la independencia judicial, me da nausias, me da.

Silencio meditante. El pibe Marito, en la mesa de billar, va por la segunda carambola. El Cabezón Lagomarsino propone un brindis por la aplastante victoria del tim bochófilo sobre los archienemigos del Social Italiano. Carlitos Mercier impone otro por el papa Francisco, que es cuervo y peronista, dice, y por la reina Másima y la nueva comunidá holando argentina vaticana, una potencia espetacular. Y dale que va, la vida sigue, che. Nomás el Negro Gutiérrez se quedó pensando en eso de la justicia: ¿dotor, no le parece una exageración eso del supositorio y la enema?

Sonríe Salvatierra mientras contempla el ambarino elísir del Cinzano. 

domingo, 17 de marzo de 2013

Cagamus Papas



 La noticia lo alcanzó a este cronista cuando estaba en un boliche del trocén haciéndole a un feca junto al Pibe Garófalo. Y fue que en de pronto juné la tele encendida: el cardenal criollo ahora se llamaba Francisco y era el capo másimo de la Santa Madre Apostólica Romana. Cagamo, fue lo primero que pensé, pero no, no puede ser, Pibe, le dije a mi secretario, la corpo mediática siempre miente, son bolazos, deben ser las ganas que tienen. Claro que el cartelito del noticiero seguía en la pantalla, y tras cartón, ventana abierta, balcón fetén, se apareció el Jefe pa bendecir a los fanas que se apilaban en la Plaza. Era, nomás, el cardenal porteño, el mismísimo Jorge Bergolio. Cagamo en serio, le mandé al Pibe. Un frío escozor me caminó por el lomo como una yarará con el babero calzado pal almuerzo.
Esa misma noche, comida al paso, movilero tras la noticia, me lo fui a ver a un viejo amigo manyado en las cuestiones de la fe, el Pituco Sartori, que ya desde pibe la apuntaba a la sotana cuando le hacía de monaguillo al cura Antonio. Me recibió atrás de la sacristía, medio mismo de una fiestita íntima entre varias vecinas que celebraban el alvenimiento papal con profunda devoción patriótica. ¡Ar-gen-tina!, coreaban las señoras. Dios iluminó al cónclave, bendito sea el Pastor, me batió una de ellas, rosario en mano. El Señor bendice a nuestro país, me sacudió otra. El Pituco, Padre Fernando pa sus seguidores, me miró como diciéndome “perdónalas, hijo, de algo tengo que vivir”, pero todo bien, faltaba más. Ahora agarrate Catalina, la que se viene, me trinó a la oreja y de nuevo el chucho de frío me zapateó en la espalda como un malambo de Frankestein.
Cuestión que el Pituco despachó su feligresía con amable rapidez. Me hizo pasar al fondo, descorchó un tinto y a sabiendas de mis ácratas conviciones, me sacudió de prima con la cargada: y sí, Marcial, entrá a sumar. Fangio, Maradona, el Che, Messi, y ahora el Papa Francisco, ¿qué más nos falta pa convencernos? Nomás un astronauta bajando en Marte con la celeste y blanca del Diez y listo, no hay caso, Dios esiste y es más argentino que el locro.
Hijo tuyo, las pelotas, hablamo en serio o me voy, lo amenacé. Tranqui, Marcial, me dijo, entiendo que estés nerviudo pero es así, son misteriosos los caminos del Ñorse. Alguna razón habrá barajado pa iluminar a los púrpuras.
Me olí que me seguía cargando. Pero un gomía es un gomía, sea chorro, laburante o cura, como el caso del Pituco. Porque buen tipo, se hizo franciscano y fue macho pa escaparle a las ojetudas pompas con que más de una vez lo estimularon de arriba, me costa. Se aquerenció al rioba en capilla de segunda y la única tentación a la que nunca pudo escaparle fueron las minas. Por algo le decíamo el Pituco. Siempre tuvo levante y con la facha de curita bueno, más peor. Eso si, nunca con las ovejas de rebaño propio, es decir, las del barrio. Y menos con pendejos, me aclaró hace años, por las dudas. La astinencia sesual prolongada lleva a condutas jodidas y hay una cuestión inevitable: siempre, debajo de una sotana, hay un tiburón hambriento.
La verdá verdadera, el Pituco Fray Sartori estaba esultante esa noche. Mis contatos vaticanos me lo habían alvertido, me confesó, el Jefe pagaba una fortuna, 54 a 1 en el vati-bingo por interné pero era cartón puesto, apostabas una luquita y te parabas. Así que todo por la capilla, Marcial, acá no baja un mango, imagínate, ahora vamo a refacionar el comedor pal piberío humilde y, si sobra, voy a comprar unos cálices de acero inosidable, porque los de latón ya no van más.
Ni hace falta aclararlo, el Pituco no es un cura de los comunardos. Ahora en serio, me dijo, vos sabés que nadie llega a capotuti por ser bueno nomás. Dios está en el cielo pero abajo mandan los hombres y encontrar un culo limpio en Roma es más difícil que sacarle peras a un petiribí. Hay que tener más cintura que el Diego y saber negociar con la banca, el Opus, la CIA y el pirata Morgan. Y si te hacés el loco, terminás como Juanpi Primero, que duró treinta días y enseguida lo hicieron momia para escaparle a la autosia, ¿me esplico?
Más claro, echale agua. La cuestión es entender pa donde apunta la política, lo acicatié pa que siguiera, porque pa mi no es casual que chantaran un polaco justo cuando se venía abajo la soviética, ni casual debe ser ahora visto lo que pasa en estos pagos, ponele aquí, en Venezuela, en Brasil, en Ecuador, en Bolivia.
El Pituco se desinfló en un suspiro largo, me junó como si fuera Santa Inocencia, se clavó lo que quedaba de tinto y pidió disculpa: tengo sueño y mañana un día de locos, Marcial, la hinchada está frenética y quiere misa y celebración en continuado.
Así que me dio la bendición y me fui pa casa. ¿Dormir? Nada. El chucho de frío me seguía malambeando en el espinazo. Ya va a pasar, me dije, no es nada, después de todo, el Jefe no es de los peores. Imaginátelo a Aguer, el de La Plata, trepado al trono de San Pedro con el bacanaje del Santo Oficio. Pero consuelo de cuarta, llevo una semana sin pegar el ojo, calzado a la tele, la radio, leyendo los diarios y las revistas. Me surten con esclarecedores biandazos las biografías ciertas o truchas del Papa,  la jovata que una vez le cocinó un estofado a Bergolio, el kiosquero que le vendía el diario, el tachero que lo llevó cuando la huelga de subtes, la hermana emocionada, los sobrinos que no lo pueden creer y ahora son famosos, el vecino que una noche le escuchó un sonoro y santo pedo a través de la medianera, los novios que casorió en La Plata, el pibe que bautizó hace treinta años gracias a lo cual ahora es gerente y pinta casa en Pinamar, la nueva camiseta de San Lorenzo, las estampitas con la celeste y blanca, los chupasirios de siempre que perdono y los reciclados que no soporto, y así de corrido, esta ensalada de santería, cholulaje y argentinidá me pone los huevos al plato.  
Pa colmo, ayer me crucé con el Ñato Flores. La última vez que pisó una iglesia fue hace veinte años, para la comunión de la hija, la Susana, que ahora vive en Brasil con un carioca más morocho que Mandela. Me contó que lo llamó por teléfono, harto de escucharle al brazuca del Maracaná, de Pelé, del fuchibol mais bonito do mundo, de las mejores praias do universo. Harto, che, me dijo, así que le batió posta: seguí chupando, Brasil, nosotros tenemo al Papa, tenemo.

domingo, 10 de marzo de 2013

Somos Chávez



No había que ser inteleto piola pa imaginar que la güesuda le andaba pispeando las verijas desde tiempo atrás. Uno la veía venir, después de tanto cirugeo, con la palabra cáncer que mete miedo, con la cuidadosa reserva que los médicos cubanos sostuvieron cuando la última tajeada en Cuba, con los viajes que los mandamases latinoamericanos le hacían a la isla pa volverse después callados . Y luego, el regreso a la Patria, el silencio de quienes lo tenían cerca, la moderación de los pronósticos. Uno la olfateaba de posibilidá tan cierta como dolorosa. Pero igual el anoticiamiento que a la final se dio, fue un sacudón pal espanto, un trompis a la mandíbula que nos dejó en nocau sentimental. El comandante se nos había ido. Puta muerte, hay tanto conchudo parásito haciendo la plancha en una esistencia de mierda, por qué justo a él. Lo mismo que este cronista se preguntó allá por los setenta cuando la muerte de don Agustín Tosco, o hace poco, la de Néstor.
Si uno fuera creyente en la esistencia de algún dios, podría suponer que los Divinos, sea quienes sean, en alguna Comisión Política, de Planificación celestial o de infraestrutura universal, anduvieran necesitando el asesoramiento de los mortales más o menos entendidos, manyados en los asuntos del pobrerío, en las dolencias de los desheredados. Quién sabe si desde tan lejos, tipos como Zeus, Apolo, Cristo, Alá, Buda o quien carajo se intitule banca asoluta, pudieran arreglar las tropelías del bacanaje terrenal, de los dueños de la gran torta que se morfetean a gusto y de la que reparten nomás las migas. Quién sabe si a los Divinos les diera el cuero y entonces precisaran de consejos en carne y güeso.
Pero quien suscribe, por suerte o desgracia, es un anóstico en las cuestiones de la fe y no le queda más remedio que acectar el mandato del ADN, de la célula, del organismo y el celebro humano. No le queda otra y entonces embucha la suerte, putea como es debido, llora, vuelve a putear y se la banca. Hugo Chávez Frías murió y si aceda a la imortalidá, no será por obra de los cielos sino por la memoria de los pueblos.
Memoria de los venezolanos, antes que nadies. Memoria de millones de quías que antes no esistían para los titulares esclusivos de la renta petrolera, apenas humanoides grotescos que habitaban los cerros y el llano profundo, sangre descartable con menos valor que la de un perro, con perdón de los cánidos. Este cronista se ha plantado horas frente al televisor para ver desfilar a esa masa interminable de gente, desposeídos de antes que acaso muchos no hayan dejado de serlo en términos materiales pero que en de repente, por obra y gracia de ese hombre que les hablaba durante horas con la llana dialética del común, pudieron afirmar algo que al fin y al cabo les pertenecía, a saber, la propia esistencia. Si, esistimos. Somos. Vivimos. Y decidimos.
Acaso no haiga más suprema espresión de la condición humana que la posibilidá de decidir. Decidir ser, en primer lugar. Entonces uno ve a una piba que no tiene más de quince años, que nació con Él, quebrada en llanto y así de pronto hablando de Patria, de Revolución, de Socialismo con una soltura que te pega en el caracú, y después a una jovata que abraza un cuadrito humilde con la foto de su comandante y se le lengua la traba primero y vuelta con la Patria y las misiones y un primer médico que la revisó en sesenta años de vida, y más después un morocho de los que asustan, con más músculos que Bonavena, lagrimeando como un nene, el puño en alto y balbuciando al paso del jonca que a Él lo lleva: “Soy Chávez”.
A este cronista se le dio por llorar tupido también, si por la muerte del hombre, quizás, y con certeza, por esa irrución de dinnidad hecha carne, de amor gigante hacia el líder mezclado con el discurso posta con cadencia caribeña de miles de anónimos que, puestos frente a una cámara y micrófono soltaron una labia sin duda parida en las escuelas, en las esquinas de los barrios profundos o en el yugo de cada día: Patria y Revolución, todos somos Chávez.
Se me pone la piel de pollo, se me pone, me dijo mi ayudante aljunto, el Pibe Garófalo. Y sí.  A uno le viene esa cosa en las tripas que por algún hilo condutor va derecho al lagrimal. Y cuando en el velorio pasa un milico por delante del jonca, y allí se detiene un istante, y le hace la venia y se quiebra y se lleva el puño al cuore, mierda, cómo no engrillarse a la comparativa de lo que fueron los ejércitos en este culo del mundo durante tantas décadas sino milicias de ocupación imperial.
Pa la semblanza del comandante, sobran entendidos y no es cosa de agregar al dope. Si de entender su hacer de gobierno se trata, a favor o en contra, hay para regalar en los diarios, en la radio o en la tele, mismo que especulaciones de lo que vendrá, desde las fundadas hasta las más colifatas.  
Lo que trasciende al sencillo ver, es que más allá de lo que pueda decirse, ya el varón se hizo bronce en el mejor de los sentidos. Porque al bronce de nuestros próceres de la primera independencia, en parte enfriado por el tiempo y el destrato, es el suyo un bronce caliente en trance de fragua, metal que yerbe y libera energía cuando los panegirios del fin de la historia se hacen la puñeta frente al cuadrito de Fukuyama.
Y a la verdá, pa jovatones como este que escribe, las cosas que están pasando en estos años, la verdá verdadera, tiempo atrás no pensábamos que las fuéramos a ver. Que don Simón Bolívar haya salido de los viejos arcones, que un Evo, que un Correa, que viejos guerrilleros como Dilma o el Pepe Mujica, que Néstor y Cristina, cada cual con su vianda propia, qué se yo, es como estar soñando. ¿Sueños imperfetos? Cierto. ¿Desprolijos? Y qué querés. ¿Confusos? De seguro. ¿Sucios? Mas bien, así son las aciones de los pueblos cuando despiertan del letárgico. ¿Asurdos imposibles? Andá a cagar.        
        

miércoles, 27 de febrero de 2013

¿Irán o no Irán?




Comisión de la Verdad Fulgurense

Nueva reunión de la mesa consetudinaria en el bar buffé del glorioso, al calor icandecente del memorando al que los mandamases iraníes y argentinos le pusieron el gancho, fue idea rutilante del doctor Salvatierra chantarle cuorun a una velada esclarecedora sobre la cuestión, y en una de esas, dejar costituida una Comisión de la Verdad Fulgurense. Pavada de ojetivo no apto pa cardiacos ni glucémicos, a los fines de darle vento a la misma, qué mejor que convocar a distinguidos socios espertos en la defensa garantida de sus respetivas coletividades. Aprobación unánime que hubo, a los curdas de siempre se le sumaron el viejo Goldman y Danielito Kneilalej, primeros arrimarse al convite y ya cargados de puya. Estos persas de mierda siempre llegan tarde, sacudió el segundo mientras se acomodaba una cachiporra de látez en el cinto. ¿La piensa usar, será pa tanto?, lo inquirió el Negro Gutiérrez, a lo que el viejo Goldman le arrimó tranquilidá: es para disuadir nomás.
No fue tanto. Veinte minutellis después, se anunciaron el Turco Alí, que no es turco sino libanés, y como olíendole las asilas, don León Abdul y su hija, la Miriam, que da clase de danza árabe los martes y jueves en el Deportivo Saudita de la Avenida Belgrano. Trajieron dos botellas de anisados pa engolosinar los discursos. No hay que pijotiar con los gomías, surtió don León de prima, con una sonrisita sobradora que puso en alerta al Pelado Kneilalej.
Para la ocasión, cosa de no chivar a ninguno, el Rengo Marinelli tenía preparado menú especial, obra indescritible de la Divina Colombres: fuente de kippes y cuadraditos de arenque, que a la final resultaron merluza de la comunarda, y en tren de quedar joya con los árabes, pal picoteo, una tanda de falafel y unos fatay esquisitos que mandó la panadería y confitería Damasco, como apoyo logístico a la noble iniciativa diplomática. De copeteo, ronda de consabidos vermuces que nomás el Turco Alí trocó por tinto de damajuana.
Ispirador del rejunte, el doctor Salvatierra se ofreció de moderador tras un estenso introito plestórico de erudición, según acostumbra, rogando a la final que el disenso se encanutara por las vías pacíficas, como correspondería a destacados socios fulgurenses, cuestión en la que hubo acuerdo a esección de la alvertencia que hizo el Pelado Kneilalej: contando a la Miriam, ellos son tres y nosotros dos nomás, dijo, a lo que el Rengo Marinelli, desde el mostrador, le espetó que no se olviden del Ruso Urbanski, y a lo cual el susodicho aclaró que, la verdá, mi tronco judío se perdió en las frías aguas del Volga, pero si es para empardar, cuentenmén.
No es cuestión de número sino de calidá espositiva, aclaró Carlitos Mercier, justicialista de Perón, pero pueden anotarme imparcial, siempre en la tercera posición. Imparciales eran los fasos, que eran negros y dinamita pura, arguyó el Negro Gutiérrez, el de la gomería: a mí me da lo mismo, dijo, vine a escuchar porque del asunto no manyo ni pío.
Primera ronda vermucera, entonada la zapán con una yunta de kippes, el Ruso apuntó fiero: si la causa de la Amia y la embajada israelí están empantanadas hace como veinte años y apuntan para veinte más mínimo, qué mal puede hacerle probar una ronda de conversa con los presuntos reos, se preguntó, a no ser que alguien esté interesado en que no se conozca más de lo que hoy se sabe.
Dedo en la llaga, Marito, el pibe de la Cámpora, recién acomodado a la mesa del billar, se anotó el poroto. Pasa que la contra se opone a todo, trinó pa que se lo escuche, nadies hizo más que este gobierno para aclarar la cuestión.
Volvamos atrás dijo el cangrejo, interrumpió Samuel Goldman, lo primero es lo primero, hay un toco de víctimas más argentinas que el dulceleche, y eso hay que condenarlo, ¿estamos de acuerdo? Porque contrarius sense, no conviene ni empezar.
Silencio respetuoso que vino a rendir honor a los finados y parientes, el Turco Alí acotó lo nesario: la comunidá árabe de la Argentina condenó el incidente a su debido tiempo. ¿Incidente?, bramó el Pelado Kneilalej, ¿incidente lo llama a un atentado terrorista? Tranqui, sofrenó el tordo Salvatierra plantado de moderador, si se me permite, la etimología del vocablo in-cidente puede incluir la concección de atentado, diferente al ac-cidente que supone... Y allí se le cortó. Momentito, susurró el viejo Goldman, la cosa no es menor. El estado argentino va a negociar con un estado terrorista, y en una de esas, hasta hacer negocios, no me parece correcto.
La conversa había empezado de punta y raje. Mejor poner a la mersa en frigobar, intuyó la Divina Colombres, siempre atenta pa llamar la atención masculina, a esección de la del Rengo, propio marido. ¿Les gusta?, preguntó. ¿Qué cosa? Y salió de la cocina. Babucha violeta como la de Aladino, amplia camisa telaviv bordada con canutos y lentejuelas onda murguista uruguayo. Pa completar, velo trasparente que le tapaba la mitad de la jeta y detalle fundamental, collar con la estrella de David.
La señora mezcló milanesa con jalea de frutillas, pero le queda lindo, piropeó el viejo Goldman y tras cartón susurró a la oreja de Mercier: estilo serfaradí, me gusta más cuando se faja con la remera ajustada, que le salen los matambres como resorte.
Aplausos para la Divina, una vueltita a lo Nicol Niuman y vuelta a la cocina. Se van a quemar los falafel, se escusó. Y así que disculpada, enseguida el Pelado Kneilalej aprovechó el descuido de los zagueros y se mandó en diagonal con la bola al pie y un estenso raconto histórico, de lo cual dedujo que los persas siempre tuvieron ambiciones imperiales. Ciro, Darío, Jerjes, desde los aqueménidas, si los dejabas, capaz que hasta descubrían América y ahora todos hablábamos en babilonio. No se les puede dar espacio. Marca hombre a hombre, hay que hacerles.
Enseguida salió al cruce el Turco Alí: si no fuera por nosotros, ocidente todavía estaría jugando al tenenti con piedrita pómez, gil. O te olvidás que cuando en Persépolis hacíamos partidas de ajedrez, en Paris pintaban cavernas con dibujito de jardín de infantes…
Rápida intervención de tordo moderador, vamos al grano, dijo, y preguntó iso fato: ¿quién puso el caño en la AMIA? Porque, si se me permite, si los servicios de la inteligencia nacionales no pudieron siquiera descular la conesión local, menos sabrán de la internacional, es decir, si se me permite, será informeta de la CIA o del Mosad supongo, lo cual de desinteresado aporte no tiene ni el blanco del ojo, manyado que los yanquis le vienen apuntando fiero al petrolio musulmán. ¿Habrá que creerles? Ni hablar de la otra en la Embajada, que eso está parado en la Corte y bien guardado, por algo será, dicen que allí lo que esplotó fue un arsenal que había en el subsuelo.
En la Comisión de la Verdad Fulgurense nadies se chupa el dedo. Se chamuya en serio y no a las medias tintas de funcionarios y diputados. Calladita hasta aquí, la hija de don León, la Miriam, hizo roncha con argumento: el Irán de hoy no es el mismo de veinte años atrás, esplicó, como no lo es Argentina ni ningún país. No es la teocracia prehistórica que nos quieren vender. Hay de todo, como aquí. Es otra cultura y hay que respetarla. También hay que entender que desde la revolución islámica, es un pueblo que ha sido agredido permanentemente. ¿Esto justifica acciones de terror? No. Pero…
Salta violeta del Pelado Kneilalej: también el Estado de Israel es agredido. La guerra es la guerra, pasa que nosotros somos más delicados y espeditivos. Cuando tenemos un sospechoso en la mira, le mandamos un misil a la casa y nos ahorramos gastos de juicio y cárcel. Pero no volamos un club, eso si que no.
Callate, Pelado, si son santos ustedes, nomás le tiran con napal y fuego a un campamento de refugiados palestinos, contradijo el Ruso Urbanski, vos no podés defender a nadies.
Y este quién lo contrató, es un infiltrado ruso, siguió el Pelado. Y pare el carro, lechero, que ya se hizo manteca, sofrenó el viejo Goldman, ¿esta es la Comisión de la Verdá o no? ¿Y entonces? ¿Somo argentinos o no?
Silencio meditante. Segunda ronda de vermuces y plato fuerte: los fatay de la confitería Damasco acompañados de receta gastronómica de don León. El secreto es la carne cruda macerada en cebolla, estos son de mentira, arguyó, pero acá estamos hasta el caracú de mentiras. Algunos giles dicen que no hay que negociar con un estado terrorista como Irán, ¿pero cuál es el estado más terrorista del mundo? Si, señor, los Estados Unidos. Financian golpes, secuestran en todo el mundo, tienen campos de concentración, invaden países, bombardean y matan por miles, pero a la final, ¿quién deja de comerciar con ellos? Nadies, no seamos hipócrates…  
Silencio masticatorio. Los fatay estaban espetaculares aunque don León digiera que no eran  de en serio. Y callado hasta aquí, el Negro Gutierrez empinó el tercer cinzano que le sirvió de muso ispirador: hay que armar la Comisión y una colecta para juntar fondos y garpar los viajes a Terán. ¿O no vamo a ir? ¿Hay playa en Terán?
Desde la cocina, la Divina Colombres se anotó primera: si hay playa, yo voy, tengo un dos piezas que todavía no la estrené porque este Rengo, ni a Punta Indio me lleva.
Está cerquita del Mar Caspio, intervino el viejo Goldman, pero debe haber más petróleo que sal. No le aconsejo, doña. Ahora que, propongo al doctor Salvatierra para que presida la honorable Comisión y por su intermedio se hagan los contactos con la embajada persa pa que sufrague los gastos  de traslado y estadía. Propongo al Pelado Kneilalej como representante de la coletividá israelita argentina, y a la piba Miriam por la coletividá árabe, porque hay que darle espacio a la juventú.
Aprobación unánime y fraterna, el anisado del Turco Alí hacía castañar los mofletes. Por último, el Pibe Marito, por ser de la Cámpora, debería ir en nombre del estado argentino, sorprendió el Ruso Urbanski, en una de esas pone una unidá básica en Terán. Pero enseguida saltó Mercier, justicialista de Perón y tercera posición, en disidencia, ovio, porque el delegado tiene que ser peronista peronista, es decir, de Perón y Evita. ¿Y dónde lo encontramos?, chicanió el Pibe desde la mesa de billar mientras la apuntaba a la cuarta carambola al hilo.
Silencio digestivo, las botellas de anís estaban pinchadas o el licor se evaporaba con el calor del debate. ¿Y quién va a interrogar a los reos?, pregunta al vuelo del Rengo Marinelli, ¿alguien sabe hablar en árabe? La Miriam, algo pesca, ¿o no?, chantó don León, orgulloso porque es el padre. En inglés, o se piensan que son inorantes, trinó el Turco Alí. De ninguna manera, en idiye, porque sinó se confunde todo, saltó el Pelado Kneilalef. ¿Y quién habla eso acá?
Silencio final. El anís no se evapora así nomás. Se lo copetearon todo.