miércoles, 11 de enero de 2012

José Pablo Feinmann y las tiroide de la tía Berta

Días pa trocar los gomicuer y los talompa por ojotas y cortito, nada detiene el paciente laboreo de este escriba, cierto que copeteado de felicidá por el estraordinario ésito de la oferta fulgurense del año nuevo. Inumerables meils recibidos de letores y almiradores de nuestro blospot, a todos se agradece, no ostante lo cual, premio único, ganador en intachable sorteo fue un confeso seguidor de nombre Damián Callegari, según se presentó, enfermero diplomado y en clínica atividad. Treinta abriles a lo más, ambo celeste de acrocel, nomás que se apersonó a la mesa consetudinaria del bar buffé, acectó compartir un trago con la muchachada. Para mí un “margarita”, le dijo al Rengo Marinelli, que lo junó como si fuera un marciano. Esa no es la especialidá de la casa, salió al paso la Divina Colombres, le puedo hacer una ginebra con toquecito de granadina y hielo. Y el fulano se acomodó enseguida: lo que ustedes tomen, pero con yelo.

A la verdá, el quía vino de regalo. Mesa consabida a la zurda del mostrador, falta Carlitos Mercier, de vacaciones en hotel sindical de la Ciudad Feliz, y mismo el doctor Salvatierra, que mandó un meil desde algún lugar de la serranía cordobesa, ya que sabido es que el boga no deschava paradero en feria judicial. Presentes don Leopoldo Sastre y el Petiso Maldonado pa hacer entrega del premio, de antes que el enfermero apareciera ya el chamuyo venía por el lado de la salú, y más precisamente de la salú presidencial, tema que bartoleó Marito, el pibe de la Cámpora, recién llegado de la vigilia militante a las puertas del abacanado nosocomio de Pilar. La quirúrgica fue un ésito, dijo mientras acomodaba las bolas del billar, la Presi está ok y lista pa conducir el modelo nacional, popular y democrático.

Hay que decirlo, semos todos espertos en la ciencia endocrinógica. Las tiroide son unas glándula que están por acá, primerió el Negro Gutiérrez mientras se agarraba el cogote, que bien podían ser las amídalas, la tráquia y hasta el esófago, la cosa es que a las minas, pasado tacuarembó, se les manca seguido y la mejor solución es estirparlas de raíz pa prevenir el cáncer. Son las glándula produtoras de hormonas, aclaró el Ruso Urbansky, por eso que cuando se ponen fulas, como que queman aceite y les ratea el motor, a veces con una afinación quedan perfetas y ni falta que hace cambiarle aros. Y eselente introito que desbordaba erudición, la Divina Colombres no se quiso quedar atrás: a lo que sé, hay hípertirodismo y hipotirodismo, que es mucho o poco. ¿Qué cosa? La glándula, se agranda o se achica, sacude mormonas en eseso o ratea, como dice Urbansky, siguió esplicando la Divina, que lo leyó en la Para Ti, y además, a los hombres también les pasa, digo por el Negro que piensa que nomás que a nosotras.

Boca abierta del enfermero premiado, de seguro que no puede creer la hondura nosiológica que talla en esta mesa. Nomás que hace un rato, el presidente del glorioso, don Leopoldo Sastre, se esplayó a gusto con detalles de la punción tiroidial, cuestión que al Negro Gutiérrez le bajó la presión y pidió que cortenlán que me impresiono, a mí las agujas me dan pánico esénico. Más peor es cuando te cirugean del garguero, siguió el Petiso Maldonado, que por secretario nunca quiere ser menos que el Presidente. La costura te viene zurcida como tajo de degollado, aseveró, ni las cuerdas vocales zafan, quedás piando con voz de canario con anginas. En serio, cortenlán, rogó Marinelli desde el mostrador nomás que por ver la palidez mortuoria del Negro, lo que importa es la política y no la enfermedá. Y todos de acuerdo con más silencio espetante, al Rengo no le quedó otra que seguir paroleando: lo que no veo bien, tiró como echándole nasta a la fogata, es que la Presidenta se haya operado en esa clínica privada, que para mí lo correto es que se hubiera internado en un hospital público, que hay los mejores médicos, como Evita, que se apelechó al Finoquieto, que así se hace, con dinnidá y humildá, como debe ser, como cualquiera de la masa laburante.

Silencio gelatina, la voz de Marito ahora suena más ronca que agresiva: ¿que sos, de la derecha ahora que andás haciendo bardo con eso?

Tranquilos, muchachos. Ya se estraña el decir apaciguante del dotor Salvatierra, varón de sesera siempre atento a confundir con sus citas griegas. Ese sanatorio Austral es del Opus Dei, esplica el Ruso Urbansky, fino y bacán, nomás que pa millonarios, la verdá que el Rengo tiene razón, hubiera sido un golazo darle crédito a la salú pública, ¿y usté qué opina?

Luz verde pal enfermero, si no habla ahora, mejor que se vaya. Maneras delicadas en eseso, levanta el meñique cuando empina el vaso de cinzano y el trino le sale aflautado, como un decir, medio amariconado: yo de política no sé nada, es la Presidenta y supongo que le habrán indicado los mejores especialistas. No digo que en el hospital público no los haya, pero el equipo médico que intervino está muy reconocido.

No es la cuestión, atropella el Petiso Maldonado, seguro la señora tiene obra social, y pal caso hasta a mi vieja le cubrió el IOMA la operación de la vesícula, que ni un mango pagó en la clínica gallega. Y tampoco le falta mosca, agrega la Divina Colombre mientras prepara la segunda ronda de vermuces, ¿otro cinzanito?

Agradecido el enfermero Callegari pero no, gracias, mucho alcohol se me sube a la cabeza, se escusa y pregunta, sonrisa sensual de por medio, ¿y el muchacho que opina? A Marito la inquisitoria, que se hace el distraído. Che, Marito, a vos te hablan, sacude el Negro Gutiérrez. Y el pibe como si nada, yo con reacionarios no hablo, susurra mientras recalcula la próxima carambola.

Segunda ronda servida con ingredientes, poco para destacar. Manices consabidos y chizitos blandengues que sobraron del cumpleaños de la nieta del viejo Aquiles. ¿No hay otra cosa? Nada. ¿Un salchichita cortada? Nada. El Rengo Marinelli mira pa la azotea.

Ya lo dijo Feiman el otro día, alvierte el Ruso, inteletual al que almiro y respeto, no es fácil ser oficialista cuando al proceso lo conducen millonarios que gobiernan para el pobrerío. Pero es lo que hay y no queda otra, que hoy por hoy, sin Cristina, este proceso se cae y vuelve la derecha, ¿no le parece, don Callegari?

Pista pal enfermero premiado, que mira como diciendo que a mi no me comprometan, déanme el premio de la canasta playera y me espiro. Hable, no tengas miedo, que aquí somos todos democráticos, invita don Leopoldo, ¿qué clase de enfermería hace?

Silencio respetuoso pa escucharlo, el invitado se esplaya en su metier y nadies le discute. Labor de preso, está a la vista, lo más peor tiene que hacerse. Sábanas chorreadas, cargar con los fiambres, lavar la porquería ajena, meter las pichicatas y ligarse las putiadas, oficio peor no ha visto y encima con paga del montón. ¿Qué se le dio por la enfermería?, pregunta del Petiso Maldonado. Vocación de servir, va por respuesta corta y a tono. Aprendé, Marito, vos que sos militante camporista, consejo del Negro Gutiérrez.

Mutis del pibe del billar. Ovia reación del enfermero Callegari, vuelta a mirarlo a Marito: yo le veo pasta al muchacho, ¿no pensaste en estudiar enfermería? Mas mutis del pibe y salida al ruedo del Rengo Marinelli pa cubrir la apretada: el Feiman le pifió de darle reportaje a La Nación, porque ahí te trastocan todo, te sacan de contesto y a la final parece que fueras contra como ellos, mismo que ahora, que andan diciendo que lo del cáncer de las tiroide fue pa engañar a la gilada, que no era cáncer, nomás un tumor beninno. ¿Otro vermú? ¿Nadies? ¿Usted, don Leopoldo? Y sí, ya que insiste, acecta el presidente, manyado escabiador que sabe inspirar sus mejores glosas al calor del copetín.

Silencio fluvial, por un decir poético. A mi tía Berta le pasó lo de la tiroide, comentario del Ruso Urbansky, pobrecita la vieja, emigrada polaca cuando el nazismo, tenía una papada como de rinoceronte que cuando hablaba se le zangoloteaba igual que un flan de doce güevos. Éramos purretes y nos causaba gracia. Pero en esa época se decía que la tía tenía boccio y chau, ni remedios, ni punción, ni cirugía, cosa de vieja se decía, como la artrosis y las arrugas. Para un carnaval, me acuerdo, cuando la tia ya estaba media colifata, la difrazamos de Calígula y la llevamos con nosotros al corso de la calle Sarandí. ¿De qué? De Calígula, de emperador romano, con toga blanca y coronita de laureles. Y contenta iba la tía, feliz. Fue la última vez que la vimos reírse. Después le dio la depresión, no habló más y como a los cinco años se murió de infarto.

Silencio respetuoso, nomás el enfermero Callegari se mueve inquieto en su silla. La verdá que, siendo laburante de nosocomio, poco aportó al debate. Mejor dejarlo ir. Así que discurso emotivo de don Leopoldo, tres Cinzanos y un jerez de yapa, mejor que parole de sentado como lo hace, nadies arriesga de dorapa en estos casos, dejenlón hablar igual y no lo apuren a la final cuando hace entrega del premio “Soy Letor” 2011 al señor Damián Callegari, esimio trabajador del la salú física y mental, ejemplo para nuestros niños y jóvenes fulgurenses por su indoblegable vocación de servicio a la comunidá toda, y así de corrido, que suelte el premio, ya es tarde. Aplausos. Y chau, se vá el quía con su regalo, hermosa canasta de mimbre con equipo matero y bolsita de nailon con todos los alminículos playeros, incluido el toallón espetacular con el escudo rojinegro del glorioso.

Silencio cavilante en este bar buffé. Reflesión mofóbica del Rengo Marinelli desde el mostrador: medio maraca el enfermero, ¿no? Pa mi que se enamoró del Marito.

Y sí. El camporista tiene su pinta, acotación del Negro Gutiérrez, qué arrastre, Marito.

Sonrisa odol del pibe mientras cuelga el taco. Último trago del fernando. Viejos de mierda, dice, ustedes no entienden lo de la diversidá sesual, que ha sido una conquista cultural del modelo nacional y popular.

No te sulfures, pibe, palabras del Ruso, ahora que me quedé pensando en la tía Berta y en este muchacho Feiman, paisanos como yo, me pregunto, gente inteligente, habría que cuidarse un poco más entes que nos difracen, ¿no?

jueves, 22 de diciembre de 2011

Salutación

Semos todos a la mesa consabida del bar buffé: el doctor Salvatierra, el Ruso Urbansky, Carlitos Mercier, el Negro Gutiérrez, Marito, el pibe de la Cámpora, el Oreja Pérez, don Víctor Lagomarsino y el tim campión de bochas, y este escriba, ovio, con más convidados de ocasión, a saber, don Leopoldo Sastre, atual presidente del glorioso, el petiso Maldonado, secretario, y la osecuente tesorera, María Josefina García, deschado de virtú y un tanto empanicada entre tantos varones. De haber sabido, traía a Verónica, mi nieta, tiró al pasar y más de uno pensó que en serio, una lástima.
Copa alzada con sidra frigoberta que nos osequia el Rengo Marinelli y su querida esposa, la Divina Colombres, brindis chinchín junto a toda la masa societaria del glorioso Social y Deportivo Fulgor de Mayo, mismo que con los amigos que nos siguen, con deseo de que el prósimo año se apeleche bien fetén y la crónica nos june patapata en la yeca de las traformaciones sudorosas que venimo manyando.
Nunca menos, entonces, falta un toco pero la cosa va,


¡felicidá, coraje y saluti a todos!

lunes, 5 de diciembre de 2011

Chau susidios y a garpar



Cola barrilete que trajo la última reunión en el bar buffé, hay que decirlo, no faltaron minusas que en encendidos meils acosaron a este escriba por supuesto desprecio a la mujer, cuestión que si merece réplica, nadies sabe.  La verdá verdadera  es que la dotora Miriam era petisa y tetona, sin vueltas, un bombón atómico, y eso no debiera afetar la supicacia de otras percantas puesto que la sola almiración de tales atributos, en las aulas del glorioso plantan piropo y elogio. Por lo demás, versó la crónica en atención a la angustia del pobre Negro Gutiérrez y la ayuda siconalítica que esta mesa consetudinaria brinda a los gomías, equivocados a o no, difícil juzgar.    
Y a mención del Negro Gutiérrez, va que se aposentó esta noche igual de colifato, medio depre pero esaltado, más pálido que alemán finado. Causa una sola: balurdo material en puerta. Le dijieron que en la gomería, la fatura de luz se le iba a ir cinco o seis veces arriba si le sacaban el susidio, y con todos los aparatos elétricos que tiene, la aliniadora que alquirió que morfa a rolete, los dos rotores, la tele siempre encendida pa los clientes que esperan, en fin, voy a laburar para pagar la fatura de luz, dijo en un triperío de angustia  y aflición
Hacerlo entrar en razón al Negro Gutiérrez es más difícil que acertarle al Quini. Tiempo al tiempo, lo primero es lo primero. Cuestión plantiada, el susidio no es otra cosa que una ayuda económica de caráter estraordinario que presta un organismo oficial a uno o más particulares, esplicó el doctor Salvatierra, a lo mejor que imaginando que con eso le ponía moño al paquete, y como si fuera poco, si se me permite, aclaró, la palabra estraordinario no deja lugar a dudas y funca de simónimo, mismo que decir provisorio, circustancial, o pasajero.
Santa palabra la suya que sabe ser colorario de apasionadas trifulcas, pal caso no puso moño ni musculosa, nomás un paléntesis que el Rengo Marinelli aprovechó para anunciar que, precavido, ya había comprado el arsenal nesario pa encarar las fiestas navideñas: sidra de la comunarda, champán para los paladares más esquisitos, vino de oferta pero tres cuartos, nada de tretabric, tinto borgonia y blanco sobiñón, si quieren empezamos a brindar, dijo, ahora que además, como se puede apreciar, canasta navideña con todos los alminículos de estilo ya plantada arriba del mostrador, sobre la cafetera antigua, para rifar con la grande de la provincia, ofreció, mismas bebidas en unidades, un pan dulce, turrones varios, dos budines con y sin frutas primera marca, tres frascos de escabeches obra de la Divina Colombres, uno de palmitos y otro de chimi pa condimentar el consabido lechón, lata de atún y cien de crudo pa la entrada, todo al módico precio de diez mangos el número.
Un afano, se quejó Carlitos Mercier tras cuenta rápida, a mil números son diez lucardas, Rengo, con eso te vas Cancún, fija. Nada que ver, saltó la Divina, hoy de banca protagónica, que así ofendida se pone más linda y se le inflan los pechos arriba del estaño, son fondos pa mejorar las istalaciones, copas y vajillas.  A otro con ese cuento, siguió Mercier, amuchado al bailongo, pidan un susidio y si son kirrneristas seguro se los dan.
Temprano para peliar, mismo que pa los brindis. Mejor que el Rengo guarde el escabio navideño, que provecho se le hará en los días que vienen. Por ahora, Gancia Marcela con limón y soda, copa de tinto al doctor Salvatierra y coca con ferné a los pibes del billar, cuartirolo con pimienta, aceitunas y manices mientras marchan dos milanesas en cuadraditos.
Estamos todos más un invitado que arrimó el Ruso Urbansky como palpitando en que cara finaría la perinola. Amigo de mi hija, la Rosita, Don Fermín Garganta, lo presentó, licenciado en marquetin y gestión empresaria, así como lo ven, cuarentón de pinta esportiva abacanada, cero zapán y mucho ginasio posta a la vista, pelucarda canosa como pintada por Vangó, sonrisa odol y mano estendida pal saludo con firma y sello de manicura.
Justo lo que el Negro bruto andaba necesitando pa la gomería, un caballero esperto en empresa, tira al pasar la Divina Colombres desde el mostrador, mirada sedutora que le osequia a la pasada mientras se acomoda los breteles del vestido. Mutis del Rengo Marinelli, que no se va a poner celoso por tan poca cosa viniendo de la señora, preocupaciones hay otras y pal caso esto de los susidios, ahora que aterriza, dice, ¿cuánto vendrá en la prósima fatura del buffé?
Pero avanti: primera ronda de vermuces sobre la mesa. Paciencia de rabino, el Ruso Urbanski se esmera en esplicaciones corretivas: primero, que por ahora a lo menos el susidio se lo sacan a los bacanes y está bien, que si tenés mosca pa veraniar en Pinamar, pa mantener cantri o derpa fino, auto premiun y yate,  te sobra entonces para garpar servicios sin ayuda. Segundo, que más de un seco en los papeles, ni es tan seco ni mucho menos otario. Hay un medio pelo figurón y cajetilla porteño que bien puede pagar el gas natural como paga el pobre de aquí por la garrafa, vamo al caso, y el que se banca la escuela privada de los pibes, el cable, la interné ful, aire condicionado,  la tele nueva chatita, de eso no se queja y bue, también puede cuidarse en el consumo y pagar. Tercero y fundamental, que si las cuentas no te cierran y sos rasca, llenás un formularios y pedís que te sigan susidiando y ahí te agarra la afí , te manya y dita sentencia.
Erudita ponencia la del Ruso, será que se quiere lucir delante del licenciado amigo de la hija. Hay que ahorrar, no es cosa de gastar luz al dope, todo cacho de energía que haiga debe ponerse al servicio del desarrollo con inclusión, argumenta Marito, el pibe de la Cámpora, endemientras relojea la ubicuidá de las bolas sobre el paño y le pone tiza al taco. ¿Y con el gas?, pregunta al ras del Rengo Marinelli. Lo mismo, sigue Marito, recurso no renovable debe cuidarse y el que gasta mucho debe pagar tacataca y por cuatro, es así, primero el desarrollo con inclusión.
Escuchenlón al pibe, la sabe de manual, en cualquier momento lo ponen de gerente en Aerolíneas sacude Mercier, peronista de Perón, las chiquisientas verdades justicialista siempre en la manga. Y sonrisa del doctor Salvatierra, si se me permite, apoyo la ponencia del joven billardista, hay un componente ecológico que no puede soslayarse, ya lo decía Catón en su magistral crítica a Escipión el Africano cuando las guerras cartaginesas, concentración de fuerzas, reserva de esfuerzos y prodigalidad de embate en el punto esacto.
 Primer silencio meditante, nunca es sencillo entender pa donde apunta el boga con un vino encima. Nueva irrución de la Divina Colombres, que se arrima a la mesa con los platitos de mila en cuadraditos y batiendo las ancas como en pasarela de alta costura,  sería bueno escuchar al licenciado, propone y piropea, más trátandose de un caballero tan atildado y buen mozo. Rubor del tal Garganta, no me haga hablar, señora, dice, más prefiero escuchar.
Difícil que el chancho vuele como que el quía vaya a zafar de opinión. Pero deámosle tiempo, se adelanta Carlitos Mercier, ironía justicialista para calzar el muñón en la llaga: ahora que son todos kirrneristas, digo yo, ¿quién acectaría el convite de la Presidenta y se anotaría de voluntario para que le saquen el susidio?
Silencio a mí no me mires. Revolea de Mercier:  a ver, espero y anoto, ¿quién se apunta? Silencio no me mires por dos. Segunda ronda de vermuces. Una opinión, por favor licenciado, sugiere nuevamente la Divina mientras se esmera en cargar los vasos de Gancia Marcela. Y sonrisa en falsete del aludido, no me insista, señora, no es escusa, pero viene de leerse entero un pedazo de libro del doctor Refusta y anda con el celebro medio chamuscado, esfuerzo inteletual sobrehumano que precisa de un reordenamiento de la eletro química neuronal al borde de un colacso esquizoide, palabras suyas.
Para que vino el chabón si no va a opinar, susurra Marito a la espalda de este escriba y si el licenciado lo escuchó, se hace el sota.
Así la gomería se va a la quiebra, retorna el Negro Gutiérrez al ruedo, yo que pensaba poner un arbolito de Navidá con lucecitas en la receción, al lado de la bañadera, ahora minga, nomás un pesebre iluminado con sebo.
Sigo esperando voluntarios pa renunciar al susidio, insiste Mercier, anotensén antes de irse. Cortala, viejo, salta Marito, eso es para se iscriban los ricos. No, pibe, es una boludez para engatusar giles como vos, discute Mercier, por más rico que sea, ¿quién se va a anotar?
Nervio al mango del pibe camporista, terrible pifiada a la bola servida, yo con reacionarios no hablo, dice, vos lo votaste a Duhalde. ¿Y? Eso, sos un reacionario. ¿Y? Sos un neoliberal, eso, y lo querés dejar libre a Videla. ¿Y eso qué tiene que ver con los susidios?  
Aire que se corta con galletita, la barra del bar buffé no le hace asco al entrevero. Se le acabó el manual al pibe, razona el Ruso Urbansky, no lo jodan más. Y callado hasta aquí, el Rengo Marinelli es un nimbus gris tormenta acodado al mostrador. ¿Se habrá puesto celoso por la Divina?   Ni ahí, está haciendo cuentas, dejenlón.
Voluntarios, anotarse, plis, sigue Mercier y queda ensartado Marito. Yo me anoto, dice el pibe. Qué decís, si el que paga la luz es tu viejo, se llega a enterar y te mata, refuta con razón la Divina Colombres, justo cuando por la puerta que da a la cancha de bochas se asoma la mollera del Cabezón Lagomarsino. ¿Quién apagó la luz del fondo?, pregunta.
Silencio interrogante. Miradas clavadas en el Rengo Marinelli, que no se da por aludido de principio, aunque después aclara: ya es tarde, los jubilados se van a dormir.
Dale luz, ruega el Ruso, las instituciones sin fines de lucro creo que están esentas de la quita de susidio. Minga, van a terminar garpando como cualquiera, abona Mercier. La prósima el Rengo nos va poner un velador en la mesa, cagamos, es la voz del Ruso. ¿Y en la mesa de billar, que aquí necesitamos la luz vertical perfeta noventa grado al centro?, pregunta de Marito.  
Y vuelta el silencio, nomás interrumpido por carraspera tabaquista del doctor Salvatierra, cosa que impone más suspenso. Si se me permite, caballeros, hay que ubicarse en el contesto socio político para manyar del asunto de los susidios. Pero no empecemos con los griegos y los romanos, interrumpe Mercier. Dejenlon hablar, pide la Divina Colombres desde el mostrador. ¿A quién? Al licenciado Garganta, que abrió la boca justo y un invitado tan esclusivo merece la atención. .
Silencio sepurcral. El magister se lleva el farol de Marcela a los labios nomás que para hacer tiempo, se nota.  Picotea un cacho de milanesa y juna el relós de arriba de la fiambrera. ¿Y? Naranja. Nomás que mastica y de nuevo le da al trago. A la final, parece que va a hablar. Los dedos como peine para acomodarse las canas. Suspiro en lotananza de la Divina Colombres. Butifarra del Rengo Marinelli, que ahora apagó las luces de la puerta y dejó a oscura el escudo rojinegro del glorioso.
Si se me permite, caballeros, primerea el doctor Salvatierra, la cosa es que el susidio generalizado funca como un ingreso, digamos en la economía doméstica, como parte del salario, como porción socializada del haber. En mi humilde opinión, si se me permite, antes que una eliminación de lo socializado, preferiría avanzar en otras reformas más profundas y racionales sobre el sistema impositivo de modo de sostener susidios que obran como elementos progresivos y conquistas sociales, como decir, un tas único y universal sobre la ganancia real y presunta en el marco de una economía planificada con ojetivos de mediano y largo alcance, ¿me esplico?  
Larga y magistral perorata del gran boga fulgurense, tirano espacio para volcarla in estensu aquí.  Concectos ténicos de alta erudición nacional y popular, griega y romana, analis meduloso y ostétrico, demasiado para esta mesa de varones probos pero de oservación checata. Nomás el licenciado Garganta le sigue la ilación y amaga llevarle la contra, que apenas atina con que jamás debieron haber susidios ya que el mercado, la oferta y la demanda, obran como reguladores per se de los costos de servicios, y así, el Ruso Urbansky cabecea en el quinto sueño, Carlitos Mercier masomeno igual, Marito se apunta otra carambola, tres al hilo, atajenlón, y la Divina Colombres  parece como que escucha atentamente desde el mostrador pero la pose sedutora que le planta al licenciado más cachetea apetencia carnal que inteletual. El Rengo Marinelli sigue haciendo cuentas de las lamparitas prósimas a desafetar en un plan de economía de guerra que le ronda en el balero y a la final el Negro Gutiérrez, que por culpa de él empezó la discusión,  le manda un mensajito por celular a la jermu que ya voy para allá  y apagá la tele, gorda, si ya terminó Tinelli.
           

martes, 22 de noviembre de 2011

Feminista

Si la mala no le hubiera batido retirada, hoy sería un rana de primera. Pero la Nancy se le rechifló un día: largó la plancha, el lavarropa, las ollas, el delantal de la cocina, el respeto, el cariño mismo que siempre juró que le tenía. Desde piba modosita, se puso fula. Callada y obediente como fue criada, se dio a trinar. Se lo confesó en la cena de un miércoles cualquiera: Negro, me hice feminista.
Al Negro se le atoró el chorizo a la pomarola que había comprado en el bodegón de la esquina. ¿Femi qué? Feminista, Negro. Y el varón, que no estaba para discutir de política, y menos con la Nancy que de eso no entiende ni pío, se acobachó en la suya. Y yo soy radical, le dijo, dejáte de joder.
A todo la Nancy se bancó callada. Al principio, ni un sí ni un no. Después, ¿querés comida?, hacétela vos. ¿Los calzones?, lavátelos. ¿Y los hijos?, mañana te toca cuidar al Néstor porque yo tengo curso de PC. ¿De qué? ¿Y para qué querés eso, digo?
La cosa fue de mal en peor. Pero peor en serio desde que la Nancy se dio a las reuniones semanales de la Comisión de Género del Club Fulgor de Mayo. Derechos de aquí, derechos de allá. Pilas de papeles, panfletos, folletos, que igual salario, que el machismo, que el aborto, que rompe las cadenas, que basta de esclavitud, que igualdad de género, que la emancipación de las minas, en fin, cuestión que el Negro pasó de Negro amorcito a Negro misógino, fálico, sexista, capanga, machista. Negro de mierda, íncubo, es decir, el diablo mismo.
El único género que el Negro conocía era el de la camisa que estaba sin planchar desde hacía una semana. A lo demás, no somos iguales, le dijo a la Nancy, yo tengo algo acá abajo que usted no tiene. Eso le dijo, así, tratándola de usted.
Al Negro se le venía la noche. Y la impaciencia. Y como hablando por las propias poco consiguió, fue a los suegros, es decir, los padres de la Nancy, para ver si la podían hacer entrar en razón, porque una hija siempre es una hija. Pero no hubo manera. Al médico la llevaron por las dudas, a la Nancy, no fuera que alguna enfermedad, o que a la final estuviera preñada, y ya se sabe cómo ponen en esos meses. Pero sana de cuerpo, la dolencia le venía por el moño. A la Nancy la habían infestado. Mal de ojo. Sentencia final de doña María, curandera infalible, consultas a módico precio en su oficina de la calle Guardiola. Un padrenuestro al levantarse, dos avemarías al acostarse y unas gotitas de brebaje en la mollera cada dos horas hasta que el mal desaparezca, recetó.
Ahora que, o la Nancy no hizo caso a doña María o el asunto venía por otro lado. Sospechó el Negro y se tocó la terraza, no fuera que ya le estuvieran saliendo los cuernos. Hay cada hijo de puta en el barrio, seguro que alguno le había llenado la cabeza. ¿No me estarás echando guampas, digo? ¡Pero qué Negro bruto! Mirá lo que pensás y todo porque me he plantado en la dignidad de ser mujer.
Callado el hombre, si así fuera que la Nancy lo viniera garcando, no iría a confesárselo de buenas a primeras. Ojo atento, disciplina y cuidado. ¿A dónde fuiste? ¿Con quién hablaste? ¿A qué hora volvés? Violento no, y eso se lo reconoce la Nancy. Severo, sí, cariñoso a su manera, olvidadizo de cumpleaños y aniversarios, es cierto, arisco para los mimos, pero jamás una mano encima ni un grito destemplado.
Pero qué se ha creído el hombre. Yo no soy un ojeto ni usted es mi dueño, así le habló la Nancy, a esa altura también tratándolo de usted.
Dueño de nada, ya se veía al cabo de unos meses. Cerrazón completa. Y así no va, le dijo una mañana, un día de estos me rechiflo y me espiro, y te vas a morir sola, vieja y sin macho que te atienda. Ni ahí, ni macho necesito pal amor, que si los quiero los consigo, ni para hacer hijos, que ahora se insiminan de probeta y por encargo, le contestó ella. Y se rió el Negro: cosa más aburrido hacer hijos así. Y se rió la Nancy: cosa más fea la que le cuelga, en que estaría pensando Dios cuando creó al hombre.
¿Así que ahora te gustan las mujeres?, acusó el varón. La Nancy lo miró como quien mira un poste de luz. Un año más tarde, como mirando el mismo poste pero con el farol apagado. Y es que algo se había roto. El amor nace con fecha de vencimiento o se pone en subasta y a mejor postor cuando en el toma y daca se interpone la incomprensión.
Con todo, debe reconocerse que el Negro siempre la quiso a la Nancy y la sigue queriendo. Dejó la ginebra, el boliche, el truco con los amigos. Ni fútbol ve por la tele. Va por la décima página de un libro de autoayuda, y como no puede pasar de allí, de la décima página, sabe embucharse un antidepresivo que le recetó la psiquiatra, porque una vez a la semana, por consejo de una amiga de la Nancy, hace la terapia de pareja, chamuyo de los peores cada vez que tiene que lidiar con la Nancy y con la doctora, así que ahora, además de fálico es un fóbico, un macho prehistórico pasado de moda con escasísimas probabilidades de curación si no asume que el cambio es posible.
Ha meditado en superiores destinos: dedicarse a la poesía, meterse en la política, hacer meditación trascendental y hasta viajar a la India de monje tibetano, salir campeón de la liga con el equipo de veteranos del papi futbol, pero en cada caso, o le faltó piolín para llegar al cielo o la Nancy se hizo la distraída y ni se dio por enterada del esfuerzo. De máxima, quedarse fiambre en la vías del Roca y con eso hacerla sufrir, como decir, mirá en lo que terminó el Negro, a lo que lo llevé, pobre Negro.
Pero en realidad, el Negro no está seguro de que la Nancy vaya a sentir culpa. Rajarse de la casa fue la última intentona. Tomarse el olivo por unos días para que ella recapacite. Chau, que te cuide Mongo. Dos días le duró el berretín. Volvió y tuvo que asumirlo, como dice la psicóloga, y eso le costó un agregado de diazepán de 5 miligramos para poder dormir.
Su única preocupación ahora es el hijo, el Néstor, adolescente y en edad de debutar en la cosas del sexo. Y es que con todo este discurso de la Nancy, está convencido que el nene le puede salir puto. Y ya se lo dijo a la Nancy: si el Néstor se hace trolo, me hago el haraquiri. Pero como la Nancy no entiende ni pío de japonés, se imaginó que el Negro se haría un trago largo, un daiquiri, se emborracharía y así se olvidaría de todo.
Así que así, el Negro sigue cayendo en picada. No aguanta más. Ahora le dio la impotencia para el amor porque eso de acostarse con la Nancy que le pide cosas nuevas y hasta le salió con el sexo tántrico, no es para varones. Eso le dijo: yo soy muy machito, pasa que así no puedo.
Y el hijo, el Néstor, cada día más amanerado. Vos no le des bola a tu vieja, lo aconsejó, un día de estos vamos a ir juntos al cabaret de la Avenida y vas a ver lo que es bueno. Pero el pibe, como si no lo escuchara, dio media vuelta y lo dejó hablando solo. Puto, no. Antes que eso, que me culeen a mí, dijo a nadie.
Y así está el Negro. Hace tiempo que no se lo ve por el club. La última vez fue para la fiesta aniversario. Andaba mustio, como plantita sin agua.

El Casorio


(Crónica verseada del enlace
del Tarta Alsina y la Aurora Díaz)
Si de esposa la acepta, inquirió la jueza,
una, dos y por tercera vez.
No era tan grave la apuesta,
nomás parolear un sí de revés
Cusí la novia, ni bien ni mal dotada,
de labia torpe y un poco gruesa
mas de familia fetén y acomodada.
Qué más daba llegar hasta el entuerto
del casorio en alpargatas,
de estreno las batarazas
y el moño colorado al cuello,
decir que sí, acepto. Y rajar a casa.
Pero atada la lengua, seco el garguero.
La novia lo relojeó fulero.
Detrás, al suegro le castañeó el moflete
y a la viejita se le escapó un cuete
ya encomendada a Santa María,
vista la facha tembleque del quía
que no arrimaba respuesta.
Déanle un vaso de agua, dijeron del fondo,
a ver si se le ablanda el banquete.
Mejor una ginebra, y ese fue el Tordo,
que lo conoce así de purrete.
Y no faltó el piola que soltó la risa
ni el más púa que rompió el silencio:
Se ve que el hombre no tiene prisa
o que le dio el arrepentimiento
Salga de ahí, estamo en un casamiento,
saltó el cura, bendito sea,
y al novio le dijo: no miento,
cosa suya bailar con la más fea
atienda que si por mi fuera
ya mismo me iría, aunque atento
no nos haga pasar vergüenza,
que Dios en el cielo y el Diablo bajo tierra
dígale sí, que se me acaba la paciencia.
El casorio no es ninguna ciencia,
aseguró la tía, la que enviudó por tres.
Así lo dice cualquiera, ya ve,
la próxima, doña, se casa en el cementerio,
trinó la jueza, y ya basta de misterio,
le pregunto en serio
y por cuarta vez
¿La acepta a la Aurora o se va al mazo?
Mire, amigo, que para el caso
mejor solo que mal acompañado.
Y esa noche hubo fiesta aquí al lado.
Empanadas y vino en damajuana.
El novio que al final habló, mamado
y de raje al consejo de una hermana.
La novia feliz, los suegros aliviados,
los amigos de juerga desconsolados
de haber perdido un compañero de ruta,
la viuda buscando otra puesta,
todos bailando y hablando macanas.
Y el cura siempre engrillao en sotana
haciéndole ojitos de amor a la jueza.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Aquella petisa tetona


Pintura fresca en las paredes, donación material de ferretería Sangiácomo, el bar buffé del glorioso luce apotiótico así bañado de imaculado ocre y con una esposición de cuadros del gran artista plástico Rubén Faldutti, eminencia del olio y la acuarela que deja pasmado al espetador con sus paisajes del suburbio. Ayuda pal caso que, pasada las eleciones, el Rengo Marinelli haya descolgado la pizarra estadística eletoral de la ganchera, cosa que el mostrador centenario despliega su cautivante esplendor.
Mesa acostumbrada a la zurda, pegada al tualé de caballeros, la barra de siempre pintaba dicharachera y plestórica de opiniones de atualidá mientras la Divina Colombres se demoraba en la primera ronda de vermuces. Nada presagiaba esitación pero una cosa llevó a la otra, que el dólar, que los susidios, que la crisis, que los indinnados, la cuestión fue que Carlitos Mercier, peronista de Perón y puntero anteliduviano, tiró como al pasar que yo no la voy con las cosas de la modernidá, eso de que la salú, que no se puede fumar, que ni morfar se puede, que te sacan la sal de la mesa, que se puedan casar los putos, por ejemplo, y eso de que van a legalizar el aborto, disculpenmén, estaré chapado a la antigua, pero no me va, ahora cualquiera le da a la matraca, se embaraza y chau, le dice al tordo que sáquenmelón, y así no va, es una degeneración.                    .
Dedo en la llaga, como quien dice, al Negro Gutiérrez le esplotó la pólvora. Qué querés, saltó como leche hervida, que sigan haciendo aborto en los ranchos, que se mueran las pibas con infeciones y hermorragias.  Que se cuiden, retrucó Mercier, que usen lo que hay que usar y sinó que se bañen con agua fría, porque el aborto es un crimen. Más criminal es que se mueran las pibas, chilló el Negro y ya puesto de pie, amenaza de trifulca en puerta, soltó argumento posta: no se puede desconocer la realidá, coger se coge, unos más y otros menos, se hacen abortos con ley o sin ley, así que mo me jodas, Mercier, que me da la chiripioca.
Espetacular irrución subreticia de Marito, el pibe de la Cámpora, ni buenas noches. Derecho a la mesa del billar, de ojito tomó nota del clima afixiante que se respiraba. Pa mi un ferné con coca, dijo onda dalailama, mejor siéntensen y cortenlán.
Cinzano con ferné, manices, fontina en cuadraditos, picles y berenjenas en escabeche, eselsa obra gástrica de la Divina. Un Olmugler para el Cabezón Lagomarsino, ya repuesto en la capitanía del tim bochófilo, y con aclaración mediante, que por receta del cardiólogo, un vasito de güisqui hace bien a la arteria. Y así está la cosa. Desliz de Carlitos Mercier, porque historia manyada la del Negro Gutiérrez, cualquiera en el Fulgor de Mayo la conoce y sabe que el tema en cuestión lo afeta para mal. Si no se enviolenta, le da la depresión más fulera, como le pasa ahora, que se sienta, le vienen los recuerdos y chau, no se levanta ni con grúa. 
Ya plantada la causa y visto el resultado, esta mesa consetudinaria del bar buffé obra en consecuencia siguiendo los precectos solidarios del gran Ismael Celentano: primero la Patria, después el clu y tercero los asociados que, como el Negro Gutiérrez, precisan de una terapia siconalítica de emergencia para hacer la catarsis nesaria y salir del pozo ciego.
Fue allá por ochenta y pico, principia Lagomarsino, justo en la esquina de enfrente al glorioso, que se había puesto la salita médica y apareció de clínica la dotora Miriam. Bombón atómico,  petisona fornida de caripela pícara, guitarrón cumbianchero, pechos como cañones napoliónicos, la piba recién diplomada y residente del policlínico, se había dado a praticar alhonoren entre la mersa y en de paso le hacía proselitismo a la revolución obrera socialista.
Tres veces a la semana venía en un fitito medio destartalado y era nomás que se bajaba y caminaba hasta la salita que ya hacían cola los indispuestos, aporta el Ruso Urbansky, ochenta largos pero la memoria intata. La Miriam sacudía la carrocería como apilada a un desfile de modas, cuenta el Rengo Marinelli, un avión a chorro, de atrás era un culo con vida propia y de adelante, una vidriera de pecados, un molumento a las ubres que le reventaban el guardapolvo. Gran ésito de la medicina preventiva, según Carlitos Mercier, ispiración del entonces intendente Ríos, nomás que tuvieras un dolor de cabeza culpa de una tranca macha, te aparecías en la salita para que la dotora te ascultara con el tetoscopio y te curabas al toque, milagro de Dios, te volvías a tu casa hinotizado, con una sonrisa de infeliz y el último número de Izquierda Socialista pa encender el fueguito del asado del domingo.
Sesión siconalítica en marcha. El Negro Gutiérrez asorto, como arrimándose a la traferencia mental, aunque da lástima verlo arrumbado en la silla, la mirada perdida en lotananza, los dedos jugando estupefatos con una cáscara de manís.
Cuestión fue que el Negro quedó hinotizado con la facultativa, pero peor que nadies. Primero, una colitis por el lechón que se manducó un primero de mayo, después una anginas de amídalas, un turululo sebacio en la gamba, un dedo mocho que le quedó cambiando yantas en la gomería, y el insonio a lo último, que no podía pegar un ojo en toda la noche y aquí venía y se copeteaba hasta la madrugada, recuerda el Rengo Marinelli, cuestión que se hizo cliente esclusivo de la salita y la dotora Miriam le tomó el aprecio, tanto que le acetó un feca en el bar de la estación, lo afilió al Partido y le dio cinco ejemplares de Izquierda Socialista pa que repartiera entre la clientela de la gomería.
Qué le vio la dotora al Negro Gutiérrez, un misterio. Retacón igual que ahora, menos panza, es cierto, pero feo fue siempre, razona la Divina Colombres desde el mostrador mientras prepara la segunda ronda de vermuces, los bíces nomás que tiene de tanto yugar, y encima casado con la Dolores y un hijo, en qué pensabas, Negro, a vos te parece, ponerle los cuernos a la Dolores que era amiga mía.
Si se me permite, atreve el doctor Salvatierra, estimo con sobrada convición que el amigo Gutiérrez, en tales circustancias, no podía pensar en nada que no fuera aquella petisa tetona, a quien bien recuerdo, señores, si se me permite, Afrodita misma encarnada en el arrabal mistongo, hija del espumarajo que el iracundo miembro de Urano abonó en Chipre, no creo procedente juzgar la ovia chifladura del varón  puesto frente a aquella que amaron Hermes, Ares y el mismo Hefesto, señores, si se me permite, quien esté libre de algún atorro eróstico, que tire la primera piedra.
Miradas de corrido al Negro Gutiérrez, tieso en su silla, los ojos clavados en otra  cáscara de manís que tritura con imolatoria paciencia.  Si los jovatos van a hablar de minas que sueñan, mejor me voy, se queja Marito, el pibe de la Cámpora, que así no me puedo concentrar en la bola.
Pero sigue la ronda siconalítica. Colifato hasta el caracú, el Negro le dio maza a la Afrodita, o a la Miriam, o al vesre, ella a él, quién sabe, porque lo cierto es que desde el día en que la dotora probó del dulce nétar en la gomería del Camino de Cintura, le agarró como un vicio a las cubiertas, a la cruceta, al gato, dale, Negro, contala, mal gusto del Cabezón Lagomarsino esplayarse así. Encima, se prende Carlitos Mercier: un camión con acoplado era la petisa. Cuando caminaba, a las baldosas le daban el alzeimer, hay que entenderlo al Negro.
Al toque estuvo de largar a la Dolores. Divorciar se divorció, no le quitén mérito al taura, pero eso fue más tarde y nada tuvo que ver la dotora, aclara el Ruso justo cuando el doctor Salvatierra amenaza con otra disertación de la mistología griega. El Negro tenía lo suyo, completa el Cabezón Lagomarsino, de eso no hay duda, esa gomería fue siempre un anzuelo pa tiburones, un bulín grasuliento pero posta pa enamorar. Saber certero del Cabezón, entonces eran muy amigos con el Negro.  ¿Se acuerdan de la Colorada Barrientos, la esposa del ingeniero? Por los cuarenta andaba entonces, pero parecía de veinte. Rajaba cubierta a cada rato, ¿y a dónde iba? Ovio, servicio completo en la gomería Gutiérrez.  
Silencio espetante. La ciencia siconalítica seniala que el paciente ya debería reacionar, pero naranja, el Negro sigue dándole al manís como si nada, medio recostado en la silla y los ojos clavados en el piso. Pero volviendo a la dotora Miriam, la historia se puso fula cuando quedó embarazada. ¿Lo contás vos, Negro, o lo cuento yo?, atreve Lagomarsino.
Silencio más espetante y breve acotación de la Divina, pura sensualidá desde el mostrador, pero miren al Negro, así que era un tasiboi disfrazado de gomero, la verdá que me sorprende, haber sabido antes. Risa irónica y forzada de Marito mientras le pone tiza al taco y enciende un Particulares a la moda setentista. Por qué no le hacés a un yoqueiclú, pende, que es más suave, le tira el Rengo. Mutis del pibe camporista, ya concentrado en la bola.
Cualquiera lo supo entonces y lo recuerda ahora, pero nadies como Lagomarsino, que tan amigos eran entonces. Preñada la petisa, el Negro estaba dispuesto a hacerse cargo del crío, eso me contó él. Pero ella lo abarajó de entrada. Pará, amorcito, le dijo, hasta aquí llega el sesenta, la pasamos joya y nada más, no quiero un hijo por ahora, yo soy dueña de este cuerpo y nadies decide por mí. Chau. Historia finiquitada, un día la Miriam no vino y la salita cerró al tiempo. O no hubo más enfermos o los enfermos se cagaron muriendo sin hacerse atender, sigue Lagomarsino con su mal gusto.  
Silencio sepurcral ahora, el Negro Gutiérrez se lleva el farol de Cinzano a la boca pero apenas se moja los labios y sigue triturando manices, cosa que así, con el ruido de la cáscara, le da más  dramatismo a la esena. Habría que dejarle el final de la crónica, es pensamiento de este escriba, que hasta aquí los amigos pero la nesaria catarsis la tiene que hacer el angustiado.
 Si se me permite, caballeros, irrumpe el doctor Salvatierra, es indudable que el hombre carga con su sentimiento de culpa. Cuando Zeus creó a Pandora en el Monte Olimpo y la dio como regalo a Epimeteo, fue con un frasquito que no debía abrirse porque allí estaban todos los problemas de la humanidá, incluidas las culpas, pero la diosa igual lo abrió y qué mierda, todos los problemas se estendieron por el orbe y lo único que quedó adentro del frasco fue la esperanza.
¿Y eso?, pregunta del Ruso Urbansky, ilustrado varón del materialismo dialético, si vamos a meter todos los dioses griegos en la cosa del aborto, fija que el Negro se suicida. Si acectamos que la vida humana solo es tal en tanto parte del ser social, la esistencia arranya en el parto, cuando el ser toma contato con el mundo que lo rodea. El aborto no mata una vida sino que anula un proyeto. No hay crimen ni culpa así que Pandora no tiene nada que ver.
A eso iba, esplica el doctor Salvatierra, fino erudito de la historia y del derecho, si se me permite. Minga de permiso, salta Lagomarsino, la petisa aquella casi se muere por infeción y eso que tenía contatos y lo hizo en lugar más o menos bacán. Imagínensen a los pobres que caen en manos peores, la hija del Mingo Loyola, pa no ir más lejos, que anduvo poniéndose perejil entre las piernas y casi se muere.  
Silencio más sepurcral. El Negro Gutiérrez ha parpadeado tres al hilo y ahora se rasca la oreja como pidiéndole ayuda. Se embucha el último manís y hace fondo blanco en el Cinzano. Listo pa la catarsis, eso parece, ya era hora. ¿Y? Nada. A lo menos debería agradecer a los amigos, susurra Mercier, que no está de acuerdo con los dichos pero banca el tratamiento celebral.
Y ahora sí, un lagrimón se le suelta al Negro. Levanta la jeta y mira a todos como regalando gratitú. Primero lo abraza al Cabezón, después a Salvatierra, y así con cada uno, hasta al Rengo Marinelli que no sale del mostrador y a la Divina Colombres que ya se echó a llorar pero igual no le hace a lo que sea contato físico.
 Traferencia siconalítica  que se dice, falta que vomite las penas, esplicaría Ismael Celentano. Pero nada, el Negro pone primera callado, de paso por la mesa de billar lo estrecha a Marito y sigue hasta la puerta. Un pie en la calle y vuelve. Sonríe, bueno para nada, y habla con la voz de la costernación que ha recibido consuelo: ¡Qué fuerrrrrte estaba la petisa!
Silencio comovedor en la mesa del bar buffé. Veredito concluyente del doctor Salvatierra: el amigo Gutiérrez ya está curado.   

viernes, 7 de octubre de 2011

Gran Pinic de Primavera


Nomás que haciendo la plancha, la Cristina gana por varios cuerpos, reza de entrada el Rengo Marinelli, apuntándole un dedo a la pizarra estadística que cuelga de la ganchera.
Indiferencia asoluta en la mesa de costumbre, no es novedá. Desgano o apatía de la mersa, la cosa es preocupante. A dos semanas de la gran cuadrera elecionaria, llama la tensión que tan poco se parle de lo que viene. Mustia la yeca, cero pintada y poco cartel, nomás cada tanto una mesita de campin con la purretada repartiendo volantes más sosos que ensalada de lechuga sin sal, nomás con la jeta de un candidato mistongo, sonrisa Colgate, retrato fotoyop y consinna más melosa que teleteatro colombiano.
Más que preocupante una cagada, fundado argumento del profe José Ricardo Sampietro que traigo a colacción en esta distinguida mesa a cuento de que quiso la gracia me lo encontrara vez pasada en el gran pinic de la primavera organizado por el glorioso. Varón jubilado de la ciencia dura, matemático dotorado en Milán y filoso lenguaraz, sabido es que donde hay vino del común, choripán y orejas que lo escuchen, allí está el hombre batiendo su justa.  Así que nomás se me apelechó, vaso plástico de Uvita dulce en la zurda, otro igual en la diestra pa convidarme, tiró de un saque: ya ni pa versearnos se toman la molestia, hermano, mucho candidato, mucha caripela pero minga de propuesta.   
Difícil discutirle al profe Sampietro, más mejor dejarlo parolar hasta que se le seque el garguero. De la contra ni hablar, como que tampoco me importa, siguió diciendo, pero sí del kirrnerismo, y a ver si nos entendemos, ¿qué sinnifica eso de profundizar el modelo? ¿Hay un plan? ¿ideas posta? ¿Pa dónde vamos? ¿Reforma del sistema impositivo, del sistema de salud, del sistema educativo? ¿Reforma costitucional? ¿Costrución de un nuevo poder político popular? Y sonrisa sobradora del profe Sampietro:  ¿socialismo nacional?
Demasiadas preguntas para un escriba que poco manya del asunto. A mi ver, hay un proyeto más o menos piola, le esputé como venía, lo de la ciencia y ténica, los de los polos industriales. Pero el profe me madrugó certero: Mirá, pibe, la cosa es que si no tirás un cambio el motorcito se te queda en segunda y cagaste, las leyes naturales del capitalismo te garcan a la final  y sos pan comido para las fieras. ¿Capishe?
Mutis meditante de este escriba y vacío el vaso de Uvita. Sin nafta se me achicharra la lengua, me dijo el profe, dio media vuelta y se fue como hinotizado atrás de la hija del tano Martella que justo pasaba por ahí moviendo un budín molumental que ispira hasta los muertos.
Pinic bacanal que amerita la primavera desde el tiempo de los grecios,  mantelito a cuadros sobre la graminia, sánguches de mortadela y salame, naranjada pa regalar, la comunidá boliviana dijo presente y, como es costumbre, el maestro Franklin Hernando me convidó con un vasito de chicha que no pude dispreciar. El comandante Evo no la tiene fácil, me sacudió de sopetón, la derecha reacionaria imperialista lo quiere voltiar y hoy más que nunca los revolucionarios de la madre tierra precisan de gobiernos amigos en América Latina.
Albañil especialista en revoque fino, esquisito trapecista de los andamios, hijo pródigo del Alto paceño, humildá a prueba de balas  y diplomado en la historia de Koyasuyo, según afirma, Franklin Hernando se apunta recatado y afín a la no intervención en los asuntos internos de un país hermano que le ha dado cobijo, me reconoció, pero el brebaje del maíz ancestral me baila un taquirari en la boca. La presidenta Cristina tiene la bendición del Inti y la Pachamama, apoyo irrestrito del proletariado revolucionario boliviano y de los heroicos pueblos originarios, brindó sin hacerle asco a la chicha, salú camarada.
Bien que la menesunda etílica me daba cosquillas en la barriga, enderecé los pasos a como pude pa responder al saludo del turco Jazzal, cumplidor al festejo fulgúrense con toda la parentela alrededor de una mesa de campin. Fatay a discreción, yagwarma de rechupete y como fasos envueltos en hojas de parra, el turco me convidó con un anisado de propia fatura que me pegó  como trompada de Casius Clei. Alá es grande, me dijo, su visión que todo lo abarca hoy acompaña la primavera árabe pero no manya baclava con vidrio. Atrás del bolonqui se apilan los mannates  petroleros de la vieja Europa, caso Libia y Yemén, así que atenti a la estrilada.
Ex secretario del Centro Sirio Libanés, maestro tapicero y titular de Sedería La Fabulosa, don Raúl Jazzal se ha gastado fortuna en naipes y mujeres. De esposa, una que lo soporta, pero de queridas varias, no es de estrañar que se haya enamorado también de la presidenta después de la cuarta copa de anisado. Gema del Sahara, me dijo, Cleopatra más linda que la que se manducó al Marcantonio, envidia de los Césares, tiene labia e inteleto de estadista, polenta y decisión, cómo dejar de apoyarla en todos los sentidos, siguió el turco regalando un guiño de ojo, además la sedería anda un kilo en ventas. Ponele un gancho que Alá la ilumina, concluyó.
Y así que seguí la recorrida en el gran pinic, las tres copitas de anisado agregadas al Uvita y a la chicha me empezaron a dar como retorcijones. Canchita de fulbo, arcos improvisados con piedras y palitos, había que ser mago pa saber dónde estaba el travesanio. Que fue gol o no, adentro o afuera, el gordo Palestra mandó a todos de paseo y así dijo, ma sí, métanse el fulbo en el culo. Escusa, me aclaró aparte, la verdá que estoy muerto y ya me dan calambres en el glútio. Vení que te invito una cervecita.
Cuarentón sencillo el gordo, de política no cazo uan, me alvirtió, de eso entiende la bruja. Es decir, Carmencita, la esposa atual, que apenas nos vio venir, como presagiando intenciones, peló de la yelera de tergopol una botella de Quilmes.
Dama de pocas pulgas y lengua rápida, delegada de la testil hasta la quiebra, combativa puntera de barrio, Carmencita opina sin que le pregunten. El problema son los buitres, me explicó, y hay muchos que van al acecho pero el más peor es el Manco. No entiendo a la Presi. En estas eleciones, cualquier candidato con la bendición de ella ganaría sin despeinarse, ¿para qué darle aire al motonauta?, ¿cómo te lo sacás de encima después?, ¿o es que el proyeto se termina en cuatro años? Conozco la fauna desde adentro, nene, si no limpiás cuando tenés banca, te morfan en cuadraditos con el primer trompezón.
Bien fría la Quilmes, una delicia pal garguero. Sentado en la graminia, el pinic me daba vueltas y la voz de Carmencita era como una melodía que venía muy de lejos. Por eso lo banco al gordito Sabatella, sería catástrofe que el Manco sacara más votos que la Presi, alcancé a escucharle y chau, no me acuerdo más.
Tranca espelunante, susurra ahora el Negro Gutiérrez, el de la gomería de Cintura, el problema es la mezcla y encima hablando de política, peor. Por eso, yo cuando tomo un ferné, prefiero hablar de minas o de fulbo.
Negro bruto, vos ni con té con leche podés decir nada en serio, trina la Divina Colombres desde atrás del mostrador, a mí lo que me preocupa es que murió el estiviyós.
Silencio sepurcral. ¿Quién?, pregunta del fondo. El de la computación, sigue la Divina, el de la manzanita, dicen que nos vamo a quedar sin interné porque era el celebro de todo.
Silencio más sepurcral. Si se me permite y con todo respeto por la señora, irrumpe el doctor Salvatierra, me parece que está hablando pavadas. Lo escuché en la tele, aclara la Divina. Escuchó mal, discute el boga. Escuché bien, insiste la Divina y lo mira al Rengo Marinelli, dale, decile que vos también escuchaste.
Varón paciente como pocos, el Rengo sigue estasiado con su pizarra estadística eletoral. Asegura que si acierta en porcentajes, tiene conchabo firme en consultora de prestigio internacional. Del Fulgor de Mayo a Wáyinton, dice, imaginensen lo que los voy a estrañar.