domingo, 2 de agosto de 2015

El Palomo Furlán



A prosópito de las más que blandengues sanatas con que los candidatos 2015 se farolean para morfetearse el voto de la mersa, incluyendo panquequeos idiológicos de muestra, tema obligado en la mesa consetudinaria del bar buffe, es nesario  no caer en la trampa, ovio, tanto como alvertir que a la verdá del decir, aquí nadies inventó la pólvora. Recordatorio que viene a cuenta, se apila a la memoria del doctor Salvatierra, la engregia y estrambótica figura de quien fuera el gran torcedor fulgurence de cuitas, el célebre Casimiro “El Palomo” Furlán.

Hijo dileto de una humilde familia criolla, cuenta la historia de que desde muy purrete se dio la biaba con gomina y brillantina de la berreta, cosa que debió cementarle la azotea  impidiéndole la respiración natural de los poros craniales, no ostante lo cual, se apelechó a la galería de los ases del bolazo y si no llegó a campionar en eso, le anduvo cerca.

Da fe el Ruso Urbansky, mientras le hace al Gancia con la busarda vacía, que con catorce pirulines recién cumplidos, repetidor repetido del 5° grado en la Escuela 24, el Palomo Furlán supo poner en duda la tabla de multiplicar del cinco, afirmando pal caso que 5 por 8 no le daban 40 ni de cerca, sino 38 postas a contar con los dedos de atrás pa adelante. Ya asomado a un nuevo aplazo con que lo iba a condecorar la señorita Ema, reculó y confirmó que él jamás había afirmado semejante disparate y que 5 por 8 eran Las Cuarenta, igual que el estraordinario tango de Grela y Gorrindo.

Mesa surtida hoy con notables ingredientes, reconquistado el derecho a escabiar en el bar buffé después que la Comisión Diretiva diera por nulas la atuaciones promovidas por la Comisión de Buenas Costumbres, el Negro Gutiérrez memora lo suyo: el varón tenía un poder de convición asoluto. A los veintidós, le propuso casorio a la Petisa Villalba mientras que le noviaba en serio  a la Turca Mohamed y cada tanto le tiraba unos petardos a la hija de los Marrone. Y eso que era fiero de jeta. Lo que tenía, sí, era una labia surtida pa engayolar  a cualquiera.

La esistencia del Palomo Furlán pinta jalonada por notables proezas chapuceras. Cierto que nunca vendió un buzón del correo, pero superó con creces la patraña cuando comercializó con ésito inigualable el Jarabe Doctor Wolfan, un preparado nausabundo que atajaba el refrío con el primer estornudo. Allá por los 60, intitulándose Delegado Especial de Juan Domingo Perón en el esilio, supo traficar cargos en un futuro gobierno justicialista, nomás que el general volviera a la Patria, lo que no se tardaría más que uno o dos años, y así que por módica suma en efetivo contante, acomodó al Conejo  Di Giácomo en el Ministerio de Salú, visto que era enfermero; a Julito Brun, carpintero y recitador campero oriental, en la Embajada en Montevideo; a las hermanas Pierini, que cantaban el Ave María en las misas de la Santa Margarita, en el Coro Estable del Teatro Colón, y así de corrido, quien no tuvo un cargo rentado en el próximo gobierno que estaba al llegar, fue porque no le alcanzaban las rupias pa costear la inversión.

Claro que no todo fue cuestión de guita. Y es que el Palomo Furlán se montó a la ilusión que forjó de sí mismo, desdeñando muchas veces, recompensa en metálico posta. Toda afirmación chantada con sólidos argumentos tuvo su negación sostenida con machaza enjundia y a su autoría se le atribuye la másima esistencial “Para cualquier macaneo, siempre hay una oreja abierta”. Igual que el ingeniero Mauri, hoy candidato a Presi, aunque con mucha menor recompensa, también el Palomo, durante sus años mozos, se surtió del estado con un módico sueldo de maestranza, no ostante lo cual, jamás se privó de criticar, según costa en su célebre “Epifanía chanta”, el triste espetáculo de quienes, como yo, maman de la teta pública sin merecerlo”.

Para el Cabezón Lagomarsino, el varón fue un gomía de fierro, por más que, a la hora de saludarse, lo más mejor fuera desconfiarle un simple al “buen día”, atajarse los bolsillos por las dudas y nunca discutirle al dope, cosa de evitar su perorata espesa como dulceleche. Pero desprendido cuando tenía, generoso pa darse al prójimo, a más de uno salvó de la malaria en tiempos bravos.

Con todo, el Palomo nunca quiso dedicarse a la política. Su amor a la patria, solía decir, le impedía chambonear a la gilada y al pobrerío, confiado al tiempo de que algún día, el apiole universal sentaría de culo a la pitucada platuda y la repartija de caudales se haría ley a los biandazos.       

De yiro por el ispa entero, visto que aquí o allá se lo acreditaba antes que tarde por cuentero, hizo gala de una oratoria sustanciosa en conferencias magistrales sobre las más diversas temáticas, a saber, entre las destacadas, “Legado estraterrestre en la cultura tehuelche”, “La verdá oculta de la vacuna antivariólica”, “Validación magnética del cerro Uritorco”, “Aportes de la civilización sumeria a la farmacología moderna” y la reconocida tesis antropológica nunca publicada que supo intitular “Del Oso Yogui al Homo Sapiens”.

Acaso por esa manera de ser, Casimiro El Palomo Furlán apenas conoció el amor en cuenta gotas. La Petisa Villalba se quedó empilchando santos a la espera de que el hombre la llevara hasta el altar. Asegún el Rengo Marinelli, costa en el Guines de los recors las veces que el farabute ofertó casorio y siempre se desdijo, incluyendo a la Divina Colombres, que lo caló de prima antes que la arrempujara al colchón, eso dice, aunque tampoco es pa creerle.

A la final de sus días, la parca lo alcanzó en la estepa patagónica endemientras buscaba los güesos  del antepasado anteliduviano, el “homo furlán”, que asegún sus estudios biométricos, calzaba 48 en ojotas como todos los Furlán que se conocieran. Socio activo del glorioso desde purrete, campión imbatible en los torneos de truco entre los años 69 y 72, la mesa consetudinaria del bar buffé le rinde homenaje y brindis cada vez la sanata se hace carne en la cosa pública.

lunes, 8 de junio de 2015

Ni una menos



A prosópito de la maroma feminista que se espande por la argenta geografía y por ende, poniendo a salvo la buena fe del cronista y el respeto que el seso débil le merece,  viene a cuento la dramática, por no decir trágica, historia de lo acontecido la noche del pasado 16 demarzo del corriente, a dos cuadras del glorioso, sin ir más lejos, que fue cuando el Petiso Sandonato la cirujeó a la jermu con un tramontina largo de los comunardos y si se arrepintió, nadies sabe: de última, la jeta feliz de pajarito sin jaula que le chantó al juez de turno, le sinificó la condena de femicida.

Como siempre, para hacer entendedera, hay que empezar por el principio. El Petiso Sandonato nació petiso, metro sesenta con suerte y en los años mozos, si por falta de morfeteo posta o por herencia de sangre, todo es posible. De pibe le dio el berretín de jugar de arquero en el fulbito del potrero, donde sacó chapa de gran Carrizo por eso de que el travesanio era una línea imaginaria calculada a ojito. Cuando tuvo que plantarse en un arco de endeveras, se le finó la estampa. Destino de marcador de punta o cinco raspador, antes que tarde supo que lo suyo pasaba por la escoba de 15 o el chin chon, porque ni para el truco servía, hay que decirlo, tan lejos de la maldad le andaba, tan predecible, tan buen tipo. Al decir del finado Jerétaro, un angelito sin alas, esiliado del cielo porque Dios no es bueno.

Recién cumplidos los 18, empezó a noviar con la hija de los Ferretti, la del medio, Nora Susana, que entonces no era la Gorda pero podía presumirse que llegara a serlo. En otras palabras, un tanque Sherman de envidiables cañones y rodaje de orugas pa meterle miedo al adoquiín, naifa de sabidas pretensiones, modosita en la apariencia pero con dudoso pedigrí. Apadrinada por la miyiadura, vio en la rotisería de los Sandonato un reaseguro posta que la pondría a salvo de privaciones.

Tres años de zaguán y uno más de chapeo en la placita Sarratea, fueron suficientes. El Petiso de jetra en estreno y la Gorda Ferretti de blanco, se casaron en la Santa Margarita con más fiesta en el salón del glorioso y luna de miel en Córdoba, bucólica serranía donde las malas lenguas ubican el primer cachetazo, bien que amable y acogedor, sensible y amoroso,  tierno y piadoso si se quiere, pero sopapo al fin con que la doña le puso los puntos al varón, como decir, no te hagás el otario, aquí mando yo.

A decir de la verdad,  el Petiso Sandonato tuvo un matrimonio feliz durante treinta años. Al menos, eso fue lo que declaró en los estrados judiciales. Y es que acaso la felicidá no sea un sobretodo reversible. Cada cual la estima a su parecer, es un hecho, como lo es también que el quía se abotonó al destino como el canario en su jaula.

No hubieron hijos. Los viejos Sandonato se fueron al Olimpo y el Petiso heredó la rotisería, lo que es un decir, porque la Ferretti se hizo cargo del mostrador y la registradora con mano dura. Fue allí, entre salamines y mortadelas, donde la Gorda se hizo gorda y calzó los kilos nesarios pa imponer la superioridá física. La crónica recuerda  con vehemencia  la tarde aquella, durante el verano del 93, cuando la dama de fierro calzó al dorima con una horma de provolone sobre la jeta so pretesto de una supuesta infidelidá visual, alvertida de que el varón se había estasiado almirando la baulera imponente de la hija de los Llorente, a consecuencia de lo cual, el Petiso quedó internado en el Interzonal con traumatismo cranial severo. Otra para la historia sucedió allá por el 2001, que fue cuando una banda de hambrientos desocupados quiso hacerse de prepo con algo de la mercadería en oferta, esigencia a la que el hombre acedió rajándose por el fondo, cuestión que si le escapó a la turba, no evitó que la Gorda le saltara a la yugular acusándolo en público de cagón, pija-corta, marica y otros aljetivos irreproducibles, para completar el castigo encerrándolo en un depósito del entrepiso durante una semana a pan y agua.

Claro que no todas fueron espinas en la vida conyugal, a la vista de que hasta el rosal sabe parir su belleza de flor entre púas. No hace tanto, en las mesas decidoras del bar buffé del glorioso Fulgor, supo el querido Sandonato poner en alta estima el indómito caráter de su jermu, a quien definió como una gorda mal arriada pero buena en el fondo. Recordaba entonces las noches que la naifa le dormía en cucharita, lo cazaba del cogote y medio que lo afisiaba para arrastrarlo a un parosismo placentero, o cuando ella, sin alvertirle, le ponía lasante en el puchero, cosa que lo dejaba en feliz labor depurativa intestinal hasta que las almorranas se las ponía de collar. Le dolía, ovio, más que alguna zalipa imprevista, el acoso verbal, la manera con que la jermu solía basurearlo en delante de terceros, pero también recordaba las tardes macanudas, cuando ella le cebaba mates ajoba del alero, en el patio, y lo llamaba pimpollo, mi machito, flor de loto. O flor de pelotudo si andaba indispuesta, con la regla, aunque en esos casos, era comprensible.  

Lo cierto es que nuestro gomía jamás le alzó una mano a la Gorda, aserto que ella supo ratificar en público. Si el idiota me llega a poner un dedo encima, se lo corto con yilé, llegó a confesarle a su amiga Mercedes, la viuda del viejo Gómez.  Y mismo el doctor Grajales, siquiatra matriculado que les hizo terapia de pareja por unos meses en el 2008, que fue a partir de que el Petiso perdió dos dientes del comedero después del cross con que la Gorda lo disciplinó por su inapetencia sesual, confirmó ante el juez interviniente lo que a nadies le escapaba: al muchacho le gusta que lo fajen, es un masoca pelvertido.

Tal aventurada inferencia se contradice con los varios intentos del Petiso Sandonato por escapar del yugo. El primero fue a poco del casamiento, quinto o sexto aniversario,  cuando tras una zalipa que lo dejó de cama, armó un bolsito, llegó hasta la puerta de la rotisería y chau, que te aguante Mongo, le dijo. Ella le juró y perjuró que la cosa no volvería a repetirse, que lo amaba con locura y así, por poco que se le arrastró a los pies y el lunfa reculó y la perdonó. Anédota reiterada varias veces y probado que las promesas se deshacían rápido, unos años después, el Petiso se rajó a escondidas y halló refugio en lo del Rengo Marinelli, el barman del glorioso, donde la Divina Colombres le armó un catre pa que se repusiera del ojo en compota. Y hasta allí fue la Gorda Ferretti, avisada por algún indiscreto, pa rogarle que regresara al hogar, que antes que volver a fajarlo, se cortaría una mano. Pero lejos de cortársela, le dio impulso y efetividá, cuestión que al tiempo, el varón encaró por la legal, se apersonó en la comisaría de la sexta e hizo la denuncia pertinente por abuso y maltrato, a lo cual el Principal Ortelli, no sólo que tenía cosas más importantes que resolver, le dijo, sino que llamó por teléfono a la rotisería para alcahuetearle a la señora  que el dorima  la estaba embretando de lo peor.

Que el Petiso Sandonato pudo tomarse el olivo y evitar así el dramático final, es cierto, pero hay que decirlo, eso le hubiera sinificado olvidarse de la rotisería, ámbito frugal donde se piantaron su días de purrete entre gancheras, quesos y embutidos, donde los trenes de juguete eran ristras de salamines y los autos de carrera defilaban con el olorcito de las morcillas que el padre elaboraba con sus manos en una piecita del fondo. Así que se la bancó hasta donde pudo, siempre con la esperanza de que, con el tiempo que todo lo ablanda, la Gorda se aplacara. Una última denuncia, esta vez en un juzgado de familia, pasó al archivo sin pena ni gloria. Déjese de joder y póngase los calzoncillos, le chantó un secretario. Y eso fue lo que hizo el varón.

La tarde del 16 de marzo pasado, el quía se entretuvo jugando a las barajas en el club. Nueve de la noche, volvió al hogar y cocinó unos churrascos a la plancha. Se bancó el rezo mistongo de la jermu. Qué basura de comida. Y eso fue como un aguijón. Al tecito que la Gorda se enchufaba antes de acostarse, le clavó un sonífero bien pulenta, como pa anestesiar a un elefante. Esperó que la javie se apoliyara profundo. Fue hasta la cocina, cazó el tramontina largo, se arrodilló en la cama, al lado de ella, y allí le dio sin asco, direto al cuore. Un intercostal perfeto a dos manos. La Gorda ni mosqueó. O sí. Quizás alcanzó a abrir los dos ojitos pálidos, desde atrás de los mofletes, como preguntándose por qué. Lo cierto es que el Petiso Sandonato, como liberado al fin, se acostó como todas las noches. Acomodó a la jermu de coté y se apoliyó bonito haciéndole cucharita al fiambre. Por la mañana, se despertó temprano, se mandó el feca de costumbre, calentó el agua pa los mates y abrió el comercio como siempre, nueve en punto, pa recibir al primer cliente de todas las mañanas, don Félix Neira, quien le oyó de primicia la confesión, llana y concisa: la maté, viejo.

Desde hace unos días, el Petiso Sandonato está en la tapa de los diarios, en la radio y en la tele. El feroz femicida del barrio la Testil Argentina, según lo intitulan, no ha mostrado arrepentimiento alguno. Ergo, parece que no hay boga que le empreste la defensa. Hasta el doctor Salvatierra se escusó por eseso de laburo que tiene, pero de seguro que mañana o pasado le sale al ruedo pa ayudarlo gratarola, y es que el gran tordo fulgurense no le hace asco a la dificultá, probado está, másime cuando un varón de ley se arrima a la mala por culpa de una sacudida mental a destiempo, como es el caso. Una carta de puño y letra que el lunfa, desde la celda, le postió a la barra del club, finita el escrito con una frase llamada a ganar un premio en las grandes ligas del orre: Cómo te estraño, dagor…

lunes, 1 de junio de 2015

97 Pirulos



La cosa está que arde en la mesa consetudinaria del bar buffé. Porque sí, porque no es cosa de todos los días que se ponga en duda la honorabilidá de nuestro consumado barman, genial artífice  de los más afamados copetines del orbe, don Daniel El Rengo Marinelli, y cuanto menos, la sensual entereza de su querida concubina y musa ispiradora,  la Divina Colombres. Dicho esto, es nesario plantar la justa pa esclarecer la sesera de la masa fulgurense que atónita asiste al intento  destituyente con que el supremo Tribunal de Disciplina del club de los amores pretende,  so pretestos varios, clausurar el aquilatado lar que nos cobija.
La menesunda arranyó dos meses pa atrás, cuando la intitulada Comisión de Buenas Costumbres, por boca cloacal de quien rubrica por presidenta, la dotora Eugenia Basavilbaso, presentó un escrito a la Comisión Diretiva,  acusando a nuestro querido barman de incumplir con la letra de la concesión que lo liga al buffé sensible del glorioso, poniendo de relieve al efeto, “un tráfico indiscriminado de bebidas alcohólicas”, y sugiriendo de cololario que se ha convertido, “lo que debiera constituir un espacio de saludable retiro,  en un trágico y pernicioso ejemplo para las jóvenes generaciones que a diario alimentan con su afable inocencia los salones del histórico club”.
Puesto al tanto de la denuncia, don Leopoldo Sastre, presidente vitalicio del glorioso y gustoso de los elísires con que Marinelli sorprende, dio por insustancial el reclamo. La dotora está pirucha, sentenció y archivó la denuncia. Así que no conforme con eso, la dicha Basavilbaso se dirigió al supremo Tribunal de Disciplina que integran viejas glorias fulgurenses, a saber, el Petiso Garmendia, reconocido luchador del sindicato testil; Clarita Soares, una eminencia de la sicología condutista que de tanto transitar loqueros ganguea fulero; y como si fuera poco, don Evaristo Fais, 97 pirulines, más o menos entero, lúcido y eficaz cirujano  del  Hospital Interzonal hasta que lo jubilaron de apuro a los ochenta, que fue cuando le cuartió la zapán a un jailaife, confundiéndole la péndice con un riñon.
De los intríngulis de la sentencia, pronto se supo. Ovio, el Petiso Garmendia, diplomado en la lucha sindical tanto como en noches a la gurda entre aguardientes ispiradores, falló a favor del Rengo Marinelli, aduciendo la inconsistencia concectual del planteo. Y más ovio todavía, Clarita Soares dio lugar a la Basavilbaso  y propuso la asurda idea de traformar el bar buffé del glorioso en una Casita de Té Fulgor de Mayo,  aljuntando al escrito no menos de cinco recetas culinarias, a saber,  pastafrola de membrillo, masitas secas, lemonpai y tortas varias.
Quedaba pa desempatar don Evaristo, el de los 97 pirulos, una eminencia de la ciencia médica pero cascoteado por los años. Y es que el hombre tiene sus días, a saber, que en una de esas la máquina pensante le funca de prima hasta que por ahí se le tapa el filtro de nasta y chau, se le confunde un nieto con el almacenero,  o más peor, llama por teléfono a la remisería, como pasó, y pide que le manden un mateo de los de antes, cosa que pa no ponerlo fulo, hay que conseguirle un yobaca y el carrito del viejo  Sanchez, el ciruja de la vía, un erudito de la recolección de residuos.
Hay que respetar la ancianidá, es cierto. Nadies en la mesa consetudinaria chamuyaría en contrario, másime cuando alguno que otro arrima ochenta abriles, como el Ruso Urbansky, y la carbonera todavía le echa humo del bueno. Pero el problema de don Evaristo, aparte de los 97, es que es adicto a la Fanta, y como esplica el Negro Gutiérrez, la Fanta trae diabetis y tapona las  carótidas. Argumento sólido que Carlitos Mercier redondea con su máxima justicialista preferida: la única verdá es la realidá. A los cien años, ni Patoruzú tiene las boliadoras en su lugar, y menos si morfa con naranjada.
Cuestión fue que, según se supo, a la hora de chantar el desempate, reunido el Tribunal, faltaba don Evaristo, afetado del  mal de todo varón, la próstata. Así que la Clarita Soares aprovechó la posta, lo abarajó solari al anciano, lo apalabró de apuro y le sacó el voto fulo. Se clausura el bar buffé. Basta de choborras. Pista libre pa la Casita de Té. Tras cartón, en la la CD se partieron las aguas como cuando Josué cruzó el Jordán. Muchachos, asténganse por un tiempito, avisó don Leopoldo, háganle al feca, cómanse un sanguchito, pero córtenla con el escabio, a lo menos, hasta que se calme la trifulca.
Ni el cura de la Santa Margarita, adito como es al faso,  habría saltado con semejante sermón.  Nomás los pibes del billar, Marito y el Oreja, acectaron martillarse la zabeca con la Coca pura, reemplazando el espirituoso ferné con limón esprimido. Para la mesa consetudinaria del bar buffé, en cambio, el dislate fue un llamado al combate y antes que tarde, la verba flamígera del doctor Salvatierra puso norte al entuerto: cual soldados de Agamenón, hijo de Atreo, rindamos a Troya y obtengamos los favores de Casandra sin hesitar siquiera. La victoria será nuestra, plantió.
Afetado direto en la cuestión, el Rengo Marinelli está lo que se dice, indinnado. Y depre, hay que decirlo. Pasa el día de dorapa a la vera del mostrador, la vista perdida en un horizonte imaginario, mientras la Divina trafica cafeces, alfajores, caramelos y la pasta frola de Clarita. Cada tanto, a nuestro barman le da la chiripioca y chanta inquisitorias en voz alta, igual que Sócrates en el mercado grecio:  ¿Puede un juez juzgar a los 97 pirulos? ¿Dónde termina la sabiduría y empieza la colifata senil?
Endemientras, estamos los que somos. La última reunión de la mesa consetudinaria se regó con sendos cafeces y con más tecito de tilo pa Salvatierra, probada la gastritis perene que lo afeta. Ingredientes, ninguno. La arrimada de un coñac pa gotear las infusiones, metida de contrabando por la Divina Colombres, ayudó en la ingesta. Pero ni de cerca sirvió para levantar la autoestima de nadies. La prósima, punto y a aparte, será  la de protesta, justo en la puerta del glorioso, pero en la vedera, abajo del escudo rojinegro, con estaño improvisado pero surtido pal campionato, plestórico de vermuces con ingredientes. Y que venga la yuta a sacarnos. Por las dudas, el Negro Gutiérrez, el de la gomería del camino de cintura, ya ofreció dos cubiertas gastadas para piquetear con candela y barullo.             

jueves, 2 de abril de 2015

Mas turra que el ex dorima



Vista la machaza repercusión del anterior reportaje que en exclusiva nos concediera Peter Parker, el Spidermán, respecto del finado fiscal Nismán que conmueve al ispa todo, este cronista siempre atento a la primicia apuntó  el trabuco como pa ganar un premio en las grandes ligas. Y así que así, con la ayuda fenomenal del Pibe Garófalo, más que entendido en el filing tecnológico y traductor de idiomas varios, armó una teleconferencia internética como pa dejar colifatos a los seguidores del glorioso Fulgor. De un lado, y aprovechando su paso por la Argentina, el agente británico del MI-6, James Bond 007, con el tiempo contado según alvierte, desde una mansión en cantry del Pilar y pronto pa rajar a su tierra natal. Tapín que mata, tragedia sport made in London, sonrisa seductora, aclara de prima que esta fulo y depre. Y es que tal sarepe, el contacto de los services que le habían dado en la ciudad porteña, una tal Romina Díaz, nombre de guerra por supu, no solo era más fiera que la neblina inglesa sino que encima era un Romino de toronja talle 42, doble agente de quién sabe quién , que primero se le hizo el gomía y después casi lo ensarta en la zona roja de Palermo a bordo de Chevrolet 400 tras una persecución fierrera de cuarta. En el otro corner, el agente encubierto del MSS chino, Hui Ling, desde la piecita al fondo de un súper mercado del barrio La Textil, que con la ayuda de su joven hija Kumiko, la que atiende en la registradora del comercio y habla castellano fluido, de alguna manera, asegura, se hará entender si quiere, y sino, dirá que no entiende con la parsimonia oriental que lo caracteriza.
Así puesta las cosas, habilitada la conexión lectrónica, se plantan las presentaciones del caso no exentas de suspicacias. Y es que a decir de la verdad, el 007 y Hui Ling se junan de hace tiempo, que fue cuando el service de su Majestad anduvo por Pekin atropellando orientales con su Aston Martins DB5 descapotable y el mismísimo supermercadista, entonces vigilante de tránsito, le requisó la maravilla mecánica y nunca se la devolvió. Esta vieja enemistad se actualizó recientemente, durante la marcha de los fiscales del 18 F, en medio de una lluvia torrencial,  cuando  el agente británico protagonizó una enconada batalla contra vendedores de paraguas de origen chino apostados en diversas esquinas del centro porteño, presuntos agentes del MSS pequinés.
Con todo, cronista que juega por abajo y pone la bocha al pie, no le anda con sutilezas pa encarar la conversa que se apunta esclarecedora de la cuestión que nos atañe. De a uno por vez plis, se le ruega, así arranca la exclusiva.  
Yo: Según sarepe, caballeros, el laburo de los espías por aquí viene a full, o lo menos está de moda. La Presi descabezó a la SIDE, toda la mersa habla del Stiuso, pasó lo del fiscal Nismán, versiones pa hacer dulce, en fin, nomás faltaba usté, señor Bond. ¿Qué anda haciendo por acá?
007: Vine invitado a través de un grupo de amigas, muy preocupados ciertamente por lo que está ocurriendo en la Argentina. Ahora bien, si le revelara el objeto de mi misión en Buenos Aires, dejaría de ser una operación secreta y yo no me llamaría James Bond (se ríe). Eso sí, mi especialidad son los fierros y las minas, y es de interés para el MI-6 y para mí en lo personal conocer el estado general del mujerío argento así como de las calles principales y rutas de acceso en la ciudad de Buenos Aires. Sobre las primeras, más allá del transexual que me chantaron de contacto, he comprobado in situ la calidad superlativa de la mercadería que se ofrece. Respecto de los fierros, el parque motorizado y las condiciones de tránsito son francamente lamentables, lo que hace de difícil implementación toda aventura automovilística de las que me gustan. ¿Vio cómo se me pegó el lunfa porteño?  
Yo: ¿Podría ser más explícito, mister Bond? Diversos analistas que sostienen la tesis del homicidio del fiscal Nisman establecen con cierta lógica que sólo pudo haberse realizado a través de un sofisticado mecanismo y a través de un personal altamente capacitado. De modo que su presencia en Buenos Aires no deja de llamar la atención.
007: ¿Debo inferir que usted supone que yo pude ser el homicida?    
LING: ¿Puedo hablal?
YO: Ya estoy con usted, señor Ling. Yo no supongo nada, mister Bond.
007: Pongamos las cosas en claro, chabón. El tordo Nisman merecía una alta consideración de mi parte, no sólo por sus aquilatados servicios a la causa de la libertad y su reconocida amistad con nuestros aliados estadounidenses e israelíes. Era además, una extraordinaria personalidad en el universo amatorio mundial, un hombre que supo combinar con extraordinaria habilidad la ecuación trabajo-placer, a tal punto que su nombre ha trascendido en el ámbito nocturno de diversas capitales europeas.
YO: ¿Puedo deducir que usted ya lo habría conocido o tratado en dichos ámbitos?
007: Sólo por referencias. El nivel de la  merca femenina que rodeaba al finado, aunque gaterío interesante, no estaba a la altura del universo que frecuento. Es decir…
LING: En China siemple se recuelda a Úlsula Andless. Bella señolita… ¿Puedo hablal? 
YO: Un momento, señor Ling, ya estoy con usted. Pero mister Bond, usted me dijo al comienzo que fue invitado por un grupo de amigas. ¿Tiene alguna vinculación con la ex esposa del fiscal, la doctora Arroyo Salgado?
007: Sólo le diré que una de ellas es una diputada muy adepta a nuestro licor nacional escosés, excelente bebedora aunque con tendencia al exceso. En cuanto a Sandy, es decir, la jueza que usted menciona,  (Arroyo Salgado),  es una vieja amiga de la inteligencia occidental, una dama exquisita, como usted dicen, “una turra de puta madre” (se ríe).
LING: ¿Puedo hablal?
YO: Un momento, señor Ling. Podría ser más específico, mister Bond, respecto de esa expresión. ¿Acaso su presencia en la Argentina tiene alguna relación con la señora Arroyo Salgado?
007: Es mucho más complejo, Marcial. Claramente, es de interés para su Majestad seguir atentamente los sucesos en la región sudaca. Ciertas inclinaciones geopolíticas de las dictaduras populistas en Argentina, Brasil, Venezuela, Nicaragua, Ecuador y Bolivia preocupan a Occidente Los acuerdos de negocios que varios de estas dictaduras han realizado con Rusia y con China han significado enormes daños económicos y financieros para empresas norteamericanas y europeas, lo cual resulta inadmisible y pone en riesgo la seguridad del sistema global. No puede soslayarse que ya el Satánico Dr. No tenía su base en Jamaica. Desde allí, la organización Spectre planeaba un sistema de dominación mundial. En estas condiciones, el doctor Nisman cumplió una excelente labor y es una pena su desaparición física.
HL: ¿Puedo hablal, calajo?
YO: Bien, señor Ling, le doy la palabra. ¿Usted también fue invitado a intervenir en la investigación del caso Nisman? ¿Qué hipótesis maneja el MSS chino?
Kumiko: En primer lugar, dice mi padre Ling, que no necesita ser invitado. Está instalado en el barrio La Textil con próspero comercio. Pero eso no significa que no esté preocupado. La presencia del señor Bond siempre trae consecuencias desafortunadas. Detrás de su aspecto elegante y distinguido, se esconde una persona abyecta y despreciable, un asesino imperturbable, frío y eficaz.
007: Agradezco los cumplidos del señor Ling.
KUMIKO: Para mi padre, no son cumplidos, mister Bond. En segundo lugar, la República Popular China no se entromete en los asuntos internos de los países. Es una pena que el doctor Nisman se haya suicidado, pero así son las reglas entre caballeros de inteligencia. En China decimos, “cuando se te destapa la olla y nadie acude en tu ayuda, pequeño saltamonte, muestra firmeza, equilibra tu zen o desaparece”.
YO; ¿Podría ser más explícito, señor Ling?
KUMIKO: En la cultura oriental, un desequilibrio del zen provoca peligrosas consecuencias para la salud. Como dicen aquí, el zen del fiscal estaba hecho pomada. Una existencia plagada de irregularidades lo hacía fácilmente controlable por terceros, es decir, por la CIA y el Mossad.    
007: Filosofía barata. Pero coincido con el agente Ling. Varones virtuosos como el doctor Nisman suelen ser incomprendidos por la sociedad. En ciertos casos, cuando se llega a un límite, no queda otra que auto eliminarse. Quizás estamos ante un caso de “double life”. Como he escuchado por aquí,  le daba sin asco a la matraca.
LING: ¿Qué matlaca?
007: La matraca, mister Ling.
LING: Ling no es mister. Es un camalada. Y la matlaca es un sano espalcimiento de niños.
KUMIKO: Mi padre se disculpa ya que no comprende el concepto “darle a la matraca”. En China diríamos que el señor Nisman era muy afecto a juegos sexuales, o en otras palabras, a modo de pregunta, ¿cada pequeño saltamonte hace de su culo un pito?
YO: Por favor, ordenemos la conversa. Parece llamativo que la señora Arroyo Salgado, parte querellante al fin y al cabo, supuestamente interesada en esclarecer lo ocurrido, sea quien interpone trabas permanentes a la investigación de la fiscalía. ¿Qué opinión les merece?
007: La señora es una dama inteligente y exquisita. Merece todo mi apoyo.
LING: ¿Ya la apoyó?
YO: Por favor, señor Ling, deje hablar a mister Bond.
007: Al doctor Nisman se le abonaban excelentes estipendios para llevar la causa AMIA y sostenerla según los intereses estratégicos de occidente, lo que ustedes denominan, la pista iraní. Para eso se le abonaba en pesos, dólares y shéqueles o dinares. Lamentablemente, la señora Arroyo Salgado desconocía el total de los montos ofertados y ciertas inversiones que su ex marido había desarrollado oportunamente.  
HL: ¿Puedo hablal?
YO: ¿Quiere decir, señor Bond, que el fiscal Nisman recibía dineros de los servicios americanos e israelíes? En tal caso configuraría un delito de traición a la Patria.
007: Eso lo afirma usted.
YO: Señor Ling, por lo que usted ha podido conocer de los usos y costumbres nacionales,  le parece que es común que los fiscales federales reciban adornos contantes y sonantes de agencias extranjeras?
LING: (se ríe) Algentino lápido si hay platita.
KUMIKO: Mi padre se disculpa. No es su intención ofender al pueblo argentino. En la filosofía oriental…   
007: Y dale con la filosofía. ¿Se da cuenta, Marcial? Con los amarillos no se puede hablar. 
KUMIKO: Le recuerdo al señor Bond que cuando los sajones vivían en la edad de piedra, en China ya se elaborara la exquisita porcelana tanto como se cultivaba el pensamiento.
YO: Por favor, tratemos de ceñirnos a las preguntas. Señor Ling, ¿conoce usted a la doctora Arroyo Salgado? Según algunos trascendidos, la jueza estaría investigando la introducción de al menos tres agentes del MSS en un entrepiso de los vagones recientemente importados de China…
KUMIKO:  Parafraseando la expresión de mister Bond, la señora resultó “más turra que el ex dorima” (se ríe). Sus vínculos con la CIA se entrelazan a intereses personales respecto de la herencia del difunto. Conoce todos los artilugios legales para hacer que la investigación sobre su muerte naufrague en las aguas del mar. Dice mi padre que solo una vez compró en súper chino y lo hizo a través de una mucama.
LING: Era palaguaya.  
007: Facilonga, como las orientales.
HL: Mujel china nunca fácil.
007: ¿Y la última chinita que me comí en Bangkok?
KUMIKO: Dice mi padre que la supina ignorancia del señor Bond lo asombra. La señorita Sun era coreana.
YO: Por favor, señores, no nos vayamos por las ramas.
KUMIKO: Las de nuestro árbol nacional, el ginko, pobladas de bellas hojas y flores, proveen de afamadas sustancias para el tratamiento del alzheimer, el glaucoma, la circulación sanguínea y las disfunciones sexuales.
007: Si Hui Ling presume que necesito del ginko para mi actividad sexual con la señora Arroyo Salgado, por cierto que comete gravísimo error.
KUMIKO: No es lo que Hui dice, pero ya que el señor Bond lo menciona, en China afirmamos, “hay que tener estómago para comer chop suey con mermelada de frambuesa”.
007: Basta de filosofía amarilla, por favor.
LING: No es filosofía. Es gastlonomía.
007:  Conozco al señor Ling y sus argumentos banales. Soy un agente de la su Majestad. No sólo tengo oficio. Me sobra pinta, guita, minas y yantas.  Hay que ver cómo se pega el lunfardo argentino.
HL: El señol Bond me neflega.
KUMIKO: Mi padre se disculpa una vez más. No quiere ser ofensivo.
YO: Por favor, ordenemos la conversa, plis. Nadie discute su capacidad amatoria, mister Bond. A propósito, ¿conoce usted a la señorita Kadia Aidenbaum?  ¿Tiene conocimiento de su presencia en Buenos Aires?
007: Me une a Kadia una larga y cálida amistad. Fue de gran ayuda cuando debí enfrentar al general Orlov, siendo que me contactó con Octopussy. Si tengo que elegir entre alguna de ellas, la verdad… Quizás Octopussy fuera más juguetona. Kadia, cada tanto, se enredaba con prejuicios de la Torá.
KUMIKO: Afirma mi padre que Kadia Aidenbaum es agente del Mossad.  Como decimos en China, peligrosa como oso panda con sable kuan dao. Hace un tiempo, intentó seducir a Hui, pero mi madre, Li, le aplicó un golpe de muay thai.
YO: ¿A la señorita Aidenbaum?
KUMIKO: No. El golpe shaolín fue aplicado a Hui. Mi padre fue muy afortunado al sobrevivir. Luego, la agente Kadia intentó sobornarlo y le ofreció dólares. Pero Hui sólo acepta yuanes.
YO: Por favor, una vez más, tratemos de ceñirnos a las preguntas. ¿Pudo la señorita Aidenbaum tener relación con la muerte del fiscal Nisman? ¿Tenía algún vínculo con el señor Lagomarsino?
KUMIKO: En la idiosincrasia oriental, la muerte es resultado y parte ineludible de un proceso, aún la accidental o el suicidio. Como tal, es un punto final y a su vez no lo es, ya que abre condiciones nuevas para la continuidad del desarrollo. La agente Aidenbaum conoce muy bien lo que pasó en los atentados en la embajada israelí en Buenos Aires y en la AMIA. 
007: No soporto a los amarillos cuando hacen filosofía.
YO: Por favor.
KUMIKO: La agente Aidenbaum sabe muy bien por qué se suicidó el fiscal Nisman, tanto como conoce el entramado por el cual se hizo del mismo un escándalo internacional afectando al gobierno argentino. El agente Bond también sabe. A veces, una noticia propagada por los medios dominantes es más poderosa que una ofensiva de tanques y misiles.
007: Al señor Ling le recuerdo que he manejado tanques y que me cansé de liquidar orientales norcoreanos del coronel Moon. Si no se acuerda, vea mi película “Die another day”.
YO: Por favor, señor Bond… Hablamos de vínculos concretos entre los servicios de inteligencia y ciertas estructuras del poder judicial…
007: Seré sincero, aunque no es mi especialidad. En ocasión de una operación en Budapest, debí seducir a la húngara Natacha Dorzsebet, esposa de un prominente juez, quien llevaba una causa contra un empresario ruso, Alexey Sozlov. Dejando de lado que con la señora la pasamos joya, el objetivo era que a través de…
LING: ¿Mistel Bond también se galchó a la vilgen Malía?
KUMIKO: Perdón, mi padre se refiere a cierta ostentación que el señor Bond pone de manifiesto con sus aventuras sexuales.
YO: Lo siento, pero así no podemos seguir. Señor Bond, está usted en línea. Señor Bond…
LING: Blitánico cagón. Coltó la intelnét.
YO: Una pena, señor Ling. Aprovecho para preguntarle…
KUMIKO: Mi padre Hui no responderá más preguntas. Dice que lo único que lo divierte en estas condiciones radica en enfrentar al agente inglés. No siendo así, prefiere callar.
YO: Pero…
LING: Zai jian, señol.