sábado, 9 de junio de 2012

La dislexia de la lumbriz


Emisión del viernes 8 de junio 

"No se paga rescate", hora 17.00 Radio Estación Sur, FM 91.7 La Plata


Aquí don Marcial Pepe Caminos, desde algún lugar de la estratósfera radiofónica argentina para la audiencia de “No se paga rescate”, saluti a todos.  Primera columna al aire de quien suscribe, a propósito del día del Periodista, la de hoy se intitula “La dislexia de la lumbriz”.
La lumbriz es un bicho de los más desagradables, primera ponencia pa lo que no hace falta erudición ninguna.  La más comunarda, la de tierra, es de la familia de los anélidos oligoquetos y hay un toco de especies diferentes, desde las pijoteras de 40 milímetros hasta la guasa lumbriz australiana que llega a medir tres metros de largo, un pedazo de bestia.
Que haiga lumbrices en la tierra es muy importante, justamente porque morfan tierra  y toda la porquería, la digieren como si fuera polenta y cagan bonito, cosa que,  a las canaletas que hacen en el suelo se le suma la caca muy rica en nitrógeno, el famoso humus lombricero.
La lumbriz no tiene cabeza, ni ojos, ni oreja, ni dientes, o sea, lo único que tiene es una boca succionadora y un culo excretor, que a la verdad, nunca se sabe si está adelante o atrás. No tiene corazón, nomás que unas válvulas en el vaso sangriento, apenas un ganglio en lugar de cerebro, una cadena nerviosa importante pa lo que es el bicho y, fundamental, un aparato digestivo de puta madre,  faringe, esófago, buche, molleja y chinchulín, o sea, que es una maquinita de morfar.
Organismo primitivo de utilidades múltiples, muchos animales comen lumbriz, incluido el hombre, que de algunas especies hace culto: secadas y hechas polvo, pa rellenar los Paty, y no faltará el plato de la cocina oriental que algún cheff  premiun las ponga de espaguetis con una salsa exotica de finas yerbas. No obstante, la lumbriz debe el estrellato fulgurante a su virtuosa exelencia pa la pesca deportiva.
Se sabe que los sumerios ya usaban la lumbriz para pescar en el Éufrates. En una excavación arqueológica, que era la tumba de Seneferu, primer faraón de la dinastía IV del Antiguo Egipto, por ejemplo, se encontraron caña flexible de bambú, hilos de papiro de alta resistencia, boyas de hojas de palma y primitivos anzuelos osidados, ovio, con restos secos de lumbriz lo que prueba que el monarca del Nilo ya se complacía en el arte de la pesca a flote del llamado bagre tebano y que a tal fin encarnaba anzuelo con el susodicho anélido.
Esta referencia no es gratuita. Quien haya tenido una lumbriz a mano, sabe de la porquería que se trata. De seguro que el faraón tendría un esclavo o esclava pa que le hiciera la asquerosa encarnadura. Nomás que agarrar el bicho sabiendo que es una tripa elástica, un reptil que no arrima a culebra, que se retuerce baboso entre los dedos, mismo un canuto fláccido de pura mierda, que es así pincharla pa que le salga como una pus, una cosa amarilla y desagradable, un olor como decir, a lumbriz, que nomás cortarla al medio es un espectáculo peor que ver a un cristiano en la guillotina, que le queda la mitad pataleando y la otra mitad igual, como si nada, como que culo y cabeza son lo mismo, como que en una de esas, y como pasa con alguna lumbrices, de un cacho se hace otra, en fin, como ya exliqué,  es un asco.
Ahora bien, se preguntará el radio escucha a que viene lo dicho, ponencia de hondo contenido zoológico pero de reververancia francamente repugnante. Y la cosa fue así, paso  a explicar. Vez pasada, domingo siete de la matina, como es nesario al inclemente oficio del notero, me daba a leer diferente columnas de opinión de los grandes medios, a saber entre otros, el doctor Grondona, Vanderkoinor, Gorileuco y otros más de los titulados independientes, y de ahí que en la dicha actividad intelectual se me cruzó por la cabeza, como petardo de naranjero, la puerca imagen de la lumbriz, pringoso bicho retorciéndose en el anzuelo.
Tiene derecho el oyente a inferir que este escriba padece de alguna colifatía masoquista, o que le convendría posta unas vacaciones en nosocomio mental, por eso de cambiar el atorro dominguero por una lectura tenebrosa. Pero no. Centrojás que pone la bocha al pie, don Marcial Caminos, quien suscribe, se la banca y apelecha. Descubre en de pronto que pa los opinólogos independientes, el ispa es una ruina, que el 54 % de los votos que apenas unos meses atrás manyó Cristina hoy no llegan ni al 15, que la esperpéntica caceroleada teflonera del barrio norte porteño  es el termómetro de la masa, que la inflación, que el cepo criminal al dólar y las importaciones, que la inseguridad, que la corrupción, que los pobres sojeros tienen que pagar impuestos como cualquier cristiano, y así de corrido, como una película de Franquistein de los sesenta , todo pinta blanco y negro, asusta pero no tanto.
Como la lumbriz, estos opinólogos existen y son nesarios. Distintos que la lumbriz, tienen ojos pero padecen de dislexia y se les trabuca la realidade porque la leen al vesre, porque parten de hechos ciertos  y preocupantes pero los encarajinan de tal manera que, como la lumbriz, cagan mierda incontinente pa abonar la tierra de sospechas cuando no mentiras. En de mientras, tallan con eso de la persecución que padecen. 
Minga independientes. Eso no existe. Nadie es ajeno a la ideología, ni observador ni observado, ni Gorileuco ni el infeliz pequebú que pudo ahorrar un mango y quiere verdes fresquitos, ni el que la levanta con pala y protesta, ni el que apenas llega a fin de mes y aún así apoya. 
Escena tragicómica, en la Europa los indignados piden trabajo, educación, salud. Y en este culo del mundo, los indignados porteños quieren dólares. Calate pa la dislexia, ¿Cómo leer esa realidad? Pero lumbrices babosas, anélidos oligarquetos, haciendo canaletas, caca embuchan y más caca excretan.
Fortuna grande, mi saludo posta pal periodista que no es lumbriz, que chingolo es, hornero, tero o pescado que en la lumbriz tiene su morfi predilecto.  Un abrazo, Patria o Colonia, che, y hasta más ver.

lunes, 4 de junio de 2012

Borges, el Aleph y los dólares


La sola mención de aquel nombre, Carlitos Daneri,  que al acabar de la primera ronda de vermuces tiró sobre la mesa el Ruso Urbansky, fue como ápercat de nocáu para Lagomarsino.  Carbonífero centelleo en sus ojos grises,  esa blandura de fierro que sabe desparramar en el gesto se le espiantó por alguna cloaca del alma y nomás le quedó como una rigidez posmorten  bailando fané entre las arrugas de los setenta pirulines. Beatriz, querida Beatriz, chantó en un susurro que apenas le oyó el Negro Gutierrez, sentado a la diestra.
La cosa había empezado hora antes. Los de siempre, más el Rengo Marinelli atento como nunca, tema obligado primerió en la conversa: la ceremonia que sabe engalanar cada 25 de mayo el salón de actos del glorioso, que a la patriótica gesta refiere el nombre de la institución, ovio, y a lo menos pinta la ocasión pa reunión de la CD, , Himno Nacional con el coro de alumnos de la escuela 24, ofrenda floral abajo del cuadrito de Mariano Moreno justo arriba de la puerta del tualé de caballeros y posterior chocolateada popular a cargo de la Divina Colombres, una esquisitez austera, pal caso, con más gusto a nescuíc que al del noble cacao.
Todo tranqui hasta allí, arrancó el Cabezón Lagomarsino:  via comprar 200 dólares al cobán, precio oficial cuatro cincuenta, y me dicen que no puedo, trinó fulo, ¿y por qué no puedo?, diganmén,  soy ahorrista en verdes, ¿y qué?
Silencio meditante. Es voz pópulis que al campeón bochófilo no le sobra vento pero tampoco le falta, más que por propios méritos en el yugo, por herencia que le cayó de peludo y que engrosó nadies sabe cómo, aunque amarrocando seguro.
 Viejo pijornia, fiambre y con guita, la mortaja no tiene bolsillo, le despachó  el Rengo Marinelli desde el mostrador. Y la terminó de embarrar el Ruso Urbansky cuando tiró de consejo: ¿querés comprar? Garpá seis mangos por el dólar blu, velo a Carlitos Daneri de parte mía, arbolito jaig definiyion en estratégica esquina de la citi, una garantía.  
Allí fue que la jeta de Lagomarsino se trasmutó como pócima de alquimista. ¿Carlos cuánto? Daneri, ratificó el Ruso. Y más peor, la voz del bochófilo fue como un susurro de ultratumba: Beatriz, Beatriz.    
Crónica que nadies desconoce, gûérfano de padre y madre a la temprana edad, el Cabezón se crió de pìbe con unos tíos que vivían en una casona de la calle Garay, como a veinte cuadras del club. Y había una prima, Beatriz, que más que prima fue como una obsesión, como un tornillo engrampado en la sesera. Era una mujer, una niña de una clarividencia casi implacable, confesó Lagomarsino alguna noche de escabio rabioso, había en ella negligencias, desdenes, verdaderas crueldades, y por ella me colifatié de pasional.  Con los años, me sentí tan seguro de poder olvidarla que a la final acabé recordándola siempre.
Si se me permite, irrumpe el doctor Salvatierra, erudito del derecho anque también literario, me suena a narrativa borgiana o estoy mamado. ¿Por un Gancia?, déjese de joder, lo paró en seco el Negro Gutiérrez, bueno para nada sino para echar leña a la fogata: ¿y qué pasó con la Beatriz?, ¿se la morfeteó Daneri? Seguro, ¿pero que tiene que ver la mina con los dólares?, odenó la conversa el Rengo Marinelli.  
Nada y todo. Doce años tenía el pibe Lagomarsino que fue cuando descubrió un sótano que había en la casa de los tíos. Nomás que bajando, se refaló por la escalera  y se dio de jeta contra el piso. Medio que se desmayó y cuando abrió un ojo, vio como un resplandor verdolaga, como una esfera de vidrio que nomás de acostado se podía apreciar. Impresión suliminal, y desde ese día, siempre que pudo, se mandó al sótano en cuestión pa ascultar  como crecía la bola, istrumento que pasó a ser todo, ojeto de culto, punto que contiene todos los puntos del universo, para usar las propias palabras de Lagomarsino, la bola verde,che.
Hay quien dice que al varón le patina el moño. Zulma Da Silva, pal caso, tarotista y clarividente según se intitula, que por algún tiempo fue querida del Cabezón,  en un arranque de despecho y en contrario al mutis profesional debido,  llegó a afirmar que de aquella vivencia infantil de la esfera infinita, a Lagomarsino le vienen las dos osesiones, a saber, las bochas y el verde billete americano. Para el Profe Zamudio, su coequiper fulgurense desde siempre, en cambio, minga que está pirucho: cuando finaron los tíos, vino la herencia, sabe contar. Daneri se comió a la Beatriz y buena parte de la torta. El Cabezón ligó lo suyo, suficiente para hacerle honor a la pereza, pero  de olfato ganador, siempre tuvo claro que el infinito, el punto esacto donde el todo se contiene, donde sujeto y ojeto son uno y es todo, está allí, en la bola verde de la calle Garay, que a la final era una pecera de vidrio donde los tíos amarrocaban los dólares y que al reflejo se multiplicaban infinitamente.
¿Mentiras? Pura verdá. Dicen que nomás una vez, ese Daneri, ya finada la Beatriz, lo convidó al sótano de la casa de la infancia donde el lunfa guarda los recuerdos de la difunta, fotos, muñecas, vestidos, como un templo dedicado a la grela, que allí se dio el duelo entre los dos amantes, uno que la puso y el otro que la soñó, uno que jotraba de arbolito con los dólares del sótano y el otro que los junta pa guardar en el colchón con la vana esperanza de replicar su propia bola verde. Por eso es que, aseguran,  Lagomarsino pasa horas acostado ajoba de su catrera. Tengo mi Alef propio, le confesó a Zamudio una vuelta, que fue cuando rajó un bochazo histórico en la final noventa y cuatro contra el tim del Círculo Japonés. 
Silencio espelusnante. Historia conocida, no es que se la esté echando sobre la mesa con Lagomarsino de cuerpo presente, pero cada quien la andará pensando para sí, eso seguro, visto que Urbansky ya reculó y amaga con disculpas: Danielli, no Daneri. Carlos Danielli es el arbolito amigo mío. 
¿Por qué no hablamos de algo más interesante?, propone Mercier, justicialista ineternun,  hoy siolista de la primera hora, según afirma, estuvo en el lanzamiento de la Juandomingo. ¿Otra ronda de vermuces?, propone Marinelli, sale con fritas de cocina, osequio de la casa. Pero la cuestión está latiendo igual que bombo del Tula y hay que ver la caripela de Lagomarsino, los ojos claros encendidos oscuros como de verde flúor, las manos añejas rendidas sobre la mesa, la voz difónica como de gritar seis goles en media hora: Beatriz. Si busqué el amor de una mujer, fue pa no pensar en Beatriz.
Hay que ponerlo en órbita al campeón, aconseja la Divina Colombres mientras al centro acomoda las papas fritas y lo mira a Lagomarsino, seguir enconchado a su edad, a usté le parece, le sacude, grosería posta, tan cierta como fuera de lugar, pero así es la patrona. Esa Beatriz Vitergo era un turra, aporta el Rengo mientras lava copas en el fregadero, a más de uno engrupió con el cuento de que tenía una bola verde en el sótano, centro mismo del universo, así que cobraba cospel de entrada, despachaba rápido y te daba el raje.  ¿Y vos cómo sabés eso de la Viterbo?, pregunta incinerante de la Divina y recule certero del Rengo: me contaron nomás.
La cosa sigue empantanada. El problema son los dólares y no Beatriz, razona el Ruso, fíjensén, los tíos de Lagomarsino ya amarrocaban en dólares por miedo a que los curraran en pesos, pesos argentinos, pesos ley,  en australes, con la tablita, con la convertibilidá. Hay que pesificar la economía pero también y fundamental, hay que pesificar la conciencia coletiva, ¿me esplico?, es una batalla cultural.
Cierto, chamuyo de Mercier, el dólar es el refugio esistencial del mamerto promedio. El platudo la camina por otros wines, sabe donde poner los huevos, pero el inorante de la ciencia inversora  tiene un templo incorrutible: el wáyinton fresquito, recién salido del horno, esos que se pegan y le das al dedo con saliva. ¿No sintieron el olorcito que pelan los verdes en fajo?
¿Y cómo?, se mete Marito, camporista esaltado, hasta el más rata hace bardo por la cotización, y eso porque los diarios y la tele están meta darle manija. Hay que aplicar la ley antiterrorista a los que joden con el dólar. Peso argentino pa todo el mundo y al que no le gusta que se vaya a vivir a Oclajoma o a Bagdá. ¿A dónde?, inquisitoria de Mercier. A Bagdá, a Irak. Eso está en África, bestia, sigue Mercier. En Asia, corrige la Divina. Es lo mismo, es colonia yanqui, concluye Marito.
Silencio a gritos. Sigue Lagomarsino en un nimbus, garrote esistencial que le apìlaron:  Beatriz, susurro escalofriante.
Mucho Beatriz pero bien que el hombre la junta con pala, castiga la Divina de camino al tualé, ya me está cansando.
Más silencio, nomás el eco. Beatriz.
Nueva  carraspera del doctor Salvatierra, cincuenta años de faso y lo mismo de mamotretos jurídicos, si se me permite, dice, he escuchado con atención tan vulgar y cerril  raconto que envilece la inteligencia y el sentido común, si es que existen en esta mesa, con su permiso, visto que se ha hecho mención al Alef, a ciertos personajes, y que incluso se ha deslizado algún que otro esimoron gratuito y ramplón, pido la palabra, si se me permite.
Silencio rajante, el Negro Gutiérrez atiende al relós y dice que mirá la hora, mañana madrugo. El Ruso se acomoda en la silla como para echarse una siesta y Mercier avisa que tiene reunión de la sucursal de la Juandomingo en minutos nomás. Punto final, Lagomarsino se despierta de su pesadilla erótica o mejor dicho, como solámbulo se levanta, los brazos estendidos pa delante y le encara a la puerta sin saludar. O revuar, dice desde la vereda.
Ronda de miradas. La cosa es que si el Cabezón tiene un Alef abajo del colchón, suma Mercier, cada dólar que junta se reproduce hermafroditamente infinitas veces, ¿será cierto? Eso nomás pasa en Manjatan, en wol estrí, sacude Marito, que hoy manya de geografía ni que fuera Jumbold, además, digo, ¿el Alef no estaba en un sótano?
Así dicen, razona Marinelli. Y ya de pie como para pirar, mirada fula y napia fruncida, inquisitoria del Negro : ¿Pero que carajo es el Alef?, ¿una maquinita de hacer dólares es?
El doctor Salvatierra, ateo confeso, mira el cielo raso del bar como fraile que juna al Paraíso, las manos ligadas a un rezo mistongo, y planta en súplica: Perdónalos, Borges, no saben lo que dicen.  
Última carambola de Marito, ¿qué tiene que hacer Borges en esta? ¿No era gorilón?          
     

viernes, 11 de mayo de 2012

¿Qué pasó en Velez?


Cuando el gran Ismael Celentano, fundador e ispirador del glorioso, ya listo su sobretodo de madera, se dio a reunir amigos y seguidores alderredor de la agonía, nomás lo animaba la necesidá de trasmitirles sus más íntimas conviciones. Según cuenta el Ruso Urbansky, testigo ocular y auditivo, sus postreras palabras fueron almonitorias: coraje, muchachos, mientras haiga nasta, funca la máquina y sigue la historia.

Nunciado motivo de académicos debates, siempre estuvo claro que la referencia al hidrocarburo  era una metásfora de las tantas que calzaban en una sesera prodigiosa como la del gran Celentano. Hoy, el aserto alquiere machaza atualidad: sin nasta ni gas estamos al horno y aquí nadies se hace el otario. La recuperación de la nastera vernácula yenó de júbilo a la masa societaria fulgurense.

Abierta la iscrición, un fangote de anotados, en mionca de “Fletes La Veloz” puesto gratarola por Ruben Casas,  le encaramos al mitin de Vélez junto doctor Salvatierra con más treintena de adictos nacionales y populares, descontando al pibe Marito y al Oreja que se apuntaron en las previas pa estar en primera fila con la muchachada de la Cámpora. Y detalles al margen, no fue cosa facilonga hacerse un lugar en la tribuna. ¿Y ustedes quienes son?, nos inquirió un acomodador en la puerta. Faltaba más, tener que dar garantía de lustre y renombre. La masa rojinegra se mandó como jauría de hinchada fulbolera y antroden, lugar premiun en una ochava, a cantarle a Gardel.

Claro que más difícil que abrirse paso es patear la yeca a la vera del doctor Salvatierra. Erudito de la ciencia humana, de gusto sobrio y esquisito, mordaz y sarcástico, más agrio que limón esprimido, que se sepa, nada le surte fetén y a todo le chanta un pero. Que una bandera le tapaba la visual, que el tronar del bombo le daba la migraña, que el humo de los choripanes le cogestionaba la napia, ya en las previas del discurso presidencial estuvo al toque de los trompis por quejoso, pero más por esa manía de cuestionar y poner dudas donde no caben, es decir, bien que en medio de los fanas.

Para las tres de la tarde, la posición del boga en la tribuna de adictos se había complicado, como quien dice, visto que a la espresión de una señora entrada en carnes, que fue que dijo medio a los gritos que esto es lo más lindo que hay en el mundo, refiriéndose a la espetacular concentración kirrnerista, el tordo echó mano a sus conocimientos filosóficos y sacudió citas de un tal Kan y un libro de Crítica del Juicio, medio como chantándole que a la verdá, lo estético no se puede medir, señora, le dijo, si me permite, no puede haber ninguna regla de gusto ojetiva que determine por concectos lo que sea bello, puesto que todo juicio de esta fuente es estético, es decir, que su motivo determinante es el sentimiento del sujeto y no un concecto del ojeto, testuales palabras.

La cosa se le puso más complicada. La señora lo miró como preguntándole si la estaba tomando pal fideo,  y más peor se puso cuando intervino el hijo de la doña, un animal como de dos metros, músculos pa levantar bolsa de cemento por dos, que mirándolo fijo a Salvatierra inquirió a la vieja como al pasar: ¿algún problema, mamá?

Visto que el tordo no achicaba y amagaba con un driblin de discurso, quien suscribe no me iba a quedar viendo el amasijo, y menos acabar ligándola también. Así que, borratina, no lo conozco, enfilé tribuna abajo silbando un tanguito, mismo allí donde la masa parecía más tranqui. Y en eso estaba, batiendo disculpas por la molestia, cuando sentí una mano como de plomo que me agarraba del cogote y una voz que me decía ¿Cacho, sos vos? Y era nomás. Lo manyé de entrada, más viejo, claro, flaco y lungo, los bigotes con rulito y la famosa cicatriz en la zurda de la caripela. ¿El Chango Rearte? El mismo. ¿Qué hacés acá?, pregunta de opa. ¿Y qué esperabas, verme tomando el té en el yóquey clu?, me sacudió.

Varón de alcurnia petrolera, quien sepa de algún pozo o perforación que el Chango Rearte no haya conocido, que lo apunte en el libro de los faltantes. Era un mocoso cuando allá por el 60 entró de operario en la destilería Ensenada de la YPF, entonces la más grande de Sudamérica. Plena dictadura de Onganía, el pibe ya era un esperto en las cuestiones de la industria y a más, con bautismo sindical durante la gran huelga petrolera del 68. Dos meses de paro, muerto el fóforo del crakin catalítico, siete mil obreros anduvieron a tiros, piñas y molotós con los cosacos que ocuparon Berisso y Ensenada, épica jornada que fue el preludio de las luchas que pintarían los 70. A la final de la huelga, el Chango Rearte se anotó en cuanta espedición se le plantara. De norte a sur anduvo domando válvulas, afilando brocas y taladros, sanando malacates y balancines de bombeo, desde Salta hasta el estremo sur, sajando caminos, montando campamentos, fundando pueblos, organizando sindicatos y poblando el sur, eso también, porque a la verdá, cuántos hijos hizo allí por dónde anduvo, nadies sabe.

Así que así, el Chango Rearte en Vélez, sonrisa petrolera, felicidá enorme, me surtió abrazo pa la asficia. Que alegría, Cachito, mirá que a la señora Cristina la he puteado antes por haberle bancado el negocio a los gallegos, por socia que fue del latrocinio, pero así es la política, hermano, y hoy hay que hacerle el aguante, ¿no te parece?  

Y sí. ¿Qué podía retrucarle?  Jubilete ahora, toda su esistencia teñida de carbón, cocinado su pellejo en grasas y aceites, en heladas, nevazones  y calderas, también el alma o lo que sea le ha de navegar al garete en un océano de negras olas encrespadas, uno imagina, que loca jugarreta del destino, a la mejor edad lo mancó a metros del disco el sopapo privatizador, le dieron el raje por pipiolo, justo a él, al Chango Rearte, varón parido en charcos de fueloil. Festejá, Chango, le dije, y vi de que los ojos se le empañaron de lágrima tiznada. Me junó bien y me chantó al oído: en las venas me clavaron una bombilla, me chuparon sangre gasolera, Cachito. ¿Y qué? Sigo vivo y vuelvo a nacer.

Espetacular paisaje, lo dejé al Chango Rearte hablando solo y me puse a difrutar del entorno velezano. Multitú fenomenal. Banderas pa hacer dulce. Piberío que no se ha visto desde tiempo anteliduviano, mocosos entusiasmados por la política. Si esto me lo contaban cinco años atrás, seguro me cagaba de risa, escuché de pronto a la espalda. Cincuentón pasado de moda, cuatro pelos en la mollera y así con todo, colita de caballo a la espalda, remera con estrella roja y era el Profe Gatica, viejo perreté, oservador entusiasta pero crítico, me aclaró, hasta aquí me arrimé por curiosidá antropológica, más claro que una tesis de Levi Estraus, Cachito, ¿pensás que va a durar esto?, ¿qué será eso de la sintonía fina?

Pero la cosa no daba para el analis. La Presi en el escenario. Griterío desbordante. Película de Costurica, allá arriba chamuyaba la señora de negro y ajoba se emocionaba una flaca de San Justo hasta el llanto que no era joda, allá en el esenario se calaban las jetas de varios goberna que se miraban asortos y ajoba una banduca de pibas gritaban amor por Cristina. De cotalete, se quejaba un trompa: falta justicialismo. ¿Dónde está el Pejota y la Cegeté? Y ahí nomás, como pegado al dicho, un cocalero repartía la gasiosa a módico precio y aljunto al vaso, combo de osequio, papelito con la letra completa de la Marcha Peronista. Sale como pan caliente, me aseguró, los pibes la quieren aprender completa.

Lo calé de lejos al Gordo Carrasco, titular del Sportivo La Estrella, tradicional rival bochófilo y jurado enemigo en la liga del fulbo infantil, almacenero ayer y supermercadista ahora. Me le fui por la espalda y lo cacé desprevenido. ¿Dónde escondiste los paquetes de yerba, gordo trásfuga?, le solté pa dormirlo de una. Regaló risa samporlina: no acuséis en vano, varón, en el asunto tallan las cadenas grosas. Me va bien con el kirrnerismo y apoyo.  ¿Y si mañana se complica? Ahí volvemo a parolar, me sacudió.

La burguesía no garantiza un joraca, la voz del Profe Gatica que venía como siguiéndome, los proletarios parecen aristocracia obrera y los movimientos sociales son la vanguardia revolucionaria en el capitalismo global. ¿Socialismo? Nooo, nacionalismo popular, que en estos tiempos es mucho, Cachito, no le des más vuelta.

Seguía la Presi con su discurso y uno que trataba de escuchar pero no lo dejaban. Martita Saraví me amuró contra el alambrado. ¿No eras radical vos?, le apunté al riñón. Si, pero vine a acompañar a la nena que se me hizo de la JP, me batió como disculpándose, está tan entusiasmada y a los hijos hay que ver en qué andan, Cachito, mirala como disfruta de la fiesta. Y sí, remera de la JP y vaqueros calzados como con engrudo, la piba saltaba descosida y que soy soldado del pingüino, cantaba, cosa que era pa poner nervioso al más púa. Cómo creció la piba, me salió del alma. Pero si es una nena, viejo marañón, me salió al ruedo don Ramón Num, la voz romántica de la FM Futuro, 94.5 del dial con suerte y viento del este en Villa Ortúzar, ahora de movilero radial. Hago la crónica del amor en la barricada política para la audición Pasional, me esplicó, mecho historias verídicas con música joven, un poco de Nino Bravo, de Aznavur, Julio Iglesias y Javier Solís, récor de audiencia, Cachito, ¿la escuchaste?      

A rajar. A escuchar a la Presi, pero no. Trapos de todos los colores: entre blanco, negro y celeste, las rojas con la hoz y el martillo. Es parte de la revolución democrático burguesa, se me arrimó el Pelado Domínguez, está claro que este es un gobierno en disputa y si hay que tragarse algún sapo, mejor echarle sal y pimienta. El kirrnerismo será revolucionario o no será, concluyó, estamo en una autopista, Cachito, y si se queda la renoleta, te llevan puesto, ¿entendés?

Clarito como el agua clara, los veteranos de la Bernalesa se me vinieron al humo. No escuches sanata vieja, me trinó al Pájaro Saldías, esta es la incubadora peronista del nuevo movimiento histórico, resumen de la mejor tradición nacional, popular y latinoamericana. Cristino a muerte, Cachito. Y ahí nomás, como saltando a la yugular, se me apareció la Negra Martínez, remera celeste con estampado Sabatella: kirrnerista sí pero faquir nunca, vidrio no comemos,  estar con Sioli y los tránsfuga del conurbano es como acostarse en colchón de clavos.

Final a toda orquesta. Bandera rojas, banderas negras, cantaba el roker Indio Solari. Hay de adactarse, me susurró a la oreja don Estanislao Frías, del Fortín Gaucho Amanecer Criollo, si zampamos una zamba o un tango cadenero, no sapa naranja, dale con el rock y la puta madre que los parió. Tranqui, don Estanislao, ¿no lo vio al dotor Salvatierra por ahí? Pero el paisano ya se iba como arrastrado por el torrente juvenil de la Cámpora y pidiendo a gritos salvavidas de corcho. En la ambulancia, lo llevaban pal nosocomio, le alcancé a escuchar .

Dicho y hecho. Suerte que me le escapé a tiempo, ya lo dije, difícil andar a la vera del tordo. A lo que se ve, un ojo en compota y labio hinchado, como si le hubieran calzado botox.  ¿A quién se le ocurre decir que discurso lavado y soso el de la Presidenta, que menos consistente que Anaxágoras y los presocráticos, justo en medio de una hinchada barrial de Soldati.  ¿A quién se le puede dar por recitar a Epicuro de Samos y las diferencias sustanciales entre el hedonismo y la ataraxia bien que en el cuore de la torcida camporista de Berazategui? Pero así es el doctor Salvatierra y hay que manyarlo como viene.  

Silencio auditoriun en la mesa consetudinaria del bar buffe. El Rengo Marinelli amenazó de entrada con un convite de champán celebratorio por lo de YPF pero la Divina Colombres le sacó punta al lápiz, hizo cuentas y lo convenció de que no, conformensén con lo de siempre y a cargo del consumidor, aclaró, la banquina está refalosa y no da pa tirar manteca al techo. El Ruso Urbansky trocó vermú por mate cocido, que a la final le va a salir más caro que el olmúgler onderroc que encaró el Cabezón Lagomarsino como siempre. O la criolla infusión se le subió al cerebelo o la astinencia vermucera  le pegó en el ansiolítico, cuestión es que el veterano, lo que nunca, está como agresivo. Al mitin lo vi por la tele, porque la vieja de mierda no me dejó ir, dice y se refiere a la jermu, que mucho tiempo parado, que me podía patinar el bobo, que la presión, y yo como un vichenzo le hago caso, un día de estos cazo la mandolina y me voy con otra orquesta. En la gomería siempre hay lugarcito para un varón en el esilio, ofrece el Negro Gutiérrez.

Callado hasta aquí, el doctor Salvatierra muestra con orgullo sus heridas de guerra. Es parte del debate político, no guarda rencor sino al vesre, que ha sido como volver a vivir, como en  tiempos de estudiantina docta, esplica, si se me permite, cuando al virulento incienso de la asamblea, el arte del trompis y el puntapié jalonaba y ponía moño a la convicción idiológica. Tiempos idos que han de volver,  egregio comedor estudiantil platense donde se apuraba el alimento antes de la batahola de bandejas de acero, celebérrimas aulas pletóricas de enjundiosa oratoria a puño cerrado y corrida presta.    

Silencio sepurcral. El Rengo Marinelli apunta la hora. Lástima no haber ido al mitin, dice, yo lo hubiera defendido al doctor, que será cargoso, no lo niego, pero un amigo es un amigo. No era pa dejarlo en banda hablando eso de los griegos.

Carga su culpa el hombre, quien suscribe. Y se va a dormir.

lunes, 2 de abril de 2012

Balance y cornalitos

Alta concurrencia a la consabida mesa del bar buffé, semos los de siempre y otros más. Primer aniversario del blospot fulgurense, brindis y festejo anunciado aunque debate y autocrítica también, justo y nesario que se apersonaran de la CD sus miembros rutilantes, a saber, don Leopoldo Sastre, presidente en ejercicio, Carlitos Maldonado,secretario, la Turca Bassur por la combativa Comisión de Damas y más otros como el Cabezón Lagomarsino. Pero madrugó a la festichola, mismo que virus de la gripe, negro nimbus de turbión sobre su prístino delantal de la docencia, Sarita Amati, socia activa del glorioso y diretora de la Escuela 24 de acá la vuelta. Ni en preparativos la primera ronda de vermuces, en trance de reposo las asentaderas, sacudió malaria como con bronca y junando: las maestras están indinnadas por eso que dijo la Presidenta en el Honorable Legislativo, que nos quejamos al cuete, que tenemos tres meses de vacaciones, mentiras, labia de tachero que escucha radio diez, a Fernanda, la señorita de 2º grado le dio la depresión y Rosita, la de 5º, amenazó con suicidarse a lo bonzai. A lo bonzo, como los monjes, la corrigió el doctor Salvatierra. No, a lo bonzai, por redución corporal.

A la gorda no le vendría mal bajar unos kilos, opinó el Negro, bueno para nada, fuera de sintonía como siempre. Y furimunda mirada de la diretora, amenanza en puerta: esijo repudio istitucional a las espresiones de la Presidenta o renuncio al club de los amores y mismo aquí le prendo fuego al carné, he dicho.

Arranque a cien por hora, mesa rante de gomías decidores, ta claro que este no es el ámbito apropiado pa ninguna declarativa, intentó esplicar Carlos Maldonado, secretario aljunto, y aunque así fuera, su solicitú no está en la orden del día. Y razón que le cabía en parte, más mejor sería elevar sugerencia a la CD que se reúne los días miércoles, concluyó. Pero minga, ni Sarita Amati se había avenido para volverse con las manos vacías ni nadies de esta mesa la escapado nunca a la solidaridá. ¿Comisión redatora aquí mismo, en la mesa de al lado?, invitación del Rengo Marinelli que ya aprontaba las primeras copas. Ni falta que hacía, la diretora tenía preparado el pronunciamiento de labia cuidada con distingo a la vestidura presidencial pero quijostesca en la denuncia: retire los dichos, su eselencia, que hasta los estadistas saben reconocer errores.

Todo bien, pero a la hora de poner el gancho, el más guapo duda. Firma de los aquí presentes a esección de Carlitos Mercier, peronista de Perón, que hay que ver qué opinan los muchachos, se escusó, nadies se apila de contra cuando el que conduce pinta ganador. Y así que cuestión resuelta, giro de la declarativa a la CD, vamos a lo nuestro, que es un año del blospot y el brindis pide cancha.

Entrada con tuti. Gancia con limón para todos y surtidos ingredientes que la ocasión justifica. Lo de siempre, manices, palitos, aceitunas, más mila en cuadraditos, fritas de cocina, vinagreta y por la baranda que ya inunda el buffé con su aroma oceánico caraterístico, frutos del mar al caer. Eseccional. Cornalitos que estaban de oferta, anuncia la Divina Colombres desde el fogón, pero no se atraquen, hay para todos pero coman con delicadeza.

Un año en la interné, ¿por qué el Fulgor de Mayo no tiene atividad en el féisbuc ni en el tuíter?, aviesa inquisitoria con aire crítico de don Leopoldo. ¿Y eso?, pregunta por pregunta que sacude el Negro Gutiérrez, que algo del feisbu oyó hablar al hijo. Así que larga perorata de don Leopoldo para hacerle entender al Negro de lo que se trata una red social, y es al cuete, concluye justo ahora, es como hablarle a una ternera en la puerta del matadero. Vamos de nuevo, ¿por qué no estamos en el féisbuc?

Silencio meditante. Las mila en cuadraditos están de rechupete y los faroles de gancia se evaporan como charco en enero. Nadies aquí se da por erudito en la ciencia computadoril y menos le sobra el tiempo a ninguno pa estar el santo día pegado a la máquina, sugiere el Ruso Urbansky mientras se acomoda la postiza. Y esposición que se agradece, si se me permite, se anuncia el doctor Salvatierra, nuestro humilde blospot es una simple página literaria de hondura faraónica costruida con enjundia espartana, campo de batalla idiológica, acuosa batea de los desheredados, ramplón decir, si se me permite, ámbito feraz de la letura que abona en casi mil correos letrónicos mensuales. Nuestro blospot esige letura crítica, atividad masticatoria y deglución inteletual. ¿Qué se ganaría en ese féisbu plagado de liliputenses espresiones, vacíos me gusta y no me gusta, ascrición de amigos que no son tales? ¿A dónde nos llevaría el insípido tuíter sino a resumir toda gansada en pocas palabras? Con todo respeto, estimados amigos, me opongo.

Acuerdo de mayoría, agradecidos todos de que el boga no se haya esplayado en los clásicos griegos, irrumpe la Divina Colombres camino de la cocina con la primera tanda de cornalitos: pal feisbu hay que estar todo el día conetado, es decir, al garete, con perdón de la palabra. ¿Y a donde la mala palabra que pide disculpa?, pregunta del Cabezón Lagomarsino, callado hasta aquí pero agrandado que viene con el trofeo obtenido en campeonato bochófilo del Cultural Sevillano. Mutis de la Divina, nomás deja la fuente con fruto de mar al centro de la mesa y vuelve a la cocina batiendo las ancas igual que modelo de alta costura.

Avalancha y manotazos a la porción ictícola, nomás don Leopoldo se banca compostura. Volviendo al tema del blospot, dice, hay preocupación en la diretiva por ciertas espresiones, sin contar algunas críticas recibidas que no han caído bien. Y así que así, pela del bolsillo manojo de meils recibidos, se chanta los lupines y lee, por ejemplo, personajes de un tiempo sin existencia, ahistóricos de un lunfardo olvidado, propuesta inverosímil, una porquería, y así de corrido, opiniones de las fuleras un montón. Debiera también leer las buenas, sugiere Carlitos Mercier, groso toco de letores que siguen a rajacincha los editoriales del bar buffé, varones y damas de letras muchos, no es pa tanto, don Leopoldo.

Tanta preocupación no se le vio al hombre vez pasada cuando la comemoración del 24 de marzo, istalación en las vederas del glorioso con una muestra del artista plástico Marcial Perrini y vibrante alegato de Camila Fernández, hija de desaparecidos, hay que decirlo y es opinión de este escriba, don Leopoldo no se arrimó ni pa saludar. Pero la busarda manda y nadies escucha. Las espinitas de los cornalos se me clavan en el garguero, se queja el Negro Gutiérrez, apurá otro gancia, Rengo. Y en eso va Marinelli, esperto en cóteles y tragos.

Callado hasta aquí, don Carlos Maldonado, secretario aljunto y olfa natural de don Leopoldo, tira con balín de aire comprimido mientras a lo Dartañán pelea por el último cornalito en la fuente: ¿el blospot, digo, no se podría escribir en castellano?

¿Y en qué está escrito, en japonés?, sacude el Negro Gutiérrez junando de coté la nueva fuente de cornalitos que arrima la Divina mientras desde el mostrador aclara Marinelli que no hay más, así que despacio pa sentirle el sabor, si morfan a lo bestia, les pongo mortadela.

Silencio mandibular, nomás se escucha crujir los pescaditos. Se estraña el sonido augusto de las bolas del billar, el aporte juvenil de Marito y el Oreja, hoy en mitin kirrnerista por la menesunda con YPF. Ausencia con aviso y nota que dejaron clavada en un taco, arriba del paño verde: viejos de mierda, escriban de la naciolización de los recursos nasteros.

Argumento para don Leopoldo, peiper en mano, ven lo que digo, hasta los pibes se contagian y redatan pal carajo, ¿qué les cuesta espresarse con altura? Asiente el secretario, como corresponde, y no así la Cecilia Bassur, bandera feminista de la Comisión de Damas, que no le importa como hablen pero sí de lo que digan. Esplíquese, doña, sugiere Mercier. Doña las pelotas, clava puñal la Turca, compañera es mejor, si les parece. Y nadies va a discutirle, sabido el caráter que tiene. Hágale nomás. Y le hace, que sí que no, sexistas, machistas, ¿por qué no hay mujeres en los editoriales del bar buffé?, y que si las hay, nomás por ovia referencia a culos y tetas, señores, nunca un ejemplo femenino de entrega y valor cosustanciado con nuestra reivindicación emancipatoria de género, fálicos misóginos, esigimos presencia y protagonismo en el blospot de nuestro club.

Silencio espetante y cruce de ojitos, sabido es que toda respuesta será usada en contra. ¿Qué es un misogi no sé cuanto?, pregunta del Negro Gutiérrez a la oreja del doctor Salvatierra que igual escucha la Turca y más peor se pone. Riansén nomás, dice, un día de estos vamos a ocupar una mesa del buffé, acá al lado, y vamos a escribir nuestro propio editorial.

Silencio respetuoso y faroles vacíos, tercera ronda de vermuces por aclamación. Nadies le discute a la Bassur por laureles ganados en la historia del glorioso y del ispa todo, mina de ovarios cargados con dinamita, seis años a la sombra en Devoto, violada y torturada cuando la milicada, viene de comparecer en los juicios a los genocidas. A veces le patina el embrague y ve enemigos donde no los hay, pero se le disculpa, susurra don Leopoldo, ¿no hay más cornalos?

Una tanda más y basta, apunta la Divina, pa lastrar así váyansen al Ibérico. La prósima sale de mortadela, canta Marinelli. Fuente al centro más pijotera y avalancha.

El mujerío va a tener su espacio, irrumpe el Negro Gutiérrez y la embarra, como siempre. ¿Mujerío dijo?, pregunta indinnada de la Turca y quilombete en puerta, visto que no está sola. Trina la Divina y aplaude la diretora de la Escuela 24: ¿Mujerío?, escuchenlón, ¿así se le habla a las compañeras? Tranqui, chicas, quiere apaciguar Carlitos Mercier, peronista de Perón fultaim, la Rama Femenina siempre tiene un lugar en el movimiento aunque no se note, mismo que las manzaneras. Y peor se pone la cosa. Lo de Mercier huele a chanza y urge la voz preclara del doctor Salvatierra, que no ostante se demora en un combate desigual con Lagomarsino por el último cornalito. Rápido pal manoteo, el bochista campeón puede hablar y comer a la vez: no hagamos del festejo un rinsai sesual, a taitas y grelas nos une el amor y el espanto.

Carraspera de cuarenta años de faso, el doctor Salvatierra amaga un driblin de oratoria pero se le adelanta la Divina Colombres como adivinándole intención: usted es el menos indicado para hablar, cuatro divorcios encima, ninguna mujer lo aguantó. ¿Y eso qué?, pregunta el boga, ¿acaso en el Olimpo los dioses y diosas no se divorciaban, no se metían las guampas?, si se me permite, lo suyo, señora Divina, es una católica concección puritana, ergo machista demodé. ¿Demo qué?, pregunta del Negro Gutiérrez. Fuera de moda en franchute, le esplica el Ruso.

Lo que está fuera de moda es el blospot, interviene de nuevo el secretario Maldonado, ni un dibujito, carencia de imágenes, en la inerné eso no sirve. ¿Qué les cuesta poner aunque sea una foto?

Silencio sepurcral. Si quieren yo me ofrezco para posar, se apunta la Divina Colombres, que veinte años atrás fue reina del alcaucil en los pagos de Arana. ¿Vestida o en cueros?, pregunta lidibinosa de Carlitos Mercier. Más respeto, sugerencia del Rengo, dorima púa, así como la ven, cuando se produce, la Divina es un bombón. De cianuro, cuhetazo del Negro. Y otra vez la Turca Bassur: siguen tratando a la mujer como un ojeto, parenlán.

Más silencio. ¿Y los cornalos?, pregunta de don Leopoldo. Se los comieron todos, no se haga el fesa que usté también le dio parejo al diente, razona Marinelli, si quieren, hay mortadela.

Se agradece pero no, está bien, faltaba más. Copitas pal brindis, eso sí. Sidra y fresita, osequio de don Lepoldo. Un año del blospot en la interné se merece y próximo ojetivo de dos mil meils mensuales, ¿no será mucho? Ni tanto, nomás para empezar, alvierte Mercier y chanta másima justicialista, la única verdá es la la realidá.

Y ya el escabio se amura a las neuronas, más mejor dejarlo así, saluti a todos.