jueves, 19 de enero de 2017

Civilización o Barbarie


No ha sido un año sencillo, es cierto. No pocos son los lectores que en estos meses me hacen llegar sus preocupaciones, cuando no temores en parte justificados, respecto de lo pueda sobrevenir en el país de tal suerte que vaya a afectarlos, lo cual, debo advertirles, suponen inquietudes que juzgaría mezquinas habida cuenta de que el afán por satisfacer requerimientos  básicos de cada quien, no puede anteponerse al bien común, al desarrollo pleno del conjunto.    

De cualquier manera, en todos los casos, vengo reafirmando la necesidad de encarar la nueva etapa histórica abierta el pasado año con fe y optimismo, con voluntad y coraje, entendiendo antes que nada y por repetido que suene, de dónde venimos, qué país encontramos y a dónde es posible llevarlo. Sobrado ejemplo nos dan nuestro empresarios, banqueros y hombres de campo, quienes al igual que aquellas damas mendocinas que entregaron sus joyas y miriñaques para sufragar los gastos del ejército sanmartiniano, hoy viene repatriando sus haciendas de lejanos paraísos, resignando parte de sus merecidas utilidades a buen puerto llevadas, o posicionando a sus más diestros gerentes en la cosa pública en desmedro de sus negocios particulares. Cómo no contemplar el optimismo de pequeños empresarios y comerciantes, antes pródigos en su labor, soportando en este año con entereza la merma de su producido, el horizonte de quiebra y la posibilidad abierta de reconversión pero siempre con la sonrisa a flor de labios y el gesto sensible de los bienaventurados. O la profunda vocación de nuestros avezados técnicos, investigadores y científicos que asumen lo improductivo de su oficio, ya predispuestos a encarar con matemática precisión los siempre indispensable servicios de remisería, fletería, o venta ambulante. Y así de corrido, a lo largo y ancho de nuestra geografía, la desprendida entrega de muchos asalariados, siempre atentos a satisfacer la necesidad de sus empleadores, muy a pesar de que sus ingresos se le hayan tornado escasos, incluso predispuestos a enfrentar con beneplácito el despido o la suspensión, piedras angulares que les permitirán aventurarse en el ancho y fértil  mundo de la reinserción laboral para abonar así la simiente de la argenta riqueza.  

Ahora bien, es cierto que aún subsisten sectores minoritarios de la población empeñados en difundir el pesimismo y la desesperanza, ya sea por influencia de las ideas populistas, por haber sido sostenidos en el pasado con prebendas injustificadas o por constituir fuerzas sociales regresivas que el gran maestro sanjuanino, Domingo Faustino Sarmiento, identificó con claridad meridiana, como elementos fundamentales de la Barbarie. Y es que de esto se trata en el dilema de la hora, CIVILIZACIÓN O BARBARIE, disyuntiva que nos convoca a dejar de lado apetencias personales para repensar y construir el destino de la Nación toda.  

Fueron ayer caudillejos provincianos, indiadas brutales, malones que asolaban pueblos y colonias amparados en la supuesta propiedad ancestral de tierras que jamás laboraron. Son hoy sus herederos quienes claman por derechos y reclaman su “desierto” desconociendo el concepto primordial de la propiedad privada, se envisten de ignotos “movimientos sociales” para promover cortes de rutas, ocupan nuestras calles con sus mantas de nefandos mercachifles, pretenden imponer una cultura facilista que desprecia los derechos del otro, y hasta se agrupan en supuestas cooperativas o formaciones económicas improductivas que nada tienen que ver con la creación de bienes y servicios que una sociedad moderna reclama. En la gran mayoría de los casos, basta con atender a los rasgos fisonómicos y estudios antropométricos de los aludidos, para comprender  de dónde vienen.

Al respecto, el filósofo holandés hoy radicado en Villa Ortúzar,  Diederick Van Der Hoorn, a quien suelo citar en mis escritos, en su reciente opúsculo “El indio que lleváis adentro”,  señala con precisión las raíces fundamentales de nuestro atraso moral y espiritual cuando manifiesta que  “la genética aymará-guaraní-araucana aún inficiona el cuerpo social argentino y se profundiza por las corrientes migratorias provenientes de países vecinos” y advierte que “experiencias socializantes como las emprendidas en Jujuy por la dirigente coya Milagro Sala, así como la proliferación de consorcios verduleros bolivianos y formaciones comunitarias paraguayas en las grandes ciudades, sumado a la más reciente  penetración de culturas supermercadistas orientales y mercantiles del África Negra, constituyen un serio factor de riesgo para el habitante urbano”.

Por otra parte, el reconocido ensayista tilcareño, Anastasio Efraín Gutiérrez, autor de la  recientemente editada “Biografia Autorizada del Comandante Gerardo Morales”, más allá de vindicar la obra civilizatoria del gobernador jujeño, no escatima críticas hacia aquellas corrientes del pensamiento “liberal-gramsciano”, según define, cuando afirma que “está históricamente demostrado que la riqueza no alcanza para todos tanto como que todo sobrante social requiere ser extirpado, principio básico de una sociedad democrática, de tal suerte que la cosmovisión igualitarista que hizo pie durante los últimos años,  no está en la naturaleza sumisa y dócil de nuestros pueblos originarios y por tanto debe ser combatida sin eufemismos y con el rigor necesario a fin de reencauzar la felicidad de la familia jujeña”. Por lo demás, agrega en sus conclusiones: “aquellos que por sus limitaciones naturales no puedan incorporar las ventajas de la modernidad por la comprensión, deberán hacerlo por a través de la palmatoria pedagógica, herramienta cuya eficacia correctiva y disciplinaria queda fuera de toda discusión”.

Afortunadamente, las reservas morales de la Argentina Civilizada superan con creces a las hediondas deyecciónes de la Barbarie. Contamos con un pueblo generoso que hoy felizmente vacaciona en Pinamar, en los bellos pinares de nuestra costa atlántica o allende las fronteras, en Maldonado y La Mansa, en las tierras cariocas o en el cálido Caribe, con un pueblo laborioso que disfruta en las más bulliciosas arenas marplatenses o en las bellas serranías cordobesas, con gentes más humildes, cierto que tentadas al uso indiscriminado y canallesco del aire acondicionado, que apoyan sin vacilaciones el proyecto emprendido por el superior gobierno, concientes de que algún día, antes que tarde, habrán de gozar los beneficios de ahorros dolarizados, cuentas off shore e inversiones financieras de la más variada índole en tanto y cuanto no se reiteren populismos perimidos.

Sembremos optimismo. Ese es el mandato de nuestro presente.

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