miércoles, 26 de marzo de 2014

Precios Cuidados




Manyado epítome que la masa fulgurense abona desde los tiempos fundacionales del gran Ismael Celentano, el compromiso social es un sinecuanón del trajinar cotidiano, premisa que se chanta como escarapela en la solapa de todo asociado, desde el piberío de las inferiores fulboliísticas hasta la lúcida veteranía del clan bochófilo. Pa la ocasión, ni hacía falta que la CD se reunieran en sesión estraordinaria, visto que la inquietud palpitaba en la mondiola de los socios más caraterizados, pero igual, reunión hubo y proclama se hizo de que el club de los amores no podía ser ajeno al llamado de la hora, es decir, ponerle freno a la especulación y controlar que nadies se hiciera el otario clavando precio indebido a los artículos de prima necesidad, o bien engayolándolos en la nube de Úbeda o en el fiero depósito de atrás. Nomás era cuestión de selecionar a quien echarle el ojo, si al Guolmar de la Avenida Centenario o al Coto de la calle Iriarte. ¿Y por qué no a los dos?, plantió Maldonado en la CD, la cosa era mentalizar a la fuerza propia.
Claro está, la mesa consetudinaria del bar buffé no podía estar ajena al convite. Y así que así, el Rengo Marinelli, único concesionario habilitado, cazó el telefunquen y llamó a los de siempre haciéndola corta y bien enigmática pa evitar gastos de comunicación: la vermucera de los viernes a la noche, se pasa pal sábado mediodía, pero en vez del bar buffé, en el playón del Guol Mar, cerca de la entrada, no faltar, nomás que se suspende por lluvia o meteorito. 
La cosa estaba clara y nadies se haría el sota. Once de la matina, ya estaban los de siempre según lo acordado, todos como haciendo fila alderredor de la mesa mientras el Rengo Marinelli ultimaba el armado del esenario de la militancia fulgurense. ¿No es medio temprano pa arranyar?, pregunta obligada. De ninguna manera, estimado amigo, explicó el doctor Salvatierra como pa que todos lo escucharan, el vermú del mediodía es para las once pasaditas, once treinta, ponganlén, ni antes ni después. Esa es la hora pal trago entrador sabatino o dominguero, es el istante fecundo del  brebaje decidor, tierno y sensiblero que acaricia la papila gustativa, la mece como a un bebé y le hace el entre al morfeteo que se anuncia. El vermú del mediodía, si se me permite, es la encarnación misma de Dionisio con su corte de silenos y ménades del tíaso prestos a echarle cancel a la preocupación, al temor y lo cotidiano.
Eruditas palabras que siempre se le agradecen al tordo, el Rengo Marinelli había finiquitado el armado del escenario. A cinco seis metros de la entrada del híper, había plantado lo nesario, a saber, un improvisado estaño con dos caballetes y tabla horizontal donde se lucía la mercancía; la mesa de siempre, una que trajo del bar buffé, con todas las sillas previstas; tanque de aceite cortado al medio con rolitos haciéndole aguante a las botellas; sombrilla, la de la canchita de papi fulbo, con los colores rojinegros del glorioso; y para coronar, cartel en fina tela pintada a la témpera: “ATENTI CACHAFACES, ESTAMOS JUNANDO PRECIOS”.
Espetacular, graficó la Divina Colombres endemientras acomodaba utensilios. Pero espetacular estaba ella, con un toque de glamur eseccional, vestida para el entuerto, con pollera cortina ajustada tipo matambre y remera colorada de generoso escote que era un coliseo molumental pal zangoloteo de sus atributos. Se vino fajada como para una orgía, doña, le sacudió de entrada el Negro Gutiérrez. Y la respuesta de la Divina no se hizo esperar: una vez que el Rengo me saca a pasiar, hay que ponerse bonita.
Hay que decirlo antes que nada: la iniciativa pintaba para el ésito rotundo. El sol de marzo con leve brisa del este acompañaba de gomía. La sombrilla rojinegra apenas se movía pero llamaba la atención. La mesa consetudinaria de los viernes estaba en pleno y ya acomodada a las sillas, clamaba por la primera ronda de vermuces. La mersa que estacionaba los autos en el playón, no más que se avenían con los changuitos para entrar al híper, junaban de cotalete o se arrimaban derecho viejo y allí los atajaban los pibes del billar, Marito y el Oreja Perez, o Mariela, la profe de patín, pa entregarles el listado de los precios cuidados impreso en delicada hoja con membrete del Social y Deportivo y con la consigna de la hora: “NO SE DEJE ENGATUSAR”.
Ésito rotundo es poco, sacudió Carlitos Mercier mientras se anotaba con Cinzano y ferné para inagurar la jornada, ahora que, alguno tendría que ir adentro y ver si están los productos del listado o si los tienen escondidos. Para eso hay tiempo, le saltó el Ruso Urbansky, cincuenta años de militancia clandestina a cuestas, primero hay que llamar la atención, atraer a la masa, convocar a la participación, y después la acción, para mi un Gancia con yelo y una escupidita de soda. Es cierto, ratificó el Cabezón Lagomarsino, capitán del tim bochófilo, primero hay que arrimar al bochín, pa desparramar no va a faltar oportunidá, ¿puede ser una copita de blanco bien frío? Eso es de maricones, sentenció el Negro Gutiérrez, el de la gomería, vino blanco toman las minas,  ¿hay salamín?, sinó, vamo adentro y compramos una longa y dos o tres picado grueso. Tranquila la hacienda, saltó el Rengo Marinelli de atrás del mostrador, es decir del tablón, está todo previsto pa los ingredientes, vamos despacio que la jornada es larga. Dos Fernando dos para Marito y el Oreja que están haciendo la volanteada, saltó la Divina.
Esito rotundo que antes que nada puso en alerta a los capangas del hiper y amenazó con encarajinar el encuentro. ¿Qué es esto, un pic nic?, acá no se puede, se arrimó un farabute con jeta de guapo. Pero previsto que estaba, el Ruso Urbansky lo atajó al pie. Perdón, empecemos de nuevo, le dijo de buenas maneras, Buen día, ¿usté quién es? ¿Es policía? No, a mí me mandaron a preguntar, se escusó el quía. O sea que es un empleado, siguió el Ruso, un empleado, un laburante, un esplotado de la corporación multinacional Uol Mar es usté.  Y sí, mas o menos, se disculpó el fulano. ¿Más o menos esplotado?, siguió el Ruso. El lunfa como que se quedó sin palabras. ¿Usté sabe lo que es la plusvalía?, vea, yo le voy a explicar, y ahí arrancó el Ruso con una esclarecedora leción de economía política marsista que le traformó la trucha al cofla. Endemientras, primera ronda de vermuces  servida por las delicadas manos de la Divina Colombres, salió con ingredientes más que abundantes: manices, palitos, aceitunas, lengua a la vinagreta, porotos al aceite provenzal, salamín tandilero y queso picantón, todo acompañado con rodajitas de pan tostado al oliva con ajo, lo que se dice una explosión de sabiduría gurmé.
Cuando el Ruso finiquitó la oratoria, en atención a su aporte, la mesa toda estalló en un cerrado aplauso. El enviado de la patronal se disculpó amablemente, no sin antes aclarar que regresaría pronto con personal de seguridad. Pero ni un paso atrás, se plantó el doctor Salvatierra, la ley nos ampara y la voluntad es nuestro norte. Si, señor. Dicho y hecho. Primera en arrimarse, una señora,  cuarenta largos, caripela de alta clase. Buenos días, se presentó mientras relojeaba los ingredientes sobre la mesa, ¿esto es una promo?, ¿se puede probar? Y silencio sepurcral, miradas como de velorio, cuestión que la mina cazó un escarbadiente y le apuntó al salamín, justo en la narices del Negro Gutiérrez. ¿Qué hace, doña?, el Negro la paró en seco. La mina se quedó con el palito en el aire. ¿No es una promo? No, doña, ¿no vio el cartel? La naifa miró pa atrás mientras que, amablemente, Carlitos Mercier le alcanzaba el listado de los precios cuidados. Y ahí cayó. Ah, son del gobierno ustedes, dijo. Más silencio sepurcral. Había que esplicarle pero nadies tenía ganas. Nomás la Divina Colombres, bandeja abajo del brazo, se le arrimó pa ponerla en órbita de la historia del glorioso y del compromiso social, pero la señora no estaba pa perder tiempo. Se disculpó, hizo un bollo con el listado de los precios y puso primera. Pero tomatelá, chantó por lo bajo el Ruso, muy respetuoso, nada de andar a los gritos, porque aquí estamos pa esclarecer. Eso, salú, merecido brindis que se hizo y alguna copa quedaba vacía.
Ésito categórico, goleada indiscutible. Segunda ronda de vermuces y festejo a cuenta, justo cuando Marito, el pibe de la Cámpora, anunció el parate viejo, antes que se pongan en pedo, hay que entrar y controlar los precios. Una comisión inspetora, hay que elegir, tiró Mercier, ¿quién se ofrece? El Rengo Marinelli levantó la mano. Pero el Rengo no, ¿quién va a preparar los tragos? Cierto. Mariela, la profe de patín, un budinazo atómico, ¿quién le va a negar la inspección? Mariela y el Negro Gutiérrez. Aprobado. ¿Alguien más? Uno más. ¿Doctor? Faltaba más, pero el tordo está para cosas superiores, mejor voy yo, se apuntó Lagomarsino. Aprobado. Y allí se fueron los tres.
Disminuida por el quehacer militante, la mesa consetudinaria del Fulgor quedaba espuesta. El pibe Marito y el Oreja, sólos para la volanteada. Hacían falta repuestos, a lo menos pa acompañar los tragos y hacer el aguante al doctor Salvatierra, ya imerso en un erudito discurso sobre las causas estruturales de la inflación, que no es lo que dicen los economistas de pacotilla, si se me permite, caballeros, así esplicaba, voy a ser conciso y breve. Pero minga. Segundo farol vacío, el boga tenía pa rato y endemientras se introducía en el analis bateriológico del capitalismo, no faltaron quienes se arrimaron al fogón. Despacito, como midiendo, primero una pareja juvenil, puro oído ella y puro diente él, que lo primero que hizo fue manducarse una lengua a la vinagreta. Después, familia completa con tres hijos tres, peligro iminente, atajen los platitos, el dorima enseguida se dio cuenta. ¿Por qué no vas yendo con los nenes que yo te alcanzo enseguida?, le sacudió a la jermu. Y tras cartón, tres señoras veteranas, muy educadas. ¿Se puede? Pero cómo no, enseguida el Rengo habilitó otra mesa con respetivas sillas, ¿qué se van a servir?
Una de la tarde y la cosa apuntaba para el oro olímpico. El doctor Salvatierra se disponía a responder las inquisitorias de un auditorio seducido por su verba inflamada. El Rengo Marinelli y la Divina Colombres hacían cuentas de los dividendos  que el bar buffé a la intemperie abonaba bonito. El pibe Marito y el Oreja habían sumado dos volanteras solidarias y aspiraban a más. La   patronal del Guol Mart había desistido de imponer la fuerza de los cosacos y nomás disponía de dos guardias atentos en las imediaciones.  Nomás faltaba la comisión inspetora, que ni noticias había y habría  que ir a buscarlos, sugirió Mercier, no sea que los tengan secuestrados en la cárcel de Guantánamo, nunca se sabe con los americanos, el Negro Gutiérrez que se joda pero la Mariela sería una lástima. Hasta la Divina empezó a preocuparse, ni por el Negro ni por Mariela, por Lagomarsino, muy calentón, aclaró, capaz que se puso a los gritos si faltaba la yerba Amanda, que seguro que no hay.  
Y en eso estaba la menesunda cuando se los vio venir. La Mariela delante, como apurando el paso. Más atrás, el Negro y Lagomarsino con un changuito cargado. De paso hicimos compras, chantó el Cabezón nomás que se avino, mientras pelaba una longaniza de medio metro. ¿Y los precios cuidados?, preguntó Mercier. La Mariela tiene todo anotado, sacudió el Negro Gutiérrez a la vez que desempolvaba un frasco de picles, otro de aceitunas negras y un cacho de cuartirolo que está para el crimen, dijo, córtalo en tiritas, Rengo, no hagás cagada. Ovio, los tres venían más sedientos que beduino. La piba Mariela se arreglaba con agua pero Lagomarsino, a lo menos que podía aspirar, era un Gancia con limón, medio rebajado con soda, cosa de no esagerar. Lo mismo para el Negro pero sin pijotearle, que después de todo, ¿quién llevaba la parte dura de la militancia, eh?, ¿quién se había bancado la bronca de los Guol Mar por la inspeción, eh?, ¿quién, eh?, ¿mientras que aquí la pasaban joya, eh? Silencio, más respeto, no ve que el doctor está hablando, lo paró una de las tres viejas del auditorio. Y si. El boga fulgúrense tenía al público como hinotizado con la leyenda de Perseo, que vaya uno a saber qué relación le encontró con la inflación, alguna habrá, le aclaró el Rengo Marinelli, y gracias por los ingredientes, que ya no tenía más.
Ésito comovedor. A las tres de la tarde, la Divina Colombres se mandó para el híper y volvió como a la hora con tres botellas de Gancia, dos de Cinzano, tres sifones descartables y un paquete de yerba Amanda, que a la final apareció, dijo, la tenían ajoba del colchón. ¿Y para qué la yerba?, pidió explicaciones Lagomarsino. Pa la hora de los mates, o piensa seguir con los vermuces, lo inculpó la diva.
A las cuatro, minutos más o menos, el doctor  Salvatierra se cansó de parolar y se despidió con una frase en latín, muy festejada por la docena de fanas que se había hecho. Siga, doctor, le rogó una de las veteranas que lo relojeaba como enamorada. Y el tordo, rápido pal mandado, se ofreció a la clase privada, a domicilio si gusta, señora mía y sepa disculparme el atrevimiento, le susurró a la oreja, sonrisa entradora de por medio, pero esta su guerra es popular y prolongada, siempre hay un cartucho en la vieja mochila del combatiente. Ovio, con cinco faroles encima y sin nada sólido en la busarda, cualquiera se siente galán, lo acobachó la Divina Colombres. No se me ponga celosa, doña, la atajó el tordo, usté ya tiene dueño que si no, le hacía la de Agamenón.
Ésito para iscribir en los anales del glorioso, bastó que finiquitara la conferencia del tordo para que la tarde sabatina en los playones del Guol Mar se vistiera con más colores rojinegros, verdadera marabunta con el piberío del fulbol infantil y del patín artístico. Y así que las pebetas hacían la esibición de su destreza sobre ruedas y los varones se apuntaban para un picado entre los autos estacionados, los padres y madres se amucharon en comisiones pa hacer el contralor entre las góndolas del híper en un verdadero aluvión familiar que de seguro metió nervio entre la patronal y los cosacos de la guardia, cada vez que desde afuera se escuchaban los gritos por las zanagorias que no estaban las de 6 pesos, o el Cañuelas de pesos 7 con 32, y así de corrido, quejas a rolete.
De mas está decir, la mesa consetudinaria del bar buffé merecía un descanso. Ya había hecho punta en la militancia desde hora temprana y lo menos que podía pedir era una nueva ronda de vermuces con lo que quedaba de ingredientes, que no era mucho. Sano y lúdico copeteo coronado con varios brindis, nomás el Ruso Urbansky se astuvo y se le perdonó porque a la verdá del decir, estaba como dormido en la silla y no había manera de despabilarlo. No era culpa del escabio,  aclaró después, sino la costumbre de la siesta. Y final a toda orquesta, brindis último con la palabra preclara del doctor Salvatierra, de pie con la ayuda de Mercier que lo agarraba de la costilla: Viva el glorioso Social y Deportivo Fulgor de Mayo. ¡Salú!                         
      

domingo, 2 de febrero de 2014

Plumas Verdes



A prosópito de la marabunta esistencial que hoy zangolotea la espiritualidad dela media mersa argentina, atribulada e insomnie por los biandazos que sacude la cotización del verde guáyinton, mismo que con la desinteresada voluntad de dar un aporte esclarecedor a los madamases de la tesorería de la Patria,  bien que viene a cuento la reunión de la consetudinaria mesa fulgurense de días pasados, ocasión en que, a istancias del Rengo Marinelli, concesionario full del espirituoso bar buffé, reunió a algunos de los de siempre con más un invitado de luxe, viejo asociado fraguado en estas aulas gloriosas cuya erudición en las ciencias económicas lo catapulteó a las grandes ligas de la contabilidad universal.  Me refiero al doctor Santiago Perrota, que justo andaba de paso por el barro natal cuando la gran ola tórrida de enero  y qué mejor ocasión para invitarlo a esponer sobre las cuestión al amparo de la brisa amiga del ventilador de techo, justo arriba de la zabiola de los presentes, más el agregado de los refrescos que a módico precio la Divina Colombres sabe ofrecer.
Dicho y hecho, estaban los que estaban, porque se sabe que en enero Carlitos Mercier le apunta al hotel gremial de los Municipales en la Ciudad Feliz, mismo que el doctor Salvatierra hace provecho de la feria judicial pa escaparse unos días a la costa marítima aunque nadies sabe por qué pega la vuelta a la semana más pálido que merluza fresca y sin haber pisado la arena ni con ojotas. Así las cosas, no faltó el público entusiasta  que colmó la mesa de siempre más otra que se le agregó a la vera.
Pa la ocasión, visto el temario escluyente referido al dólar y haciendo gala de una creativa ispiración, el Rengo Marinelli ofreció un trago de su autoría en base al pepermín frapé junto a otros aditamentos de refrescante licor, todo lo cual, chantado en fina copa, alquiría la tonalidá verdolaga nesaria pal efecto, mismo que los ingredientes copetineros en base a bocadillos de acelga, morrones verdes y pepinitos  al vinagre, tartitas de espinaca y oviamente aceitunas.
Nomás que don Santiago Perrota puso asentaderas, saludó a los presentes con un brindis rantifuso y le puso nombre a la disertación, saber, “Sobre la compra y venta de divisas en Plumas Verdes”. Introito al paso y aclaración nesaria, el tordo de la economía apenas que le había pegado unos sorbos al copeteo cuando arranyó su labia: los investigadores no se ponen de acuerdo, dijo. Es posible que Plumas Verdes se refiera a una localidá en la caribeña Saimartin, caraterizada por una profusa vegetación a tono con el color esmeralda de las aguas que la rodean, hábitat de inumerables variedades de aves, y no faltan especialistas que ubican análogo paraíso en una de las tantas islas brasileras, hogar natural de la afamada “cotorra bocineira”. En mi opinión, la bahía de Plumas Verdes se encuentra a pocos del ombligo argento y no es ni más ni menos que la mismísima y muy bendecida concha de la lora.
Risas nerviudas de los presentes, el Negro Gutiérrez, el de la gomería del Camino de Cintura, sabido de los activos dolarizados que tiene en yantas y cubiertas, se puso más duro que Franquestein: ¿hablamo en serio o en joda, doctor?
Imutable a la inquisitoria pero atento al quejoso, don Santiago Perrota, finiquitado su primer pepermín, rogó por otro y espuso: en la Bahía Plumas Verdes la compra y venta de divisas es más fácil que ju gar a las figuritas. Allí, la libertad de mercado le permite a cualquiera sin condición de religión, raza o nacionalidad, intercambiar monedas. Dólares, euros, yenes, rupias, soles, reales, libras, signos monetarios en uso o en desuso, y oviamente, peso argentino, todo se puede alquirir o vender. Por eso, le recomiendo, señor gomero, que si usté quiere dólares, váyase a la concha de la lora.
Bolonqui en puerta, el Negro Gutiérrez revolió la silla de culata y de dorapa se puso en guardia como en un rinsai, más fulo que ofendido. Tranqui, lo sofrenó el Cabezón Lagomarsino, el tordo es un entendido, hay que escucharlo y después vemos. Eso, dejenlón hablar, trinó de atrás Josefina García, tesorera del glorioso y claramente interesada en el tema.
Como ajeno a la murmuración, don Santiago Perrota le daba la masticatoria de una verde croqueta mientras se empinaba el pepermín. Relojiaba al auditorio endemientras se apagaban los murmullos y después, como junando una golondrina en el techo, labió con claridá meridiana, como anticipándose a la devaluación anunciada días después por Kichilós: en Plumas Verdes cien dólares equivaldrían a una lucarda argenta y así estaría bien fetén pal paisanaje esportador con pretensión desarrollista.  Ahora que, la economía no esiste sin la política y acá, señoras y señores, el problema es la política. El proyeto produtivista en un país como este, con alta concentración y una burguesía parasitaria amiga de la evolución rápida y segura, tiene un límite, como decir, hasta aquí llegamo. O el estado mete fierro y disciplina o se va todo al carajo.
Silencio meditante, el auditoriun pedía más. Pero el tordo se tomaba su tiempo. Se me seca la garganta, alvirtió, mientras se escabiaba con la última gota de pepermín. ¿No hay otro? Enseguida se apronto la Divina con otra copa de elisir refrescante de efecto bien naftero, es decir, como que a don Santiago se le encendió el motor del paroleo y ya no hubo con qué pararlo. Esposición de hondura cavernosa aunque labiada con el vocablo sencillo de la mersa, en hora y media el varón racontó la historia desde los tiempos de Frondizi hasta hoy, y ovio, no dejó títere con cabeza para sacudir a la final la frase matadora: país de imensas riquezas, unidad nacional, diálogo, pacto social, comunidá organizada, distintas palabras pa una misma mierda, damas y caballeros, pamplinas y embustes cuando unos pocos se embuchan el grueso de la torta.
Aplauso cerrado de la mesa que llevó la temperatura a cincuenta grados mínimo. No hay más pepermín, anunció la Divina, nomás queda una copa pal doctor. Hágale al vermú entonces, sugirió el Ruso Urbansky. Para mi una naranjada, se escusó Mariela, la profe de patín artístico, la menta se me subió a la cabeza y medio que veo doble. ¿A mi también me ve doble?, la piropeó el Negro Gutiérrez. A usté lo veo viejo verde, lo sofrenó la piba. Callensén, sacudió Marito, el pibe de la Cámpora, sentado que estaba arriba del billar, el doctor va a seguir hablando.
Y si, don Santiago Perrota ya se había acomodado en la silla, le hacía al último pepermín y se secaba la traspiración en la calva. Está chivando menta, doctor, lo engranó el Cabezón Garófalo. Pero imutable, el ecónomo tiró la pista de lo que vendría: la gran burguesía del complejo financiero, agroganadero e industrial se apresta al asalto final del poder político siendo que este ya no le sirve como garante jurídico de sus negocios. ¿Qué hará la Presi? ¿Se acomodará como para sobrevivir estos dos años y asegurarle al aparato pejotista continuidad vía otras variantes? ¿O estará decidida a trascender en la historia y, llegado el peor caso, morir con las botas puestas?    
Preguntas tiradas al vacío, nadie mejor que el Negro Gutiérrez para cazar la posta: ¿pero y el dólar, doctor, no iba a hablar del dólar? La gente necesita consejos, doctor, así no se puede seguir, nadie sabe cuánto vale.
Como si no lo escuchara, don Santiago Perrota siguió en la suya: la diyuntiva está clara, ¿más estado o más mercado? ¿Disciplinar a las fuerzas sociales o dejarlas hacer? Estado y disciplinamiento requieren medidas que nadie hasta hoy nadie se ha atrevido a implementar salvo para beneficiar a las minorías. ¿No habrá llegado el momento de hacerlo en función de las mayorías? ¿Hay condiciones en la sociedad para dar sustento a una batalla patriótica tan difícil como fueron las guerras por la emancipación? ¿Acaso existen fuerzas sociales y políticas predispuestas a semejante sacrificio? La voz de don Santiago Perrota iba en alza como los precios en el Coto. ¿Dónde quedó el gauchaje samartiniano capaz de pelear a lanza contra el realista? ¿Dónde la herencia bravía del calchaquí? ¿Dónde la callosa garra del imigrante obrero?  Labia potente y entradora, ahora el ecónomo se había puesto en dos patas y le deba manija a la vitrolera, mezcla de sudor y pepermín. ¿Díganme dónde carajo la gloria de nuestra Patagonia rebelde, o la juventú maravillosa de los setenta?  
¿Y el dólar, doctor?, volvió a la carga el Cabezón Lagomarsino con un susurro, pecado que esta vuelta hizo efeto en el disertante. Porque don Santiago Perrota cayó como arrumbado a la silla y nomás lo que atinó fue a preguntar: ¿no hay más pepermín? Vermú, nomás, esclareció la Divina,  ¿Gancia o Cinzano? Del morocho con ferné y una escupida de soda, se definió el tordo. Marche un Cinzano completo, pero siga, dotor, no le haga caso a los especuladores, lo alentó el Rengo Marinelli.
Olvídensen del dólar por un rato, siguió el varón, jeta como de resinación. Estamos frente a la diyuntiva fundamental, y es que cuando las corporaciones se aprestan a tomar el poder por asalto, justamente lo que quieren es que pelotudos como ustedes piensen nomás que en comprar cien o docientos verdes. Despiértensen, giles, gilastrunes, tirifilos.
Momentito, saltó el Negro Gutiérrez, más respeto. Más respeto un carajo, chuzió de nuevo don Santiago Perrota mientras hacía volar silla para ponerse de pie, es la hora de poner fierro y candado al capital, nada de hablarle al corazón ni andar rogando mesura como hace ese Capitanich, capitán de bote viejo, señores, capitán de morondanga, hora de sacarle los silos a los garcas sojeros, de nacionalizar el mercado esterior, de encanutar especuladores, cadena perpetua pal arbolito, mierda, pal acaparador, ni clemencia al negrero, al formador de precios, y al que no le gusta, que se vaya a Plumas Verdes que ya nos vamo a arreglar.
Tranquilo, doctor, le va dar el soponcio, se introdujo Marito, callado hasta aquí. Hágale al vermú, lo aconsejó la Divina, así le baja el pepermín. Tranquilo una mierda, siguió don Santiago Perrota, ellos se vienen con todo y hay que responderles igual, antes que nos lleven puestos. Preferible morir peleando como nuestros gauchos a languidecer en la historia como una frustración de las tantas. Permiso, se disculpó nomás que para hacerle un trago al Cinzano, y siguió: hay que convocar a todos pa hacer grande la gesta emancipatoria, no basta con la Presi salga a hablar, tiene que mover a todo el paisanaje, incluyendo giles como ustedes.
No insulte, doctor, acá también hay gente dispuesta a acompañarlo, recuerde que somos herederos del gran Ismael Celentano, nuestro faro luminoso fulgurense, lo aplacó el Ruso Urbansky.  Eso, ratificó el Rengo Marinelli. Minga, apostofró el tordo, si el gran Celentano se levantara de la tumba, se volvería a acostar nomás de verlos.
Calma, correligionarios, saltó el Cabezón Lagomarsino, que se doble pero no se quiebre. Calma nada, chilló el Negro Gutiérrez, desde que llegó que don Santiago me está tratando de gil. ¿Y qué?, ¿no sos un gil?, ¿sos inteligente, sos?, ¿desde cuándo?, se introdujo el Pibe Marito. Cuidado las copas, no muevan la mesa, rogó la Divina mientras el Rengo la esclarecía: te dije que el pepermín se les iba a subir a la monchola.
Bolonqui en puerta, hasta los mudos labiaban, como el Checho Maldonado, secretario del glorioso, sin activos en dólares pero con ganas de tenerlos desde que cobró el retroativo de la jubilación, según dijo, ¿qué hago con la guita, dotor? Compre remedios a cuenta, de seguro los va a necesitar, lo aconsejaba la Turca Bassur, de la Comisión de Damas, mientras el don Marcos Garabaglia lo intimaba al Ruso Urbansky  pa que le devolviera los docientos pesos que le prestó vez pasada según cotización dólar Casa de cambio El Cedro y no Banco Nación, que es una mentira, decía con la calculadora en la mano, que vamo a redondearlo a quince pa la compra, o sea. Calma, muchachos, calma, rogaba el Rengo Marinelli, la noche está en pañales. Muchachos y muchachas, no sea machista, lo corregía Josefina García. Y así de corrido, don Santiago Perrota le hacía al último morroncito verde al aceite y ajo en una rebanada de pan. Espetacular, una delicatesen, señora, igual que usted, elogiaba a la Divina, que lo retribuía con la risa pícara de siempre: se nota que don Santiago tiene clase.
Lo que empieza, termina tarde o temprano, es una ley dialética de la naturaleza, sabe explicar el doctor Salvatierra. Y sí. Cada uno en su silla, por favor, silencio, ya está, tranquilos, así, eso, ordenó Marinelli, siempre atento a mejorar el rinde, por favor, respetemos a nuestro invitado, ¿otra vueltita de vermú?  Nadies. Nomás don Santiago Perrota: pa mi otro morocho pero sin ferné, con un chorrito de soda y hielo.
Silencio inestable como el ventilador del techo. ¿Cuándo van a poner un esplí?, se quejó la Turca Bassur, esto tira viento como aliento de oso. Más silencio. Y la voz del Negro Gutiérrez, sedutora pal caso tratándose de Mariela, la Pipi: calladita la joven, ¿qué opina de todo esto?
Bombón escosés, un Escania con acoplado, la profe de patín se escusó : yo no entiendo de política, pero para mi, el dólar es muy, muy importante, es más importante que el peso.
Pa ser justos, nadies jamás le ha pedido a la Pipi que sepa de filosofía, de historia ni de economía. Nomás que un osequio pal ojo masculino, siempre atento a la ondulante perspetiva  de la escultura glutia, ni falta que hacía el comentario de don Santiago Perrota: ¿Y a esta boluda de dónde la sacaron?
Salta violeta de nuevo pal Negro Gutiérrez, mandado a hacer pa defender a naifa de tanto quilate, no le permito que trate así a la señorita. Tranquilicenlón, se apuró Lagomarsino.  ¿Pero a quién? ¿Al Negro o al tordo? A los dos, chantó Josefina García, se van a ir a las manos. Mire cómo llora la Pipi, pobrecita, trinó la Turca Bassur. Mejor que ni aparezca el novio, que es profe de taicuondo, esageró el Ruso. Si van a peliar, váyanse afuera, se impuso el Rengo Marinelli, y final a la marchanta, se cierra la canilla, no hay más tragos pa nadies, sacudió la Divina Colombres.
Silencio meditante, don Santiago Perrota se puso de pie como pudo, es decir, medio que agarrándose de una silla hasta encontrarle el punto de equilibrio. Se persinó pa saludar al auditorio y agradeció el convite: muy rico todo, dijo, lástima estar rodiado de tantos giles, ya los quiero ver cuando vuelvan los liberales, ni en Plumas Verdes van a conseguir laburo.
Y así que lo dijo, dos horas de ispirada disertación con más remaches medios groseros pal gusto de algunos, le apuntó a la puerta como de coté, pifie seguro si alguien no lo enderezaba, que fue el Marito, el de la Cámpora. Por aquí, profe, lo orientó, usté si que sabe. Gracias, pibe.
Silencio sepurcral de remate, hay que garpar los tragos. ¿Cuánto es, Rengo? Pongansén de acuerdo, ¿en peso o en dólar?, la voz de la Divina Colombres.      

      

     




  

sábado, 28 de diciembre de 2013

Brindis



Como todos los años para esta época, amuchados que semos en la consetudinaria mesa del bar fuffé del glorioso, no falta nadies. Presente que dijo primero, el Ruso Urbansky, condecoración Pionero Soviético de Estalingrado, se amuró a una copita de jerez de mientras esperaba a los demás. Carlitos Mercier, infaltable, peronista de Perón y puntero ineternun del que se apunte ganador, se le adelantó a Marito, el pibe de la Cámpora, nomás que pa madrugarlo con salutación de cargada sobradora. ¿Todavía no conseguiste un puestito?, le preguntó, a lo que el Pibe se le quedó mirando con risita de apronte mientras se le arrimaba el Oreja Pérez, su esparring del billar. Más después, el Negro Gutiérrez, el de la gomería del Camino de Cintura, diamante bruto pal minerío esigente de ponedores sin complejos, se apersonó con camisa floriada, leoneras chupín y timbos blancos, para risa del Cabezón Lagomarsino, nuestro campión de bochas, que le seguía de atrás  como inorándolo. Si me preguntan, yo no lo conozco, aclaró mientras cazaba la primera copa.
Por la puertita de atrás, aparecieron las autoridades del club: don Leopoldo Sastre, presi en ejercicio, el Petiso Maldonado, secretario y alcahuete, Josefina García, la tesorera incorrutible, con más la nueva alquisición diretiva que es Mariela Tronconi, la Pipi, profe de patín artístico, un molumento del seso débil, una Minerva guerrera de generosas dotes pal combate, según el doctor Salvatierra, último en llegar siempre trajiado y con la tacorba de bufanda en el pescuezo.  Y ovio, quien suscribe, junto al pibe Garófalo, aljunto secretario de redación.       
Ronda de Cinzano al toque con mucho yelo para fajar el lorca, 32 grados ajoba del ventilador, asegura el Rengo Marinelli que pa la prósima va a poner esplí de esos que hacen saltar los tapones, idea de su jermu, la Divina Colombres, que en demientras repone ingredientes vermuceros, esplica que le gusta dormir con una frazadita liviana aunque sea, con un beibidol, puede ser, pero tapadita, y entonces, nada mejor que el esplí frío calor. Nada más cierto, aporta en el tema el doctor Salvatierra: toda mujer que se precie, raconta, ha de tener los glutios y los pieces fríos en la horizontal posición de la duermevela, natural invitación al dorima pa que le convide con su calor corporal en dichas partes y, de ser preciso, para que labore de vez en cuando en la confeción amorosa, no digamos que esageradamente, de ninguna manera, porque no es cuestión de agotar el estoc y las reservas en una única transación.
Brindis de fin de año y consabida disertación del Ruso Urbansky en referencia al calendario judeo cristiano y sobre el cual, aclara, con las disculpas del caso habiendo damas presentes, me cago, me cago en el año uno y en el dos mil también.
Pasa que hay que tener una referencia, interpone Lagomarsino, ¿cómo haríamos pa estudiar la historia si no fuera por Cristo? ¿Y usté que sabe de Cristo, si esistió o no?, sacude don Leopoldo y agrega: la única referencia debería ser el día de hoy y medir pa atrás. ¿Y hoy que día sería? Hoy sería hoy, es decir, el día 0, ayer sería sería -1, antiayer -2, mañana sería 1 y pasado 2. Pero como el tiempo es relativo, el día 0 de hoy mañana será -1. El año de 1810, pa tomar una fecha patria, sería hoy el año -203 y si lo midiéramos el año que viene, sería el -204, y así de corrido, la mente humana se agilizaría sacando cuentas todos los días, ¿me esplico?
Demasiado para el Negro Gutiérrez: sería un quilombo sería, así no se podría vivir, imaginensén. Sería volver a las cavernas.
Si vos nunca saliste de las cavernas, trina el Rengo desde el mostrador, tu problema sería que tendrías que hacer cuentas todos los días.
¿Y con las facturas como haríamos?, pregunta que se hace doña Josefina, por ejemplo, la de luz, me llegó el 20 de diciembre y vence el 8 de enero.
Sencillo, esplica don Leopoldo, rápido pa las cuentas, usté tiene fecha de emisión 0 del año 0. ¿Cuántos soles hay entre el 20 de diciembre del 2013 y el 8 de anero del 2014, esatamente, debería abonar el día 19 del año 1.
Silencio meditante, sería cuestión de probar, razona el Pibe Marito. Si hay que hacer una reforma costitucional, tenemos mayoría por ahora.
Más silencio. La cosa era brindar, dejensén de joder, salta la Divina Colombres, aparecida luminosa como una diosa con la bandeja y las copitas de champán. Agarren una cada uno y pidan un deseo, dice, pero no lo digan, se lo guardan así no discuten.
Más silencio sepurcral. Nada de boludeces de amor y paz, chanta el Ruso Urbansky, la lucha de clases es un hecho ojetivo de la sociedá capitalista. Eso no pasa en la comunidá organizada del general Perón, le tira al vuelo Carlitos Mercier. Minga que no.
Por qué no se van a cagar, digo, ruega Josefina, la tesorera, estoy pensando un deseo y así no me puedo concentrar.
Piense en Cacho Castaña, pa que se cure y deje el faso, ese es un buen deseo pa usté, doña, es sugerencia de Marinelli.
Si se me permite, truena la voz erudita del doctor Salvatierra, quiero hacer un brindis.
No empecemo con los griegos, por favor, ruega Mercier.
Más mejor que brinde nuestra nueva profe de patín, la jovencita Mariela, aporta el Negro Gutiérrez a lo galán de Migré.
Tranqui la piba. Relojea alderredor. Es nuevita y vista la hondura filosófica de la mesa, como que no se anima. A la final, chin chin, dice.

domingo, 24 de noviembre de 2013

Moreno por dos



A según sabe explicar el doctor Salvatierra con la erudita verba que ilumina las mesas consetudinarias del bar-biuffé, la historia gusta de mancarse en la repitencia, es decir, que funca como de a rulos, nomás que nunca la cosa que se repite es esátamente igual a la precedente sino que cambia un cacho aquí y otro cacho allá por eso de que las condiciones en que se pianta el suceder son diferentes, ovio, cien año atrás no esistía el lavarropa y la patrona fregaba la samica con las manos y el limzul. Cuestión que, salvando la distancia, me se dio por encender  el mechero de la zabiola con un fóforo comparativo y entonces agarré un apellido y dos nombre diferente que tiro a la mesa truquera como quien sacude un seis de copa en un vale cuatro perdido de antemano.

Del primero, hace docientos años, se dijo de todo menos bonito bien que en boca de bacanes, mercaderes  y acomodados que la pasaban fetén con el reino de los gallegos . Del segundo, lo mismo, por estos días, apostofrado y viliperdiado por la clase cogotuda y por mucha gilada que se morfa lo que sale en la tele o en los diarios sin masticar, como si fuera un flan ravana. El letor más perpicaz ya sabrá de quienes hablo.

Mismo apellido, usté está loco, Marcial, me sacudió don Higinio Carreras, historiador mitrista de dudoso prontuario académico pero aún así gomía de fierro, ¿cómo va a comparar la imaculada figura de nuestro primer periodista patrio con la palurda imagen del luciferino execretario? Ponga los patitos en fila, Marcial, y labure de lo que sabe, me recomendó, los estudios históricos no son pa usté.

Puede ser  que don Higinio tenga razón. A la final, el mismo apellido es una ganga de la genialogía. ¿Cuántos Moreno hay? Cazá la guía telefónica, varón, y no sabés con cual quedarte, me chuzió la viuda de Mazzitelli, médium y tarotista que siempre le adivinó a todo menos al trágico final del dorima, hay Morenos pa hacer dulce y un toco que alguna vez fueron funcionarios. Pero no. Nomás se trata de un juego de concidencias y atenti la estrolada: pocas o muchas, es una cuestión de cojones.

Allá por el 1810, el doctor Mariano Moreno, que ya le venía cospirando al Rey Fernando, se calzó el sayo de Secretario de la Primera Junta Patria y no al dope, es decir, que de figureti no tenía un lope. En realidá, era el ispirador junto a otros de la misma yunta como Castelli, Belgrano y Monteagudo, de la Revolución con mayúscula. Y la cosa no era pa joder nomás. Había que fundar una nueva república y enfrentarse a un imperio. Los muchachos de veintipico de años la tenían clara y sabían que a la hora de tomar venganza, los de la corona eran de temer con el garrote, el potro y la Santa Inquisición.  Tan claro la tenía, don Mariano, que apenas tres meses después de la insurreción porteña, en agosto de ese año, escribió un plan de operaciones como pa ordenar la menesunda, porque estaba claro, a la hora de poner los gobelinos arriba de la mesa, están los que miran pa otro lado, los que te dicen pará fiera, no es pa tanto, los que diretamente la van en contra porque ven peligrar sus bolsillos, y encima, la mersa neutral que por ser neutral pinta con el egoísmo, según dichos mismos del prócer.

Don Mariano no fue el periodista educado, bueno y sencillo que nos vende la historia liberal. No pudo serlo ni queriendo. No era Belgrano el pibe amariconado de los cuadros que nomás lo que hizo fue colgar la bandera nuevita , ni Castelli un charlatán de feria, ni Monteagudo un escritor de biblioteca liviano y sedutor aunque no le hiciera asco a cuanta naifa se le pusiera a tiro. Estos muchachos no se andaban con vueltas, nomás las nesarias como pa no encular a los ingleses, que ya bastante tenían con los gallegos. Y a la hora de repartir biandazos, como don Mariano istruía en su plan de operaciones, había que hacerlo sin asco, por las buenas o las malas, pasando a fierro al que chistara, comprando lealtades si fuera nesario o arcabuciando a los tembleques, porque enfrentarse a los poderosos no es un paseo en sulqui, porque a los dueños de la pelota no se les pregunta si están conformes sino que hay que echarles rienda antes de que te lleven puesto.

Claro que a don Mariano se lo llevaron puesto. Lo liquidaron en altamar y eso es parte de la tragedia argentina porque de allí en más y hasta hoy, garcas de bombacha de seda y mishetones de corbata, mercaderes y banqueros, todos adobados en libras esterlinas o verdes billetes, han lucrado a destajo con la riqueza que el pobrerío les dio, han chantado gobiernos civiles o de birrete a su gusto y en propio beneficio.     

Pasaron docientos años y pintó otro Moreno como pa hacerle honor al apellido. Don Guillermo escribió un plan de operaciones a su manera, cierto que en otro campo de batalla y en otro tiempo de la historia. No lo vio quien no quiso, apelechado en la sonrisa sobradora y bigotera junando de coté la jugarreta venal del bacanaje empresario, de maestre titiritero entre acionistas del Gran Diario Argentino chumbándoles con las cuarenta mal habidas, de varón del ring con los guantes de bos puestos pa recibir a los morfetones de la gran tasa de ganancia, dicen que de pistolero y cauboy con la 45 al cinto entre prestamistas y banqueros, y a todos marcándoles la cancha, porque igual que docientos años atrás, con los poderosos se puede conversar pero antes que echarles rienda y bozal.

Errores y cagadas, debe haberse mandado a montones, pa que negarlo, supone este cronista que no es ecónomo esperto y poco entiende  en el asunto, pero así como recuerda con profunda emoción aquella vez que un presidente fiero y bizcaíno hizo bajar un cuadro del sanguinario dictador, así también se le escalda la zabeca  con la imagen del gran bigote setentista parolando a lo machazo entre el piberío 2012, cagándose posta de enfrente al puterío del libre cambio y los mercados, o agitando a la mersa kirrnerista en prima fila cuando el garquerío campestre se quería chorear la renta sojera sin donarle ni una rupia al estado. Varón de fuste, sin pelos en la luenga, un cinco picapiedra del mediocampo kirrnerista, lo vistieron de Luzbel en la tele y en los diarios y el quía se bancó la malquerencia hasta hace unos días. Le buscaron algún traspié, alguna monetaria tentación, un renuncio a cambio de buena guita, y hasta donde se sepa, el hombre nomás tiene la ferretería de siempre, se luce como el incorrutible Robespiere de los precios, el San Guillermo de del PBI, el verdugo capucha de los mercachifles bonistas que se tuvieron que conformar con los intereses bajoneado del INDEC, en fin, un  tipo común  de la yeca de barrio que labió la prosa sentida de Jaureche o el verso  de Carriego en un Colón hastiado de cogotudos.

Raro de verse en estos pagos, de la economía renunciante al que le chantan la culpa de todos los males, no ostante, pa quien suscribe, don Guillermo tiene eso que mueve a simpatía. A la final, en el toma y daca de la conversa, siempre patió pal lado del pobrerío. Muchos, aunque no lo banquen, le deben el llegar a fin de mes con algún morlaco todavía en el bolsillo, el fortacho que pudieron cambiar, la piecita pa los gurises que están costruyendo, el laburo en la coperativa o la asinación pa la escuela y los libros.  

Es cierto, a este también se lo llevaron puesto. Se hizo de enemigos fieros y son de los que pegan fulero. Consejo entonces, ahora que, como a don Mariano, lo mandan de vigilia a la Europa: guarda, hermano, atenti, no sea que te surtan con cianuro en el puchero del avianca y te tiren desde arriba al medio del Atlántico. Por las dudas, llévate la vianda en un táper. En la valija, poca ropa. Pasaje de vuelta, abierto, no sea cosa que antes que tarde te andemos estrañando.  Por lo demás, no te preocupes. Dejalos que hablen ahora. Dentro de unos años, habrá  quien escriba de los Morenos y te haga un rincón en el palacio de la historia. Coraje.