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domingo, 22 de septiembre de 2013
sábado, 27 de julio de 2013
El Candidato de la Gente
Como dice el gotán de Petorossi y
Lepera, “el musculo duerme, la ambición descansa”, verdadera tesis
poético-fisiológica que no merecería reparos si no fuera por el hecho de
manyar, este cronista, la historia verídica de un criollazo varón para quien el
sueño, aún inducido por machazo ansiolítico, no da reparo a la apetencia. Más
peor, pareciera que en los brazos del Morfeo, la aspiración acomodaticia, mismo
que una planta carnívora del trópico, le germina con renovada virulencia en las
entrañas.
Hace como cinco años o poco más,
Marcelino Garófalo, primo lejano de mi ayudante aljunto, más conocido en los
pagos de Vidal como Larguilucho por esa pinta de cofla abacanado, de profesión
tornero por herencia paterna, en sano uso de sus facultades según espertos,
aunque atacado por alguna virosis esistencial al decir de Margarita Salas,
parasicóloga, tarotista y vidente de reconocida trayetoria, decidió que su
norte estaba en la política, pero en la política en serio. En la profesional,
le esplicó a la vieja, y así que de un día para otro, largó el laburo que tenía
en el taller y empezó a meterse en el ambiente para ponerse al tanto de la
menesunda.
Cuarenta pirulos casi, secundaria
completa en la noturna de la Normal y avispado lector de El Vidalense,
semanario político cultural del municipio, lo primero que se dio cuenta fue que
tenía reforzar el inteleto, es decir, que a lo menos, refrescar aquello que la
falta de aplicación prática se le había olvidao en las verijas: algo de la
historia, de la giografía y, más o menos, de la economía. En suma, un poco de
todo pero sin esagerar, cuestión que resolvieron unas pocas clases particulares
con la señorita Laura, maestra de sesto grado y una eminencia conositiva capaz
de recitar el Manual Kapeluz del Alunno Bonaerense de corrido y sin ojear.
La segunda cosa que tenía que
resolver era un asunto de conversa, y no porque le faltara el don espresivo,
que para dar fe había una pila de naifas, chaladas todas por su labia sensual y
entradora, antesala de notables ésitos amatorios. Parolar de corrido y con solidez de fierro en asuntos del bien común,
eso no era, ni es, moco de pavo. Eso no está en los libros, lo adotrinó el
doctor Argüello, viejo caudillo toldense de los tiempos de Balbín, aprender a
escuchar, tirar una pista sin arriesgar tanto, probar de a poco, como decir, probar
con la puntitas de los pieces antes de echarse
al agua.
Sabios consejos que hubo de calar a
tiempo, ninguno como los de don Jacinto Sureda, ferroviario jubilado que supo
recibir un diploma del General Perón allá por 53, el mismo que hoy le cuelga de
cuadrito en una pared de la cocina. Tenés que armar tu kiosco, le apuntó don
Jacinto, sin vidriera puesta ningún negocio funca, y eso sí, peronista, pero
peronista en serio, porque desde el 45, la historia de este ispa pasa por
ahí.
Con semejante bagaje conositivo,
Marcelino Garófalo se atornilló a la militancia. El taller de tornería, a fines
del 2003, pasó a ser el físico domicilio de la Agrupación JDP, “corriente del
pensamiento justicialista inspirada en las veinte verdades y abierta al
entendimiento con todos los hombres y mujeres de bien que hacen al suelo
argentino”, según le escribió el mismo don Jacinto Sureda en el acta
fundacional.
Primero lo primero, ya investido en condutor
indiscutido, el Larguilucho se caminó los pagos de Vidal pa levantar un toco de
fichas afiliatorias de su propia confeción, cuestión que resolvió con facilidá
por ser lunfa bien querido y simpático además de avezado hablador. ¿Quién le
iba a negar una firma? Nadies.
Así que así, con semejante poderío en cartón,
se aposentó a la intendecia, hizo migas con algún funcionario, plantó bandera y
pa las eleciones del 2007, no ostante que en el acto de la Plaza Belgrano
moviera tres bondis repletos con acólitos de “Garófalo Condución”, se bancó que en el armado de las listas lo
ningunearan.
¿Por qué? ¿Qué le faltaba? ¿Dónde le
había pifiado? Tranquilo, tenés que ir de menor a mayor, le batió el Sordo
Amicuchi en un mitín del conurbano, puntero de Avellaneda con más calle que un
trapito. Lo que necesitás es un esponsor, banca, mosca, y cuidá el kiosco, que
nadie te lo afane.
Claro como el agua, Marcelino
Garófalo le dio matraca al esponsoreo. Apuntó a “Corralones La Negra”, a cambio
de futuro protagonismo en la obra pública vidalense, al “Mercadito Fer-Lau” y a
los hermanos Guerrero, los de la agroquímica. Con todo, suficiente para
asegurar la necesidá militante hasta la prósima eleción, guita pa los trapos,
bombo y redoblante, y fundamental, pa inagurar un comedor infantil Copa de
Leche JDP , dos meses antes de las eleciones del 2009.
Kiosco puesto, buen esponsoreo, no
era pa regalarlo en la primera de cambio. Fama, necesitás fama, volvió a
aconsejarlo el viejo Jacinto, ¿no viste que los ricos y famosos siempre tienen
un lugar en los cargos? Y sí. Millonario no, pero para famoso tenía orginalidá.
A la verdá del decir, en los pagos vidalenses, los laureles no eran tan
difíciles de alquirir. Se anotó pa los 15
km de la maratón Arroyo Seco-La Dormilona, corrió la mitá y pa lo que le
faltaba, visto que no llegaba ni a placé, garpó taca taca para que el viejo
Obdulio Bernal lo llevara en la Ford por un lateral y lo depositara a cien
metros de la posta final. Récor asoluto, hasta el colombiano Bernabé Díaz
Baliña, notable maratonista de lustre internacional, tuvo que acectar el
veredito de un jurado más localista que referí en cancha de Chicago. Cuestión fue que Marcelino Garófalo se paseó
por el trocén de Vidal bajo una lluvia de papel picado.
Puesto asegurado y espetante, a lo
menos pa una concejalía, se puso la camiseta kirrnerista full full y salió a la
cancha con cartel de foto truqueada donde se apelechaba abrazado a la mismísima
presidenta. Jugó fuerte y fue un pecado. Con el bardo de la 125, pocos votos
cosechó y encima lo garcó un fiscal de la mesa 43 cuando le tapó una veintena
de papeletas. No entró por un pelito. Lo más que pudo, fue meter tres gomías de
fierro en los despachos municipales, uno de inspetor en la dirección de
tránsito y dos empleados rasos en la de
cultura. Pequeño espacio de poder pero espacio al fin, le dijieron, seguí
militando que se te va a dar.
Tenía razón don Jacinto Sureda con
eso de probar de a poco y no regalarse, dedujo. Y cuidar el kiosco, atenti,
porque pa cuando murió el Néstor, se amucharon montón de pendejos que venían
con toda la banca de arriba y con más cuerda militante que muñeco a pilas de la
China. Por poco, casi que le coparon la JDP. Tenés que definirte
idiológicamente, le esigieron, justicialista no alcanza, o estás con el proyeto
o sos de la contra.
Marcelino Garófalo no iba a cometer
el mismo error dos veces. Aprendé de Sioli, juná cómo hace la plancha, lo
adotrinó el viejo Argüello. Peronista librepensador, esa es la justa, hizo el
cálculo, pero algo le faltaba. Cintura,
flaco, te falta cintura, lo apioló el Petiso Alorsa, con los pibes kirrneristas
todo bien pero son muy idiológicos y no tenés chance, jugá por afuera que despué, pa negociar, hay
tiempo.
Y le hizo caso. Larguirucho limpió la
JDP con creolina, lo que es un decir. Barrió al piberío con escopeta al hombro,
se puso el casco de motonauta y pa las internas del 2011 laburó a dos puntas
moviendo el fichaje de un lado a otro. Kirrnerista pero no tanto, a la final se
jugó con el Movimiento Vecinal JDP, sigla puesta en honor al poeta gauchesco
vidalense José Dionisio Papalardo, varón de a caballo cuyas rimas trascendieron
el ispa todo.
El resultado del 2011, ya se sabe. La
presi arrasó en Vidal y el Papalardismo se quedó mirando el espetáculo de
afuera. Con todo, sin embargo, Larguirucho ya se movía en el ambiente como bagre en el Paraná. Nadies lo iba a
correr por el costado, ni por derecha ni por izquierda. Quien quisiera ser
taita en Vidal, tendría que negociar con él. Y dicho y hecho, aseguró arrime en
la Seguridá, donde metió dos policías de calle, tres empleados en la Jefatura y
un comisario amigo en la departamental, negocio redondo para apuntalar las
finanzas de la JDP.
Dos años pasaron desde entonces. Hay
quien dice que a Marcelino Garófalo, el Larguilucho, le falla el olfato pa
entender por donde viene la mano, que siempre queda en orsay pero que, si algo
hay que reconocerle, es su costancia, su fe endurecida en la derrota. Como sea,
ahora está convencido de que tiene todo pa ganar.
La avivada le vino de las islas del
Tigre, donde el Ñato Paredes tiene una casita pegada al arroyo Bermúdez. La
onda viene laig, sin azúcar pero con mucho edulcorante, le cantó el Ñato, si no
tenés lugar, pegate a Massita y en esta, seguro que mojás. Y si no es en esta,
en la prósima, porque atenti, y aquí el gomía le guiñó un ojo bien piola,
nadies quiere calarse la mortaja. La sucesión viene pidiendo cancha…
Massita… Y si, Larguirucho ya la
venía masticando como chicle nuevo. Pa colmo o por suerte, lo entusiasmó el
viejo Sureda. Jugá al misterio, flaco, que el resto, con prensa, viene solo.
Jugá bien astrato, como un fraile, jugá. Único proyeto: hacer bien las cosas. ¿Qué cosas? Las cosas,
macho, ¿no sabés qué son las cosas? ¿En
la oposición? De ninguna manera, siempre con espíritu construtivo. ¿Con la
Presi? No te dije, siempre construtivo, siempre con la gente y para la gente.
¿Y el proyeto? El proyeto es la gente, flaco, la gente, ¿no entendés? Pero…
Pero nada, construtivo, bien de cura, un ladrillito y otro y otro, y así, no
digas más, no hablés, y si hablás, hacelo onda Kunfú. Pensá en la gente.
Hace cosa de un mes, bajo la
alvocación justicialista “para un argentino no hay nada mejor que otro
argentino”, Marcelino Garófalo relanzó la JDP, “la Jugo de Pomelo”, única agrupación
cítrica del Frente Renovador Vidalense. Anotado pa intendente, ya es el
candidato de la gente. En antoliógica entrevista concedida a la FM Palenque
Vidaleño, el varón se despachó con la frase matadora que hoy hace furor en las
arboladas avenidas de la centenaria ciudad pampeana: mi mayor ojetivo es la
gente…
sábado, 11 de mayo de 2013
Caro Polvo
No sería más que una colunna cholula
si no fuera por las tan enimáticas como sensuales insinuaciones de mi entrañable
amiga María Pía Legarreta, nomás que recién llegada de Holanda, a donde viajó
pa estar presente en la boda real, según ella, con invitación espresa de los
Zorragueita.
Entusiasta militante de los años
setenta a quien ya presenté en anteriores opúsculos, por aquel entonces un
camión con acoplado que conocí en una de las tantas peñas que se hacían en los
locales del troskismo vernáculo, hoy devenida en divorciada señora de un
platudo que le banca el derpa en Barrancas de Belgrano, María Pía es una buena
mina, se mantiene en forma y punto. Cacerolera consetudinaria, mal
arriada como todo porteño que se precie, oviamente que virulosa antikirrnerista
de origen, o desde la primera vez que tuvo que escuchar a la Presi en una
cadena nacional justo a la hora de Tinelli, cuando primeriaba una almóndiga al
estofado, con todo, pa este cronista entrado en años, a la verdá, María Pía le
supone una enciclopedia viviente en las artes del camasutra y tal erudición,
debe acectarlo, condiciona al resto de sus cualidades itrínsecas.
Decía pues que, recién llegada de los
Países Bajos, me telefonió pa una cita en bacán bodegón de Palermo. No tengo un
sope, le espliqué. Yo garpo, me dijo. Y fui. Morfi asegurado y promesa de culminación
carnal, ningún varón setentista se niega.
Me esperaba sentada a la mesa y
haciéndole a un trago verde como escupida de aquella del Exorcista. Holanda sí
que es un país en serio, qué país, Marcial, me tiro por la cabeza nomás me
cachetió el primer beso. Todo ordenado, limpio, la gente divina, tan
respetuosa, así da gusto vivir, no como acá, que salís de tu casa y no sabés si
te asaltan en la esquina, porque ELLA, te crees que escucha ELLA cuando la
gente le reclama seguridad.
Introito que no era pa sorprenderse,
merecía respuesta: ¿por qué no te quedaste a vivir allá? Pero mutis, el varón
aquilata paciencia pa coronar una noche de éstasis y lujuria. Qué bueno, ¿la
pasaste bien?, contame, son espresiones que abren el juego por las puntas para
ispirar el centro atrás, cabezazo y gol.
Una verdadera reina, la Másima,
sencilla, humilde, un ejemplo de autoridá, no como ESTA yegua que tenemos, soberbia, corructa, una
ditadora, Marcial, que porque la votan se cree que puede llevarse todo por
delante, y ahora hasta la justicia quiere, y los dólares, claro, los dólares
que ahora va a lavar como si nada. ¿A vos te parece?
Es de buen lunfa cerrar el pico
cuando una naifa pela la viperina, más aún si el premio mayor todavía no fue
cantado. Contame, che, ¿estuviste en la coronación?, esa es la posta pa
enternecer y ablandar el matambre más duro.
Por supu, estaba hermosa Másima, y
las tres hijitas, una medio gordita, pero rubias, preciosas. Fue muy formal,
como todo protocolo real de tan estensa tradición. Lo más lindo fue verla en el
balcón del palacio, así, saludando con la mano a la gente. ¡Cómo la quieren! ¡Como
la almiran! Qué orgullo para nosotras, las argentinas. Y después el recorrido
en barco, por los canales de Asterdan. Y ella siempre saludando así, con la
mano y la cabeza inclinada, tan sencilla, tan humilde, no como ESTA hija de
puta que habla hasta por los codos, como si fuéramos tarados.
Verla a María Pía saludando con la
mano, en medio del restorán, al estilo Másima Zorragueita, era una espetáculo
digno de almirarse. Más de un comensal la oservaba como a paciente del Borda y
a la verdá, me daba ganas de cortarle el brazo. Pero no. Centrojás de hacha y
tiza más que habilidoso, hace la pausa y piensa. ¿Y él?, le pregunté. ¿Quién? El rey, flaca,
tiene una jeta de nabo que mata. ¿Wiljeim? Qué se yo cómo se llama. Mirá,
Marcial, no es ningún nabo, según dicen, la primera noche que la conoció ya le
hizo el amor, como en los cuentos de hadas. Ma que cuentos, flaca, en los
cuentos el príncipe nomás le da un beso, seguro que ella le hizo francesa
completa, pelo, bigote y barba, servicio vip, la nami cazó la oportuna y a
cobrar. Aparte, por lo que sé, no es ninguna gilastruna.
María Pía me atajó. No se puede
hablar con vos, Marcial, yo vengo toda emocionada a contarte y vos…, vos, vos no
me escuchás, vos te reís, te burlás. No, flaca. Sí, que no. En serio que no,
soy toda oreja, dale, contame, no te enojes.
Pausa pa tomar aire. Siguió. Lo peor
de todo fue tener que aguantarlo a Budú, me confesó. Viajar miles de kilómetros
y encontrarse con el vice haciéndole reverencias a Másima, no es justo. ¿Te das
cuenta? Es lo mismo que hicieron con el Papa, que le dijeron de todo cuando era
arzobispo de Buenos Aires y después le rindieron honores. No me estrañaría que
ese Budu haya llevado dólares de ELLA para lavar en Holanda. Yo ya creo
cualquier cosa.
Y bué, si le crees todo al gordo
Lanata, estás al horno, le tiré el sablazo.
María Pía me miró como si quien
suscribe fuera Lucifer encarnado. ¿Ahora me vas a decir que Lanata miente, con
todas las pruebas que tiene?, me atajó de puntín. ¿Pruebas?, le susurré. Todo,
sí, lo sabe todo y tiene el valor de denunciarlo, se esaltó y ya los pitucos de
la mesa de al lado la junaban como diciendo está loca pero tiene razón. Así que
varón que nada contra corriente, hace la plancha a tiempo. Seguí, contame, le
espiché. Pero tarde. No, Marcial, vos no me escuchás, no me entendés, y lo peor
es que estás dominado por ese resentimiento tan kirrnerista, ese odio con que
ELLA nos divide como sociedad. Paciencia
del hombre: pero si no dije nada, casi ni hablé. Y mina dolida: no hace falta
que lo digas. Con sugerirlo, basta.
Complicada la mano, peor que si te
cantan falta envido a dos puntos del final. Por suerte, vino el morfi, algo así
como unos churrasquitos con ensalada y
una crema más dudosa que multa vial en la ruta 14, pero plato bien finoli, eso
sí, de nombre franchute y con hojas verdes. Buena merca para apaciguar los
ánimos, sumando un tinto sobiñón que era pa esprimir la botella. Así que me le
abalancé al manjar con los dientes afilados mientras María Pía me confesaba: yo
ya no tengo hambre.
Corte y quebrada bien tanguera, nada
mejor que caldear con gracia el gélido aire de la circustancia. Ahora que
incorporamo una nueva provincia al Sacro Imperio Argentino, le sugerí, habría que
hacer una reforma costitucional pa la coparticipación holandesa en el
presupuesto, y a cambio de eso, a la bandera de ellos le vendría bien un
Gauchito Gil bordado en el medio, por ejemplo, o que en vez de tulipanes
reconozcan al machazo ceibo como flor nacional, o que algún canal de todos los
que tienen pase a llamarse Aliviador General San Martín, digo, o la selección de fulbo naranja, que acecten a
Caruso Lombardi de director ténico, digo, ¿no?, qué te parece.
Tuché. María Pía se sonrió y fue un
regalo pa mis ojos. Embuché el último cacho de churrasco y arranqué con el
plato de ella, sobiñón mediante.
ELLA tiene la culpa, la escuché
susurrarme a la oreja, bien bajito y mirando a los costados como con miedo. Estamos
todos bajo sospecha, Marcial, me parece que el mozo nos estaba escuchando.
Miré pa un costado y pal otro. Lo más
prósimo a la mesa era una Mireya platinada que me relojeaba como a sapo de otro
pozo mientras se manducaba una merluza o similar con papitas nuasé nadando en
salsa.
¿Tas segura?, le pregunté. ¿No te
parece que esagerás?
Vos no tenés problema, pero si fueras
opositor al Régimen, seguro que tendrías miedo, me calzó María Pía. En Holanda
me sentía tan libre, susurró a la final.
Centro a la olla, el lungo siempre
listo pal cabezazo. ¿Qué te parece, entonces, si vamo a un lugar más
tranquilo?, le chamuyé onda Rober Relfor.
María Pía sacudió una dorada pa
garpar la cuenta y quien suscribe le abonó la propina al sospecho batilana que
la iba de mozo, que encima me junó como diciéndome berreta, pijornia, viejo
choto, y andá a la puta que te parió. Pero a quién le importa. Camino abierto
en la maleza, un talibán al volante, María Pía le apuntaba al derpa de Belgrano
mientras este cronista apuraba la digestión y ya se ponía cariñoso.
Dicen que en Asterdan hay una yeca
que está el minerío en oferta, lo mejor del laburo sesual del mundo, le acuné a
la oreja como pa ir calentando el ambiente. María Pía se sonrió sin quitar la
vista del parabrisa, pura sugerencia, pura promesa, como diciéndome que esperá
que te agarre yo, vejete. Vas a pedir ausilio, vas a pedir.
La intimidá no es motivo de la
crónica. Pero vale aclarar que dejamo el auto a una cuadra del bulín, visto que
no es seguro llegar así nomás hasta la cochera. Le hice de campana mientras
ella abría la puerta del edificio, entramo rápido al asensor y ella con un
espray de gas pimienta a mano, por las dudas que hubiera un pibe chorro
esperándola, me dijo, y ya una vez adentro del derpa, revisó media hora los
rincones, no fuera que los servicios le hubieran chantado micrófonos. A la
final, antes de mandarme a duchar, que por poco me baña en Espadol, me mostró
orgullosa la coleción de cacerolas con las que sale a batir espontaniamente
cuando la convocan por el féisbuc. Son nuestras armas, Marcial, hasta que se
vaya ELLA, me confesó como arrimándose a querendona. Y punto. Ya lo dije: la
intimidá es la intimidá. Y el macho se aguanta lo que sea por un cacho de amor.
miércoles, 8 de mayo de 2013
Ese espicher del Dr. Salvatierra
Como un decir,
el doctor Salvatierra anda como descorazonado, o mejor dicho, deseccionado ante
tanta innoracia. Así explicó el Rengo Marinelli viernes pasado mientras
preparaba la primera ronda de vermuces bajo la atenta mirada de la Divina
Colombres, que en eso de pijotearle al gancia es una esperta y si fuera por
ella, el vermu no pasaría de limonada.
Ahora que,
volviendo al doctor Salvatierra, según el Rengo, la historia lo mancó de apuro
con esto de los proyetos de reforma judicial y no le dio tiempo a nada. Boga
erudito y preclaro en las ciencias leguleyas, toda una vida dedicada a la
justicia, kilómetros de suela gastada en los pasillos tribunalicios, horas
interminables dilapidadas en tratos con sus señorías, achicharradas sus retinas
de tanto embuchar escritos y fayos, lo menos que quería el varón era que
alguien lo escuchase.
La cosa fue que
cuando recién empezaba la menesunda y nadies sabía de qué se trataba la
historia, el presi del glorioso, le ofreció al tordo la istalaciones del salón
Ismael Celentano para que, propias palabras de don Leopoldo, se esplayara con
su inflamada verba en aras de esclarecer a la masa fulgurense ávida de
conocimientos sobre estas cuestiones.
Y sí, tengo
mucho pa decir, acectó el varón y, a modo de anuncio publicitario, la misma
frase, “Tengo mucho pa decir”, y con su foto en tres cuartos perfil, anduvo
empapelando las istalaciones del glorioso con cartelito fotocopiado que
convocaba a su primera conferencia intitulada interrogativamente: “¿Reforma o
Maquillaje de la Justicia?”
Hablar de
fracaso es poco, o mejor dicho, no resume la circustancia. Presente a la hora
de inicio, primera fila y medio que obligado por haber sido el ispirador de la
iniciativa, estaba don Leopoldo Sastre junto a la tesorera, la señora María
Josefina García, ambos dos en representación de la CD. Más atrás, el Ruso
Urbansky, siempre interesado en meter bocadillo, Sara Amatti, la diretora del
Escuela 24, con más dos pibes estudiantes de derecho y tres lunfas que se
arrimaron por andar de paso, convencidos que la cosa terminaría con copa de
vino y entremés. El resto eran sillas vacías, paisaje desolador capaz de
desanimar al más pintado. Con todo, asegura el Ruso que el tordo se mandó el
espicher como chamuyando a una multitú de fanas, acaso remembrando su
inigualable prosa de los tiempos juveniles, cuando encendía corazones en las
aulas universitarias.
La segunda
conferencia fue idea del Negro Gutiérrez, el de la gomería del Camino de
Cintura, que no entiende un joraca de la cuestión pero que, nomás de ver al
boga amigo tan desilusionado, lo convenció de repetir el convite, nomás que
cambiándole el título a la disertación por otro consideró más efectivo con el
mismo tenor interrogativo: “¿Qué hacemos con los jueces, eh?”
El mismo
Gutiérrez se encargó de hacer fotocopiar la cartelería y mandó a sus pibes a
colgar los anuncios en los negocios del barrio, a lo que le agregó un parlante
en la puerta del club, la mañana misma del evento y hasta la tarde, con una
grabación de su autoría que decía más o menos así: “¿Que hacemo con la
justicia, eh? ¿Se queda como está? ¿A vos que te parece? No seas bruto y
entérate. Hoy disertación espetacular del dotor Marcelo Salvatierra, diecinueve
horas, no te la pierdas”. Y atrás, de fondo, las notas del hinno fulgúrense
cantado por el coro de la Escuela 24: “Nacido en barrio de latas/ estampa obrera,
sudor y cayos/ pasiones mi club desata /
glorioso Fulgor de Mayo” .
Efetividá
propagandística o hecho mismo de la que menesunda entre Diputados casi había llegado
a los trompis, cuando la tarde de la conferencia, el salón Celentano lucía más
mejor, no digamos que lleno completo pero a lo menos saludable: los muchachos
del bar buffé, a pleno. Los viejos de las bochas, medio que obligados por el
Cabezón Lagomarsino, presentes. Una barra bullanguera, no más de cinco, con
bombo incluido y banderola “Mercier Condución”, se arrimó de la manos de
Carlitos Mercier, peronista de Perón y puntero ineternum. Así que nomás se
enteró Marito, el pibe de la Cámpora, movió a los suyos, seis o siete con
pechera Unidos y Organizados. La nota de color, no ostante, la dio Raulito
Marchán, el hijo de la farmacéutica, que se apareció con una delegación del “Movimiento
gay-lésbico del Barrio Testil Argentina”.
Quintaesencia de
la erudición hecha carne y güeso, el doctor Marcelo Salvatierra se presentó con
un introito sereno, casi una confesión de fraile plena de tenicismos jurídicos,
pero antes que tarde, despachó su verba incendiaria, discurso vibrante como pa
resucitar muertos, nomás que apenas interrumpido con estudiados silencios en
los que junaba al auditorio con su gélida mirada, pa arrancar de nuevo con
“apasionados remates, zarpazos dialéticos que hacían hervir la sangre,
retóricos sopapos de fecunda ilustración llamados a despertar la conciencia
cívica en una amalgama de patriótico fervor y clarividencia ciudadana”, según
publicó después la columna crítica del semanario “El Imparcial” de Barrio El
Progreso.
A la verdá de la
milanesa, hay que decirlo, el doctor Salvatierra sacó lustre de sabihondo pico.
El problema fue que la inorancia del auditorio, incluida la de quien suscribe,
no pudo descular la profunda esencia de las cuestiones planteadas en torno a
los seis proyectos de reformas para el Poder Judicial, cuestiones que el boga desmenuzó con paciencia franciscana y
tal exceso de tenicismos que por momentos parecía que hablaba en japonés. La
inquisitoria que le abonó el pibe Marito a la postre del discurso, fue la
síntesis final que quedó flotando entre la mersa: Pero a la final, dotor, ¿está
a favor o en contra de la reforma? Y la respuesta del tordo no hizo más que
dejar congelada a la tiniebla conositiva de un auditorio precisado de guía
espiritual: vana pregunta, querido rapaz, tronó como un cíclope, ni a favor ni en
contra, ni mala ni buena, si se me permite, insuficiente, imprecisa, inocuos
laxantes de imberbe alquimista cuando los culos malolientes de sus señorías
requieren de supositorios de trotyl y de flamígeras enemas reconstituyentes,
módicos silogismos frente a códigos de procedimientos varados en las lóbregas
catacumbas de la historia, si se me permite, cagaditas de gorrión.
Silencio
respetuoso de aquel auditorio, no faltó el que asintiera con la zabeca ni aquel
que alguna vez la fuera de monaguillo y entonces mirara al cielo como pa salvar
el alma del tordo.
Claro que nada
es sencillo en la esistencia especulativa de un inteletual de la talla del
doctor Salvatierra. Nomás cuando el varón desciende al montaraz terruño de una
mesa amiga, generosa en vermuces y copeteos como en prosaicas emulaciones de más bastos gomías,
allí la enjundia se le hace labia franca
y la ilustración se le traduce en gracioso doblez o en pedestre opinión,
como ahora, cuando la Divina Colombres arrima una tanda de ingredientes
henchidos de espirituoso colesterol mientras el Rengo Marinelli riega el
ejercicio masticatorio con faroles de Cinzanos y fernet. Los poderes del estado
son inevitablemente colonizados por las clases dominantes, dice el doctor, si
se me permite, es una cuestión tan elemental que hace la supervivencia de todo
sistema, y sin embargo nadie lo reconoce. Muchachos, queridos muchachos, no se
engañen, la careada independencia de la justicia es hija de la revolución
burguesa, de los derechos individuales, pero fenece cual mariposa de dos días
al menor atisbo de cambio social. Cuando escucho hablar a esos pelotudos de la
independencia judicial, me da nausias, me da.
Silencio
meditante. El pibe Marito, en la mesa de billar, va por la segunda carambola.
El Cabezón Lagomarsino propone un brindis por la aplastante victoria del tim
bochófilo sobre los archienemigos del Social Italiano. Carlitos Mercier impone
otro por el papa Francisco, que es cuervo y peronista, dice, y por la reina
Másima y la nueva comunidá holando argentina vaticana, una potencia
espetacular. Y dale que va, la vida sigue, che. Nomás el Negro Gutiérrez se
quedó pensando en eso de la justicia: ¿dotor, no le parece una exageración eso
del supositorio y la enema?
Sonríe Salvatierra
mientras contempla el ambarino elísir del Cinzano.
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