viernes, 10 de marzo de 2017

Varón Nuevo


A propósito del pasado 8 M, hay que reconocer el esfuerzo que hacen algunos varones veteranos de ley para adaptarse a los nuevos tiempos. Caso emblemático, el Negro Gutiérrez, el de la gomería del Camino de Cintura, ha merecido el reconocimiento de las damas fulgurenses sin esección. Y es que con 60 pirulos a cuenta, criado a los sopapos pero con leche de ordeñe, no descremada, chuño de maicena y algún churrasco de vez en cuando, hijo de la escuela normal sarmientina y fajado por la davi en un ispa que le pijoteó las ganas, más no se le puede pedir.

Pongámoslo así, el Negro Gutiérrez viene abrazando la causa femenina como puede y le da el cuero. Pruebas al canto, hasta su próspero comercio de historia varonil hoy parece una boutique finoli del trocén. Hay que ver las paredes del ofice, antes tapizadas con un almanaque de 1974 con la foto Úrsula Andress en bikini y una propaganda de Fate con una nami en tarlipes recostada en el capó de un auto, hoy reemplazadas por un sobrio calendario japonés con foto florida del Monte Fuji, donación de Tintorería Kashima. Ni hablar de que dos meses atrás, precisado de ayudante en el duro oficio de gomero, puso cartel atento en la pizarra de la calle: “Se precisa mujer joven, buena presencia con experiencia en yantas y afines”, lo que mereció la atención de una clientela reacia a dejar en manos de una piba la salud de trenes delanteros, cubiertas, alineación y balanceo. Con todo, la presencia de Marta “La Pantera” Aloise, enfundada en místico jardinero azul engrasado hay ya es parte del paisaje comercial y a nadie extraña su habilidad en el manejo del criket, la cruceta ni el ojo de halcón que tiene pa descular el punto preciso de una pinchadura en el piletón con agua.

A conciencia de sus limitaciones, el Negro Gutiérrez no se cansa de pedir disculpas al universo femenino cada vez que le salta cultura machista de la que fue víctima. Sabe que no es fácil cambiar de un día pa otro. Autor de afamados piropos en su juventud, entre los que resaltan “si la belleza fuera un crimen, ya te hubieran dado perpetua” y el más zarpado “si esa es la cola, cómo será la película”, el Negro ha optado por pegarse los labios con poxirrán y se ha propuesto combatir el tigre que lleva adentro, domesticarlo y convertirlo en un gato inofensivo que merezca la aceptación del sexo opuesto. Ha dejado de seguir en la tele a Tinelli con su exhibición de performances que transforman a la mujer en una mercancía, asegura,  y con la misma decisión rechaza la tentación de observar en exceso el paisaje nefando de algún escote pronunciado, de algún pantalón o remera en extremo ajustados a las formas a sabiendas de que tal consumo visual puede agredir la condición humana de la portadora en cuestión, actitud que ha llamado la atención de la Divina Colombres, nuestra anfitriona en el bar buffé del glorioso, siempre fajada de matambre con su pilchería estrecha.  

Su vida familiar ha redundado de un tiempo a esta parte en conductas significativas que lo enaltecen como hombre moderno, aun cuando no siempre se le reconoce su voluntad de fierro. Su jermu, ahora “compañera”, la Ñata Antúnez, no sale del asombro cada vez que el dorima le encara al lavado de los platos y a sus propias pilchas.  Sin embargo, su hija, madre del Carlitos y la Yudith, de 6 y 4 años respectivamente, le ha prohibido visitar a los nietos desde que como abuelo querendón, le regaló al pibe un juego de cocina de plástico chino para que se vaya educando en los quehaceres hogareños que los nuevos varones deben asumir, a lo hija que le respondió de mala manera: “Rajá, viejo, ¿querés hacerlo maricón?” Por las dudas, la pelota de fulbo que le había comprado a la Yudith, la tiene guardada en el ropero a la espera de que su propia hija evolucione mentalmente como pa entender la nueva ola.

La muchachada del bar buffé, incluido el doctor Salvatierra, saluda con aplauso cerrado la marea feminista que ha ocupado nuestras calles en defensa de sus derechos. En nombre y representación de nuestra mesa, el Negro Gutiérrez viene de participar activamente en la movida del 8 M, donde, hay que decirlo, la imcompresión de algunas ninfas lo tuvieron a maltraer. Y es que, gomero de tradición, las manos curtidas de negro en el duro oficio, la tapín de macho retacón y musculoso y, quien sabe, la mirada extraviada innecesariamente entre tantas tetas al aire que tuvo a la mano, por ahí le jugaron una mala pasada y tuvo que rajar por la tangente perseguido por una horda de muchachas exaltadas. No ostante, ya se dijo, voluntad de fierro, nuestro varón se disculpa y confirma su decisión inquebrantable de reconversión, a tal punto que la Subcomisión de Damas Fulgurenses, hoy Comisión de Género, ha decido otorgarle la Orden al Mérito Ismael Celentano por su compromiso con la causa.   


jueves, 19 de enero de 2017

Civilización o Barbarie


No ha sido un año sencillo, es cierto. No pocos son los lectores que en estos meses me hacen llegar sus preocupaciones, cuando no temores en parte justificados, respecto de lo pueda sobrevenir en el país de tal suerte que vaya a afectarlos, lo cual, debo advertirles, suponen inquietudes que juzgaría mezquinas habida cuenta de que el afán por satisfacer requerimientos  básicos de cada quien, no puede anteponerse al bien común, al desarrollo pleno del conjunto.    

De cualquier manera, en todos los casos, vengo reafirmando la necesidad de encarar la nueva etapa histórica abierta el pasado año con fe y optimismo, con voluntad y coraje, entendiendo antes que nada y por repetido que suene, de dónde venimos, qué país encontramos y a dónde es posible llevarlo. Sobrado ejemplo nos dan nuestro empresarios, banqueros y hombres de campo, quienes al igual que aquellas damas mendocinas que entregaron sus joyas y miriñaques para sufragar los gastos del ejército sanmartiniano, hoy viene repatriando sus haciendas de lejanos paraísos, resignando parte de sus merecidas utilidades a buen puerto llevadas, o posicionando a sus más diestros gerentes en la cosa pública en desmedro de sus negocios particulares. Cómo no contemplar el optimismo de pequeños empresarios y comerciantes, antes pródigos en su labor, soportando en este año con entereza la merma de su producido, el horizonte de quiebra y la posibilidad abierta de reconversión pero siempre con la sonrisa a flor de labios y el gesto sensible de los bienaventurados. O la profunda vocación de nuestros avezados técnicos, investigadores y científicos que asumen lo improductivo de su oficio, ya predispuestos a encarar con matemática precisión los siempre indispensable servicios de remisería, fletería, o venta ambulante. Y así de corrido, a lo largo y ancho de nuestra geografía, la desprendida entrega de muchos asalariados, siempre atentos a satisfacer la necesidad de sus empleadores, muy a pesar de que sus ingresos se le hayan tornado escasos, incluso predispuestos a enfrentar con beneplácito el despido o la suspensión, piedras angulares que les permitirán aventurarse en el ancho y fértil  mundo de la reinserción laboral para abonar así la simiente de la argenta riqueza.  

Ahora bien, es cierto que aún subsisten sectores minoritarios de la población empeñados en difundir el pesimismo y la desesperanza, ya sea por influencia de las ideas populistas, por haber sido sostenidos en el pasado con prebendas injustificadas o por constituir fuerzas sociales regresivas que el gran maestro sanjuanino, Domingo Faustino Sarmiento, identificó con claridad meridiana, como elementos fundamentales de la Barbarie. Y es que de esto se trata en el dilema de la hora, CIVILIZACIÓN O BARBARIE, disyuntiva que nos convoca a dejar de lado apetencias personales para repensar y construir el destino de la Nación toda.  

Fueron ayer caudillejos provincianos, indiadas brutales, malones que asolaban pueblos y colonias amparados en la supuesta propiedad ancestral de tierras que jamás laboraron. Son hoy sus herederos quienes claman por derechos y reclaman su “desierto” desconociendo el concepto primordial de la propiedad privada, se envisten de ignotos “movimientos sociales” para promover cortes de rutas, ocupan nuestras calles con sus mantas de nefandos mercachifles, pretenden imponer una cultura facilista que desprecia los derechos del otro, y hasta se agrupan en supuestas cooperativas o formaciones económicas improductivas que nada tienen que ver con la creación de bienes y servicios que una sociedad moderna reclama. En la gran mayoría de los casos, basta con atender a los rasgos fisonómicos y estudios antropométricos de los aludidos, para comprender  de dónde vienen.

Al respecto, el filósofo holandés hoy radicado en Villa Ortúzar,  Diederick Van Der Hoorn, a quien suelo citar en mis escritos, en su reciente opúsculo “El indio que lleváis adentro”,  señala con precisión las raíces fundamentales de nuestro atraso moral y espiritual cuando manifiesta que  “la genética aymará-guaraní-araucana aún inficiona el cuerpo social argentino y se profundiza por las corrientes migratorias provenientes de países vecinos” y advierte que “experiencias socializantes como las emprendidas en Jujuy por la dirigente coya Milagro Sala, así como la proliferación de consorcios verduleros bolivianos y formaciones comunitarias paraguayas en las grandes ciudades, sumado a la más reciente  penetración de culturas supermercadistas orientales y mercantiles del África Negra, constituyen un serio factor de riesgo para el habitante urbano”.

Por otra parte, el reconocido ensayista tilcareño, Anastasio Efraín Gutiérrez, autor de la  recientemente editada “Biografia Autorizada del Comandante Gerardo Morales”, más allá de vindicar la obra civilizatoria del gobernador jujeño, no escatima críticas hacia aquellas corrientes del pensamiento “liberal-gramsciano”, según define, cuando afirma que “está históricamente demostrado que la riqueza no alcanza para todos tanto como que todo sobrante social requiere ser extirpado, principio básico de una sociedad democrática, de tal suerte que la cosmovisión igualitarista que hizo pie durante los últimos años,  no está en la naturaleza sumisa y dócil de nuestros pueblos originarios y por tanto debe ser combatida sin eufemismos y con el rigor necesario a fin de reencauzar la felicidad de la familia jujeña”. Por lo demás, agrega en sus conclusiones: “aquellos que por sus limitaciones naturales no puedan incorporar las ventajas de la modernidad por la comprensión, deberán hacerlo por a través de la palmatoria pedagógica, herramienta cuya eficacia correctiva y disciplinaria queda fuera de toda discusión”.

Afortunadamente, las reservas morales de la Argentina Civilizada superan con creces a las hediondas deyecciónes de la Barbarie. Contamos con un pueblo generoso que hoy felizmente vacaciona en Pinamar, en los bellos pinares de nuestra costa atlántica o allende las fronteras, en Maldonado y La Mansa, en las tierras cariocas o en el cálido Caribe, con un pueblo laborioso que disfruta en las más bulliciosas arenas marplatenses o en las bellas serranías cordobesas, con gentes más humildes, cierto que tentadas al uso indiscriminado y canallesco del aire acondicionado, que apoyan sin vacilaciones el proyecto emprendido por el superior gobierno, concientes de que algún día, antes que tarde, habrán de gozar los beneficios de ahorros dolarizados, cuentas off shore e inversiones financieras de la más variada índole en tanto y cuanto no se reiteren populismos perimidos.

Sembremos optimismo. Ese es el mandato de nuestro presente.

sábado, 10 de diciembre de 2016

Siconalis ya


No es moco e pavo mirarse pa antroden. Hasta el maula más fiero, si por esas cosas de su esistencia se le da por junar las pequeñas miserias que de seguro lleva ensartadas en lo más recóndito del cerebelo, es fija que le dé flojera de los garrones y quién sabe si no finishe pidiendo ausilio en un cotorro siconalista. Es ley de la modernidá que el varón más pintado pueda terminar moqueando a lo bestia en un ñuelopa de pelpa que todo locólogo posta siempre tiene a la mano  llegado el caso, y no por esto nadies lo va nombrar codeguín mayor de la gilada. A la final, es de otario sacar de chapa de campión sin saber cómo ni por qué.

En la historia sapa lo más parecido, solo que acá no hay diván pa echarse lo más campante. Si la historia es la de la mersa comunarda, el rejune viene en coletivo y tiene sus tiempos. Con suerte, aparecen facultativos más o menos apiolados como pa conducir la introspeción, pero así con todo, más vale chantarse calzones de lata por las dudas, visto que sobran jailaifes proxenetas capaces de vender a la vieja por cuatro rupias. Como sabe decir el doctor Salvatierra en sus erudísimas ponencias fisiológicas al cabo de dos vermuces en el bar buffé del glorioso, “la fritanga puede apurarse pero el asado madura su ternura al calor de la brasa”.

Introito nesario pa abonar la meditación, sarepe que el siconalis está funcando a pleno en la zabeca de muchos, aunque todavía no se june con precisión. Hasta los capos de los globitos amarillos se amucharon varios yornos en Chapalmalal pa descular aciertos y pifiadas. Y es que los números no les cierran ni a palos. La herencia recibida es grosa y desmontarla no es fácil: la mersa venía acostumbrada a pasarla joya o más o menos joya y así endepronto sacudirle por el gañote todo lo que ellos quisieran, podría terminar con un incendio mayúsculo con el inyeniero rajando en helicótero.

Pero allá ellos. De enfremte, muchos cantores de la marchita chiflan pa buscar la billetera más morrocotuda y descular en qué charco poner los huevos, lo que obliga a un autoanalis de vida o muerte. Kirrneristas aparte, la tienen que lidiar con la cantinela de la corrución, cosa que no es nueva. Antiguo como la escarapela, está en el Manual Obligado de los mandamases del domún que cualquiera que se pare de puntín frente al poder de la biyuya y el bacanaje, por más tibio que se apeleche, ha de ser fichado por corruto y criminal. Sobran ejemplos en el ispa, desde San Martín a Irigoyen, que le anduvieron esquivando denuncias a troche y moche, pasando por el General con sus más de docientas acusaciones incluyendo estupro con las pibas de la UES, y así ahora con la Jefa, que viene acamalando  canutazos como pa hacer dulce. Ejemplos sobran también por afuera: Jacobo Arbenz en Guatemala, Torrijos en Panamá, Preste y Lula en Brasil, Sandino y Ortega en Nicaragua, y de corrido, lunga lista de corrutos que en más de una ocasión obligaron al rubio desembarco de marines cuando la gente bien no pudo poner las cosas en orden y hacer que los negocios pasen por donde deban pasar, es decir, de mano en mano con fino guante blanco.

La cuestión es que la corrución está, aquí o en la China. La esistencia del ladri, ganzúa o cortabolsa, empernado a la estrutura del estado o rozando por afuera, es como una enfermedá crónica. Se la puede combatir pero cuando talla la mosqueta, fija que más de un  pipiolo se arrima al banquete. Lo que no es crónico, lo que sale del contesto, es que endepronto, desagradable como aliento de oso, salga un ñato o ñata con los cojones más o menos puestos como pa bailarse un gotán en el piso refaloso de tanta mierda. Esto es lo que cuenta a la final y lo que decide en la gran prensa bacana quiénes son los corrutos y quiénes no.

Ahora bien, los que la junaron de afuera, lo que no cobraron ni una guita pa bancar a la ñata, serían, según la labia dominante, los primeros pa la terapia siconalítica por perejiles, otarios, gilandrunes, comemocos, reverendos dobolus que se manducaron el relato. Pero, minga, según sarepe, no hay remedio ni diván curativo para esta marabunta. Hasta se fichan que cada día son más, o sea, que el ispa sería una fábrica de producir tarúpidos populistas y la república finoli y educada es un sueño imposible. El riesgo de que vuelvan los choriplaneros, alvierten los más sesudos inteletuales amarillos,  es más pior que el riesgo país con que empiojan los wayingtones, y así no hay inversores que traigan la mosqueta en verde billete, a no ser para un “toco y me voy” en la ruleta funámbula de la timba. 

Cuestión que, mirarse pa antroden, chochamus, es nesario como agua pal florero. Y es que si alguien piensa en volver, como es natural, la reflexión sobre yerros, cagadones y faltantes es lo primero, lo mismo que desempiojarse de truchos y figurones, que los hay pa hacer guiso. Hay que sacarlo pa fuera, asumirlo como se dice, una y mil veces, hacerlo vozpópuli pa que la masa lo mastique y digiera. Si no se hace de cara a los comunes, la cosa no sirve. Más después, descular pa qué volver, porque la repitencia en la historia finisha como farsa.

Así que, desde ya, el glorioso Fulgor de Mayo ofrece sus istalaciones, la sala Ismael Celentano y ovio, las mesas decidoras del bar buffé que regentea nuestro afamado barman, el Rengo Marinelli junto a su querida señora, la Divina Colombres, pa arranyar con el autoanalis coletivo mechando la conversa con los esquisitos vermuces e infaltables ingredientes que se acompañan pa livianar el garguero. Ofrecido que está el doctor Salvatierra pa funcar de imaculado moderador hasta que los faroles de gancia se lo permitan, alvierte de prima que no le vengan con el chamuyo facilongo de que hay que esperar lo que diga la Jefa. Y es que así no se vuelve ni en dope.    

miércoles, 26 de octubre de 2016

A cortarla con el sover



Me tienen harto con la pobreza. Las bolas al plato, che, porque aquí nadies saca lustre de campeón en el destape ni se faja de bute descubridor del quilombete sociológico. Bolazos. No jodamos. No la vengan a contar. Y sí, están los que no llegan ni al 10 sino manyando pulenta con pajarito y mateando con yerba secada al sol, los que se fajan desnutridos y carecientes postas, los pobres de endeveras que los hay carradas y para hacer dulce. Chocolate por la noticia. Pero me jode, me tienen con las bolas al plato toda la sarta de analistas del joraca, economistas enjetrados, periodistas de la perinola, empresarios bacanes y hasta sindicalistas impresentables  que desfilan por la radio, los diarios y la tele y se masoquean de luto, alvertidos endepronto por la esistencia de tanta mishiadura. Ni hablar del namber uan, el inyeniero que nunca cazó una pala, cajetilla de primera, que no se cansa de batir la mayonesa con el cartelito de la pobreza cero.
Había entre los grecios de la antigüedá, una parola muy aciertada: la “hypocrytes”, que en de separado quería sinificar hypo= máscara y crytes= respuesta, o sea, chamuyar con máscaras, que era lo que funcaba en el teatro cuando los actores se enchufaban mascaritas en la escena. Así que así, la hypocrytes, que de eso se trata, es tan jovata como la mismísima sociedá humana, y de seguro que hasta los faraones la praticaban con la aprobación de Isis, Amón y los escribas alcagüetes. O sea, fingir ser quien no se es, chantar una idea a contrapelo de lo que íntimamente se cree, disfrazar un argumento pa tornarlo acectable. Y no me via meter en la cosa personal, visto que todos ejercemos la hypocrytes como método, y es que si faroleáramos sin máscaras, la esistencia se nos pondría jodida hasta con el gomía más gomía.
Así la cosa, en estos yornos de morondanga, la hypocrytes del buen burgués baila el gotán en salón platudo. A todo mersa de bien, grela o choma bien forrado y petitero, se le espianta un lagrimón de plástico por los misihos más mishios, como si pudieran o debieran no esistir, junando de coté pa no ver que al decir de la verdá, los pobres son al sistema del mercado como el osígeno a los bofes. Y es que los que nada tienen, los desheredados de todo y los que la yugan por chirolas, son los que a la final le ponen el precio al trabajo y fajan a raya el salario del laburante.
En el fondo del fondo, el buen burgués sabe enternecerse con los pobres buenos, los que acectan su pobreza material y trabajan de sol a sol pa sobrevivir en un domún fulo, o con los cirujas de la yeca (siempre que pasen lejos de su casa), o con los desahuciados famelos que salen por la tele (mejor si no lo ven los pibes o en horario prudente). Pero diferencian al pobre malo, eso sí, chorizo o malviviente, y ni hablar al pobre jodido, el más jodido, que es el se queja a los gritos y encima en el trocén donde la gente como uno se pasea en vuaturé. Milagro Salas, pal caso, es la imagen del pobre más jodido por negra y protestona. Y con los ricos, sapa lo mismo, aunque pa nuestro buen burgués, el rico hace lo que puede que es lo mismo que él haría. Porque es difícil ser rico teniendo que disimular la riqueza, gambeteando al estado de mierda que te quiere morfetear  más de la cuenta, bancándote la queja del sindicato, teniendo que encanar la guita en una cuenta en Suiza o las Bahamas, inventando sociedades. Sin desconocer que también hay ricos jodidos, los peores de todos, que son Cristina Fernández y todos los kirrneristas de alderredor, mpresentables, ladrones, corrutos, que encima movían a los pobres con choriplanes y repartían lo que no había.
Claro que con un poco de hypocrytes, nuestro buen burgués quesería combatir a la pobreza. Ni poco ni tanto, ovio. Porque tampoco es cuestión de que cualquiera, así porque sí, salga de yoping, de vacaciones, se compre pilcha de marca y se faje con celular top como pasaba con la yegua.  Ni ahí. ¿A dónde iríamos a parar? No habría pa todos, seríamos como Cuba o Venezuela. No, eso no. Eso es populismo.
Así que así, según sarepe, la mersa masmediera está comovida toda por la pobreza que se anuncia a diario en porcentajes colifatos, en estadísticas pal julepe. Los chirolitas de los medios se lucen más dolidos que la Teresa de Calcuta, caminan al borde del surmenage y acectan muzarella que la cosa  tampoco puede arreglarse facilonga porque no hay banca pa todos, porque antes que repartir los dividendos mejor la educación,  porque algún día la riqueza de los ricos derramará sobre los pobres en lluvia de bendiciones y bon vivir, porque mejor que a este gobierno le vaya bien para que le vaya bien al pueblo. ¡Minga!  Y prendemos y miramos los diarios y dale con la manivela, con el verso.  Y esto me tiene los huevos al plato, ya lo dije.
Es cierto, este cronista morfa macanudo, no le sobra pero tampoco le falta, y hasta se da el gusto de copetear un tinto de los buenos cada tanto. Tiene techo y empilcha más o menos. ¿Y qué? No le venga con la hypocrytes, o con el sover de sentir lástima por el mishio. ¡Lástima las pelotas! Pa llorar está el templo de los frailes y el barbeta de arriba, si esiste, nunca te da bola. Pesa la convición hecha deseo de que el día que el pobrerío salte la cerca, será porque salga de la voluntá de sus mismas entrañas y a la final haga tronar el escarmiento y dé vuelta la tortilla. Quien suscribe, será entonces un soldado más, un farabute escribidor de la gran maroma igualitaria. Endemientras, a pelar la mandarina con paciencia y a poner un cacho de la vida en el preparativo de la menesunda que se viene. Si la vaya a ver, ponganlén que sí o que no, pero aunque esté mirando crecer las plantas desde ajoba, de seguro que las lumbrices de mis carnes desgraciadas harán florecer los yuyos.

lunes, 12 de septiembre de 2016

Timbreo



Es un hecho que la revolución de la alegría avanza con fuerzas renovadas hacia el logro de la Argentina que todos queremos, mal que les pese a quienes en fanática añoranza de perimidos modelos populistas. Prueba de esto, es la participación de miles de voluntarios en lo que ya se conoce como “jornadas de timbreo”.
El timbreo es sin duda una novedosa propuesta encaminada a acercar y compartir  la gestión de gobierno junto a los vecinos que tienen timbre en la puerta de sus casas. Pareciera que, por antonomasia, quedarían excluidos aquellos que carecen del mismo, pero no es así, ya que en estos casos, nuestros voluntarios están entrenados para emitir un sonido similar, onomatopéyicos universalmente aceptados como “ring” (base eléctrica), “tilín-tilín” (base campana) o el más moderno “pip-pip” (base electrónica), con lo cual, queda definido un sustrato inclusivo del acto en sí. Timbrear, en consecuencia, conjuga la acción política en un boca a boca sin intermediarios y en la que el “vecino” es el protagonista principal, ya que no sólo responde al sonido del timbre o su símil vocal sino que, lejos de constituirse como “pueblo” o receptor de propaganda política, pasa a ocupar un rol de emisor de inquietudes que el timbreador está obligado a escuchar y procesar. En otras palabras, conceptos como “pueblo”, “gente”, “Patria” o “Nación”, tan bastardeados en la historia reciente y contenedores de una generalización abstracta, se materializan en la inmediatez de lo concreto que representa el “vecino”.
El timbreo, como llamada, supone respuesta activa. El convocado abre la puerta de su casa, de su hogar, y no puede ocultar su sorpresa y su contento. En ocasiones, por temor a ser víctima de la inseguridad, nos habla desde atrás de una puerta con voz trémula, vacilante. Aún en los casos, como ocurre a veces, que el interlocutor conteste con un soez “ándate a la recalcada concha de tu madre”, la acción se considera una actividad participativa y nuestros voluntarios están capacitados para procesar la misma con un simple “acabo de llegar”, lo que abre camino hacia un diálogo fecundo, no exento en ocasiones de apelaciones pugilísticas a las que el timbreador debe rehuir amigablemente.
La creativa experiencia viene demostrando que la gestión de gobierno se retroalimenta en este ir y venir comunicacional donde no se imponen liderazgos ni mesiánicas banderías. Sin distingos de credos, ideologías ni clases, el vecino expone libremente sus preocupaciones y nuestros voluntarios, además de esclarecer sobre las dificultades heredadas de la dictadura kirchnerista, transmiten la palabra optimista y esperanzadora de lo que vendrá merced al esfuerzo individual de cada quien. Y allí donde la necesidad abunda inexorablemente, se lleva el consuelo, la voz comprensiva, ese “todo mejorará” que en los ámbito de la pobreza extrema supone un elíxir energizante. “¿Qué hiciste vos para no ser pobre?” suele ser una inquisitoria socrática con la que  el timbreador habrá de conducir el acto cognitivo indispensable capaz de inducir una pedagogía del éxito posible.
Para nuestros voluntarios, particularmente entre los jóvenes, el timbreo tiene una reminiscencia sexual en tanto el tradicional llamador de puertas posee una estética que lo asemeja a un seno  en el que el botón de pulso traduce al inefable pezón femenino, de allí que la acción de timbrear adquiere características lúdicas, eróticas y placenteras. Los “after-timbre” popularizados entre nuestros muchachos y muchachas que al cabo de la actividad se dan cita en bares y centros nocturnos de Palermo o Recoleta, son ejemplo palmario de la satisfacción con que encarnan la tarea encomendada.
Finalmente, es dable inferir que el timbreo, junto a la enjundiosa labor de nuestros cibernautas que a diario se manifiestan en las redes sociales, son las armas de un auténtico ejército de la alegría, la voz pastoral de las inversiones que ya llegarán para derramar con su mágico encanto la felicidad de nuestra gente.    

sábado, 13 de agosto de 2016

A Miguelito, un amigazo



Jodido bancarse la parada, amigazo. Radical probo, amamantado en las tripas reformistas de la Franja, gomía sensato de una zurda prolija y fetén, heredero de Alem y de Irigoyen como te gustaba encarpetarte, ahora estás fundiendo biela empiojado con el mótorman del tranvía conserva donde el garquerío campestre saca lustre y apila biyuya a lo pavote. Es cierto, Miguelito, la naifa de labia interminable te sacudió el marulo como si fuera un sonajero. Urticaria te sacaba y tenías las pelotas por el suelo. De verla nomás por la tele, ya te supuraba un grano en las verijas, y así no se podía vivir. Pa colmos, los jefes del doparti te convencieron de que después de tantos años sin cazar un cuero, se podían salvar las papas con el hijo de un tano bicho que te iba a tirar unas monedas, secretarías, ministerios y lo que fuera. Un cacho de poder, ponele, tan nesario a los efectos.
Así que laburaste tupido para el ésito de la fórmula campiona. Había que cambiar y cambiaste, tanto que hasta te pusieron de patitas en la calle los socialdemócratas de la Europa. Pero todavía no te importa, porque de seguro se puede torcer el rumbo de un paquebot amarillo y bacán, te dicen,  y sí, te manyás la mortadela como si fuera jamón del medio y hasta lo bancás al don Morales, el jujeño, como si fuera un cana macanudo y bonachón. Antes que la yegua, cualquier cosa.
Pero hay algo que te jode, me lo confiaste la otra noche cuando embuchabas un tinto berreta en el cheboli de siempre.  Y es que de copetudo no tenés ni la hilacha del prepucio. Porque el viejo te hizo radicha y laburante; anti peronista, ponele, pero no gorila; demócrata, eso fundamental, lo que se da de culo con el trino derechoso del jailaife presidente. Te ves venir las relaciones carnales y sentís que te van a clavar como muñequito en la torta, te quema en el balero que un toco de gerentes, palurdos ricachones, te alministren el ispa y, a la final, te julepea que la mersa no entienda lo de la pesada herencia y termines embarcado en un helicótero endemientras los de siempre se piantan con la mosca hasta más ver.
Tranqui, Miguelito. La historia da revanchas y tiempo pa rajar a tiempo. Eso sí, mirá que el chamuyo de la corrución dura lo que la baranda de un dope. Tené la valija siempre lista pal espiante y, gomía de la infancia, sabé que en mi cotorro, por más que mi jermu se encule, siempre habrá un lugarcito para vos. Abrazo grande.         

lunes, 11 de julio de 2016

Angustia



Resulta indudable que la utilización del término “angustia” por nuestro presidente, el ingeniero Mauricio Macri, para referirse al estado psíquico de los representantes de las provincias que el 9 de julio de 1816 declararon nuestra independencia del dominio español, se apoya en sus profundos estudios respecto del tema tanto como en una cosmovisión filosófica de hondos fundamentos humanistas que las concepciones populistas con sus perimidas exaltaciones patrióticas no pueden asimilar con la seriedad necesaria.
Vulgarmente, la “angustia” refiere a una condición psíquica en la que predomina la ansiedad, el temor, el miedo extremo, la melancolía, estado que suele acompañarse con diversas alteraciones orgánicas. El concepto fue abordado por la ciencia moderna y Sigmund Freud, dedicó al respecto gran parte de sus estudios a medida que articulaba sus observaciones clínicas. En este plano, el gran maestro vienés supo diferenciar al menos tres variedades de esta condición psíquica (realista, neurótica y social o moral), y sin ánimo de profundizar en la cuestión, no me caben dudas de que nuestro presidente, al emplear el concepto “angustia” en el plano de los hechos históricos que involucraron a un conjunto de individuos, hizo referencia a las mismas descartando en la inmediatez del discurso toda referencia explícita qué tipología pudiera haber afectado a cada uno de los congresales reunidos en la ciudad de Tucumán.
El psiquiatra e historiador venezolano Edmundo Suárez Rioja, en su tesis “Fenomenología Paranormal Bolivariana”, desarrolla la idea de que la “angustia neurótica”, en tanto percibida en el “Yo” por tracción en el “Ello”, fue la clave de numerosas  decisiones adoptadas por el general Bolívar, entre ellas, la de ceder al Mariscal Antonio José de Sucre la conducción del ejército libertador en la última batalla por la emancipación sudamericana librada en Ayacucho, el 9 de diciembre de 1824. Por el contrario, según el estudioso venezolano, el general español José Manuel de Goyeneche (1776-1846), conocido como el Chacal del Alto Perú por sus sanguinarios métodos represivos durante el levantamiento de Chuquisaca en 1809 y en campañas militares posteriores, padeció una “angustia realista” que explicaría su aficción a imponer tormentos de ingeniosa factura, descuartizamientos, empalamientos y otras avezadas extralimitaciones.    
Consultado al respecto, mi amigo, el filósofo holandés Diederick Van Der Hoorn hoy radicado en Villa Ortúzar, acaso influenciado por sus recurrentes incursiones en los barrios bajos porteños, se inclina por conceptualizar la idea de “pánico escénico” para referirse al estado psíquico de los congresales a los que se hace referencia, graficando al mismo con vulgarismos de uso frecuente tales como “cagados en las patas”, “pecho fríos”, “gallinas culo-rotos”, “sifilíticos del orto” y otros de estilo. En líneas generales, al proceder con tales afirmaciones, se apoya en sus detenidas lecturas de nuestra ciencia histórica vernácula, particularmente en los ensayos del profesor Deolindo Sartori, quien dedicó varios trabajos biográficos de congresales participantes en el Congreso de 1816, sobresaliendo las del sanjuanino Francisco de Laprida, quien oficiara de Presidente en aquella oportunidad, el santiagueño Francisco de Uriarte y los porteños José Darragueira y Fray Cayetano Rodríguez. Un común denominador, según los apuntes del profesor Sartori, instala la idea de que los mencionados diputados padecían de una ETS, la sífilis, en diversos grados de desarrollo, lo cual, si no les impedía ejercer sus funciones, los suponía afectados por “un estado de franco desequilibrio de orden depresivo en el que primaba la zozobra, la congoja y obviamente ciertas molestias genitales.”
En suma, puede afirmarse que, efectivamente, los congresales reunidos en Tucumán durante las jornadas que precedieron a la declaración de la  independencia, se hallaban bajo un complejo cuadro psíquico condicionante en el que la “angustia social o moral” jugaba un rol decisivo, más aun agravada en un contexto histórica en el que el general San Martín, con sus exaltaciones verborrágicas, más se asemejaba a un panelista del folletinesco “6,7,8” que al hombre de armas templado y racional que la hora demandaba.
Esto  y no otro subalterno fundamento, explica la alocución que nuestro excelentísimo presidente, con la serena convicción de los estadistas, le dirigiera al Rey Emérito Juan Carlos de España durante los actos del bicentenario, mensaje que tan eximio cazador de paquidermos supo interpretar con la noble hidalguía dinástica de los Borbones.